1.8.17

La odisea del diccionario yahgán

La odisea del diccionario yahgán

Por Edgardo Civallero

Los Yámana, también llamados "yahganes", son uno de los pueblos indígenas del archipiélago de Tierra del Fuego. En la actualidad sobreviven descendientes (alrededor de 1600) en Argentina y Chile; solo uno de ellos, Cristina Calderón, es hablante nativa de su lengua, el haúsi kúta.

Esa lengua fue descrita y sistematizada por primera vez por Thomas Bridges, un misionero inglés que fue uno de los primeros blancos en vivir en Tierra del Fuego, y el primero en aprender la lengua de los Yámana. A lo largo de los años produjo un diccionario del idioma, con unas 32.000 entradas, uno de los más completos que existe. La historia de su producción y su publicación fue una verdadera odisea.

Tal odisea queda descrita sumariamente en el texto que sigue, traducción de la introducción para la reimpresión de 1987 del diccionario escrita por R. Natalie P. Goodall, bisnieta de Bridges.

* * *

Como relata W. S. Barclay en su prefacio (p. ix), la idea de un diccionario de la lengua yahgán (yámana) nació en la cabeza de un niño de 13 años que fue con su padre adoptivo en 1856 a una isla pequeña y yerma al sudoeste del océano Atlántico [Isla Keppel, cerca de las Malvinas]. Aprendió la lengua de los indígenas llevados allí desde Tierra del Fuego. Para cuando visitó Tierra del Fuego por primera vez, en 1863, a los 21 años, Thomas Bridges ya era capaz de conversar con los nativos.

La primera mención que hace Bridges del diccionario y la gramática, en una carta en 1864, muestra que ya había estado trabajando en ellos por algún tiempo. Mientras vivía entre los indígenas en Tierra del Fuego, desde 1869 a 1898, Bridges copió y mejoró el diccionario varias veces, y poco antes de su muerte aún estaba puliendo la "gramática". El diccionario, o partes del mismo, lo acompañaron en sus muchos viajes a través del archipiélago fueguino. Cuando recogía nuevas palabras, las apuntaba en un pedazo de papel cualquiera, a veces incluso sobre trozos ya escritos, para luego copiarlas cuidadosamente en el diccionario. Cada "versión" fue copiada en un nuevo cuaderno de notas. La versión "final" de 1881 había estado precedida al menos por otras 20. El destino de esas libretas se desconoce. Quizás el propio Bridges las destruyó. La colección de la Sala de Manuscritos Raros del Museo Británico contiene cuatro cuadernos escritos a mano:

- Volumen 1, 241 páginas, copiado entre enero de 1865 y el 18 de mayo de 1866, con notas posteriores de John Williams; presentado por Lucas Bridges en 1930.
- Volúmenes 2 y 3, 235 y 42 páginas; ampliación del volumen 1, copiados entre el 24 de agosto de 1877 y el 5 de julio de 1879, traído a Europa por Frederick A. Cook, y la base para la versión del diccionario impresa en 1933.
- Volumen 4, 70 páginas, "versión nueva y última", comenzada el 19 de junio de 1879, pero incompleta. Traído a Europa en 1929 por Alice Bridges.

El objetivo de todo este meticuloso trabajo era, obviamente, la publicación del diccionario y la gramática. Esto no ocurrió durante la vida de Bridges, probablemente porque él todavía estaba tratando de perfeccionarlos. Sus traducciones de la Biblia usando su sistema fonético –evangelio de San Lucas (1881, 1000 copias), los Hechos de los Apóstoles (1883, 1000 copias) y evangelio de San Juan (1886, 500 copias)– fueron publicadas en pequeños volúmenes separados por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y usadas para la evangelización de los Yahganes. Al aparecer la primera de ellas, que no llevaba el nombre de Bridges, se publicaron rápidamente tres diccionarios (Platzmann, 1882; Garbe, 1883; Ellis, 1882, 1884) producidos mediante la traducción inversa de ese pequeño volumen.

