12.6.18

Primero fue el silencio (I)

Primero fue el silencio

Por Sara Plaza

Compartimos la primera parte de una entrevista muy reciente del escritor y sacerdote Ragan Sutterfield al autor británico Paul Kingsnorth, uno de los fundadores del proyecto Dark Mountain, al frente del cual estuvo hasta finales del año 2017. El texto apareció publicado originalmente en inglés en la revista Image, bajo el título "Writing the Land and Its Story: An Interview with Paul Kingsnorth. Part 1". Ha sido traducido por Sara Plaza.

En este mismo espacio hemos compartido con anterioridad varios artículos y ensayos del mismo autor, que el lector interesado puede encontrar reunidos aquí.

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Escribir la tierra y su historia: una entrevista con Paul Kingsnorth. Parte 1

"It’s the End of the World as We Know It…and He Feels Fine" ["Es el fin del mundo tal y como lo conocemos... y él se siente bien"] —así es como el New York Times Magazine titulaba una semblanza del escritor Paul Kingsnorth.

Kingsnorth es escritor y ensayista, un inglés que vive en una pequeña finca en el norte de Irlanda. Profundamente preocupado por lo que él mismo refiere como "ecocidio" del mundo natural, uno podría estar tentado a llamarle ecologista, pero como su reciente libro Confessions of a Recovering Environmentalist and Other Essays [podría traducirse como Confesiones de un ecologista rehabilitado y otros ensayos] indica, él rechaza ese término.

Kingsnorth está buscando un camino cuyo rastro ninguno de nosotros ha encontrado todavía, un camino que no intente "salvar el mundo" tal y como lo conocemos, al tiempo que mantiene una relación de amor con el mundo no humano del que dependemos. En este sentido, se parece bastante a Wendell Berry, un escritor cuyos ensayos ha recogido en The World Ending Fire.

Con la ironía del caso, Kingsnorth y yo mantuvimos una conversación mediada por las pantallas de nuestros ordenadores y skype.

Ragan Sutterfield para Image: Me gustaría comenzar nuestra conversación con Wendell Berry. The Oxford American publicó recientemente varios poemas "Sabbath" nuevos de este autor, y me llamó la atención una estrofa del poema VII. En ella se pregunta "Qué no le sería posible escribir a un poeta…" si una mariposa se posase en su mano durante algo más de un instante. Me impactó porque apunta a los silencios y a la atención al resto del mundo por donde discurre el trabajo de Berry, y creo que también el tuyo. ¿Puedes comentar algo sobre esto?

Paul Kingsnorth: Bueno, es muy difícil hablar sobre los silencios, ¿no es cierto? Pero es una manera interesante de entrar en materia. Pienso que buena parte de los mejores escritos de Wendell Berry (y quizás también me ocurra a mí, tal vez a todos) provienen del mero atributo de la atención, y que esta comienza con un silencio.

Uno de los famosos poemas de Berry habla sobre el hecho de prestar atención y el espacio que puede abrirse cuando estás en un mundo habitado por cosas distintas a ti, y no solo cosas humanas. Cuando estás en un lugar que se canta silenciosamente a sí mismo y tú permaneces callado el tiempo suficiente para escucharlo, de ahí es de donde proviene el trabajo mejor.

Es todo un desafío para los escritores, curiosamente, porque escribir es lo contrario del silencio y los escritores somos la clase de personas que no pueden cerrar la boca, de otro modo no seríamos escritores. Siempre hay cháchara dentro de la cabeza y siempre un deseo de comunicar lo que has hallado o visto.

Existe un equilibrio entre buscar las palabras y obligarte a ti mismo a permanecer callado para que poder prestar atención a esa calma, a ese silencio. Y es un una calma que cada vez cuesta más encontrar según pasan los años, al menos en el mundo moderno, porque todo parlotea y hay mucho ruido. Incluso el silencio interior, cuesta mucho acceder a él en estas circunstancias. El silencio es un bien preciado y escaso en este momento, pero es donde tiene su origen mucha de la verdad en escritores como Berry.

