15.8.17

De hierbas y pipas

La odisea del diccionario yahgán

Por Edgardo Civallero

Las "pipas de la paz" o pipas ceremoniales aparecen con mucha frecuencia en películas, fotografías o narraciones que muestran o describen, no siempre acertadamente, la vida de los pueblos indígenas norteamericanos.

Pocos, sin embargo, se han preguntado qué se colocaba dentro de esas pipas. Qué se fumaba. Porque, a pesar de lo que se pueda asumir, no solía ser sólo tabaco.

Las sociedades nativas de aquella parte del mundo solían fumar –tanto ceremonial como socialmente– distintas especies del género Nicotiana (existen unas 70), lo que equivale a decir que utilizaban parientes silvestres de la planta de tabaco utilizada hoy a nivel industrial (Nicotiana tabacum). Entre ellas se encontraban Nicotiana rustica ("tabaco azteca" o "mapacho") y Nicotiana attenuata ("tabaco coyote").

Ocurre que esos tabacos eran tan fuertes y tan ásperos que sus consumidores preferían mezclarlos con otros vegetales que atenuaran su sabor. Como, por lo general, tales vegetales no ardían con la lentitud necesaria (un rasgo al parecer difícil de encontrar), era necesario agregar otros que sí lo hicieran. A veces se sumaban, además, pequeñas dosis de plantas conocidas por sus efectos psicotrópicos; otras, se llegaban a utilizar sustancias animales, como algunas grasas o aceites.

El resultado final era una mezcla muy heterogénea, que combinaba distintas hierbas, hojas y cortezas en proporciones diversas, dependiendo de la región y del pueblo que la preparara, y que recibía nombres diferentes en cada lugar.

Una de las denominaciones que tuvo más éxito a la hora de designar el "tabaco" que alimentaba las pipas nativas fue kinnikinnick. El término derivaría de la palabra kelekenik'an ("mezcla") de los Lenape, o de giniginige ("mezclar una cosa animada con una inanimada") de los Ojibwe. Dado que esos pueblos se contaron entre los primeros con los que los cazadores, tramperos, aventureros y colonizadores europeos tuvieron contacto, sus vocablos fueron los que estos últimos adoptaron, por extensión, para referirse a todas las mezclas fumables del continente.

La terminología indígena empleada para denominar aquello que se fuma muestra claramente las distinciones establecidas por cada cultura (o la ausencia de ellas). Entre los Algonquinos se diferenciaba nasemà ("tabaco"), mitàkozigan ("tabaco sin mezclar") y apàkozigan ("tabaco mezclado"). Lo mismo ocurría entre los Odaawaa u Ottawa (semaa, mtaakzigan y paakzigan) y entre los Ojibwe (asemaa, mitaakozigan y apaakozigan). Otros pueblos hablaban simplemente de "mezcla" (čhaŋšáša entre los Lakota y Dakota, ahpaesāwān entre los Menominee, äñ'-ka-kwi-nûp entre los Shoshoni) o incluso de "corteza para fumar" (roxišučkéra entre los Winnebago) cuando las opciones eran más limitadas.

Entre esas opciones se encontraban las hojas o cortezas de sagú (Maranta arundinacea), las bayas de varias especies del género Rhus (R. virens, R. microphylla, R. glabra y R. typhina), las hojas de laurel (Laurus nobilis), wahoo (Euonymus atropurpureus), Vaccinium stamineum, artemisas (Artemisia spp.), tabaco indio (Lobelia inflata), cerezos (Prunus spp.) y verbascos (Verbascum spp.), cantidades reducidas de estramonio (Datura stramonium), las hojas de abedul (Betula nigra), y las barbas de maíz. Algunos grupos iroqueses agregaban grasas animales y almizcle.

Los Ojibwe solían utilizar hojas secas de la uva de oso o gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), la raíz seca y molida de Aster novae-angliae y, en menor grado, cortezas de plantas del género Cornus o cornejos, como C. sericea, C. amomum, C. stolonifera, C. rugosa y C. canadensis. Los Salish y los Kutenai, por su parte, usaban la corteza de Cornus stolonifera y la de varios sauces (Salix spp.), así como las raíces del falso eléboro (Veratrum viride) y de Osmorrhiza occidentalis.