Mientras tanto, el diccionario principal continuaba creciendo. El día de Año Nuevo de 1898, la expedición del Bélgica llegó a Harberton (ver E. L. Bridges, 1948). Uno de los científicos, el Dr. Frederick A. Cook (quien más tarde aseguró haber alcanzado el polo norte) se ofreció para hacer que el diccionario fuese publicado en los Estados Unidos. Dado que el barco se dirigía a la Antártida, Bridges no entregó el diccionario entonces, pero prometió mandarlo con Cook en su viaje de retorno. Thomas Bridges murió en junio de 1898. Al año siguiente Cook volvió y alquiló un barco en Punta Arenas para ir a por los manuscritos, que la familia Bridges le confió.

Cook escribió a la familia mencionándoles las dificultades para imprimir el trabajo debido a la fonética empleada, que requería de tipos especiales (aunque las traducciones de los evangelios habían sido impresas usando esos tipos). Luego no se supo nada más, y la familia temió que los cuadernos se hubieran perdido.

Doce años después, la familia Bridges se enteró, por boca de algunos científicos visitantes, que el diccionario estaba siendo impreso en el Observatorio Real de Bruselas, y que se lo había publicitado bajo la autoría de Frederick A. Cook. Lucas Bridges consiguió viajar a Bruselas, donde el editor, M. Lequent, le confirmó que el libro iba a ser publicado como obra de Cook, con una pequeña nota que señalaba que el reverendo Thomas Bridges había sido "fundamental en la recolección de las palabras". Se acordó que el trabajo de publicación debía continuar, pero bajo la autoría adecuada. Sin embargo, el alfabeto debía ser transpuesto a un sistema fonético "universal". Por esa razón, el libro no salió de imprenta antes de 1914.

Luego se desencadenó la I Guerra Mundial, y el diccionario desapareció. Gusinde (p. xxi) afirma que el manuscrito estuvo en posesión del Dr. Hesterman, profesor de la Universidad de Münster, que tenía en su poder tanto el diccionario como la gramática bajo el pretexto de querer saber más sobre ellos. Alice Bridges fue a Hamburgo, se entrevistó con Hesterman y acordó que la familia pagaría por la publicación bajo la supervisión de W. S. Barclay, un viejo amigo de los Bridges y autor de The Land of Magellan. El Dr. Hesterman completó la traducción del sistema fonético de Bridges al alfabeto Anthropos. El diccionario fue publicado, con una edición limitada de 300 copias, en Mödling, Austria, en 1933, y distribuido por bibliotecas y universidades de todo el mundo. La gramática y la notas sobre las lenguas Ona [Selk'nam] y Alacaluf [Kawésqar] no fueron publicadas.

Aunque la familia Bridges decidió donar el manuscrito al Museo Británico, el Dr. Hesterman pidió permiso para continuar estudiándolo. Luego se desató la II Guerra Mundial, y el Dr. Hesterman y el manuscrito desaparecieron. Por tercera vez el documento original parecía perdido. Pero el anciano Sr. Barclay no se dio por vencido. Tras la guerra, contactó con Cruz Roja Internacional y otras agencias en Reino Unido, Bélgica y Alemania, incluyendo el Programa de Monumentos, Artes y Archivos de las fuerzas aliadas, que se ocupaban de devolver las propiedades sustraídas por los alemanes. Las autoridades militares del Vigésimo primer Grupo de Ejércitos finalmente encontraron a Hesterman, el cual tenía el precioso manuscrito escondido en un cajón de la cocina. Aunque tales autoridades consideraron que la Universidad de Lieja tenía algún derecho sobre el mismo, el diccionario finalmente encontró su lugar en el Museo Británico, el 9 de enero de 1946.

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El diccionario inglés-yámana, escrito por el reverendo Thomas Bridges, editado por Ferdinand Hestermann y Martin Gusinde, e impreso solo para circulación privada en 1933, se encuentra en la actualidad disponible para su descarga en línea, en archive.org. La historia del engaño de Cook (que se hizo pasar por "doctor en antropología" y sobre quien el New York Times dijo que "haría una contribución al estudio de la lengua Yahgan") aparece en numerosos libros, incluyendo Scientists and Scoundrels. A Book of Hoaxes, de Robert Silverberg (1965). No sería el único engaño de Cook: tiempo más tarde pasó 15 años en prisión por estafa.

Imagen. Familia yámana. Athlinata, su mujer Yaélengoukipa y sus hijos. Archipiélago fueguino, Región de Cabo de Hornos. Fotografía de Jean Louis Doze y Edmond Joseph Agustin Payen. 1882-1883. Museo Chileno de Arte Precolombino. .