26.6.18

Pepineros

Pepineros

Por Edgardo Civallero

En las islas Galápagos, la captura de holoturias o "pepinos de mar" fue, hasta tiempos recientes, una excelente fuente de ingresos para muchos pescadores locales, especialmente en la mitad oeste del archipiélago, allí donde se encuentran las mayores reservas de esos equinodermos.

La actividad tuvo como epicentro la isla Isabela. A principios de la década de los 90' la ayuda social y económica provista por el Estado en esa zona colapsó. La pesca artesanal, la principal fuente de ingresos para los locales, fue hundida por el Pacto Andino. Y la langosta, el producto estrella, fue sobreexplotada. En semejante escenario de falta de oportunidades y carencias, algunos intermediarios de Guayaquil vinculados con comerciantes asiáticos propusieron, en 1992, la captura, secado y comercialización de holoturias.

Los ingresos que proporcionaba esa actividad eran muy superiores a los que daría cualquier otra en las Galápagos. Y se trataba de una pesca fácil. Había que tener suerte para atrapar un tiburón o una langosta. Pero las holoturias yacían en el fondo del mar.

Casi inmóviles. Como piedras.

* * *


Las holoturias son organismos esenciales dentro de los ecosistemas marinos: los adultos reciclan la materia orgánica depositada en el fondo, mientras que las larvas son importantes dentro de la cadena trófica, como parte del zooplancton.

Teniendo en cuenta semejante rol biológico, y debido también a que el archipiélago se encuentra protegido no solo por un Parque Nacional, sino también por una Reserva Marina, las autoridades competentes prohibieron la captura de holoturias en las Galápagos. La medida no detuvo a los "pepineros", los cazadores de pepinos de mar: solamente los convirtió en furtivos. Pues los compradores seguían adquiriendo el producto, y pagando muy bien por él.

Los pepineros utilizaban buzos para recoger los animales a unos pocos metros de profundidad. Llegaban a juntar cientos de ellos en un mismo sitio.

Luego se instalaban en algún manglar de isla Fernandina para esconderse de las posibles patrullas del Servicio del Parque Nacional Galápagos. Esos campamentos improvisados reunían a varias decenas de personas durante semanas, en unas condiciones deplorables, especialmente en lo que a higiene se refería. Allí aprovechaban para dormir sobre una superficie sólida e inmóvil (a diferencia de los barcos) y podían descansar.

Y allí podían ahumar los pepinos, usando la madera proporcionada por los mangles.

La especie de pinzón endémica que vive en el manglar vio su hábitat destruido. Las semillas de las frutas y verduras que los pepineros comían germinaban y se convertían en plantas invasoras. Además, los alimentos llevaban parásitos (como avispas y cucarachas) que se esparcían y se multiplicaban. Por su parte, las embarcaciones transportaron ratas, que atacaron los nidos de la fauna autóctona y pusieron en peligro a los cormoranes ápteros, a las iguanas marinas y a los pingüinos de Galápagos...

La batalla contra la captura ilegal de holoturias se intensificó.

* * *


Había mucho de bandidaje en la pesca de pepinos: nadie en las islas denunciaba porque podía ganarse una puñalada. La pesca había atraído a las Galápagos a individuos que habitaban en zonas muy pobres de Ecuador, en donde la vida no valía nada.

Y había mucho de política también. Muchos comerciantes locales y del continente se hicieron ricos gracias a la venta de holoturias a los mercados asiáticos. Tales comerciantes financiaban a políticos que, evidentemente, estaban a favor de las capturas. Y en algunos casos, las luchas llegaron a altas instancias. Como en 1993.

Aquel año, el Servicio del Parque Nacional Galápagos (SPNG) solicitó al buque estadounidense Odyssey, a cambio de una extensión de su permiso de investigación, que identificara los campamentos de pescadores ilegales de holoturias durante sus viajes al oeste del archipiélago.

En tres misiones entre octubre y diciembre de 1993, la tripulación elaboró informes que señalaron la presencia de barcos extranjeros y nacionales faenando ilegalmente en la parte más protegida de la Reserva Marina.

