3.7.18

Saqueo en nombre de la ciencia

Saqueo en nombre de la ciencia

Por Edgardo Civallero

Al finalizar el siglo XIX, la degradación de la naturaleza de las islas Galápagos era alarmante. A los destrozos causados por los animales introducidos se sumó la depredación de los colonos ecuatorianos, que siguieron la huella de los balleneros, que siguieron la de los tempranos piratas, corsarios y bucaneros.

Y justo entonces, terminando el XIX, se sumaron las expediciones científicas.

La Academia de Ciencias de California regresa de su expedición a Galápagos de 1905-1906 con 8691 pájaros, entre otros especímenes.

[Fue la expedición que bautizó a Academy Bay con su nombre; allí sería fundada más tarde Puerto Ayora, la capital de la isla Santa Cruz].

Durante la permanencia de esa expedición en el archipiélago, el terremoto de San Francisco de 1906 destruyó el museo de aquella ciudad, lo cual permitió justificar (a posteriori) la salvajada realizada en las islas.

El pretexto más habitual para este tipo de acciones —que, triste es decirlo, se volvieron usuales en muchas partes del mundo— era obtener el máximo de especímenes para "conservarlos antes de que fuese demasiado tarde" (como señala Corley Smith, 1990). Los ejemplares se amontonaban, llenos de polvo, en los almacenes de los museos y las academias, todo ello en nombre de la ciencia. O se vendían a coleccionistas ricos. O a zoológicos.

En estos últimos se pretendían conservar, ex situ, especies amenazadas. Pero la verdad era que los zoológicos se habían convertido en un espectáculo de masas. Y estaban siempre ávidos de nuevas atracciones.

R. Beck, un estadounidense que organizó 4 expediciones a las Galápagos para "recolectar" tortugas vivas para coleccionistas y zoológicos, llegó a afirmar:

En un futuro próximo veremos probablemente la extinción de dos o tres de las especies de tortugas actualmente en vida y, aunque algunos especímenes de otras especies puedan sobrevivir más largo tiempo, también están condenados a desaparecer bajo la presión de sus enemigos. La facilidad con la que estos reptiles, de notable longevidad, pueden ser mantenidos en cautiverio y la fascinación del público por estas tortugas que pesan 500 libras y tienen varios centenares de años las convierten en las huéspedes soñadas de los parques zoológicos (citado en Beebe, 1924).

En efecto, para principios del siglo XX las famosas tortugas gigantes de las Galápagos estaban semi-extintas: la expedición de la Academia de las Ciencias de California registró que las especies de isla Floreana e isla Santa Fe se habían extinguido, las de las islas San Cristóbal, Española y Fernandina estaban casi desparecidas, y las de Santiago, Pinta e Isabela eran raras. Las únicas especies abundantes eran las de las islas Santa Cruz y Pinzón.

Lejos de frenar a los "recolectores", la rareza de los reptiles aceleró las capturas, en una suerte de carrera contra reloj... especialmente contra otras expediciones:

En muchas ocasiones los científicos, luego de haber recolectado tortugas en una isla, declaraban que la especie de esa isla estaba extinguida, hasta que una nueva expedición descubría sobrevivientes, que eran entonces prontamente degolladas y llevadas como preciosos especímenes de una especie "en vías de desaparición". Así, estos "últimos sobrevivientes" fueron recogidos en Pinzón por cuatro expediciones diferentes en 1897, 1898, 1900 y 1901 y, no obstante, los miembros de la expedición de la Academia de California descubrieron, en 1905-1906, 86 tortugas en esta isla, a las que mataron y llevaron para estudiarlas (Thornton, 1971).

Beck (citado en Beebe, 1924) señala que antes de 1900 las expediciones científicas habían capturado alrededor de 150 tortugas. Solo la expedición de la Academia de Ciencias de California (en la que el propio Beck participó) se llevó 260 ejemplares de las 15 especies aún existentes.

[Beck fue la última persona en ver viva una tortuga de la isla Fernandina. En cuanto la vio, la mató. Ese cadáver ocupa un sitio de honor en el Museo de Historia Natural de San Francisco].

La última gran expedición de recolección de tortugas, en 1928, fue la de la Nueva York Zoological Society. Capturó 180 ejemplares de isla Isabela. Todos ellos fueron a parar a zoológicos estadounidenses y australianos.


Beebe, William (1924) (ed.). Galapagos: World's End. Nueva York, Londres: G. P. Putnam's Sons. [En línea].

Corley Smith, G. T. (1990). A brief history of the Charles Darwin Foundation for the Galápagos Islands. Noticias de Galápagos, 49, pp. 1-36.

Thornton, I. (1971). Darwin's islands. Nueva York: The American Museum of Natural history / The Natural History Press.


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