En la actualidad estas mezclas siguen elaborándose y fumándose, y muchos de los ingredientes pueden adquirirse a través de Internet, en tiendas especializadas. Sin embargo, no hay nada comparable a recolectar las plantas en plena naturaleza, secarlas, ahumarlas, desmigajarlas, y combinarlas sabiamente para buscar ese aroma que luego se disfrutará plácidamente, mientras arde en la cazoleta de una vieja pipa de madera.

Bibliografía

Bollwerk, Elizabeth A.; Tushingham, Shannon (eds.) (2016). Perspectives on the Archaeology of Pipes, Tobacco and other Smoke Plants in the Ancient Americas. Heidelberg: Springer.

Cutler, Charles R. (2002). Tracks that Speak. The legacy of Native American words in North American culture. Boston: Houghton Mifflin Co.

Hart, Jeff (1992). Montana Native Plants and Early Peoples. Helena: Montana Historical Society Press.

Imagen: Niño del pueblo Siksika o Blackfoot jugando con una pipa.

8.8.17

El delirio neoliberal absoluto

El delirio neoliberal absoluto

Por Sara Plaza
Compartimos una entrevista realizada por la periodista Montse Dopico a la escritora Patricia A. Janeiro, que el pasado 29 de julio publicaba en el diario Praza Pública, con el título "Patricia A. Janeiro: 'Cústanos máis identificar a explotación laboral na hostalería cando o local é do noso rollo político'". Ha sido traducida por Sara Plaza y revisada por Edgardo Civallero. La entrevista original en gallego puede leerse aquí.


***


Patricia A. Janeiro fue reapareciendo como escritora en los últimos meses, tras publicar en 2009 una de las pocas obras de la narrativa gallega que tratan el tema de la represión del movimiento independentista, A perspectiva desde a porta. Primero, la plataforma A Sega la escogió como señora del Día das Galegas nas Letras. Después se editó, con motivo de la SELIC, la nueva semana del libro de Compostela, su libro Os últimos indios. Y hace pocas semanas salió de imprenta su nueva novela, Manual básico de hostalería, editada por Positivas. Un libro directo, sencillo y, como ella misma dice, ligero y humorístico. Que horada en la explotación laboral en la hostelería compostelana, y en la corrupción política y mediática que hicieron posible, por ejemplo, tener tres alcaldes en una sola legislatura. Sin embargo, advierte la autora, esa no es la Compostela que ella ama. Es otra, que no pudo hacerse realidad. ¿Quién lo creería?

¿Es verdad lo que pones al final de que el libro se gestó durante tres años y lo escribiste en tres días?

Tenía los dos primeros capítulos hechos y el resto salió, sí, en tres días. Estuve bastante tiempo parada, sin saber cómo avanzar con la historia de las camareras, pero al final encontré la manera y acabé la novela.

Dices, también al final, que es una farsa, porque no podría ser real que en una ciudad hubiese tres alcaldes en la misma legislatura, que un medio de comunicación quisiese dirigir la política local y que los explotadores se creyesen libertadores.

Exactamente…

Incluso entendiendo que es ficción, como trabajaste de camarera, algo habrá basado en hechos reales...

Sí, claro,... sí que está basado en mi experiencia y en la de otras personas que conozco que trabajan en bares, sobre todo de noche. Porque cuando quedas para tomar algo con otros camareros siempre se habla de las cosas que te dice el jefe, de cómo te trata... Lo que sí que es cierto también es que no hay, en la novela, personajes identificables con una persona en concreto. Están construidos con retales sacados de aquí y de allá.

Fuiste también vendedora de jacuzzis

Sí, y duré seis meses. Fue justo a principios de la crisis. Trabajaba para una empresa que vendía jacuzzis y bañeras de hidromasaje de gama baja a clientela de clase obrera. Y claro, la gente en ese momento tenía otras prioridades, y entre eso y que a mí no se me da bien vender, sobre todo cuando me parece un producto superfluo... pues no fue muy bien. Pero fue una experiencia.

