22.11.16

María Casares, una transterrada muy tozuda

María Casares, una transterrada muy tozuda

Por Sara Plaza

Reproducimos a continuación la traducción al castellano de una conversación reciente entre el periodista Alberto Ramos y María Lopo, investigadora y autora del libro O tempo das mareas (Consello da Cultura Galega, 2016), una biografía en clave gallega de María Casares (A Coruña, Galicia, 1922 - Alloue, Francia, 1996). La entrevista original en gallego apareció el pasado día 19 de noviembre en el diario online Praza.gal, con el título "Figuras como a de María Casares conectan a Galicia antifranquista coa loita antifascista de toda Europa".

María Casares es una leyenda del teatro en Francia y cuenta con un gran reconocimiento por parte del público y de la crítica. No obstante, aquí en su tierra no parece que sea muy conocida...

María Casares hizo su carrera allí. Es decir, María Casares es una actriz francesa y por eso tiene la presencia que tiene allí, desde luego mucho más que en Galicia. Es normal, al desarrollarse su trabajo en francés, que tenga ese reconocimiento...

Pero no es tan normal que aquí no se conozca su vida, ¿no?

En Galicia hay tres sectores que siempre trabajaron alrededor de su figura y de su reconocimiento: el feminismo, la memoria histórica y el teatro. Para mí, resulta muy importante lo que está haciendo la AAAG este año de recuperar su figura. Ahora bien, lo que hace falta es una mayor divulgación y que llegue a todos los sectores de la sociedad. Es una figura que hay que conocer.

María Casares dejó Galicia en 1931, cuando Casares Quiroga fue nombrado ministro de la II República. En sus memorias, Residente Privilegiada, la actriz contaba que ese había sido el primer exilio. Después, en 1936 llegaría el segundo. No obstante, fue el primero, el abandonar Galicia, el que más le dolió. A pesar de todo, María Casares nunca quiso regresar a Galicia y nunca lo hizo. ¿Por qué?

Quiso y no quiso... Es decir... Realmente, yo creo que no pudo regresar desde el punto de vista más profundo, desde el punto de vista más vital: era una exiliada. Y siempre digo que hubo dos razones para no regresar. La primera, la fidelidad al padre y a la familia. Su hermana, Esther, y su sobrina se quedaron en A Coruña y sufrieron la represión de forma muy dura. Para María Casares, la memoria de su familia no fue reparada ni reconocida. Ni tampoco se reparó el daño que sufrieron. Ella siempre decía que quienes deberían ser reconocidas eran su hermana y su sobrina, no ella. Ella se marchó, pero ellas se quedaron y sufrieron la represión. Ese es un motivo muy importante para no volver.

El segundo era su naturaleza de exiliada. Yo conocí a muchas personas en Francia del mundo del exilio y para muchas de ellas fue imposible volver. Es que es difícil volver a un lugar que ya no existe, ¿no? Es decir, es una cosa profunda y muy difícil. El lugar de donde eres desapareció y siguió, siguió sin ti. Muchos exiliados que intentaron regresar a España en 1975 se volvieron atrás, no fueron capaces. A María Casares le pasaba eso. Tenía miedo de encontrar una Coruña demasiado diferente a su Coruña, a la Coruña de su infancia. También tenía miedo de ver una casa familiar totalmente abandonada y, por supuesto, también tenía miedo de no ver a unas gentes que ya no estaban allí. Ese es el gran miedo de los exiliados y María Casares era una exiliada. Además, en muchos sentidos.

¿En qué otros sentidos?

En el teatro. Para ella, el teatro era un lugar construido por exiliados. El amor, para ella, también era un asunto propio del exilio. Piensa que, en sus memorias, cuando describe su primer encuentro con Albert Camus... pues ya habla del exilio. Dice algo así como que reconocía en Camus esa fuerza doble que tiene el exiliado. Y Camus, también hay que decirlo, era un exiliado en otros muchos sentidos. También tenía una tierra, Argelia, que ya no sabía si existía o no. La marca del exilio era algo que tenían en común los dos. Después, en su propia manera de vivir, María Casares también era una exiliada. Tenía grandes dificultades para enraizase y por eso, durante mucho tiempo, vivió como en una tienda de nómades, en hogares sin muebles. Ella describió así su hogar durante mucho tiempo.

