21.3.17

La ciudad perdida de Z

La ciudad perdida de Z

Por Edgardo Civallero

El teniente coronel Percival "Percy" Harrison Fawcett nació en agosto de 1867 en Torquay (Devon, Reino Unido). Hijo de un miembro de la RGS (Royal Geographical Society/Real Sociedad Geográfica), se enroló en 1886 en el ejército británico y sirvió como artillero en Trincomalee, Sri Lanka. Allí conoció a la que sería su esposa, Nina Paterson, en 1901. El mismo año se unió a la RGS para poder estudiar topografía y elaboración de mapas, y luego trabajó en el servicio secreto británico en el norte de África y en Malta.

En 1906, con 39 años, viajó a Sudamérica por primera vez. Fue a realizar un relevamiento cartográfico de una sección del límite entre Brasil y Bolivia, a pedido de la RGS; los dos países se disputaban esa área, rica en caucho y con una frontera poco clara, y habían solicitado la intervención de un observador neutral, el gobierno británico. Durante su trabajo en la zona en 1907 dijo haber visto numerosas especies de animales increíbles, como una anaconda de 19 m, un perro del tamaño de un gato, o la araña apazauca, que los habitantes locales referían como muy venenosa (declaraciones por las que fue ridiculizado por la comunidad científica). Asimismo, describió detalladamente en sus cuadernos el ambiente y la vida de los habitantes de aquellos lugares.

Fawcett realizó siete expediciones a la Amazonia entre 1907 y 1924. Se entendía bien con los pueblos indígenas con los que se cruzaba, básicamente a base de regalos, paciencia y mucha cortesía. En 1908 describió las fuentes del río Verde, en Brasil, y en 1910 localizó las fuentes del río Heath, entre Bolivia y Perú. Tras su expedición de 1913 anunció haber visto perros con narices dobles.

Basándose en una investigación bibliográfica y, sobre todo, en los cientos de historias fantásticas y rumores legendarios que había ido escuchando a lo largo de sus viajes y sus años en América del Sur, para 1914 había formulado la teoría de que existía una "ciudad perdida" (que él llamó "Z") en el Mato Grosso. Señalaba que allí había existido una civilización compleja, y que seguramente habrían sobrevivido ruinas aisladas, a pesar de que nadie (y especialmente la BGS) daba crédito a sus hipótesis. En apoyo de su teoría sobre la existencia de "ciudades perdidas" vino el descubrimiento, en 1915, del llamado Manuscrito 512, hoy conservado en la Biblioteca Nacional de Brasil en Río de Janeiro. Se trata de un texto famoso y asombroso, supuestamente escrito por el bandeirante João da Silva Guimarães, que el que cuenta que en 1753 él y sus compañeros se toparon con las ruinas de una ciudad con arcos, estatuas y un templo con jeroglíficos en el sertão de Bahía. Esa ciudad, que Fawcett llamó "ciudad de Raposo" y ubicaba en la Chapada Diamantina, se convirtió en su segundo objetivo después de "Z".

A pesar de su edad, al principio de la Primera Guerra Mundial el británico volvió a Europa y sirvió a su país comandando una brigada de artillería. Luego regresó a Brasil para seguir con sus exploraciones, estudiando la flora y la fauna local y los posibles restos arqueológicos. En 1920 realizó un intento en solitario por buscar la ciudad de Z, pero fracasó.

En 1925 emprendió un nuevo viaje tras su misterioso objetivo, acompañado por su hijo mayor, Jack, y el mejor amigo de este, Raleigh Rimell. Antes de partir, Fawcett indicó que si la expedición no regresaba no se debían enviar partidas de rescate. Los tres iban bien preparados, y el grupo era pequeño para evitar llamar la atención de algunos de los pueblos indígenas hostiles a los europeos, cuyas tierras planeaban cruzar. Partieron el 25 de abril de Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso, y su última comunicación tuvo lugar el 28 de mayo, cuando Fawcett escribió una carta a su esposa. Se supone que cruzaron el Alto Xingú, abandonando el territorio del pueblo Kalapalo y entrando en el de los Xavante.

Nunca más se volvió a saber de ellos.