Parece que, además de subrayar el hecho en sí de la explotación laboral y la corrupción política y mediática, querías resaltar los discursos sociales que las sustentan. El trabajo como favor, por ejemplo.

Sí, y eso está muy documentado, muy basado en discursos reales. En lo que son los tres ejes de la novela, que son la explotación laboral, la corrupción política y la "prensa de toda la vida", clientelar, que recibe subvenciones y cuenta que todo va bien si las recibe y que todo va mal si no se las dan... A mí me parece increíble que un periódico le llame por un mote a un alcalde. Me parece una falta de respeto a todos los compostelanos y compostelanas. Pero cuando hablas de todo esto con la gente, el discurso es que siempre fue así, que no es para tanto... Y, claro, no es para tanto hasta que lo es.

Seguramente, en el retrato de la explotación laboral en la hostelería compostelana incluso te quedaste corta. Aún cuando salen clásicos como ir rotando camareras "a prueba" para no tener que contratar ninguna, tener a gente sin contrato y con un salario mísero, hacerles contrato de media jornada para trabajar doble jornada, no pagar las horas extra... No todos los empresarios son iguales, pero todo eso pasa.

Es peor de lo que sale, sí, pero es que tampoco quería hacer un monográfico sobre el tema. Y luego hay un aspecto que sí quería señalar. Cuando pensamos en la explotación, pensamos en los bares [de la rúa] do Franco, en los negocios para turistas... pero nos cuesta más verla cuando el bar pone la música que nos gusta y carteles de nuestro "rollo" político. Esos bares no los identificamos con la explotación.

Lo que vemos muy claro en los bares do Franco, no lo vemos en los que nos gustan. E incluso participamos de la explotación con el discurso, que también sale en la novela, de "ponme otra, a ti que más te da". No nos damos cuenta de que así estamos retrasando el trabajo de limpieza y el cierre. Lo que se ve claro para un banco, por ejemplo, no se ve para la hostelería. Yo también tuve alguna vez esa actitud, y entiendo que a veces cuesta acabar la copa cuando estás muy cómodo en el medio de una conversación muy interesante, pero cuando trabajas del otro lado de la barra lo ves de otra manera.

El tema de la falta de respeto a los derechos de los trabajadores ya estaba en Os últimos indios, editado recientemente con motivo de la SELIC. En realidad, está muy presente en todo lo que publicaste. No sé si con propósito de denuncia...

No es algo intencionado. Son temas que me preocupan y, claro, salen en mis libros. Y a lo mejor no es que yo lo haga con una intención de denuncia, pero sí que acaba siendo reflejo tuyo en el sentido de que salen en los libros, por ejemplo, conversaciones que tienes con compañeros sobre lo que habría que hacer. Por ejemplo, algo que he comentado tantas veces con mis amigas camareras, que habría que colgar el convenio en las puertas de los locales. Yo no lo hice, pero sí lo hacen las camareras de la novela.

Este nuevo libro también entronca con A perspectiva desde a porta en el tratamiento del tema de la manipulación mediática. En A perspectiva recogías información real de periódicos. En este, las noticias sobre los "mendigos" que traen el "caos" a la ciudad parecen reales...

En A perspectiva había noticias sacadas, tal cual, de periódicos, sí. En esta nueva novela se trata de un periódico imaginario, y las noticias que salen son inventadas en cuanto a los datos, pero imitan el estilo y el vocabulario de un cierto periodismo, el que se concibe como una determinada forma de intervención política y no como un medio para contar lo que sucede.

Por ejemplo, como pasa en la novela, para hacer campaña a favor de un político con fama de "putero" y borracho, para promocionarlo como alcalde al presentarlo como salvador del orden. Porque, se dice, la gente "no tiene memoria".

Por ejemplo, sí. Y no es nada raro desde el momento en que en la prensa se hicieron campañas como esa, utilizando los problemas de la gente que vive en la calle para atacar a un concejal, o campañas con unos coches oficiales, o con unos incendios, para desprestigiar a alguien y ayudar a su oponente a llegar a presidente de la Xunta.