En su libro, O tempo das mareas, incluye novedades sobre la vida de María Casares. Quizás una de las más interesantes sea la que se refiere a la familia materna. Se da la circunstancia de que en María Casares confluyen dos mundos muy diferentes. Porque su padre, Casares Quiroga, formaba parte de la burguesía más adinerada. Por el contrario, su madre, Gloria, venía de la clase trabajadora...

María Casares, en sus memorias, habla de su familia materna. Recoge, de alguna forma, la memoria oral. Lo hace de manera muy digna, con una enorme sinceridad. No obstante, hay cosas en las que se confunde. La memoria puede llegar a ser traidora... Yo quise investigar esa familia de la madre y descubrí que su abuela era cigarrera. Trabajaba en la Fábrica de Tabacos de A Coruña y tenía un cargo importante, era maestra de labores. Tenía a su cargo a unas cien trabajadoras. Y si descubrí el nombre de su abuela, su cargo, su ascendencia en el mundo obrero, fue gracias a los listados de personal de la Fábrica de Tabacos que se conservaron de la mano de Luís Alonso, catedrático de la Universidad de A Coruña. Me parece interesante destacarlo, porque esos documentos son muy importantes para conocer y estudiar a las mujeres del mundo obrero.

Y efectivamente, en María Casares confluyen dos mundos muy diferentes. Por un lado la burguesía, por el otro la familia materna, formada por mujeres proletarias y gallego-hablantes. Creo que el mundo de la madre siempre fue muy importante para María Casares, quizás más que el del padre. Porque María jamás se separó de su madre.

¿Y que representaba Casares Quiroga y su mundo para María Casares?

Él era la cultura de la palabra escrita, la cultura de la biblioteca. También representa el humor gallego, la retranca. Eso desde la infancia. Ya más adelante, ya en el exilio, María descubre la dimensión política de Santiago Casares Quiroga. Antes le resultó difícil. Era muy joven, cuando comenzó la Guerra tenía solo 13 años.

Cuando se habla de María Casares, se destacan tres esferas claras: la de mujer, la de actriz y la de exiliada. ¿No habría que destacar también la María Casares comprometida, la María Casares activista? Lo digo porque, en su biografía, destacan muchos momentos de compromiso ético, como por ejemplo cuando ejerció de enfermera en la Guerra Civil. O, cuando estando ya en el exilio, acogió en su casa de París, en plena ocupación nazi, a otros exiliados españoles y a judíos perseguidos por el III Reich. También llegó a tener relación con la Resistencia después de conocer a Camus...

Hay un compromiso ético claro en todas las esferas, también en su vida profesional. En los sindicatos de actores de Francia se conservan cartas entre María Casares y Gerard Philipe, actor francés que se ocupó mucho del sindicalismo de los actores en Francia. Son cartas en las que discutían sobre cuestiones laborales, sobre enfoques... María Casares siempre reivindicaba la dignidad del oficio y defendía el respeto por el trabajo de actriz.

Y luego, claro está, mantenía un fuerte compromiso ético con los perseguidos, tanto con refugiados como con los judíos. Ya antes de conocer a Camus, María Casares participaba y colaboraba con diferentes actos clandestinos. Hablamos de la ocupación nazi, en un momento muy peligroso en el que simplemente leer a Machado en una recaudación de fondos ya era todo un acto de resistencia. Y a lo largo de su vida, perteneció además a diferentes asociaciones de apoyo a refugiados. A mí me gusta reivindicar el compromiso de ella y de su madre con las gentes perseguidas, como los judíos. Un compromiso que quedó muy claro con su amiga Nina Reicyn.

¿Quién era Nina?

María Casares habla de esta amiga, Nina, en sus memorias. Era una mujer judía que se refugiaba en la casa de María y de su madre. Cuando comenzaron las redadas contra los judíos en París, las operaciones se desarrollaban por la noche. Entonces, ellos lo que hacían era dormir en casa ajenas, todos separados... Pero el asunto cambió en julio de 1942, con la gran redada del Velódromo de Invierno. En esa redada se llevaron a Nina y a otros muchos miles de judíos. A mí esa solidaridad de mujeres como María Casares y su madre, que sabían muy bien lo que era el fascismo, me parece muy emocionante.

María Casares, en sus memorias, describía a su amiga Nina casi como una adolescente, pero Nina ya era toda una mujer, doctora de la Sorbona. Estaba preparando su doctorado en un campo que estaba naciendo en aquel momento: la psicopedagogía en la infancia. Era de una familia judía rusa que huyó de su país durante la Revolución Rusa. Nina conoció a María y la ayudó con los estudios cuando hacía el bachillerato. Durante la ocupación, Nina se refugiaba en la casa de María y de su madre porque, al final, siempre decían una cosa: ¿Quién va a venir a buscar a una judía perseguida a la casa de dos refugiadas españolas irregulares?