En febrero de 1994, tras numerosos conflictos, la capitanía de Puerto Ayora recibió la orden de la Armada ecuatoriana de no dejar partir al Odyssey. Un grupo de presión, compuesto por pescadores industriales, con el Subsecretario de Pesca a la cabeza, inició una maniobra que presentaba a los tripulantes del Odissey como espías extranjeros. Tras una intervención de funcionarios de Washington, se llegó a una solución salomónica: el Odyssey abandonó Galápagos clandestinamente a fines de marzo.

Los campamentos de pescadores, sobra decirlo, jamás fueron encontrados. O buscados.

* * *


En la actualidad, la pesca de pepinos es parte de la historia reciente de Galápagos: una de las partes más espinosas, por cierto.

De vez en cuando el asunto vuelve a estar en el candelero. No en vano el archipiélago aún se debate entre la conservación del medio ambiente y las necesidades de sus habitantes humanos.

Una ecuación, esa, que no tiene fácil solución.

Imagen: Puerto de pescadores, Pelican Bay, Puerto Ayora, isla Santa Cruz, islas Galápagos. Fotografía de Edgardo Civallero.

19.6.18

Primero fue el silencio (II)

Primero fue el silencio (II)

Por Sara Plaza

Compartimos la segunda parte de una entrevista muy reciente del escritor y sacerdote Ragan Sutterfield al autor británico Paul Kingsnorth, uno de los fundadores del proyecto Dark Mountain, al frente del cual estuvo hasta finales del año 2017. El texto apareció publicado originalmente en inglés en la revista Image, bajo el título "Writing the Land and Its Story: An Interview with Paul Kingsnorth. Part 2" (la primera parte puede leerse aquí). Ha sido traducido por Sara Plaza.

En este mismo espacio hemos compartido con anterioridad varios artículos y ensayos del mismo autor, que el lector interesado puede encontrar reunidos aquí.

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Escribir la tierra y su historia: una entrevista con Paul Kingsnorth. Parte 2

Ragan Sutterfield para Image: Ante la crisis ecológica, que tú describías ayer como espiritual, la pregunta que te hago es: ¿Qué podemos hacer? En tu ensayo "Ecología Oscura" brindas una respuesta planteándolo de la siguiente manera: ¿Qué no sería una pérdida de tiempo? Tu primera sugerencia es "retirarse". ¿Qué significa eso?

Paul Kingsnorth: La respuesta me trae todo tipo de problemas, o al menos solía hacerlo, con los activistas. En primer lugar, siendo honesto, creo que las soluciones que proponen Paul Hawken, Bill McKibben y otras personas bienintencionadas que están haciendo un buen trabajo, son fútiles. A algún nivel creo que ellos lo saben.

Dicen, "probablemente no funcionará, pero tenemos que intentarlo", y esa es su motivación. Pienso que no es nada práctico imaginar que podemos crear algún tipo de sociedad global sostenible para diez mil millones de personas en la que todo el mundo tenga el tipo de derechos y el consumo occidentales, y que vaya a haber igualdad y justicia. Llámame cínico, poro no creo que eso suceda. Ya hay suficiente carbono en la atmósfera como para causar un caos inconmensurable.

Para mí la cuestión es: ¿Qué pasaría si eso funcionase? ¿Qué pasaría si llevásemos a cabo una tecno-utopía, atrapásemos el carbono y lo devolviésemos al suelo? ¿Qué clase de civilización estaríamos construyendo?

Me parece que acabaríamos en el tipo de mundo que predijo Ted Kaczynski en su manifiesto, y que muchos escritores de ciencia ficción han descrito: acabaríamos en esa sociedad mecanizada donde tendríamos muy poca libertad humana y se nos controlaría y monitorizaría prácticamente todo lo que hacemos; y seríamos tantísimos que iba a ser muy difícil mantener algún tipo de relación con algo que no fuese humano... Estaríamos construyendo un tipo de infierno mecánico, y yo no quiero vivir en él, independientemente de que sea sostenible o no.