La novela trata otra dimensión del tema de la explotación laboral, que es su evolución. Camareros que en los 90 complementaban muy contentos su beca de estudios con un trabajo sin contrato de fin de semana en un bar, y que con 30 o 40 años tienen que seguir poniendo copas en precario. "Empresarios" que comenzaron en esa época montando un bar con dos pesos de inversión y que crecieron a base de explotar.

Yo eso no lo vi directamente porque cuando acabé la carrera me marché a trabajar a Dublín y no empecé a trabajar en la hostelería compostelana hasta después, al volver. Pero sé lo que pasó por amigos que sí conocieron el boom de los años 90, que sí me contaron historias como esas. Sí que hay mucha gente en la hostelería que considera que darte trabajo es hacerte un favor, como si no tuviese que pagarte precisamente porque estás haciendo un trabajo.

Por eso te dicen cosas, como me pasó a mí, como que una noche no deberían pagártela porque no hubo clientes, o que tienes que trabajar en Navidad aunque no vaya a venir nadie, pero que en realidad ese día abren "para pagarte a ti". Yo no sé en qué otra empresa se le ocurriría a alguien decirte que sólo debería pagarte el día si tiene clientes. Es el delirio neoliberal absoluto. Por lo demás, sí que en la novela sale el perfil del explotador que comenzó en los 90 poniendo un bar, y que ahora tiene hoteles, establecimientos del Camino de Santiago...

El tema de los peregrinos también pensé en tratarlo, pero al final solo lo apunto. No había espacio para todo... Pero también lo conozco por experiencia propia, porque trabajé varios años de informadora turística. Lo que aprendí, frente a ese discurso de qué íbamos a hacer sin los peregrinos, es que dejan en la ciudad mucho menos dinero del que nos cuentan, y que además lo dejan sobre todo en determinados establecimientos que, muchas veces, se sustentan en la precarización del trabajo, de manera que el dinero que ganan no redunda en una mejora de las condiciones laborales, si no en la expansión de los mismos empresarios en negocios que reproducen ese modelo de trabajo precario.

En ese sentido, los personajes de las camareras evolucionan a lo largo de la novela. No es que no tuviesen conciencia, pero deciden actuar, como pueden o quieren. Los políticos, sin embargo, son personajes caricaturescos que no cambian.

Las camareras van perdiendo el miedo, también porque no tienen mucho que perder. Es verdad que los personajes de los políticos o de los periodistas están más caricaturizados, por dos razones. Una, que son mundos que yo solo conozco desde fuera, por lo que me cuesta más ponerme en su cabeza. Yo me imagino las reuniones que deben tener para hablar de sus negocios corruptos, y supongo que se muestran tan despreocupados y frívolos como en mi novela, como si fuese una cosa normal. Y luego, que tampoco creo que gente que es capaz de actuar así vaya a cambiar demasiado, así que no hay mucha vuelta que dar a los personajes.

Pero hay otra razón. Fíjate que en la novela las camareras tienen nombre y ellos pocos lo tienen. Porque normalmente son los hombres, profesionales, con un perfil bien definido, los que tienen nombre, y las camareras son las anónimas. Yo quise darle la vuelta a esto. Ellas son las que tienen nombre y evolucionan.

En el retrato que haces del periódico local, las relaciones laborales que revelan los diálogos son muy semejantes a las de la hostelería. El redactor jefe desprecia a los trabajadores. Esconde su desprecio de clase, desde sus privilegios de corrupto, con los viejos discursos sobre la falta de periodistas "de raza". Real como la vida misma, ¿Fue adrede?

Es que tengo muchos amigos periodistas, entonces conozco un poco como es la realidad en los periódicos. Es un poco lo que hablábamos antes: nos puede costar más reconocer la explotación y la desigualdad de clase en unos contextos que en otros. Nos resulta fácil imaginar un jefe con todo su desprecio por la clase obrera en un periódico conservador, pero nos cuesta más verlo en un periódico, por poner dos ejemplos así a bote pronto, comunista o ácrata. En realidad, es lo mismo. El mismo conflicto entre la patronal y los trabajadores, que en el caso de las llamadas "profesiones liberales" puede aparecer disfrazado de otra cosa.