¿Se sabe qué fue de Nina?

María Casares nunca lo supo y por eso lo investigué. Pensé que, de alguna forma, había que darle una respuesta. Fue capturada en julio de 1942, junto a trece miembros de su familia. Todos fueron deportados a Auschwitz. Allí murieron todos. Cuando descubrí su historia, volví a leer un libro de Patrick Modiano, Dora Bruder. Modiano, en ese libro, novela la vida de una muchacha judía real que fue deportada. Releí ese libro porque lo que cuenta Modiano era muy parecido a lo que vivió Nina, lo que sufrió Nina. Era tan parecido que, por lo que descubrí, las dos habían sido deportadas en el mismo tren.

María Casares nunca supo el final de Nina y me parecía interesante investigarlo. Porque María conservó toda la vida una foto de Nina en su casa. Conservó toda la vida su memoria y su imagen. Una imagen que, de alguna manera, cierra el círculo. Porque di con una sobrina nieta de Nina, que casualmente trabajó como actriz durante mucho tempo y que trabajó, por ejemplo, con actores como Patrick Chéreau, que era muy amigo de María Casares. Yo le conté a la sobrina la relación de Nina con María Casares y se quedó asombrada, emocionada. No sabía nada. Y ahora esa foto que conservó Casares de Nina llegará a su familia.

Todo es circular en esta vida...

Si, desde luego. Pero realmente es el compromiso de María Casares el que le devuelve esa foto a la familia de Nina... Vaya, no estoy hablando nada de María Casares, pero creo que esta historia es importante.

¿Por qué?

Porque con este tipo de cosas, se demuestra que la figura de María Casares, figuras como la suya, conectan la Galicia antifranquista con lo mejor que había en la Europa de los años treinta y cuarenta: con la ayuda a los perseguidos, con la lucha antifascista. No hay que olvidar que los primeros antifascistas europeos fueron los españoles.

Hemos hablado de la María Casares exiliada, de la María Casares comprometida... Ahora toca hablar de la María Casares actriz. ¿Qué significa María Casares en la Francia teatral?

La interpretación de María Casares cambió las normas de la representación del teatro francés. Vamos a ver... La escuela de interpretación francesa es una escuela con una gran dedicación a la dicción y un gran respeto al texto. Pero al mismo tiempo, mantiene una gran distancia con respeto al texto. El texto, para los actores franceses, era intocable. Ella llega, no tiene esa formación tan marcada ni tan rígida, y se aproxima al texto con una gran libertad. Entonces, podemos decir que es un encuentro feliz de un cuerpo y una voz que sí, que respetan el texto, pero que lo hacen suyo. Resulta una interpretación muy literaria, muy corporal con el texto y que rompe la distancia. Había actores que podían interpretar cualquier texto, les daba igual por esa distancia. María no podía. Lo decía ella misma. Ella tenía que conectar con el texto, vivirlo sin distancia. Y no todos los textos se lo permitían.

¿Creó escuela, entonces?

Más que escuela, fue una mudanza total. Modificó el teatro francés. Y quiero pensar que lo modificó, de alguna manera, en clave galaica. Es decir, en su interpretación está su Galicia, está la naturaleza, el grito y la idea de que el mundo puede cambiar.

¿Y como actriz de cine? Porque también hizo cine y trabajó con directores tan importantes como Carné o Cocteau. Pese a todo, a Casares no es que le gustase demasiado la cámara...

Para ella estaban muy presentes los problemas técnicos. Para ella, rodar escenas del final de una película antes que las que naturalmente acontecían antes en el argumento... Eso no le cuadraba. Es que le dificultaba el trabajo de vivir el personaje, de componer el personaje. En esas circunstancias no podía darse ni podía darlo todo por el texto, por el personaje, por la interpretación...

Hablar de María Casares es hablar también de Albert Camus. ¿Cómo marcó esa relación a ambos creadores?