Si miro hacia cualquiera de mis inspiradores filosóficos o literarios, la mayoría son gente que se ha distanciado del centro, se ha trasladado a los márgenes, y ha llevado a cabo su trabajo desde allí. Todas las tradiciones religiosas que tenemos hoy comenzaron en los márgenes; todas las tradiciones filosóficas empezaron en los márgenes; la mayoría de los buenos escritores trabajan en los márgenes; los artistas trabajan en los márgenes. En los bordes de los campos sembrados es donde crecen las flores silvestres; la parte central es un monocultivo.

Está bien involucrarse en el trabajo práctico cotidiano de cambiar la política y la economía si eso es lo que uno quiere hacer, pero si lo que quiere es ir más allá, a lo profundo de las cosas, entonces es importante alejarse y situarse en los márgenes, ensuciarse las manos y tomarse el tiempo de establecer una relación diferente con los lugares y consigo mismo.

Cuando era un joven escritor quería cambiar el mundo, pero ahora estoy más interesado en las preguntas a largo plazo sobre dónde nos equivocamos y en qué otra dirección podríamos ir; y esa es una tarea para toda la vida. ... Viviendo en el centro no puedo hacer nada útil, no puedo hacer nada de provecho si no veo las estrellas y no me ensucio las manos de vez en cuando.

Image: Has publicado ya dos novelas de lo que, entiendo, va a ser una trilogía, que comienza con The Wake y continúa con Beast. Ahora estás trabajando en otra, cuya historia acontece dentro de mil años. Leí una reseña de Beast, y el crítico no pudo descifrar la conexión entre esa obra y el tipo de relato al que haces referencia en tus ensayos. Háblame de la trilogía y de cómo se relaciona con esa visión que tienes más amplia.

P.K.: Beast fue escrita deliberadamente para no ser explicada. Confunde a muchos críticos, lo que resulta divertido. Algunos leerán Beast y no tendrán ni idea de lo que está pasando, y otros la leerán y verán lo que ocurre. Las personas que parecen comprender la novela son las que reconocen los trazos de una búsqueda espiritual. Aquellas que no la entiendan y que nunca hayan tenido en cuenta ningún aspecto espiritual o mítico de la vida, simplemente pensarán que es un galimatías sobre un tipo que se vuelve loco.

La idea de la trilogía es explorar la relación de las personas con un lugar y con los aspectos míticos y religiosos de la vida en un periodo de 2000 años. Los personajes principales (narradores) de cada libro están relacionados entre sí, pero no lo saben. Provienen de la misma parte de Inglaterra, y todos mantienen un vínculo con el espacio, con el propio paisaje y con la historia del lugar, es una relación activa y no está del todo bajo su control.

Intento que los lugares sean ellos mismos, y que las voces que hablan a través de esos lugares sean personajes que medien en la historia y tengan diferentes grados de relación con los narradores.

En The Wake eso se materializa en la relación del narrador con los viejos dioses de Inglaterra y de la parte concreta del país de donde procede, así como en la relación que mantiene con la tierra, y lo difícil que le resulta tener que marcharse. Se ve a sí mismo una parte de esa tierra, tan fundamental como cualquiera de los árboles o cualquiera del resto de criaturas que la habitan, y la novela delinea lo que sucede cuando una fuerza invasora le arroja de ella.

Beast es mucho más una cruzada íntima. Trata de un hombre que busca a dios, que busca su alma, que busca la verdad, algo de lo que ni siquiera está seguro. Está a punto de ser encontrado por un lugar, el espíritu de un lugar...

Los mismos temas aparecerán en el libro que estoy escribiendo ahora, que transcurre dentro de mil años.

Las relaciones de la gente con los lugres y las culturas que emergen de esos lugares probablemente son los temas centrales de todo lo que he escrito. Aunque no me diese cuenta durante buena parte de mi trayectoria. Estoy verdaderamente interesado en qué es ser de algún sitio, qué significa tener antepasados, qué significa tener un lugar, y qué significa no tenerlos. Todo esto en un mundo que cambia continuamente, y está más desconectado y desarraigado que nunca.

