27.2.18

Bombas de papel

Bombas de papel

Por Edgardo Civallero

Al inicio de Dunkerque, la película de 2017 dirigida por Christopher Nolan, media docena de jóvenes soldados ingleses recorren las desoladas calles de la población francesa que da título a la película, bajo una lluvia de panfletos. Uno de ellos atrapa una de esas hojas, que resulta ser propaganda alemana. Un mapa, en rojo, muestra donde están ellos, mientras que varias flechas rodean esa posición y una frase, al pie, declara un mensaje tan simple como amenazante: "Os rodeamos".

En Design Literacy: Understanding Graphic Design (Nueva York: Allworth Press, 2004), Steven Heller, director artístico del New York Times, dedica un capítulo del libro a esas "bombas de papel", como él las llama. Recopilando información sobre su utilización, señala que al inicio de la Guerra del Golfo (1990-1991), el Comando Central de la Coalición saturó las zonas de combate con millones de panfletos que exhortaban a las tropas iraquíes a rendirse, o a sufrir las consecuencias de la tormenta de fuego que desencadenaría la fuerza aérea aliada sobre ellas.

A veces etiquetada como "propaganda aérea" (airborne leaflet propaganda), se trata de una modalidad de guerra psicológica en la que se tiran panfletos desde el aire sobre zonas enemigas u ocupadas por el enemigo (en general desde aviones, en ocasiones usando las llamadas leaflet bombs, "bombas de panfletos") para influir sobre el comportamiento de las tropas contrarias y de la población civil.

Los mensajes que aparecen en esos panfletos pueden ser largos textos, o reducirse a una sola frase, del tipo "ríndete y vive, o lucha y muere". Pero además de esa clase de misivas, que brindan al adversario la posibilidad de escapar de una carnicería avisándole con tiempo (amenazándolo con una destrucción total, conminándolo a rendirse, ofreciéndole algún tipo de salvoconducto o recompensa), hay otra categoría: una que desarrolla un juego algo más sutil. Una que mina la moral de los combatientes al diseminar contra-información o incluso información verdadera que los altos mandos quieren, a toda costa, evitar que llegue a los acuartelamientos y las trincheras. Esta última modalidad suele obtener sus mejores resultados entre soldados agotados, mucho más susceptibles que el resto a la duda, la desmoralización o la lisa y llana desesperación.

Bombas de papel
Uno de los primeros ejemplos conocidos de este tipo de acción propagandística tuvo lugar en 1870, durante la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), cuando un globo aerostático francés dejó caer panfletos sobre el ejército prusiano, que sitiaba París.

El uso de esta estrategia se perfeccionó, y fue empleado a gran escala, durante la I Guerra Mundial. Los británicos lanzaron sobre sus contrincantes alemanes paquetes con postales y cartas de prisioneros de guerra alemanes donde contaban las buenas condiciones en las que vivían, así como noticias sobre las derrotas germanas, y mensajes contra el Káiser y sus generales. Hacia el final de la contienda, se calcula que el MI7 (la sección de la Oficina de Guerra del Reino Unido que se ocupaba tanto de la propaganda como de la censura) había distribuido unos 26 millones de hojas. El mecanismo podía servir a otros fines: a partir de 1915 los ingleses pusieron en circulación un periódico, no man's land de trinchera a trinchera.

En la II Guerra Mundial, la táctica se extendió. La primera acción con panfletos registrada durante esa contienda fue el lanzamiento de papeles sobre el puerto alemán de Kiel por parte de la Real Fuerza Aérea británica, en septiembre de 1939. Fueron los ingleses los que desarrollaron una bomba que dispersaba folletos, solución que sería mejorada con el paso del tiempo: un ejemplo fue la "bomba Monroe", inventada en 1943 por un capitán estadounidense, y construida a partir de contenedores de papel laminado reciclados, utilizados para transportar proyectiles incendiarios. Los británicos, por su parte, siguieron utilizando globos para soltar panfletos más allá de las líneas alemanas. A su vez, algunas de las célebres bombas V-1 arrojadas por los germanos en el sur de Inglaterra transportaban folletos; iban en la cola, en un tubo de cartón que era eyectado cuando el misil estaba en pleno vuelo.

Antes de desplegar los famosos super-bombaderos B-29 en el Pacífico, los estadounidenses los hicieron sobrevolar Alemania en 1944 para distribuir octavillas y, al mismo tiempo, para exhibir los aviones como una amenaza velada. También cubrieron de volantes las ciudades japonesas que estaban bombardeando en 1945: los cómputos oficiales señalan que los B-29 tiraron allí alrededor de 60 millones de hojas entre mayo y julio de ese año.

