25.9.18

Kurú sú

Kurú sú

Por Edgardo Civallero

La encontré en una de las salas del Museo Nacional de Colombia, en Bogotá. El cartel, a su lado, la describía así:

El jaibaná es el médico tradicional de los pueblos indígenas waunana y emberá. Ejerce la autoridad ancestral, cura las enfermedades y garantiza los ciclos naturales. En la década de los cuarenta se elaboró una tabla médica conocida con el nombre de kurú sú (de kurú: madera). Se trata de una representación del cosmos y de las fuerzas espirituales que los jaibanáes de Dabeiba conservan en sus altares individuales (chi-mió-ego-barí). Al llevar a cabo una sanación el paciente debe mirar la tabla para activar sus facultades mientras el jaibaná invoca a los espíritus registrados en ella para consumar la curación. La tabla es un registro visual que brinda testimonio de una historia que ocurre en un tiempo remoto y originario que se repite. El kurú sú es el soporte de la memoria y el pasado materialmente presente.

De acuerdo a la ficha del propio museo, se trata de un objeto de la etnia Waunana o Wounaan recogido en Dabeiba, departamento de Antioquia, en 1949. Está hecha de madera de balso, y mide 36 x 62 cm. Una descripción de su uso aparece en un artículo de Roberto Pineda Giraldo y Virginia Gutiérrez de Pineda, titulado "Ciclo vital y chamanismo entre los indios chocó" (Revista Colombiana de Antropología, 25, 1985, 9-181), que se ocupa del trabajo de los jaibanás de los cuatro pueblos "chocó" (los tres grupos Emberá y los Wounaan).

Los Wounaan (Waunana, Noanama, Uaunan, Waunan, Waunmeu) viven hoy en diez asentamientos dispersos en las riberas de los ríos San Juan, Baudó y Atrato, entre los departamentos colombianos de Chocó y Valle del Cauca. Hablan su lengua, el woun meu, de la familia chocó. Su cultura tradicional, que ellos denominan maach hi ("nuestras costumbres"), ha ido desapareciendo en el último medio siglo. A pesar de ello, aún sobreviven los cantos y las danzas con las cuales se realizan las rogativas a Ewandam, el ser superior, junto a algunas ceremonias y juegos, la pintura corporal con jagua, las actividades en los espacios comunitarios, y las artesanías.

Y los jaibanás.

El jaibaná es el sabio o chamán de la comunidad. Tiene la capacidad tanto de enfermar como de curar a la tierra y a las personas, merced a su contacto directo con los jai, las esencias o energías de seres humanos y no humanos, cosas y fenómenos naturales. En sus éxtasis místicos, los jaibanás pueden cruzar las barreras temporales y espaciales y ver lo que está oculto para todos los demás.

Uno de los roles del jaibaná es el de médico del grupo. Utiliza invocaciones, rezos y plantas medicinales, junto con ofrendas y bebidas, para comunicarse con los espíritus y aliviar la salud de los enfermos. Los jai, al ser invocados, ayudan a ahuyentar enfermedades y desgracias. Los jaibanás también emplean cantos, de los cuales conocen hasta una veintena, e interpretan algunos instrumentos, como las trompetas tubulares de guadua o yarumo, o las bocinas de caracola marina.

Y, por supuesto, las kurú sú.

Para los Wounaan, el territorio ancestral es aquel lugar en el que se guarda todo el conocimiento de la comunidad: los mitos, la geografía mental, las costumbres y la espiritualidad de todos los seres vivos. Es allí donde los jaibanás toman sus poderes. Y es allí, en su territorio, donde obtienen los diseños que pintan sobre la superficie de sus tablas médicas.