10.1.17

El Duchess of Albany

El Duchess of Albany

Por Edgardo Civallero

"Muchísimas son las naves que naufragaron en estos escollos traicioneros formados por plataformas rocosas o restingas que desde la costa se prolongan por más de un kilómetro mar adentro. Algunas de estas naves ya han desaparecido destruidas por el continuo trabajo de las olas; otras en cambio están casi enteras por haber sido arrojadas en seco por las mareas más altas. Entre éstas, la que atrae particularmente mi atención es una nave de tres palos que lleva el nombre de Duchessa d'Albania. Supongo que sea italiana, pero no pude recoger ningún dato de su origen, ni de las causas de su naufragio".

Así escribió el misionero salesiano Alberto María de Agostini en "Treinta años en Tierra del Fuego" (Buenos Aire: Peuser, 1956, pp. 266-267), haciendo referencia a una de las naves naufragadas que vio cerca de Caleta Policarpo, durante su recorrido por la costa norte de la península Mitre, el extremo suroriental de la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Cuando De Agostini cruzó sus soledades, la península Mitre era uno de los lugares más inhóspitos e inaccesibles de Argentina. Hoy lo sigue siendo. En un reciente reportaje (mayo de 2014), un periodista de La Nación señaló que allí no existen caminos –es preciso desplazarse en helicóptero o a caballo– y que está habitado por algunos baqueanos solitarios que, refugiados en las ruinas de viejas estancias, se ocupan de arrear ganado cimarrón.

Como título de su artículo, el periodista llamó a aquel páramo "la península de los naufragios". Pues es, además, uno de los rincones del planeta en donde ha habido más encallamientos y hundimientos.

Probablemente uno de los más famosos –y de los que más curiosidad ha levantado, por su historia– haya sido el del Duchessa d'Albania. O, para ser exactos, el Duchess of Albany: un gallardo buque de vela con casco de hierro provisto de tres palos y dos cubiertas, cuya nacionalidad era en realidad inglesa, y no italiana, como inventó De Agostini. Sus restos todavía yacen, con las maderas descompuestas y los metales corroídos por el salitre, cerca de la desembocadura del río Luz, a unos kilómetros de Caleta Policarpo.

Un poco más al sur de ese punto se alzan unas de las tantas de esas ruinas de estancias que jalonan la región: concretamente, las de la Estancia Policarpo, fundada por Roberto Bilbao en 1903 y abandonada 60 años después. El nombre es relevante porque, en su libro, De Agostini señala haberse alojado en esa estancia, y haber recorrido la zona a caballo con el hijo del propio Bilbao, que lo llevó a la costa a ver los barcos hundidos.

El Duchess of Albany procedía de Río de Janeiro y se dirigía a Valparaíso, en Chile. Como tantos otros barcos de la época, en lugar de atravesar el Estrecho de Magallanes –una travesía que, según los vientos, podía alargarse terriblemente– decidió atravesar el Estrecho de La Maire (que separa la isla de Tierra del Fuego de la de los Estados) y lanzarse a superar el mítico Cabo de Hornos. Aunque nunca se supo bien qué fue lo que ocurrió realmente, a las 4 de la madrugada del 13 de julio de 1893 una terrible tempestad invernal lanzó el navío contra unas rocas y lo hizo encallar. Pronto el barco se incendió. Sus 27 tripulantes –incluyendo al capitán, John Wilson– alcanzaron la costa y contemplaron cómo la nave ardía hasta que la lluvia fueguina terminó apagando todo.

El capitán y un puñado de sus hombres usaron uno de los botes de salvamento para llegar hasta la cercana Bahía Thetis, en donde sabían que había un destacamento del gobierno argentino. Tardaron tres días. El resto de la tripulación prefirió no arriesgarse e ir por tierra. Desde Bahía Thetis, Wilson envió baqueanos para buscar a su gente, pero solo encontraron a uno que se había separado del grupo.

Mientras el capitán y once tripulantes volvían a Reino Unido en el vapor Britannia, el vapor chileno Amadeo –con base en Punta Arenas, y del que De Agostini habla varias veces en su libro– se lanzó a la búsqueda de los desaparecidos, exigiendo como pago el 80% de lo que pudiera recuperar de la carga del Duchess. Terminó encontrando a 13 supervivientes cerca de Bahía Thetis: habían sido recogidos y protegidos por los indígenas Selk'nam de la región.

Pero faltaban dos.

De uno de ellos, nunca se volvió a saber. Del otro terminó encontrando noticias el sacerdote Martín Gusinde hacia 1920. Así lo cuenta en su libro Los Indios de Tierra del Fuego (tomo 1, volumen II, "Los Shelk'nam", pp.790-791):

Durante la última ceremonia de Klóketen [iniciación masculina de los Selk'nam] me contó Tenenesk [célebre chamán Selk'nam, informante de Gusinde] lo siguiente.

"Mi primera esposa vivía aún cuando un barco fue arrojado por la tormenta a la costa oriental de la Isla Grande. ¡Un oleaje tan alto como en aquel entonces nunca más se vio! El barco se quebró en dos. Mucha gente pudo ponerse a salvo nadando hacia tierra. Nosotros les dimos carne, pues no tenían nada que comer. Al cabo de cuatro días llegó otro barco y todos los blancos se fueron con él. Sólo uno se quedó, un hombre joven, alto, de tez clara. Le gustaba estar entre nosotros, por eso no se fue con los otros. Desde entonces vivía con nosotros y aprendió a hablar nuestra lengua. Más tarde quiso tomar una esposa shelk'nam. Nosotros lo apreciábamos y estábamos de acuerdo que eligiera aquí una mujer. Pero antes de ello debía ser primero un Klóketen. Cuando nos reunimos nuevamente para las ceremonias secretas, esta vez junto al Lago Fagnano, ese europeo también vino con nosotros y participó como Klóketen.

Muchas lunas ya estábamos reunidos en la Choza Grande. Aún no había concluido el festejo, cuando el blanco murió. Allí mismo lo enterramos. Había sido un hombre bueno. Justamente por eso le permitimos vivir entre nosotros y tuvo que ser un Klóketen. Nunca antes los ancianos habían permitido que un Koliot pisara la Choza Grande. Si alguno se hubiera acercado a ella, hubiera sido ultimado. ¡Pero toda la gente estimaba a este hombre bueno!"

En marzo de 1977 se recuperó el mascarón de proa del barco, que se exhibe en el Museo del Fin del Mundo, en Ushuaia, junto a algunos datos y códigos. Desde Gran Bretaña informaron entonces, entre otras cosas, que aquella nave había sido bautizada en honor a la esposa del Duque de Albany, Leopoldo, cuarto hijo de la reina Victoria. Era una dama de la nobleza alemana: la princesa Helena de Waldeck y Pyrmont. Por matrimonio, la Duquesa de Albany.

Los restos, con sus 253 pies de eslora, sus 40 pies de manga y sus 23 de calado, aún pueden ser visitados cuando la marea baja, cerca de Caleta Policarpo. En el mismo sitio en el que un asombrado misionero salesiano se lo encontró cuando amanecía el siglo XX.

Fuentes

Albertoni, Carlos W. (2014). Una excursión a la península de los naufragios. La Nación, 11 de mayo. [En línea].

Todo en el río (2006). Fines Terrae – Naufragio del Duchess of Albany, 24 de noviembre. [En línea].

Vairo, Carlos (2014). Duchess of Albany. Historia y Arqueología Marítima. [En línea].