19.6.18

Primero fue el silencio (II)

Primero fue el silencio (II)

Por Sara Plaza

Compartimos la segunda parte de una entrevista muy reciente del escritor y sacerdote Ragan Sutterfield al autor británico Paul Kingsnorth, uno de los fundadores del proyecto Dark Mountain, al frente del cual estuvo hasta finales del año 2017. El texto apareció publicado originalmente en inglés en la revista Image, bajo el título "Writing the Land and Its Story: An Interview with Paul Kingsnorth. Part 2" (la primera parte puede leerse aquí). Ha sido traducido por Sara Plaza.

En este mismo espacio hemos compartido con anterioridad varios artículos y ensayos del mismo autor, que el lector interesado puede encontrar reunidos aquí.

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Escribir la tierra y su historia: una entrevista con Paul Kingsnorth. Parte 2

Ragan Sutterfield para Image: Ante la crisis ecológica, que tú describías ayer como espiritual, la pregunta que te hago es: ¿Qué podemos hacer? En tu ensayo "Ecología Oscura" brindas una respuesta planteándolo de la siguiente manera: ¿Qué no sería una pérdida de tiempo? Tu primera sugerencia es "retirarse". ¿Qué significa eso?

Paul Kingsnorth: La respuesta me trae todo tipo de problemas, o al menos solía hacerlo, con los activistas. En primer lugar, siendo honesto, creo que las soluciones que proponen Paul Hawken, Bill McKibben y otras personas bienintencionadas que están haciendo un buen trabajo, son fútiles. A algún nivel creo que ellos lo saben.

Dicen, "probablemente no funcionará, pero tenemos que intentarlo", y esa es su motivación. Pienso que no es nada práctico imaginar que podemos crear algún tipo de sociedad global sostenible para diez mil millones de personas en la que todo el mundo tenga el tipo de derechos y el consumo occidentales, y que vaya a haber igualdad y justicia. Llámame cínico, poro no creo que eso suceda. Ya hay suficiente carbono en la atmósfera como para causar un caos inconmensurable.

Para mí la cuestión es: ¿Qué pasaría si eso funcionase? ¿Qué pasaría si llevásemos a cabo una tecno-utopía, atrapásemos el carbono y lo devolviésemos al suelo? ¿Qué clase de civilización estaríamos construyendo?

Me parece que acabaríamos en el tipo de mundo que predijo Ted Kaczynski en su manifiesto, y que muchos escritores de ciencia ficción han descrito: acabaríamos en esa sociedad mecanizada donde tendríamos muy poca libertad humana y se nos controlaría y monitorizaría prácticamente todo lo que hacemos; y seríamos tantísimos que iba a ser muy difícil mantener algún tipo de relación con algo que no fuese humano... Estaríamos construyendo un tipo de infierno mecánico, y yo no quiero vivir en él, independientemente de que sea sostenible o no.

Si miro hacia cualquiera de mis inspiradores filosóficos o literarios, la mayoría son gente que se ha distanciado del centro, se ha trasladado a los márgenes, y ha llevado a cabo su trabajo desde allí. Todas las tradiciones religiosas que tenemos hoy comenzaron en los márgenes; todas las tradiciones filosóficas empezaron en los márgenes; la mayoría de los buenos escritores trabajan en los márgenes; los artistas trabajan en los márgenes. En los bordes de los campos sembrados es donde crecen las flores silvestres; la parte central es un monocultivo.

Está bien involucrarse en el trabajo práctico cotidiano de cambiar la política y la economía si eso es lo que uno quiere hacer, pero si lo que quiere es ir más allá, a lo profundo de las cosas, entonces es importante alejarse y situarse en los márgenes, ensuciarse las manos y tomarse el tiempo de establecer una relación diferente con los lugares y consigo mismo.

Cuando era un joven escritor quería cambiar el mundo, pero ahora estoy más interesado en las preguntas a largo plazo sobre dónde nos equivocamos y en qué otra dirección podríamos ir; y esa es una tarea para toda la vida. ... Viviendo en el centro no puedo hacer nada útil, no puedo hacer nada de provecho si no veo las estrellas y no me ensucio las manos de vez en cuando.