En el aspecto narrativo, A perspectiva desde a porta era más compleja. Intercalaba los puntos de vista de distintos personajes… Esta es una novela más sencilla. Parece que quisiste ser directa...

Es una novela directa y ligera, porque lo que yo quería era reírme un poco, y pienso que describo situaciones y personajes bastante cómicos... Yo lo pasé muy bien escribiéndola, que era lo que quería. Y sí, es una novela ligera, aunque tenga todo ese subtexto del que estamos hablando.

Sí que se nota que está presente el humor. Como cuando la camarera dice que la culpa fue de Marx por olvidar el capítulo sobre las "nenas" en el Capital, después de preguntarle a un líder sindical que quiere otra copa a deshora si solo defiende a los trabajadores del metal.

Es que hay un cierto sindicalismo que parece que solo defiende a los trabajadores dependiendo de a quien tenga que defender. Como si el obrero o la chica que trabaja en un bar perteneciesen a distintos niveles. Esa pregunta que sale en el libro sobre las camareras y los obreros del metal se la hice yo a un líder sindical. Pero, más allá de la anécdota, el problema es que está socialmente aceptado que una camarera tiene que trabajar sin horario y con unas condiciones penosas. Y parece que no merece tener una representación sindical como cualquier otro trabajador.

Tu primera novela fue Caixa de mistos, que publicó Sotelo Blanco y que salió también traducida al italiano. ¿Qué relación tenía con éstas?

La escribí cuando estaba trabajando en Dublín, después de acabar la carrera. En realidad es una historia de amor a Compostela, que transmite una imagen de la ciudad un poco idealizada. Yo era muy joven, no había trabajado todavía en la hostelería nocturna de Santiago... Todo me parecía fiesta y gente maravillosa. Desde el punto de vista lingüístico tampoco está muy bien. Llevaba poco tiempo hablando gallego... No es que reniegue de ella, pero es una novela de juventud. Salió, de hecho, en una colección juvenil.

También colaboraste en el periódico Novas da Galiza o en revistas.

En Novas coordiné la sección de creación literaria. Publiqué un relato con mi nombre y otros con seudónimo. Ya sabes: como a veces las colaboraciones no llegan a tiempo, tenía que escribir yo algo y firmaba con otro nombre. También publiqué un cuento en El País, alguno en Arraianos

Os últimos indios y A perspectiva desde a porta confluyen algo en los temas: los sabotajes como forma de lucha para restituir derechos... La escritura de ambas, ¿fue paralela?

En realidad escribí Os últimos indios antes que A perspectiva desde a porta. Quedó metida en un cajón, y hace poco la retomé y la adapté para que fuese publicada en la colección de la SELIC.

A perspectiva desde a porta es una de las pocas novelas de la literatura gallega que tratan el tema de la represión política del independentismo, o del debate que hubo en los 70 sobre la lucha armada, con sus contradicciones... Cuando escribiste esta novela, ¿querías de alguna manera contribuir a que eso estuviese presente en la literatura?

No es que yo buscase eso. Yo tenía la idea de contar la historia de Braulio y Malvina. Braulio había muerto en los 70, asesinado por los guardias de la cárcel tras ser encerrado por intentar colocar una carga explosiva en una torreta eléctrica. No sabía cómo traer esa historia a la actualidad, hasta que un día pasó una cosa. Fue en el marco de la llamada Operación Castiñeira, en la que varias personas fueron detenidas y llevadas a la Audiencia para después dejarlas en libertad porque no había nada contra ellas.