Tras la II Guerra Mundial, el empleo de la "propaganda aérea" fue en declive, debido, sobre todo, a los avances de otros medios de comunicación. Aún así, durante la Guerra de Corea (1950-1953) se lanzaron 1000 millones de panfletos, mientras que en Iraq (2003-2011) se usaron 31 millones. También se emplearon en Vietnam (1955-1975), Afganistán (1979-1989) y, como queda dicho, en el Golfo Pérsico.

Los folletos eran impresos en papel barato y con una tipografía sencilla, cruda a veces. Lo que importaba solía ser la imagen, amenazante o desmoralizante, incluyendo cadáveres de soldados y otras atrocidades provocadas por los combates.

En la actualidad, bibliotecas, archivos y museos públicos y privados mantienen nutridas colecciones de estos materiales; algunas de ellas han sido digitalizadas y pueden consultarse a través de Internet. Durante la II Guerra Mundial, los analistas militares descubrieron (para su sorpresa) que los efectos de esa propaganda resultaron ser mayores de lo esperado. Se demostró así que en la guerra, en especial bajo condiciones severas, una hoja de papel puede ser tanto o más potente que una bala o una granada.

Base de datos. Panfletos iraquíes utilizados durante la Guerra del Golfo. Psywarrior.
Base de datos. Archivo de panfletos. Psywar.

Imagen 01. Dunkerque (Christopher Nolan, 2017).
Imagen 02. Heute sind sie daran, morgen komme ich (I Guerra Mundial, abril 1918). Psywar.

20.2.18

Días para el asombro

Días para el asombro

Por Sara Plaza

Todavía no había amanecido cuando atravesó el pasillo descalza, encendió el ordenador a tientas y a la luz de un viejo flexo comenzó a escribir...

Leí en algún lugar que sería una imperdonable ingenuidad confiar la salvación del mundo al poder del poema, pero que sería un error imperdonable olvidar que no hay poema que deje el mundo intacto. A pesar de su inmensidad, a pesar de no ser capaz de abrazarlo con la imaginación, hubo un instante en que vi el mundo entero varado tras los muros de una prisión, y a mi misma anclada en el dolor. Entonces recordé el poema "La piel", de Francisca Aguirre.

Lo de la piel es realmente asombroso.
Es sorprendente que una cosa tan fina
sea capaz de contener algo
tan inquietante
como lo es el cuerpo humano.
Pareciera que al primer embate la piel
ese tejido tan precario y frágil
caería hecho pedazos
o más bien
hecho polvo.
Pero lo cierto es que resiste
lo verdaderamente raro
es que la piel
resiste más que el corazón
o la cabeza.
A veces las palabras
nos entierran el corazón.
A veces la cabeza nos envenena el corazón.
Pero la piel aguanta
se tiñe de escarlata
y aguanta
le rechinan los poros
pero aguanta.
Es como una armadura
un pequeño telón que nos defiende
contra el dolor que intenta destruirnos.

Hay un libro durísimo, un libro desgarrador y conmovedor, de la escritora argentina Griselda Gambaro, que se titula Ganarse la muerte. Lo escribió en el año 74 o 75, y la Junta Militar lo prohibió en el 77, después del informe que había elaborado la SIDE. Narra la historia de Cledy, que pasa por el orfanato como por todas sus posteriores casas: llorando, y acaba con estos versos:

No quiero demasiada vida
ni tampoco insuficiente la necesaria apenas
para mi muerte
sobre la tierra.

Cuando los compartí por primera vez, me dijeron que eran unos versos magníficos y que podría haberlos firmado Pizarnik si hubiese conquistado ese tipo de serenidad. Hay otro libro de Gambaro en casa, Dios no nos quiere contentos. Y entre sus páginas guardé alguna vez un poema que Brecht escribió poco antes de su muerte:

Cuando en la blanca habitación del hospital de La Charité
desperté hacia el amanecer
y oí el mirlo, lo tuve
aún más claro.
Ya hace mucho tiempo
que no temía a la muerte, pues nada
puede faltarme si yo
mismo falto. Ahora
también he logrado alegrarme con todos
los mirlos que cantarán cuando yo no esté.

La misma persona que opinó sobre los versos de Gambaro se sorprendió, al leer los de Brecht, de la humildad con la que el poeta y dramaturgo alemán esquiva en los suyos su condición inmortal. Siempre pensé que Celeya logró algo parecido cuando escribió:

[...] No explico. No discuto. No intento convencerte.
No me mido con otros. No lucho contra nadie.
No quiero ser distinto –ser más, ser matando.
No insisto. Pongo solo delante de tus ojos
mis restos de alegría salvados del desastre.

