10.7.18

El tacto por dentro

El tacto por dentro
Por Sara Plaza
Reproducimos a continuación la traducción al castellano de una entrevista reciente de la periodista Montse Dopico a la poeta Lupe Gómez, ganadora del Premio de la Crítica, con el poemario titulado Camuflaxe (Chan da Pólvora, 2017). La entrevista original en gallego apareció el pasado día 30 de junio en el diario online Praza Pública, con el título "Lupe Gómez: Sentín que a miña voz era máis forte, máis fráxil e máis íntima que nunca. A morte é un lugar comprensivo".

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La poesía como arma de los pobres. La dignidad de las mujeres rurales. El vínculo emocional y profundo con la madre, y con la tierra. La muerte como "lugar de acción", de reactivación de la memoria. La aldea como lugar combativo, en una nación no marcada, contra el tópico, por la sumisión. El amor por la Lengua. Todo esto, y muchas más cosas, es Camuflaxe, el último poemario de Lupe Gómez (Chan da Pólvora). Dice ella misma que ahora es "mucho más cuidadosa" con las palabras, más exigente consigo misma como poeta. El tiempo pasa. Y la vida manca. Camuflaxe, explica su autora, es un libro "más duro, más decantado, pues recorre toda una vida". Poco más hay que decir.

Montse Dopico: Si quieres podemos comenzar por el título y por el diseño del libro: el título Camuflaxe, esconde y al mismo tiempo deja entrever, una fotografía muy especial: la de tu bisabuela. ¿Puedes explicar el título y el diseño? (El segundo es de Manolo Martínez).

Lupe Gómez La fotografía de mi bisabuela Pepa de la Visa está cargada de energía telúrica. Esa imagen dice muchísimo más de lo que yo podría decir aunque usase todas las palabras y todos los silencios del mundo. Me expreso con palabras, y también con silencios. Por eso estuve callada durante seis años y regresé con Camuflaxe. El título hace referencia a que de alguna manera, las personas muertas están, permanecen camufladas dentro de las personas vivas. Los muertos viven con nosotros, caminan con nosotros, nos hablan y están muy presentes, muy brillantes.

También los vivos estamos camuflados dentro de los muertos. Creo que la cultura gallega, y también la lengua, viven un poco escondidas, camufladas. Manolo Martínez es un diseñador extraordinario. Trató este hijo-libro mío con muchísimo cariño y me dejó participar activamente en el proceso de diseño. Al final del libro quisimos poner una pequeña foto, un pequeño detalle de las manos fuertes, grandes, de mi bisabuela.

Esas manos que esconden un mundo, toda una liturgia, y que de alguna manera escriben, paren y reescriben el libro de su bisnieta. Nuestras antecesoras, aunque sean analfabetas, escriben poemas en los que la tierra huele como algo limpio, algo que vale la pena guardar, rescatar y salvar. Sus manos siguen sachando en la oscuridad, y nosotras como herederas solo tenemos que dejarnos llevar...

M. D.: Contaste en la presentación del libro compartida con Emma Pedreira, tras anunciarse los Premios de la Crítica, que no podías creerlo porque pensabas que "un premio tan lindo nunca podría llegar a mis manos". Y lo relacionabas, quizás, con lo que decías después, que siempre habías sido una "escritora controvertida en el paisaje cerrado de la literatura gallega". ¿Por qué pensabas que era un premio inalcanzable?

L. G.:En los últimos años viví una situación de desamparo y cierto desánimo. Pensaba, y todavía sigo pensando, que lo que me gustaría hacer es abandonar mi carrera literaria. El editor de Chan da Pólvora, Antón Lopo, tuvo que golpear con mucha fuerza en mi garganta, para que me decidiese a sacar fuera todo lo que llevaba dentro. No tengo esas ganas de publicar que tenía cuando era joven. No tengo ese estrés.

También pienso que los jurados de los premios literarios gallegos no apuestan mucho por mi poesía, quizás porque se sale de los márgenes, y porque para alguna gente lo que hago está muy mal visto, mal considerado. Afortunadamente, también tengo lectores que me quieren y se entregan a mis palabras con ese amor absoluto que está escrito y grabado en mi sangre. Tener lectores es como tener muchos amores. Es maravilloso.