¿Qué significa pertenecer a un lugar y que ese lugar te pertenezca, sentirnos unidos a un sitio, establecer una verdadera relación con él? La falta de relación con los lugares está en el centro de la crisis ecológica. Ya no mantenemos verdaderos vínculos con ellos, y si no conoces algo no vas a quererlo y si no lo quieres no lo vas a proteger. Esa es la situación.

Tenemos un modelo económico y político que promueve la "deslugaridad" [placelessness][1]. Fomenta la circulación continua y masiva de personas y capital, la urbanización, la dislocación interna; trata de separarnos de la tierra, meternos en ciudades y convertirnos en consumidores desarraigados, desplazados, errantes, que solo tengan que presionar botones y pasar la tarjeta para conseguir lo que quieren.

Es un sistema que nos desconecta del resto de la vida. Eso es lo que estamos viviendo y esos son los temas que abordan mis novelas. ¿Qué significa pertenecer a algún lugar y qué significa considerar seriamente que ese lugar en el que vives sabe que estás ahí; que la tierra está viva y somos una expresión de ella?


[1] El geógrafo humanista Edward Ralph publicó en 1976 un libro titulado Place and Placelessness, en el que además de los conceptos de "lugar" y "sentido del lugar", introduce la noción de "actitud inauténtica hacia el lugar", que sería la ausencia de sentido de lugar. No obstante, creo que en este contexto, además de a la falta de conciencia y experiencia del lugar, Kingsnorth tal vez podría estar insinuando además una condición inducida de perpetuo vagar. [N. de la T.]

Fotografía de Sara Plaza.

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12.6.18

Primero fue el silencio (I)

Primero fue el silencio

Por Sara Plaza

Compartimos la primera parte de una entrevista muy reciente del escritor y sacerdote Ragan Sutterfield al autor británico Paul Kingsnorth, uno de los fundadores del proyecto Dark Mountain, al frente del cual estuvo hasta finales del año 2017. El texto apareció publicado originalmente en inglés en la revista Image, bajo el título "Writing the Land and Its Story: An Interview with Paul Kingsnorth. Part 1". Ha sido traducido por Sara Plaza.

En este mismo espacio hemos compartido con anterioridad varios artículos y ensayos del mismo autor, que el lector interesado puede encontrar reunidos aquí.

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Escribir la tierra y su historia: una entrevista con Paul Kingsnorth. Parte 1

"It’s the End of the World as We Know It…and He Feels Fine" ["Es el fin del mundo tal y como lo conocemos... y él se siente bien"] —así es como el New York Times Magazine titulaba una semblanza del escritor Paul Kingsnorth.

Kingsnorth es escritor y ensayista, un inglés que vive en una pequeña finca en el norte de Irlanda. Profundamente preocupado por lo que él mismo refiere como "ecocidio" del mundo natural, uno podría estar tentado a llamarle ecologista, pero como su reciente libro Confessions of a Recovering Environmentalist and Other Essays [podría traducirse como Confesiones de un ecologista rehabilitado y otros ensayos] indica, él rechaza ese término.

Kingsnorth está buscando un camino cuyo rastro ninguno de nosotros ha encontrado todavía, un camino que no intente "salvar el mundo" tal y como lo conocemos, al tiempo que mantiene una relación de amor con el mundo no humano del que dependemos. En este sentido, se parece bastante a Wendell Berry, un escritor cuyos ensayos ha recogido en The World Ending Fire.

Con la ironía del caso, Kingsnorth y yo mantuvimos una conversación mediada por las pantallas de nuestros ordenadores y skype.

Ragan Sutterfield para Image: Me gustaría comenzar nuestra conversación con Wendell Berry. The Oxford American publicó recientemente varios poemas "Sabbath" nuevos de este autor, y me llamó la atención una estrofa del poema VII. En ella se pregunta "Qué no le sería posible escribir a un poeta…" si una mariposa se posase en su mano durante algo más de un instante. Me impactó porque apunta a los silencios y a la atención al resto del mundo por donde discurre el trabajo de Berry, y creo que también el tuyo. ¿Puedes comentar algo sobre esto?