Pues en ese contexto la Guardia Civil entró en la empresa que yo trabajaba, tratándonos como si fuésemos de Al-Qaeda, para llevarse los backups de la web de una organización. Fue un despropósito. Me sentí agredida, y a partir de ahí surgió la novela, pensando qué pasa cuando se ilegalizan organizaciones políticas... Pero es verdad que, por lo que sé, no es un tema muy tratado en la narrativa gallega. Hay otro libro, que me pasó Carlos Barros de Novas, Camiño de volta de Celso Comesaña…

Este año serás la homenajeada en el Día das Galegas nas Letras. El manifiesto hablaba de autoras ninguneadas por ser mujeres. Tú te sentiste alguna vez ninguneada por ser mujer y porque habías tratado en A perspectiva temas como la criminalización e ilegalización de organizaciones independentistas, las torturas en la cárcel, la prisión sin juicio… y su continuidad entre la dictadura y la democracia, corrupción mediática y política mediante.

Será el 15 de agosto, sí. El manifiesto habla de eso porque es el sentido que tiene el Día das Galegas nas Letras, claro. Pero yo la verdad es que no pensé mucho sobre ello. ¿Lo preguntas por lo que se dijo cuando A perspectiva quedó finalista del premio Xerais?

Sí, pero no solo por eso. En general.

Como te decía, no es que reflexionase mucho sobre ello. Pero ya me dijeron que en esta novela, como "reparto" sobre muchos colectivos, igual debería tener algo de miedo, no vaya a ser que me peguen o algo por la calle. (Se ríe). No, en serio. Es cierto que si miras las listas de libros recomendados, o que se manda leer en los institutos, hay menos autoras que autores. Eso es un ejemplo. Pero también es verdad que los libros más recomendados son de dos editoriales grandes, y eso también puede contribuir a que los libros escritos por mujeres queden más en los márgenes cuando no publican en esas editoriales.

Por lo demás no pensé mucho en si mi novela podía tener problemas por tratar ciertos temas. Es verdad que, después de quedar finalista, la envié a todas las editoriales y solo Positivas quiso publicarla. Pero cuando tienes un editor como Paco Macías, que trata tan bien lo que publica, ni notas todo ese tipo de problemas, si existiesen. Ya cuando me publicaron el primer libro en Sotelo estaba feliz solo por ver el libro con mi nombre. Pero cuando publiqué con Paco, que te lleva al fin del mundo para difundir tu libro, tuvimos muchas presentaciones, salió mucho en prensa... Por eso también ahora sigo con Positivas. Recuerdo que me llamó mucha gente para decirme que le había gustado el libro, entre ellos Begoña Caamaño, que me hizo mucha ilusión...

Hablábamos antes del realismo de las conversaciones jefe-camarera.

Como te decía, son muy reales. Incluso alguna vez paré de escribir para llamar a alguna amiga para que me recordase cómo había sido aquella historia de lo que le había dicho el jefe. Cuando eres camarera escuchas historias como "yo no tengo que respetar el convenio porque no lo firmé". Y otras cosas que viví y que ya ni puse, por ridículas y rateras. Como tener la bayeta tan vieja que las camareras ya le llamamos bayeta de camariñas de lo agujereada que está.

Eché de menos otro clásico de la hostelería. El acoso sexual a las camareras por parte de jefes o compañeros. Ahí tampoco son, por supuesto, todos iguales, pero también pasa. Por seguir contrarrestando la imagen idílica de la hostelería como pilar económico de la ciudad.

Eso a mí no me pasó, pienso que a mis amigas tampoco. Supongo que tuvimos suerte. Pero sí pasa. Sí que a veces te piden que vayas vestida de una manera determinada, o prefieren contratar una mujer por ese tipo de razones...

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1.8.17

La odisea del diccionario yahgán

La odisea del diccionario yahgán

Por Edgardo Civallero

Los Yámana, también llamados "yahganes", son uno de los pueblos indígenas del archipiélago de Tierra del Fuego. En la actualidad sobreviven descendientes (alrededor de 1600) en Argentina y Chile; solo uno de ellos, Cristina Calderón, es hablante nativa de su lengua, el haúsi kúta.