Agradecí muchísimo el Premio de la Crítica pues resultó dulcemente balsámico para mí, para impulsar el viento que baila como un volcán de risas en mis palabras. Ahora escribo con el impulso de un amor más profundo. Recibí en estos días muchísimas muestras de cariño, muchas felicitaciones, muchos regalos, muchas cartas. Me sorprendió mucho todo este mar cálido que vino a posarse en mi corazón, y a darme ánimos, aliento, fuerzas. Sigo desanimada y con ganas de desaparecer de la vida pública, pero nunca dejaré de escribir, pues es una respiración necesaria.

M. D.: Hacia el final de Camuflaxe hay un diálogo en el que "La escritora" le dice a "Emilio el Herrador": "Escribo de la desaparición de nuestra aldea de Fisteus, de los idiomas maravillosos de nuestra gente y de nuestros caballos". Y luego: "Construyo el arma de los pobres". Al leer esto, pensé que podía ser un buen resumen de lo que es Camuflaxe. Y toda tu obra. ¿Por qué Camuflaxe es una manera de construir "el arma de los pobres"?

L. G.: Cuando voy a caminar por mi aldea, siempre me sucede una cosa que a mí me parece totalmente mágica, sorprendente, embriagadora. Me acuerdo mucho de los escritores John Berger y Neira Vilas, de sus libros y de las hermosísimas cartas que ellos me escribían. Me acuerdo mucho de mi amigo y vecino, el viejito Emilio el Herrador, que tenía más de 90 años cuando murió, y que siempre caminaba y hablaba conmigo.

Era como mi corresponsal. Me encantaba encontrarlo. Me hacía preguntas. Yo le preguntaba cosas y le hacía fotos. Cuando camino por mi aldea, y busco los caminos interiores, los robledales profundos, las trochas preciosas y estrechas, sucede siempre que me enamoro... Me enamoro muchísimo de mi aldea. Brincan los pájaros dentro de mí. Creo que es como un don que tengo. Soy una persona muy enamoradiza y muy cantarina.

Me sucede con los lugares, y también con las personas. Para mí caminar es una forma de recoger, buscar, indagar la Memoria... El resplandor de los recuerdos es un faro brillante que emociona como un imán, y que en una sociedad tan "desmemoriada" como la nuestra, funciona maravillosamente como un arma. La Memoria magnetiza y nos ofrece luz, esperanza, caminos abiertos.

M. D.: En la misma presentación del libro tras el Premio de la Crítica –el texto está recogido en el blog de Ramón Nicolás– decías que escribir los versos "preñados de silencio y magia telúrica" de Camuflaxe, al tiempo que observabas tu aldea, te llevó unos diez años. Después, con la pérdida de tu madre, "nació un fuego muy grande en el monte". Yo leí este libro como una –hondísima– declaración de amor a tu madre y a Fisteus, ¿Lo definirías así?

L. G.: Sí, yo tenía un vínculo emocional muy poderoso y profundo con mi madre y también tengo muchísimo arraigo en la tierra. Al hacerme mayor siento que la tierra llama por mí, que necesito regresar a mi origen, a las raíces. Camuflaxe es un libro escrito con las entrañas. Cuando murió mi madre, el 20 de enero de 2013, era una noche fría de domingo y nació un fuego muy grande en el monte. Fue como una explosión de vida, de energía, de parto doloroso.

Creo que la muerte no es una rendición, ni una dimisión. No es algo pasivo ni "muerto", pues sirve para reactivar la memoria de las personas que quedan vivas. Creo que la muerte es un lugar de acción. Había mucha nieve cubriendo toda la aldea cuando enterramos a mi madre, y yo recordé aquellos versos tan limpios de Novoneyra: "Neva pra atenuar o mundo".

Pude hablar y recitar en gallego en la misa del funeral, y para mí fue un momento extraordinario. Quiero mucho a nuestra deliciosa iglesia románica de Fisteus, pues creo que es un lugar precioso para despedirse para siempre de una madre, rodeadas y arropadísimas por la gente de nuestra aldea. En aquel íntimo y pequeño recital, nació, estalló, vibró toda la simiente poética de Camuflaxe. Sentí que mi voz era más fuerte, más frágil y más íntima que nunca. La muerte es un lugar comprensivo.