Paul Kingsnorth: Bueno, es muy difícil hablar sobre los silencios, ¿no es cierto? Pero es una manera interesante de entrar en materia. Pienso que buena parte de los mejores escritos de Wendell Berry (y quizás también me ocurra a mí, tal vez a todos) provienen del mero atributo de la atención, y que esta comienza con un silencio.

Uno de los famosos poemas de Berry habla sobre el hecho de prestar atención y el espacio que puede abrirse cuando estás en un mundo habitado por cosas distintas a ti, y no solo cosas humanas. Cuando estás en un lugar que se canta silenciosamente a sí mismo y tú permaneces callado el tiempo suficiente para escucharlo, de ahí es de donde proviene el trabajo mejor.

Es todo un desafío para los escritores, curiosamente, porque escribir es lo contrario del silencio y los escritores somos la clase de personas que no pueden cerrar la boca, de otro modo no seríamos escritores. Siempre hay cháchara dentro de la cabeza y siempre un deseo de comunicar lo que has hallado o visto.

Existe un equilibrio entre buscar las palabras y obligarte a ti mismo a permanecer callado para que poder prestar atención a esa calma, a ese silencio. Y es un una calma que cada vez cuesta más encontrar según pasan los años, al menos en el mundo moderno, porque todo parlotea y hay mucho ruido. Incluso el silencio interior, cuesta mucho acceder a él en estas circunstancias. El silencio es un bien preciado y escaso en este momento, pero es donde tiene su origen mucha de la verdad en escritores como Berry.

Image: El silencio es parte del camino hacia la autocomprensión, pero otra parte importante son las historias que nos contamos a nosotros mismos. En "The Dark Mountain Manifesto" ["Manifiesto de la Montaña Oscura"] que escribiste conjuntamente con Dougald Hine, explicáis que las raíces de la crisis ecológica "están en las historias que nos hemos contado", y que queréis "desafiar las historias que apuntalan nuestra civilización: el mito del progreso, el mito de la centralidad humana, y el mito de nuestra separación de la 'naturaleza'. Estos mitos son todavía más peligrosos por cuanto hemos olvidamos que son precisamente mitos".

¿Cuál es hoy el papel del escritor y del narrador?

P.K.: Cuando escribimos "The Dark Mountain Manifesto" lo hicimos como dos personas que al observar el estado de la escritura y la literatura llegaron a la conclusión de que no era relevante para el mundo en el que vivían. Y por eso nos preguntamos, ¿por qué los escritores y los narradores y los artistas no se están tomando en serio el estado real del planeta, en particular en lo que se refiere a la destrucción que estamos causando, al desgarro del tejido de la vida? ¿Por qué no se está hablando de ello?... ¿Por qué actuamos como si no estuviéramos en crisis?

Una de las declaraciones centrales del manifiesto es que todo es un relato, que todo es una construcción. Como sociedad nos contamos historias que nos permiten no ver la magnitud de lo que estamos haciendo a causa de lo que creemos. Así que deberíamos contarnos que tenemos una crisis ecológica porque estamos quemando demasiado carbón, o porque no contamos con la tecnología apropiada, o tal vez porque no tenemos la organización social adecuada, o porque somos muchos, y otros asuntos que vayan surgiendo.

Y aunque todo eso sea cierto, en el fondo hay algo más profundo, y es cómo nos vemos a nosotros mismos en relación con el resto de la vida.

Si uno cree que es el centro de todas las cosas, entonces actuará como si estuviese en el centro de todas las cosas. Y si uno piensa que todo lo que no es humano es un recurso para los humanos que estos han de extraer, entonces eso es lo que hará. Y si uno se ve a sí mismo como completamente separado de esta cosa que llamamos naturaleza y capaz de manipularla a su antojo, entonces será eso lo que haga.