Image: Has publicado ya dos novelas de lo que, entiendo, va a ser una trilogía, que comienza con The Wake y continúa con Beast. Ahora estás trabajando en otra, cuya historia acontece dentro de mil años. Leí una reseña de Beast, y el crítico no pudo descifrar la conexión entre esa obra y el tipo de relato al que haces referencia en tus ensayos. Háblame de la trilogía y de cómo se relaciona con esa visión que tienes más amplia.

P.K.: Beast fue escrita deliberadamente para no ser explicada. Confunde a muchos críticos, lo que resulta divertido. Algunos leerán Beast y no tendrán ni idea de lo que está pasando, y otros la leerán y verán lo que ocurre. Las personas que parecen comprender la novela son las que reconocen los trazos de una búsqueda espiritual. Aquellas que no la entiendan y que nunca hayan tenido en cuenta ningún aspecto espiritual o mítico de la vida, simplemente pensarán que es un galimatías sobre un tipo que se vuelve loco.

La idea de la trilogía es explorar la relación de las personas con un lugar y con los aspectos míticos y religiosos de la vida en un periodo de 2000 años. Los personajes principales (narradores) de cada libro están relacionados entre sí, pero no lo saben. Provienen de la misma parte de Inglaterra, y todos mantienen un vínculo con el espacio, con el propio paisaje y con la historia del lugar, es una relación activa y no está del todo bajo su control.

Intento que los lugares sean ellos mismos, y que las voces que hablan a través de esos lugares sean personajes que medien en la historia y tengan diferentes grados de relación con los narradores.

En The Wake eso se materializa en la relación del narrador con los viejos dioses de Inglaterra y de la parte concreta del país de donde procede, así como en la relación que mantiene con la tierra, y lo difícil que le resulta tener que marcharse. Se ve a sí mismo una parte de esa tierra, tan fundamental como cualquiera de los árboles o cualquiera del resto de criaturas que la habitan, y la novela delinea lo que sucede cuando una fuerza invasora le arroja de ella.

Beast es mucho más una cruzada íntima. Trata de un hombre que busca a dios, que busca su alma, que busca la verdad, algo de lo que ni siquiera está seguro. Está a punto de ser encontrado por un lugar, el espíritu de un lugar...

Los mismos temas aparecerán en el libro que estoy escribiendo ahora, que transcurre dentro de mil años.

Las relaciones de la gente con los lugres y las culturas que emergen de esos lugares probablemente son los temas centrales de todo lo que he escrito. Aunque no me diese cuenta durante buena parte de mi trayectoria. Estoy verdaderamente interesado en qué es ser de algún sitio, qué significa tener antepasados, qué significa tener un lugar, y qué significa no tenerlos. Todo esto en un mundo que cambia continuamente, y está más desconectado y desarraigado que nunca.

¿Qué significa pertenecer a un lugar y que ese lugar te pertenezca, sentirnos unidos a un sitio, establecer una verdadera relación con él? La falta de relación con los lugares está en el centro de la crisis ecológica. Ya no mantenemos verdaderos vínculos con ellos, y si no conoces algo no vas a quererlo y si no lo quieres no lo vas a proteger. Esa es la situación.

Tenemos un modelo económico y político que promueve la "deslugaridad" [placelessness][1]. Fomenta la circulación continua y masiva de personas y capital, la urbanización, la dislocación interna; trata de separarnos de la tierra, meternos en ciudades y convertirnos en consumidores desarraigados, desplazados, errantes, que solo tengan que presionar botones y pasar la tarjeta para conseguir lo que quieren.

Es un sistema que nos desconecta del resto de la vida. Eso es lo que estamos viviendo y esos son los temas que abordan mis novelas. ¿Qué significa pertenecer a algún lugar y qué significa considerar seriamente que ese lugar en el que vives sabe que estás ahí; que la tierra está viva y somos una expresión de ella?


[1] El geógrafo humanista Edward Ralph publicó en 1976 un libro titulado Place and Placelessness, en el que además de los conceptos de "lugar" y "sentido del lugar", introduce la noción de "actitud inauténtica hacia el lugar", que sería la ausencia de sentido de lugar. No obstante, creo que en este contexto, además de a la falta de conciencia y experiencia del lugar, Kingsnorth tal vez podría estar insinuando además una condición inducida de perpetuo vagar. [N. de la T.]

Fotografía de Sara Plaza.

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