M. D.: En Enerxía secreta, la que podríamos considerar la primera parte del libro Camuflaxe, la voz poética habla con la madre: "Paríchesme e a luz/ inundoume a cara". Habla del nacimiento, de los primeros años de la infancia y de la familia: la madre, el padre, el abuelo... Las figuras familiares ya estaban muy presentes en tus obras anteriores: por ejemplo, Fisteus era un mundo, Pornografía o Quero bailar. ¿Qué es la familia en Camuflaxe en comparación con Fisteus era un mundo? ¿Cómo se relacionan familia y libertad?

En Fisteus era un mundo aparece también esa descripción de una infancia muy vital, en estrecha relación con la naturaleza, siempre como si mi aldea fuese un planeta muy "eléctrico". Creo que Camuflaxe es un libro más duro, más amargo, y también más sereno, más decantado, pues recorre toda una vida, y observa a la madre que se va haciendo anciana, y yo ya no soy una "nena" tan inocente y tan despreocupada. Pues la vida te va mancando, va marcando y va hiriendo, silenciosamente, poco a poco, como los ratones roen toda la noche en nuestras ropas, mientras nosotros intentamos coger el sueño.

Fisteus era un mundo fue escrito a los 28 años y tenía un tono más celebratorio, más infantil y juvenil. En Camuflaxe aparece la elegía, la necesidad de dejar testimonio de la agonía, del final de un ciclo, de la extinción. No resulta fácil acompañar a la madre moribunda, y ayudarla a morir, acompañarla en esos últimos días. Creo que la familia puede atarnos, cegarnos, dolernos, limitar nuestras posibilidades de libertad, pero estoy segura también de que la familia es un puerto de abrigo, una retaguardia necesaria, un lugar donde cantan todas las aves como si tuvieran música de violín dentro de sus ojos.

En nuestra casa vieja, recuerdo que las vacas convivían con las personas en perfecta armonía, y para mí la familia sigue siendo como el establo de las vacas, con el ruido de las hablas, el amor del tojo, el calor de la bosta. Recuerdo cuando todos los días hacíamos la cama en el establo de las vacas para que ellas tuviesen el tojo limpito debajo de sus pies, para que se sintiesen cómodas como en un palacio. El establo de las vacas era como nuestra sala de estar. No tenía alfombras ni sofás, pero para mí era un nido muy amoroso. Era también un lugar donde mi imaginación volaba por encima de las nubes, por debajo del mar y de la tierra. Allí nacían los becerros y ordeñábamos las ubres de las vacas para que nos diesen leche, el alimento sincero de nuestras vidas.

M. D.: "Ti non tiñas soños/ porque as mulleres da aldea non soñan./ O atraso económico de Galicia/ era unha forma de vangarda artística", dice uno de los poemas. Más adelante, otro dice (refiriéndose a la madre): "O teu mundo non existía nos mapas./ As túas entrañas eran totalmente secundarias/ invisibles". Las entrañas de una mujer que trabajaba, colorada, sin parar, que lloraba sin lágrimas y hablaba, delante del médico, sin palabras. La crítica ha resaltado mucho el modo en que tu obra acerca una mirada crítica sobre el rol y el estatus de las mujeres en el medio rural (y no solo en el rural). ¿Qué puede haber de eso en Camuflaxe?

L. G.: Con mi poesía intento hacer un homenaje a mi madre y a todas las mujeres rurales, pues pasan como desapercibidas, trabajan mucho. Esas mujeres tienen la tierra dentro de sus uñas, en sus mejillas, en sus ojos, en su sangre. Yo las veo muy curtidas, muy forjadas por la vida, como si fuesen muy duras y muy frágiles, con mucha fuerza bruta y con mucha ternura.

Me gusta hablar de ellas con delicadeza lírica y, al mismo tiempo, expresar la dureza y la intemperie de sus vidas. Camuflaxe quiere ser una reivindicación de su dignidad como seres humanos. Es como si yo viviese camuflada dentro de mi madre, y aunque viva en la ciudad de Santiago, sigo considerándome mujer rural, en un sentido que no nos hace más pobres, más locales, ni con nuestras mentes "cerradas", sino que nos hace universales y que nos libera. Son las mujeres de la Montaña. Son duras piedras, son patatas nuevas de simiente. Sin ellas el océano no tendría sentido, ni bailarían las estrellas en el cielo, ni tendríamos prados de hierba verde.

