2.7.18

Hip hop para sanar y dar voz

Hip hop para sanar y dar voz

Por Sara Plaza

Compartimos una entrevista de la poeta y periodista gallega Ana Romaní, en el programa de la radio gallega Diario Cultural del pasado día 7 de junio de 2018, a Rebeca Lane, cantante y socióloga feminista de gira por Europa para presentar su nuevo trabajo Obsidiana.

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"Rap, textos críticos de intervención, transgresión y discurso feminista, memoria de las desaparecidas, las violencias... en el trabajo musical de esta guatemalteca que publicó su primer trabajo en el año 2012"

A. R.: ¿Por qué rap? ¿Por qué el rap como vehículo?

R. L.: El hip hop y el rap en realidad es una cultura que en Guatemala y en Centro América se desarrolló más o menos a inicios de la década del 2000, y esto es importante porque previo a ello se estaban terminando la mayoría de guerras que había en nuestro territorio. Entonces, durante muchos años las juventudes no tenían posibilidad de expresión alguna y el hip hop, de alguna forma, llegó a nuestro territorio no solo en una generación que tenía mucha necesidad de expresarse, de hablar, de sacar la voz, sino también de dotar de voz a aquellos jóvenes que venían de áreas marginalizadas, de áreas más empobrecidas, y jóvenes a los que realmente nadie les ponía atención, y nadie les quería escuchar. El rap y el hip hop para mí fue como una forma de encontrar, no solo un género musical, sino sobre todo una cultura que está dando voz a muchas personas que no tienen voz en otros espacios, y además que para nuestro territorio, donde hay tanta pobreza y tanta exclusión, es bastante accesible. O sea, para hacer rap, para hacer hip hop no necesitás haber ido a una academia de música, o a una academia de pintura, o a una academia de baile, es algo que se aprende en la calle con tus compañeros y compañeras, entonces es mucho más democrático.

A. R.: ¿Y el discurso feminista? Porque eso no está desde el inicio ¿no?

R. L.: No. Realmente, el feminismo y el hip hop no es una unión natural, eso es algo que hemos ido trabajando con el tiempo. Y yo creo que para mí fue importante porque yo llegué antes al feminismo que al hip hop. Cuando empecé a hacer música, no es que yo haya dicho "voy a agarrar todas mis ideas feministas y las voy a poner en una canción"; no fue ese el proceso, sino más bien en las primeras canciones, cuando yo empecé a sacar la voz a través del hip hop, lo que habló fue mi cuerpo, mi cuerpo individual, mi cuerpo social, mi necesidad de compartir lo que me pasaba a mí y nos pasaba a las mujeres en mi territorio. Entonces, yo creo que más que una decisión racional de utilizar el hip hop como herramienta para hablar de feminismo, fue una herramienta para sanar lo que yo tenía dentro. Y justamente por ser mujer en mi territorio y haber vivido tantas violencias, es que estas primeras canciones que yo hago pues son bastante feministas.

A. R.: ¿Cuáles son los problemas centrales de las mujeres en Guatemala?

R. L.: Bueno, yo creo que hay luchas en varios frentes, pero uno muy importante se encuentra en los feminicidios, cada año hay aproximadamente unos 800 feminicidios en Guatemala, ese es el rostro más visible de la violencia hacia las mujeres en nuestro territorio. Y esto es como la punta del iceberg, digamos, porque debajo de eso existe toda una sociedad que permite y que promueve una violencia que, finalmente, lleve a que 800 mujeres aproximadamente, cada año, pierdan la vida en relaciones de noviazgo, de pareja, etc., en manos de los hombres. Entonces hay un problema ahí, en cómo está entendida la relación en los cuerpos de las mujeres con la de los hombres, y cómo la violencia, cómo el sentido de propiedad ha hecho que no solo nos quiten la vida, sino que también haya mucha violencia sexual, mucha violencia psicológica, económica... que hablan realmente de una sociedad donde ser mujer es peligroso, es difícil.... Por ahí más o menos va la lucha de los cuerpos de las mujeres. Y otra que también es muy importante es a nivel comunitario. Hay muchas mujeres que están en defensa del territorio, hay mucha neocolonización de empresas transnacionales que están llegando a nuestro territorio a poner hidroeléctricas, cultivos extensivos, monocultivos, que están quitando nuestros recursos naturales, pero que también están desplazando a las comunidades. Entonces hay muchas mujeres que también están en la defensa del territorio... A rasgos generales, porque hay muchísimas cosas más.

A. R.: ¿Cómo veis lo que aconteció en Europa?

R. L.: Bueno, yo lo que creo, y según mi experiencia aquí en Europa, yo siento que aquí la dificultad desde Europa es pensar en las otras, digamos, lo que llamamos eurocentrismo, que en Europa se reconoce al ser humano como europeo, como si el sujeto o la sujeta universal fuese europeo, fuesen blancas y tuviesen todas la mismas necesidades, entonces yo siento que eso ha limitado muchísimo la creatividad, la diversidad, el abarcar más territorio... porque a veces ni siquiera hay que cruzar el charco para entender cuáles son las necesidades de las otras mujeres. Aquí, ahora, en este territorio hay mujeres que están en situación de migración, hay mujeres que están refugiadas, hay muchas mujeres que emigran de nuestros territorios aquí, a hacer trabajos de cuidados, por ejemplo. El hecho de que, porque he conversado con varias compañeras que están acá en esta situación, el hecho de que ellas no sientan desde los feminismos europeos una sororidad, creo yo que habla mucho... como que se piensan mucho más en sí mismas que en las necesidades de las mujeres más oprimidas, que también están en este territorio. Creo en que se puedan abrir miradas hacia las otras mujeres que están aquí con distintas necesidades. Si en las demandas solo se enfocan en el salario entonces no podemos hablar acerca de todas las mujeres que están subcontratadas, o que no tienen un contrato de trabajo, o que no conocen ni jamás han conocido un salario, sino que trabajan por sobrevivencia, por ponerte un ejemplo... Entonces, cómo podemos ampliar estas demandas para entender y comprender y, sobre todo, acercarnos desde la sororidad y el abrazo a las mujeres que comparten este territorio y están en situación mucho más complicada que la mayoría de mujeres que están dentro del feminismo acá.

A. R.: Hum, hum... ¿En tu contexto, es peligroso cantar según qué cosas?

R. L.: Bueno, siempre lo es, realmente, pero en nuestro territorio hay muchos peligros: si cantás, si decís tu opinión, si sos periodista, si sos activista... y yo creo que, realmente, entre todo el panorama de gente que está en peligro, por lo menos hasta ahora, el arte no ha sido atacado de forma directa. Nosotras como artistas aunque estemos hablando de estos temas, digamos que la represión no es directa, lo que sucede es que se nos niegan espacios, no se nos invita a festivales, no se nos invita a espacios, no se nos pone en la radio, por ejemplo. Entonces, eso, quizás no hay una amenaza directa, que nos digan "no canten", pero sí que en mi país es mucho más difícil que me escuchen que por ejemplo en otros países.

A. R.: Rebeca Lane, muchas gracias por atendernos.

R. L.: A usted, muchísimas gracias.