En este largo invierno que dura ya varias estaciones, me he preguntado a menudo qué hago apañando versos, llevándolos de una lengua a otra... Al final va a ser verdad, y la poesía, o gran milagre do mundo, se apropia de quien ella quiere.

En el fondo, yo también creo que, como el pan, la poesía es de todos, que la palabra es ese lugar donde se esconden los pájaros, y que los árboles sostienen el mundo. Los restos del mío, lo sé, los aguanta un fresno.

Fotografía de Sara Plaza.


13.2.18

Un libro de batallas

Un libro de batallas

Por Edgardo Civallero

Seymour Chwast es un diseñador gráfico e ilustrador estadounidense, nacido en el Bronx (Nueva York) en 1931.

Se graduó en Bellas Artes en la "Cooper Union" (The Cooper Union for the Advancement of Science and Art) en 1951 y, junto con sus colegas Milton Glaser, Edward Sorel y Reynold Ruffins, fundó los emblemáticos Push Pin Studios en 1954.

Chwast es famoso por sus pósteres, su diseño tipográfico y comercial (empaquetado, publicidad) y sus tapas de libros, aunque ha realizado otros trabajos más interesantes, en los que combina un estilo de ilustración muy personal y una buena dosis de comentario social.

Un libro de batallas
Entre tales comentarios se cuentan los anti-belicistas, nacidos al calor de un periodo de la historia plagado de conflictos. Uno de los trabajos más conocidos de Chwast contra la guerra ―uno que aún hoy se pone como ejemplo en las escuelas de diseño e ilustración― es A Book Of Battles ("Un libro de batallas").

Lanzado en 1957, se trató de una edición limitada de 80 ejemplares. Cada uno contenía 9 grabados originales en linóleo coloreados a mano, acompañados por citas de John Milton, Walt Whitman y Bertrand Russell, entre otros textos. El libro pretendía presentar batallas famosas (Maratón, Hastings, Waterloo...) junto a ácidos comentarios anti-bélicos, incluyendo una magnífica introducción de la autora anarquista Dachine Rainer (seudónimo de Sylvia Newman), prima del artista.

Un libro de batallas
El mensaje que A Book of Battles buscó presentar sobre todo conflicto bélico quedó sintetizado en uno de los textos que incluyó, un viejo refrán alemán: "Una gran guerra deja al país con tres ejércitos... un ejército de lisiados, un ejército de viudas y un ejército de ladrones".

Imágenes. Grabados de A Book of Battles (batallas de Maratón, de Hastings y de Balaklava).

6.2.18

La escritura de Bruly

La escritura de Bruly

Por Edgardo Civallero

El silabario bété es una de las muchas escrituras desarrolladas en África para graficar las lenguas indígenas del continente. En este caso, el idioma del pueblo Bété, una sociedad originaria de Costa de Marfil.

El creador de ese sistema fue Frédéric Bruly Bouabré, un polifacético artista y pensador cuya producción fue mucho más allá de lo meramente visual.

Bruly nació en 1919 en Zépréguhé, en la región de Daloa, en el centro de la actual Costa de Marfil, entonces parte del África Occidental Francesa (AOF). Cursó estudios en Daloa, Dimbroko y Bingerville (1931-1939). Reclutado por la marina francesa, desembarcó en 1941 en Dakar (capital del AOF) y allí sirvió hasta el final de la II Guerra Mundial. Entre 1945 y 1946 trabajó como ferroviario en Rufisque, en territorio senegalés, y luego retornó a Dakar, en donde fue funcionario judicial hasta 1957. Repatriado entonces a Costa de Marfil, trabajó inicialmente en el Ministerio del Interior en Abiyán, para luego pasar a la Dirección de Investigaciones Científicas (1958-1973) y terminar en el Instituto de Etnosociología de la Universidad de Abiyán (1973-1982), siempre como funcionario.

El 11 de marzo de 1948, Bruly tuvo una "visión divina" que cambiaría radicalmente su vida. "Los cielos se abrieron frente a mis ojos y siete soles de colores describieron un círculo de belleza en torno a su Madre-Sol", relataría más tarde. En aquel momento, según él, se convirtió en Cheik Nadro, "el que nunca olvida". Su objetivo a partir de entonces fue recoger y transmitir los conocimientos del universo, especialmente aquellos relacionados con la belleza y la paz. Creó su propia "religión", l'Ordre des Persécutés ("La Orden de los Perseguidos"), y comenzó a trabajar en el proyecto por el que sería más conocido: la creación de una "escritura africana".