M. D.: En As fontes salvaxes do paraíso está muy presente la imagen de la madre que hace quesos, quedándose a veces dormida, en una aldea que "brillaba, como unha guerrilleira/ do Vietcong". En este libro, la aldea brilla, y la madre siembra feliz "nun mundo moi pequeno", los niños corren y bailan libres y todos son como artistas de happening en un "inmenso campo de maínzo". Hay mucha luz, mucha energía y, sobre todo, mucha vida. Se ha discutido mucho sobre el supuesto "ruralismo" de tus versos. Mas no creo que haya –y en este libro tampoco– mitificación o idealización de la aldea.

L. G.: No pretendo ni quiero mitificar la aldea, pues es un mundo interior muy cerrado, en el que la vida en comunidad llega a ser asfixiante a veces, como sucede también en otros ámbitos no rurales. Pero sí que tengo la intención de darle importancia y valor a ese mundo que no se considera valioso. Con el cura Víctor Naveira he dado muchas pequeñas charlas allí en la iglesia para mis vecinos, y para nosotros era totalmente mágico porque yo siempre les decía cosas bonitas para elevar su autoestima, para ensalzarlos.

Ellos se ponían contentos y me decían: "Gracias porque siempre nos das un impulso hacia adelante". No me siento nada identificada con la definición de "ruralismo". Prefiero traspasar las fronteras, dejar que el mundo vuele, considerarnos todos artistas en un inmenso campo de maíz. Esa aldea que brilla como una guerrillera del Vietcong es un lugar muy combativo.

Me hace recordar el poema "Vietnam Canto" de Novoneyra, en el que él escribía: "da vergüenza estar vivo e ver a primavera/ cando remata un pobo?/ un pobo nace sempre/ non remata nunca". No creo que Galicia sea un pueblo muerto, sumiso y callado. Creo que somos una nación luchadora, enérgica, vital, con una electricidad única, diferente. Son esas luces del Norte que llenan los caminos de la tierra por la mañana.

M. D.: Uno de los poemas de O límite de Galicia habla de Galicia en estos términos: "Os nosos montes nunca serán paisaxes./ Nas cortes das vacas non hai dicionarios nin gramáticas". En otro poema de Camuflaxe se habla de una casa sin biblioteca, sin libros de texto. En Poesía fea decías: "Son unha nena nunha casa sen biblioteca. Non me criei nun ambiente intelectual. Crieime na merda". Y en Os teus dedos na miña braga con regra, "Quería ver poesía/ chea de merda/ e fun esa poeta maldita/ chea de merda". ¿Por qué sigues sintiendo necesidad, de alguna manera, de resaltar eso?

L. G.: A mí me gusta mucho hacer memoria y recordar cosas que parecen muertas, camufladas, y que cuando vuelven de nuevo a mi pensamiento, son como sorpresas que me iluminan totalmente. Para mí los recuerdos son como revelaciones poéticas. Son chispazos ilusionantes. Recuerdo que mi madre y yo íbamos a la feria de Curtis, los días 9 y 23 de cada mes, y hacíamos nuestras compras necesarias para vivir, resistir. Eran para mí ocasiones muy luminosas para sentirme como una amiga de mi madre, y también para hablar con la gente, y reír, soñar, pasear por la feria.

Recuerdo que siempre comprábamos mi material escolar en la droguería. Los libros de texto, los lápices, las gomas de borrar, los bolígrafos Bic, las pinturas Alpino, las libretas... todo aquello que a mí tanto me gustaba aparecía mezclado con el jabón de lavar la ropa, con el champú, con las colonias y con todas esas cosas tan limpias, tan brillantes, con tan buenos aromas. Para mí una droguería sigue siendo ahora como un templo del conocimiento, de la sabiduría, de la superación personal.