Esa lengua fue descrita y sistematizada por primera vez por Thomas Bridges, un misionero inglés que fue uno de los primeros blancos en vivir en Tierra del Fuego, y el primero en aprender la lengua de los Yámana. A lo largo de los años produjo un diccionario del idioma, con unas 32.000 entradas, uno de los más completos que existe. La historia de su producción y su publicación fue una verdadera odisea.

Tal odisea queda descrita sumariamente en el texto que sigue, traducción de la introducción para la reimpresión de 1987 del diccionario escrita por R. Natalie P. Goodall, bisnieta de Bridges.

* * *

Como relata W. S. Barclay en su prefacio (p. ix), la idea de un diccionario de la lengua yahgán (yámana) nació en la cabeza de un niño de 13 años que fue con su padre adoptivo en 1856 a una isla pequeña y yerma al sudoeste del océano Atlántico [Isla Keppel, cerca de las Malvinas]. Aprendió la lengua de los indígenas llevados allí desde Tierra del Fuego. Para cuando visitó Tierra del Fuego por primera vez, en 1863, a los 21 años, Thomas Bridges ya era capaz de conversar con los nativos.

La primera mención que hace Bridges del diccionario y la gramática, en una carta en 1864, muestra que ya había estado trabajando en ellos por algún tiempo. Mientras vivía entre los indígenas en Tierra del Fuego, desde 1869 a 1898, Bridges copió y mejoró el diccionario varias veces, y poco antes de su muerte aún estaba puliendo la "gramática". El diccionario, o partes del mismo, lo acompañaron en sus muchos viajes a través del archipiélago fueguino. Cuando recogía nuevas palabras, las apuntaba en un pedazo de papel cualquiera, a veces incluso sobre trozos ya escritos, para luego copiarlas cuidadosamente en el diccionario. Cada "versión" fue copiada en un nuevo cuaderno de notas. La versión "final" de 1881 había estado precedida al menos por otras 20. El destino de esas libretas se desconoce. Quizás el propio Bridges las destruyó. La colección de la Sala de Manuscritos Raros del Museo Británico contiene cuatro cuadernos escritos a mano:

- Volumen 1, 241 páginas, copiado entre enero de 1865 y el 18 de mayo de 1866, con notas posteriores de John Williams; presentado por Lucas Bridges en 1930.
- Volúmenes 2 y 3, 235 y 42 páginas; ampliación del volumen 1, copiados entre el 24 de agosto de 1877 y el 5 de julio de 1879, traído a Europa por Frederick A. Cook, y la base para la versión del diccionario impresa en 1933.
- Volumen 4, 70 páginas, "versión nueva y última", comenzada el 19 de junio de 1879, pero incompleta. Traído a Europa en 1929 por Alice Bridges.

El objetivo de todo este meticuloso trabajo era, obviamente, la publicación del diccionario y la gramática. Esto no ocurrió durante la vida de Bridges, probablemente porque él todavía estaba tratando de perfeccionarlos. Sus traducciones de la Biblia usando su sistema fonético –evangelio de San Lucas (1881, 1000 copias), los Hechos de los Apóstoles (1883, 1000 copias) y evangelio de San Juan (1886, 500 copias)– fueron publicadas en pequeños volúmenes separados por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y usadas para la evangelización de los Yahganes. Al aparecer la primera de ellas, que no llevaba el nombre de Bridges, se publicaron rápidamente tres diccionarios (Platzmann, 1882; Garbe, 1883; Ellis, 1882, 1884) producidos mediante la traducción inversa de ese pequeño volumen.

Mientras tanto, el diccionario principal continuaba creciendo. El día de Año Nuevo de 1898, la expedición del Bélgica llegó a Harberton (ver E. L. Bridges, 1948). Uno de los científicos, el Dr. Frederick A. Cook (quien más tarde aseguró haber alcanzado el polo norte) se ofreció para hacer que el diccionario fuese publicado en los Estados Unidos. Dado que el barco se dirigía a la Antártida, Bridges no entregó el diccionario entonces, pero prometió mandarlo con Cook en su viaje de retorno. Thomas Bridges murió en junio de 1898. Al año siguiente Cook volvió y alquiló un barco en Punta Arenas para ir a por los manuscritos, que la familia Bridges le confió.

