13.3.18

El manuscrito de Eugenio Pop

El manuscrito de Eugenio Pop

Por Edgardo Civallero

San Agustín Lanquín es una localidad y municipio del departamento de Alta Verapaz, en las montañas centrales de la actual Guatemala. En lengua q'eqchi', lamkim significa "pueblo rodeado de paja". Verapaz es un territorio tradicionalmente ocupado por el pueblo Q'eqchi' (o Kekchí), una sociedad de la familia lingüística maya.

En su ubicación actual, el pueblo fue fundado por los dominicos Pedro de Angulo, Luis de Cáncer y Rodrigo de la Cebra en 1540, tras las Capitulaciones de Tezulutlán: un acuerdo firmado en mayo de 1537 entre Bartolomé de Las Casas y el oidor Alonso de Maldonado para conquistar de forma pacífica (es decir, mediante reducción y pacificación, por la cruz, y no por la espada) los territorios de Tezulutlán (Alta Verapaz) y la selva lacandona (hoy en Chiapas, México).

San Agustín Lanquín vio su iglesia levantada en la década de 1540 y fue, efectivamente, "conquistado pacíficamente" por los misioneros católicos. Como lo fue toda la región: de ahí, de hecho, el nombre "Verapaz", apócope de "verdadera paz".

Años después de la llegada de los europeos, el 22 de junio de 1795, el alcalde de aquel lugar, un personaje llamado Eugenio Pop, terminó de redactar un pequeño manuscrito cuyo título completo rezaba:

Doctrina christiana, en lengua quecchi, escrita por padron del pueblo de San Augustin Lanquin, en la Vera Paz, por Eugenio Pop, alcalde que fué en el año de 1795.

El manuscrito de Pop es uno de los documentos más célebres de la zona, y uno de los peor conocidos.

Se trata de un pequeño libreto de 21 x 15 cm, compuesto por 17 hojas de papel, que en la actualidad se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia. La práctica totalidad del texto está escrito con el mismo tipo de letra, lo cual indica que fue producido por la misma mano: la del alcalde Q'eqchi'. Probablemente se trató de una traducción del texto castellano solicitada por el cura local a la máxima autoridad de la comunidad: una de las pocas personas que dominaría la destreza de la escritura y que tendría el manejo necesario de la lengua castellana como para emprender semejante tarea.

El manuscrito incluye, al final, un puñado de anotaciones accesorias apuntadas por manos diferentes. Aparecen junto a los nombres de otros alcaldes: Juan Xol, Carlos Kal (en enero de 1806)... La secuencia sugiere que el librillo se habría convertido en un documento importante en el pueblo, y que habría ido pasando de mano en mano, de alcalde en alcalde, una costumbre habitual entre muchos pueblos originarios de América Latina.

Durante sus viajes como misionero por América Central, entre 1848 y 1863, el religioso francés Charles-Étienne Brasseur de Bourbourg, interesado en las antigüedades de la región, adquirió el documento. Le colocó su ex-libris ―"Ex Collectione Americana Domini Brasseur de Bourbourg"― y lo citó en su célebre Bibliothèque Mexico-Guatemalienne (París: Maisonneuve, 1871, pp. 122-123).

A la muerte de Brasseur en Niza (Francia) en 1874, su biblioteca pasó a manos del etnógrafo galo Alphonse Pinart, que agregó su propio ex-libris ("Alph. Pinart, Sol Oriens Discutit Umbras") al viejo manuscrito Q'eqchi'. En 1883, Pinart puso a la venta sus fondos bibliográfico: el ejemplar consta como "número 745" en el Catalogue des livres rares et précieux... (el catálogo de venta, editado en París por A. Labitte). La colección completa es adquirida por la Biblioteca Nacional de Francia, y en 1925 el texto de Pop aparece en el Catalogue des manuscrits américains de la Bibliothèque nationale de Henri Omont (París: E. Champion, p. 17).

En la actualidad, el libreto está etiquetado como "Américain 55" en las estanterías del Departamento de Manuscritos de la institución parisina. A la espera de que en algún momento sea digitalizado y sus trazos puedan accederse en línea, solo es posible imaginar a aquel alcalde maya de finales del siglo XVIII buscando las palabras adecuadas en su lengua madre y apuntándolas laboriosamente sobre el papel. Solo queda atisbar la enorme responsabilidad que debió sentir cuando el párroco de la iglesia solicitó su ayuda para volcar al idioma nativo una parte de los textos de la Santa Madre Iglesia. Y es muy fácil adivinar el orgullo de Pop cuando acabó su tarea y decidió que aquella obrita merecía ser preservada y transmitida.

Algo que logró, aunque haya sido muy lejos de la selva verapaceña, y por caminos inesperados.

Imagen. Iglesia de San Agustín Lanquín.