Yo era muy aplicada, estudiosa. Sacaba sobresalientes en todas las materias. Me esforzaba muchísimo y era totalmente constante. Mi pasión era estudiar, aprender. Nunca dejé de ser así. Conservo intacta aquella emoción de entrar en la droguería con mi madre y comprar un libro. Una simple libreta era una auténtica maravilla. No me crié en un ambiente de personas intelectuales, con bibliotecas estupendas a las que yo pudiese acceder. No tuve una formación artística, ni clases de música ni de danza. Pero aproveché muy bien los recursos que estaban a mí disposición.

M. D.: "A Lingua resiste no estómago dun agricultor morto", dice Camuflaxe, que contiene varias alusiones a la lengua y al idioma. Consulto la voz "Lingua" en el diccionario sobre tu poética que hizo Arturo Casas en Lupe Gómez. Libre e estranxeira y pone: "El tacto por dentro". ¿Qué es la lengua en Camuflaxe?

L. G.: Para mí el tacto es importantísimo. Tengo siempre esa costumbre de querer tocar todo y de acariciar todo con las manos. Es como una manera de mantenerme viva, enamorada y apegada a la realidad. Fuera de los mundos digitales, de las redes sociales. Cerca de la piel de la gente, escuchando las palabras de las otras personas. Si hay algo que le da muchísima coherencia a toda mi obra, pues es algo que estuvo presente desde mis inicios y que nunca desapareció ni menguó, fue y sigue siendo mi amor grandísimo por la Lengua.

Cada día nuevo la quiero más, mucho más, con un amor inmenso. Si escucho a alguien hablar gallego siento como un bienestar muy grande en mi piel. Es como una curación dermatológica. Me hace muy bien. El estómago de un agricultor muerto sigue vivo y camuflado, hablando gallego, dentro de otros estómagos de personas, hombres, mujeres, niños y niñas que viven con nosotros en la ciudad, en el mar, en las aldeas, en las villas, en los aviones, en los mapas, en las escuelas, en los bosques...

Si me hablan en gallego, me enamoro y me siento muy viva. Recuerdo que al agricultor muerto, que era mi padre Ramón, le brillaban mucho los ojos. Tenía unos ojos preciosos, poéticos, marrones, brillantes. Yo nunca olvidaré su habla gallega, el brillo de su mirada, su voz. Aquella voz que nunca gritaba ni se enfadaba y que me trataba como si yo fuese una niña poeta. Aquel padre que cantaba larguísimos romances cuando íbamos juntos con las vacas, cuando calentaba el sol... Era poco hablador y, al mismo tiempo, tenía el grandísimo don de la palabra y de la música. Una noche soñé que me regalaba un papel blanco en el que aparecía escrita la letra de una canción. Aquel padre cantarín sigue camuflado en mí...

M. D.: Las vacas están presentes, por supuesto, en Camuflaxe, como en toda tu obra. Decías en Fisteus era un mundo que las vacas son la radiografía de nuestra identidad. En Camuflaxe, "Os ollos das vacas están cheos de fundamento". ¿Por qué tienen tanta importancia las vacas en tus libros y que son en Camuflaxe?

L. G.: Las vacas son como diosas budistas. Son mi creencia más fiel y profunda. Son mis maestras. Y al mismo tiempo yo soy su pastora y tengo que cuidarlas todas las tardes. Representan para mí la Belleza Artística, la contemplación mística. Son como modelos de comportamiento, pues siempre demuestran tener mucha paciencia, mucha educación y mucho saber estar. Ellas pacen hierba, y yo escribo y las miro, y miro el cielo. El tiempo se detiene, se dilata, crece, se hace infinito.

Yo creo en esa religión de las vacas, y de tanto estar con ellas, cuidándolas, me siento vaca muchas veces. Ellas me miran y se sienten como escritoras. Las chousas, las camposas, los prados son como cuadros de artistas muy refinados. Los ojos de las vacas son refugios de los que nunca siento necesidad de escapar. Hablar con ellas, y también con los caballos, es un gusto grandísimo. Representan la concordia, el trato cordial, el buen entendimiento. Para mí las vacas son grandes comunicadoras.