Cook escribió a la familia mencionándoles las dificultades para imprimir el trabajo debido a la fonética empleada, que requería de tipos especiales (aunque las traducciones de los evangelios habían sido impresas usando esos tipos). Luego no se supo nada más, y la familia temió que los cuadernos se hubieran perdido.

Doce años después, la familia Bridges se enteró, por boca de algunos científicos visitantes, que el diccionario estaba siendo impreso en el Observatorio Real de Bruselas, y que se lo había publicitado bajo la autoría de Frederick A. Cook. Lucas Bridges consiguió viajar a Bruselas, donde el editor, M. Lequent, le confirmó que el libro iba a ser publicado como obra de Cook, con una pequeña nota que señalaba que el reverendo Thomas Bridges había sido "fundamental en la recolección de las palabras". Se acordó que el trabajo de publicación debía continuar, pero bajo la autoría adecuada. Sin embargo, el alfabeto debía ser transpuesto a un sistema fonético "universal". Por esa razón, el libro no salió de imprenta antes de 1914.

Luego se desencadenó la I Guerra Mundial, y el diccionario desapareció. Gusinde (p. xxi) afirma que el manuscrito estuvo en posesión del Dr. Hesterman, profesor de la Universidad de Münster, que tenía en su poder tanto el diccionario como la gramática bajo el pretexto de querer saber más sobre ellos. Alice Bridges fue a Hamburgo, se entrevistó con Hesterman y acordó que la familia pagaría por la publicación bajo la supervisión de W. S. Barclay, un viejo amigo de los Bridges y autor de The Land of Magellan. El Dr. Hesterman completó la traducción del sistema fonético de Bridges al alfabeto Anthropos. El diccionario fue publicado, con una edición limitada de 300 copias, en Mödling, Austria, en 1933, y distribuido por bibliotecas y universidades de todo el mundo. La gramática y la notas sobre las lenguas Ona [Selk'nam] y Alacaluf [Kawésqar] no fueron publicadas.

Aunque la familia Bridges decidió donar el manuscrito al Museo Británico, el Dr. Hesterman pidió permiso para continuar estudiándolo. Luego se desató la II Guerra Mundial, y el Dr. Hesterman y el manuscrito desaparecieron. Por tercera vez el documento original parecía perdido. Pero el anciano Sr. Barclay no se dio por vencido. Tras la guerra, contactó con Cruz Roja Internacional y otras agencias en Reino Unido, Bélgica y Alemania, incluyendo el Programa de Monumentos, Artes y Archivos de las fuerzas aliadas, que se ocupaban de devolver las propiedades sustraídas por los alemanes. Las autoridades militares del Vigésimo primer Grupo de Ejércitos finalmente encontraron a Hesterman, el cual tenía el precioso manuscrito escondido en un cajón de la cocina. Aunque tales autoridades consideraron que la Universidad de Lieja tenía algún derecho sobre el mismo, el diccionario finalmente encontró su lugar en el Museo Británico, el 9 de enero de 1946.

* * *

El diccionario inglés-yámana, escrito por el reverendo Thomas Bridges, editado por Ferdinand Hestermann y Martin Gusinde, e impreso solo para circulación privada en 1933, se encuentra en la actualidad disponible para su descarga en línea, en archive.org. La historia del engaño de Cook (que se hizo pasar por "doctor en antropología" y sobre quien el New York Times dijo que "haría una contribución al estudio de la lengua Yahgan") aparece en numerosos libros, incluyendo Scientists and Scoundrels. A Book of Hoaxes, de Robert Silverberg (1965). No sería el único engaño de Cook: tiempo más tarde pasó 15 años en prisión por estafa.

Imagen. Familia yámana. Athlinata, su mujer Yaélengoukipa y sus hijos. Archipiélago fueguino, Región de Cabo de Hornos. Fotografía de Jean Louis Doze y Edmond Joseph Agustin Payen. 1882-1883. Museo Chileno de Arte Precolombino. .