Con el tiempo he ido viendo que en el fondo de la cosmovisión industrial existe una falta de humildad que resulta funcional. No es el imaginario de todos los humanos: es la visión del mundo de una civilización concreta que no tiene la más mínima noción de asombro o cuidado por el resto de la vida. El mundo es una fábrica, o un mercado, o un recurso que extraer, y las únicas preguntas que vale la pena hacerse son preguntas sobre el progreso o el destino humano.

Si pensamos de esa manera al final enloquecemos como sociedad, y creo que estamos en ese proceso. Si uno se desconecta durante demasiado tiempo de la fuente de vida, que es la tierra misma, y de todo lo demás que vive; y si uno no presta atención al lenguaje de las otras cosas; y si solo está interesado en los humanos, y solo en los humanos industriales, acabará perdiendo la cabeza.

No puedo pensar en ninguna sociedad que haya vivido tan absolutamente divorciada del mundo no humano como la nuestra, o que le haya hecho tanto daño. Y eso tiene consecuencias.

Así que si nos preguntamos cuál es el papel de los escritores y de quienes cuentan historias, podemos afirmar que uno de sus papeles es simplemente seguir señalando esa verdad incluso cuando la gente no quiere que lo hagas —y no quiere. La gente se incomoda cuando le presentas la situación real porque de alguna manera todos somos parte del problema.

Como escritor mi trabajo es seguir contando esa historia y hablar en nombre de las cosas vivas más allá del ser humano que no pueden hacerlo. Trato de decirlo de muy diferentes maneras y ver qué pasa. La crisis que atravesamos es sobre todo una crisis psicológica, una crisis espiritual. Esa es la conclusión a la que he llegado después de observarla durante largo tiempo.

Esencialmente tiene que ver con el estado de nuestro espíritu, de nuestra alma, y con la relación que mantenemos o no con el resto de la vida.


Fotografía de Sara Plaza.

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5.6.18

Islas de piratas

Islas de piratas

Por Edgardo Civallero

Durante mucho tiempo los colonizadores españoles de América del sur llamaron a las Galápagos "islas Encantadas". Dado que eran muy difíciles de ubicar sobre sus cartas de navegación, consideraron que las ínsulas estaban bajo la influencia de alguna suerte de hechizo.

Así lo reflejó un filibustero inglés, Howell Davis, en su cuaderno de navegación, tras atacar tres navíos españoles a la altura de Túmbez en 1684.

Teniendo más de cien prisioneros a bordo, no sabiendo dónde obtener agua ni encontrar un lugar seguro, decidimos dirigirnos hacia el oeste a fin de ver si podíamos alcanzar esas islas llamadas Galápagos. Esto hizo reír mucho a los españoles, que nos dijeron que eran islas encantadas, que se trataban de islas fantasmas, y no reales.

Su mala reputación entre los hispanos hizo que los piratas desembarcasen en ellas en marzo de 1684 y las tomaran como base de operaciones. Al parecer establecieron campamentos en la actual Santa María, y almacenes al norte de Santa Cruz.

* * *

El capitán británico William Dampier, apodado "el pirata naturalista", describió el archipiélago como islas cubiertas de lava pobladas de aves tan poco ariscas que se posaban en los hombros de sus hombres. Apuntó:

Hay agua en estas islas desoladas, en agujeros y en charcos entre las rocas. Las grandes islas del oeste ... producen grandes árboles de troncos esbeltos; en estas islas se encuentran hermosos ríos.

Dampier debió llegar al archipiélago en la estación húmeda de un año con Niño: el agua, de hecho, nunca fue ni de lejos tan abundante. De ello dejó constancia otro bucanero, Rogers, cuando hizo escala en las Galápagos un mes de mayo, al inicio de la estación seca:

Se reporta que la isla de Santa María de l'Aquada [actual Floreana] es una de las Galápagos en donde se encuentra cantidad de agua dulce, madera, tortugas de mar y de tierra, y que es un fondeadero seguro. Es probable que esta isla exista, puesto que un cierto capitán Davis, un inglés que pirateaba en estos mares hace una veintena de años, se quedó allí varios meses y se mostraba muy satisfecho. Dice que había árboles adecuados para hacer mástiles. Pero esa gente y aquellos con los que he conversado o cuyos diarios de viaje he leído dan informaciones completamente falsas sobre estas islas, ya que están tan alejadas que no se puede desmentir lo que de ellas cuentan y atrapan a así a los crédulos, de los que yo hacía parte hasta que vi, finalmente, que no es posible conceder el menor crédito a sus afirmaciones.