Dado que el propio explorador había manifestado su deseo de que no se lo buscara, las sospechas comenzaron recién un año después de su desaparición. Algunos relatos indígenas afirmaban que vivía con una tribu desconocida, o que había hallado la ciudad perdida y se había quedado allí. En 1927, Brian, el otro hijo de Fawcett, que trabajaba como ingeniero en los ferrocarriles peruanos, recibió la visita de un colega francés que le dijo haber visto a su padre vivo en el estado Minas Gerais, aunque nadie le creyó.

En 1928 se organizó la primera expedición en su búsqueda, pero solo llegó hasta los Kalapalo, que se mostraron verdaderamente agresivos. Le siguieron casi un centenar de expediciones que intentaron encontrarlo, sin suerte; muchas de ellas fueron masacradas por los pueblos nativos. En 1943 el presidente brasileño Getulio Vargas lanzó la expedición Roncador-Xingú para establecer bases aéreas en esa región del Mato Grosso. Fue entonces cuando el periodista Edmar Morel aprovechó la ocasión para viajar y entrevistarse con los Kalapalo, llegando a la conclusión de que ellos habían asesinado a Fawcett.

En 1947, los famosos hermanos Vilas Boas, en el marco de la misma expedición Roncador-Xingú, pasaron algunos meses entre los Kalapalo, y también terminaron sospechando que habían sido los asesinos de Fawcett, a pesar de que los indígenas fueron cambiando las versiones de su relato una y otra vez. En 1950, el cacique Kalapalo Ixarari, en su lecho de muerte, confesó a Orlando Vilas Boas que él mismo había asesinado a Fawcett de un hachazo en la cabeza, por una falta de respeto del británico.

Tras la muerte de Ixarari, Vilas Boas pidió ver la tumba de Fawcett. Esta fue localizada y abierta, se recuperaron los huesos y se los envió a Londres, donde fueron analizados. Pero los restos no concordaban con la descripción del perdido explorador. Se dudó incluso de que fueran los de un hombre blanco.

Muchos años después, en 2005, un reportero del New York Times, David Grann, entrevistó nuevamente a los Kalapalo. Descubrió entre ellos una tradición oral vigente sobre Fawcett (uno de los primeros hombres blancos en visitarlos), que decía que el explorador había descansado entre ellos durante su último viaje y había seguido camino hacia el este, a pesar de las advertencias de que no lo hiciera porque los indígenas de esa zona eran muy violentos. Durante cinco días, dijeron los Kalapalo, sus vigías vieron el humo del fuego de los blancos. Luego no lo vieron más, y supieron que los extranjeros estaban muertos.

Tras tantas versiones y tantas idas y venidas, probablemente nunca se conozca el destino final de los tres aventureros.

Fawcett fue amigo de Conan Doyle, que utilizó los relatos de sus expediciones amazónicas (concretamente, la del descubrimiento de las llamadas "colinas de Ricardo Franco") como apoyo para su "Mundo Perdido". Mucho se ha escrito sobre su último viaje. E incluso se ha filmado una película, aún por estrenar, basada en el libro que el periodista Grann escribió en 2009.

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Recientemente, el antropólogo Michael Heckenberger y otros colegas, colaborando con el pueblo Kuikuro (que habitan tres aldeas del Parque Indígena del Xingú, en Mato Grosso, y son el pueblo indígena más numeroso de la región), han descubierto los restos de una civilización que han llamado Kuhikugu. Se trata de unas 20 localidades repartidas en un área de 70.000 km cuadrados, con una población aproximada de 50.000 personas, y posiblemente habitadas desde hace 1500 años hasta hace 400, cuando su población habría sido exterminada por las enfermedades llegadas desde Europa.

El sitio principal de Kuhikugu, X11, se encuentra a orillas del lago Kuhikugu, en la cabecera del río Xingú, muy cerca de donde Fawcett presuponía la existencia de los restos de Z. Aunque, evidentemente, no se trataba ni de un El Dorado ni de una ciudad de la Atlántida, como decían los relatos y las leyendas, sino de una sencilla red de aldeas que alcanzó un alto nivel de desarrollo socio-económico en el corazón de la Amazonia.