Pasaron ya muchos años, desde aquellas lejanas tardes de la infancia en las que yo tenía ese trabajo, esa ocupación de pastorear. Pero es curioso, porque ahora, aunque viva en la ciudad, lejos de esos animales amados, todas las tardes tengo la sensación interior de estar rodeada de vacas. Si estoy trabajando, leyendo los periódicos en una cafetería, imagino que las personas que me rodean son vacas, y mi obligación más profunda en esta existencia es atenderlas, cuidarlas, llevarlas, arrearlas, hacerles compañía para que se sientan bien y a gusto, sin estrés ni dolor, y para que así den buena leche.

M. D.: Lupe Gómez: libre e estranxeira, publicado en el 2013, es un ensayo muy importante para comprender tu obra. Dijiste en la presentación de Camuflaxe que este libro te había hecho "ser más consciente de mí misma, más responsable, más adulta y lúcida". ¿Por qué?

L. G.: Junto con la muerte de mi madre, ese ensayo marca un límite, un antes y un después en mi vida. Es un estudio de mi obra hecho con mucho cariño, mucho rigor y mucha hondura. No lo releo mucho, no vuelvo sobre él, pero sí es cierto que fortaleció muchísimo mi creación, mi discurso literario. Como si me hiciese mayor y dejase atrás otra etapa de juventud.

Creo que ahora soy más responsable de mis propias palabras, y mucho más cuidadosa, más exigente conmigo misma. Los poemas de la juventud eran como arrebatos, descargas eléctricas, y no hacía mucha revisión de los textos ni mucha reescritura. Ahora me encanta dejar descansar las palabras y que pase el tiempo sobre ellas, y que vayan encontrando su poso, su verdadera medida, su peso, su madurez, su transparencia.

M. D.: En este mismo libro, Ana Bela Simoes de Almeida y Burghard Baltrusch ven en tu poética un ritual "(neo)surrealista", "libertario" y "existencialista". ¿Te identificas con esta definición? ¿Por qué?

L. G.: Sí, me identifico plenamente. Me encanta el surrealismo para reír y sorprender, para comprender la vida, para mirar todo a través de un cristal absurdo, para regalar versos, aire y agua vital de las fuentes. Me siento existencialista porque me gusta filosofar, pensar, cavar, profundizar cada vez más en la tierra y en el abismo.

Soy libertaria pues me siento identificada con aquellos versos estupendos de Rosalía de Castro, en los que ella decía: "Dende aquí vexo un camiño/ que non sei adónde vai;/ polo mismo que n'o sei,/ quixera o poder andar". Me gusta esa aventura de estar siempre buscando nuevas fórmulas para la escritura. A veces en Fisteus me dejo llevar por caminos interiores que no sé a dónde van y por los que nunca caminé. Resultan siempre sorprendentes, aunque sean caminos muy viejos, muy antiguos.

M. D.: La madre lava ropa azul en el agua verde en Camuflaxe. Aunque este es un libro más rojo –como la sangre– y amarillo –como la luz o el oro– que azul. En uno de tus libros te reivindicaste Azul e estranxeira. ¿Por qué? ¿Es el azul el color de la felicidad, de la alegría?

L. G.: Tengo una ilusión grande cuando miro y admiro los colores del mundo, como si fuese todavía algo infantil. Disfruté mucho con la lectura de la obra De lo espiritual en el arte de Kandinsky. En ese libro el autor dice que "el sonido del azul en una forma profunda y solemne puede compararse al de un órgano". Relaciono mucho los colores con la música, con el arte, con la libertad, con la alegría de vivir. No veo la vida gris, ni blanca y negra, sino como una explosión divertida de colores luminosos.

Para mí el azul es la nostalgia de violín, amor de elefante, océano orgulloso, país extranjero. El azul es una carta de un amigo, y también la ropa de un bebé. Es muchas cosas para mí. Sobre todo, siento paz cuando miro una cosa azul. Estos días de verano escribo en un cuaderno azul que me regaló un admirador. El rojo es la sangre, el vitalismo, la fuerza, la pasión de cantar. La luz del oro es esa joya, ese ser querido, esa madre que resulta valiosa. Cuando perdemos a la madre su memoria se hace muy profunda, como una lámpara muy brillante y blanca.