El filibustero inglés William A. Cowley trazó el primer mapa del archipiélago (el mejor hasta el de Fitzroy, siglo y medio después) durante su vuelta al mundo, y lo publicó en 1684. Su colega Howell Davis —al que hacía referencia Rogers— visitó las Galápagos en 1685 y 1687, consolidando con ello la fama de "puerto de piratas".

* * *

William Dampier pasó tres meses en las Galápagos alimentándose de tortugas.

Las tortugas terrestres son tan numerosas que quinientos o seiscientos hombres podrían alimentarse de ellas durante meses, sin otras provisiones: son extraordinariamente grandes y gordas, y tan suaves al paladar que ningún pollo se les compara. Cada mañana enviábamos a tierra al cocinero, quien mataba tantas tortugas cuantas necesitábamos para el día.

En 1813, el estadounidense Porter, atacando balleneros ingleses en Galápagos, escribió:

Los navíos en campaña ballenera en estas islas generalmente cargan a bordo 200 o 300 de estos animales y los almacenan en la cala, donde, por extraño que parezca, pueden vivir durante un año sin comer ni beber y cuando se los mata después de este periodo, el sabor de su carne resulta grandemente mejorado.

Cuando no estaban destinadas a los barcos, las tortugas eran vendidas, por su aceite y por su carne, en San Francisco en los años 1850, y durante mucho más tiempo en Guayaquil y en las costas de Perú.

Las tortugas se convirtieron, así, en un símbolo del archipiélago. Muy a su pesar.

* * *

En 1708, un grupo de comerciantes de Bristol (Reino Unido) armó dos navíos, Duke y Duchess, para navegar bajo patente de corso en el océano Pacífico. Se los confió al capitán Woodes Rogers, que fue acompañado por William Dampier en el que sería su último viaje por los Mares del Sur.

Los barcos superaron el Cabo de Hornos y al hacer escala en la isla de Juan Fernández en febrero de 1709 encontraron a "un hombre vestido con piel de cabra, que tenía un aspecto más salvaje que los propietarios originales de esa vestimenta". Era Alexander Selkirk, en cuya historia se basó la novela Robinson Crusoe (escrita por Daniel Defoe, amigo de Rogers). Selkirk había sido abandonado allí en septiembre de 1704, tras una discusión con el capitán del navío en el que viajaba, el Cinque Ports.

Rogers lo embarcó, pues Dampier conocía sus cualidades como marino: no en vano Dampier había sido capitán del St George, el compañero del Cinque Ports.

Todos juntos atacaron el puerto de Guayaquil en mayo de 1709. Los corsarios se refugiaron en Galápagos con rehenes, cuatro barcos españoles (uno de ellos, el Increase, confiado a Selkirk) y el botín. Las islas eran un lugar ideal: estaban ubicadas frente a una costa mal defendida y llena de riquezas (o, al menos, de galeones que las transportaban de Perú a Panamá), y eran temidas por los españoles, que seguían creyéndolas poco menos que embrujadas.

Se dice que Rogers enterró su parte de botín de aquel asalto a Guayaquil en isla James, actual Santiago.

Y que allí sigue.


Hickmann, John (1985). The Enchanted Islands: The Galapagos Discovered. Oswestry: Anthony Nelson Limited.

Rose, R. (1924). Man and the Galápagos. En Beebe, William (ed.). Galapagos: World's End. Nueva York, Londres: G. P. Putnam's Sons, pp. 332-417. [En línea].

Imagen: Caixonets d'almoines en el Museo Frederic Marès. Art Endins.