Image: El silencio es parte del camino hacia la autocomprensión, pero otra parte importante son las historias que nos contamos a nosotros mismos. En "The Dark Mountain Manifesto" ["Manifiesto de la Montaña Oscura"] que escribiste conjuntamente con Dougald Hine, explicáis que las raíces de la crisis ecológica "están en las historias que nos hemos contado", y que queréis "desafiar las historias que apuntalan nuestra civilización: el mito del progreso, el mito de la centralidad humana, y el mito de nuestra separación de la 'naturaleza'. Estos mitos son todavía más peligrosos por cuanto hemos olvidamos que son precisamente mitos".

¿Cuál es hoy el papel del escritor y del narrador?

P.K.: Cuando escribimos "The Dark Mountain Manifesto" lo hicimos como dos personas que al observar el estado de la escritura y la literatura llegaron a la conclusión de que no era relevante para el mundo en el que vivían. Y por eso nos preguntamos, ¿por qué los escritores y los narradores y los artistas no se están tomando en serio el estado real del planeta, en particular en lo que se refiere a la destrucción que estamos causando, al desgarro del tejido de la vida? ¿Por qué no se está hablando de ello?... ¿Por qué actuamos como si no estuviéramos en crisis?

Una de las declaraciones centrales del manifiesto es que todo es un relato, que todo es una construcción. Como sociedad nos contamos historias que nos permiten no ver la magnitud de lo que estamos haciendo a causa de lo que creemos. Así que deberíamos contarnos que tenemos una crisis ecológica porque estamos quemando demasiado carbón, o porque no contamos con la tecnología apropiada, o tal vez porque no tenemos la organización social adecuada, o porque somos muchos, y otros asuntos que vayan surgiendo.

Y aunque todo eso sea cierto, en el fondo hay algo más profundo, y es cómo nos vemos a nosotros mismos en relación con el resto de la vida.

Si uno cree que es el centro de todas las cosas, entonces actuará como si estuviese en el centro de todas las cosas. Y si uno piensa que todo lo que no es humano es un recurso para los humanos que estos han de extraer, entonces eso es lo que hará. Y si uno se ve a sí mismo como completamente separado de esta cosa que llamamos naturaleza y capaz de manipularla a su antojo, entonces será eso lo que haga.

Con el tiempo he ido viendo que en el fondo de la cosmovisión industrial existe una falta de humildad que resulta funcional. No es el imaginario de todos los humanos: es la visión del mundo de una civilización concreta que no tiene la más mínima noción de asombro o cuidado por el resto de la vida. El mundo es una fábrica, o un mercado, o un recurso que extraer, y las únicas preguntas que vale la pena hacerse son preguntas sobre el progreso o el destino humano.

Si pensamos de esa manera al final enloquecemos como sociedad, y creo que estamos en ese proceso. Si uno se desconecta durante demasiado tiempo de la fuente de vida, que es la tierra misma, y de todo lo demás que vive; y si uno no presta atención al lenguaje de las otras cosas; y si solo está interesado en los humanos, y solo en los humanos industriales, acabará perdiendo la cabeza.

No puedo pensar en ninguna sociedad que haya vivido tan absolutamente divorciada del mundo no humano como la nuestra, o que le haya hecho tanto daño. Y eso tiene consecuencias.

Así que si nos preguntamos cuál es el papel de los escritores y de quienes cuentan historias, podemos afirmar que uno de sus papeles es simplemente seguir señalando esa verdad incluso cuando la gente no quiere que lo hagas —y no quiere. La gente se incomoda cuando le presentas la situación real porque de alguna manera todos somos parte del problema.

Como escritor mi trabajo es seguir contando esa historia y hablar en nombre de las cosas vivas más allá del ser humano que no pueden hacerlo. Trato de decirlo de muy diferentes maneras y ver qué pasa. La crisis que atravesamos es sobre todo una crisis psicológica, una crisis espiritual. Esa es la conclusión a la que he llegado después de observarla durante largo tiempo.

Esencialmente tiene que ver con el estado de nuestro espíritu, de nuestra alma, y con la relación que mantenemos o no con el resto de la vida.


Fotografía de Sara Plaza.

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