M. D.: De Levantar as tetas dice Arturo Casas en Lupe Gómez: libre e estranxeira que puede ser un libro más performativo, más "político", más "dirigido a las mujeres atravesadas por una patria". ¿Estás de acuerdo? ¿En qué sentido es político Camuflaxe? ¿Por qué el lar es política?

L. G.: Sí, creo que Levantar as tetas, ya desde su título, es un libro muy desafiante, muy atrevido, y al mismo tiempo es también un libro muy desnudo, muy sentido, muy frágil. Con todos mis libros quise sincerarme como mujer, como poeta, pero respetándome a mí misma y a los otros. Mi intención nunca fue herir sensibilidades. Siempre busqué espacios abiertos, aires puros, cielos abiertos, lugares democráticos.

Ahora cuando miro para atrás y recuerdo libros como Pornografía o Os teus dedos nas miñas bragas con regra, los recuerdo con muchísima ternura y mucho amor. Creo que Camuflaxe es político porque expresa una emoción muy fuerte. La tensión grandísima que queda posada en la hija cuando pierde a su madre. Creo que la pérdida, el dolor, siempre tienen un trasfondo político. Siempre me gustó aquel agudo verso de Novoneyra: "Inda a bágoa máis pura máis sen dirección acusa ó poder". Camuflaxe también es político porque grita, denuncia y protesta contra la extinción de un mundo, de una cultura. Quiere dejar constancia de esa agonía...

Cuando tengo problemas, dolores, pesares profundos, mi grandísimo amigo Emilio Araúxo siempre me recomienda que transforme todas esas tristezas en poesía. Creo que la lírica puede ser un poderoso artefacto para expresar sentimientos inexpresables. El lar es un lugar de reunión, de conversación silenciosa, de pensamiento y de solidaridad... Yo recuerdo haber pasado mucho tiempo en el lar, sentada en el tajuelo, y dejándome llevar por la lumbre, por las llamas, por las pavesas. El lar es un lugar político porque el pensamiento, y la meditación son formas de activismo.

M. D.: ¿Algo más que quieras comentar sobre otros proyectos? Me contabas que estás con la edición de Pornografía en español, de Camuflaxe en español e inglés, que estabas preparando un epistolario en español con Alvarellos o la reedición de Fisteus era un mundo, además de un nuevo poemario. ¿Quieres hablar de cada uno de estos proyectos?

L. G.: Son proyectos muy ilusionantes, y te daré unas breves pinceladas sobre cada uno de ellos. Pornografía va a salir publicado en la editorial segoviana La uÑa RoTa. Su traducción al español la hizo la poeta y amiga Luz Pichel, con grandísimo esmero y grandísima delicadeza. Camuflaxe también va a salir en español, traducido por Antón Lopo, en la editorial madrileña Papeles Mínimos. Las poetas y los poetas españoles me piden insistentemente este libro mío. Quieren tener mi poesía en castellano, y poder celebrarla, divulgarla, compartirla, diseminarla.

Camuflaxe también va a salir en inglés, traducido por Erín Moure. Cuenta un editor de Estados Unidos que está totalmente entusiasmado y ya quiere publicarlo para principios del 2019. Tengo ganas de publicar mi epistolario Fosforescencias con la editorial Alvarellos, pues la carta es mi género preferido y de alguna manera representa la raíz fundamental de toda mi obra literaria. Son cartas escritas en los años 2011 y 2012. Recogen un tiempo de muchas decepciones y también de mudanzas, esperanza y conversaciones muy emotivas.

Aparecen cartas de amigos míos como Antonio Gamoneda, Neira Vilas o Xohana Torres. Con Chan de Pólvora tenemos el proyecto de hacer la reedición de Fisteus era un mundo, incorporando unas fotografía que hice a gente viejita de mi aldea en los años 90, cuando estudiaba Periodismo. Tengo terminado un poemario inspirado en los cantares de mi amigo Amancio Prada. Es como una carta de amor para él y para la ciudad de Santiago de Compostela. Tengo también inédito un libro de cuentos muy surrealistas, en los que hablo de Fisteus y de mi barrio Basquiños de Santiago. Revisé, corregí y reescribí este libro con la fértil ayuda de mi amiga Anxos Sumai. Nunca dejo de escribir, bailar y vivir.


Fotografía de Sara Plaza.

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