Bruly estaba convencido de que el universo busca, por todos los medios, transmitir sus saberes. Y, observando con cuidado a su alrededor, terminó descubriendo el alfabeto que codificaba tal información en tierras africanas.

Obtuvo su primera inspiración en 1952, en un poblado llamado Bekora, 23 km al sur de la ciudad de Daloa. Allí había unas piedras célebres por sus curiosas siluetas (probablemente restos arqueológicos), de las cuales recogió algunos ejemplares. En 1956, discutiendo el significado de esas "piedrecillas" con colegas de Dakar, desarrolló su idea de un sistema de escritura pictográfico, en donde cada imagen representase una sílaba. Terminó produciendo un silabario de 401 signos, que bautizó inicialmente como "escritura bété" y luego como "alfabeto del oeste africano", y que utilizó para transcribir la tradición oral de su pueblo, los Bété: cuentos, textos y poemas que fue recogiendo cuidadosamente durante años.

En octubre de 1957, Théodore Monod, director del Instituto Francés del África Negra (IFAN) en Dakar, recibió de Bruly un cuaderno manuscrito de 18 páginas titulado Langue vernaculaire béte ("Lengua vernácula bété"). Fue el inicio de una abundante correspondencia que sería revelada por el propio Monod al año siguiente en un artículo de su autoría (Un nouvel alphabet ouest-africain) publicado en el Bulletin de l'IFAN.

La escritura de Bruly
Bruly no dejó de observar a su alrededor, siempre a la búsqueda de los símbolos que las ideas utilizaban para materializarse en el continente africano. Las escarificaciones y los tatuajes tribales le parecieron valiosos; recogió un abundante repertorio en Costa de Marfil, que publicó en 1965 bajo el nombre Le Musée du visage africain ("El museo del rostro africano"). Le siguió "el alfabeto metálico": los signos que aparecen en las pesas para medir oro en polvo usadas por los antiguos Akan, que también recogió cuidadosamente, y que terminó publicando en 1972.

Buscó por todos los medios que esos códigos fueran utilizados. A tal fin, en 1984 lanzó Une méthodologie de la nouvelle-écriture africaine ("Una metodología de la nueva escritura africana") y L’alphabet de l’Ouest africain ("El alfabeto del oeste africano"). Pero desde mucho tiempo antes mantuvo las puertas de su casa abiertas a todos aquellos que quieran aprender.

Jamás dejó de recolectar saberes, de reflexionar sobre ellos, y de apuntar todas sus ideas y sensaciones, con las que llenó más de un centenar de cuadernos manuscritos. A mediados de la década de los 70 del siglo pasado, Bruly decidió ir un paso más allá y expresar los saberes que iba recogiendo (junto a sus pensamientos y a algunas de sus "visiones") a través de las artes plásticas. Mientras trabajaba como funcionario realizó cientos de pequeños dibujos, conservando siempre el mismo formato: una cuartilla con un grafismo esquemático en el centro, un filete de color, y una frase explicativa alrededor, en mayúsculas y en francés, iniciada con un punto rojo y acabada con un asterisco. De esa forma produjo cientos y cientos de imágenes, que terminaron formando parte de su proyecto Connaissance du Monde ("Conocimiento del mundo"): una auténtica enciclopedia de conocimiento y experiencia tradicional y universal.

Su obra literaria y filosófica fue mucho más potente que sus dibujos, pero mucho menos conocida. Cabe destacar Les lois divines révélées dans l'Ordre des Persécutés ("Las leyes divinas reveladas a la Orden de los Perseguidos", 1945-1963) y Oú est la liberté? ("¿Dónde está la libertad?", 1985), entre otras. En 1989, tras toda una vida de trabajo, se lo reconoce como escritor ―con la edición de su antología de textos autobiográficos On ne compte pas les étoiles ("No se cuentan las estrellas")― y como artista, con su participación en la gran exposición Les magiciens de la terre ("Los magos de la tierra") en París.

Bruly falleció en febrero de 2014. Como él bien decía, cruzó el puente hacia el otro lado y volvió a la tierra de donde había salido.

Artículo. Frédéric Bruly Bouabré. C&.
Artículo. Le retour à la terre de Frédéric Bruly Bouabré. Radio France Internationalle.
Artículo. Frédéric Bruly Bouabré: A childlike world of goodness and colour. The Telegraph.
Artículo. Naissance d'une ecriture. Culturalles.

Imagen 01. Frédéric Bruly Bouabré enseñando el alfabeto bété en su casa de Marcory‐Anoumabo, un barrio de Abiyán, en 1995.
Imagen 02. Uno de los dibujos de Bruly: "El hombre suspendido por los colores".