María Casares tuvo muchas relaciones en su vida, no solo con Camus. Bien es cierto que, seguramente, la más importante fue la de Camus. Y también es cierto que Camus cambió la vida creativa de ella, pero en la misma medida podemos decir que ella cambió la vida creativa de él. Hay una interrelación absoluta entre ambos. En las memorias de María, hay retazos, hay partes y frases que son de Camus. Y si uno revisa los cuadernos que escribía Camus, también encontramos cosas que son de María Casares. Era una verdadera relación de creatividad... A ver, ¿cosas que cambió María Casares en Camus? Pues mira, cuando se conocieron, Camus estaba centrado en la novela y volvió al teatro porque encontró una actriz que le gustaba para desarrollar un tipo de teatro concreto. Después, Camus representó varias obras del teatro del Siglo de Oro español y resulta evidente que ella participó en las adaptaciones. Y también considero que en la relación entre ambos jugaba un papel fundamental el exilio. María Casares fue fundamental para el compromiso de Camus con el republicanismo español. Y después, mira, hay personajes que están inspirados claramente en María Casares. Por ejemplo, en Estado de sitio hay un personaje que se llama Vitoria [María Casares era de nombre completo María Vitoria]. Esa Vitoria no es otra que María Casares, quien la interpretó en el estreno.

María Casares también está presente en el último libro de Camus. Y también hay en él algo de Galicia, ¿no?

Esto también es muy emocionante. En las notas de trabajo de Camus para su última novela, que está inacabada, hay fragmentos de los recuerdos de infancia de María Casares en Galicia. De hecho, hay un personaje, Vera, que es María Casares. Y resulta bonito saber que esas últimas páginas mecanografiadas de Camus, su mujer se las hizo llegar a María Casares... Porque aparecía allí el personaje inspirado en ella. Puede decirse que la última página de Camus hablaba de María Casares.

María Casares no regresó a Galicia, pero sí a España. Tras la muerte del dictador, volvió para representar El Adefesio, de Alberti. Pero no llegó a completar la gira y regresó a Francia, además de enferma, con un una fuerte decepción, ¿no?

Cayó enferma con hepatitis, sí. Fue muy fuerte el regreso. Piensa que ella representaba muchas cosas: su familia, el teatro, el exilio. Cada vez que subía a un escenario, era una representación triple o cuádruple. Tenía mucho significado en sí misma. Eso le pasó en Madrid, pero también ocurrió en Buenos Aires, en el año 1957, cuando fue a actuar haciendo de María Tudor. Contaba Luís Seoane que tuvo que salir a escena 17 veces para saludar. Sentía una enorme responsabilidad al volver a Madrid, como si quisiese presentar de forma perfecta el exilio que volvía. Fue duro, sufrió una crisis profunda y además enfermó. Tuvo que estar durante varios meses en reposo. Y fue cuando escribió sus memorias, Residente privilegiada.

Le pasó lo que comentábamos antes del exilio: No fue capaz de regresar.

Es muy duro volver, ver que la vida siguió y que siguió sin ti.

¿Qué relación tenía con la emigración María Casares? En ese viaje a Argentina estuvo en actos con Dieste, Blanco Amor, Seoane, Tacholas...

De inmenso respeto. A ella no le gustaban las reuniones con mucha gente, pero cuando viajó a Argentina se prestó a todo. Cando visité la Biblioteca Francesa, hallé una carta de Virxinia Pereira, la mujer de Castelao, en la que agradece precisamente la deferencia que había tenido con ellos, que entendía lo difícil que era, pero que le agradecía que hubiese hecho ese viaje. Sentía mucho orgullo y muchísimo respeto por todo lo que eran capaces de hacer fuera de Galicia. Ella emplea la palabra transterrados para hablar de la diáspora.

En su libro O tempo das mareas, ¿qué otras novedades encontramos sobre María Casares?

Primero, la documentación de la rama materna. Después, la publicación de imágenes suyas y de su familia de los años treinta. Son imágenes que se conservaban aquí, pero también en Francia en diferentes archivos personales. Estaban todas repartidas y pudimos reunirlas. Después, también tenemos cartas con amigos de la infancia de A Coruña, que los amigos conservaron toda la vida y que reflejan el Madrid de los años treinta. Gracias a esas cartas, sabemos cosas importantes de su biografía, como que acudió a la primera representación de Yerma. Luego hay otra cuestión que me interesa destacar, que son dos textos de María Casares en francés hablando sobre Valle-Inclán. Uno ya se conocía, pero el otro estaba publicado en un programa de mano. Eso demuestra que María Casares fue muy importante para que Valle-Inclán llegase al teatro francés. Y finalmente, material de María Casares en El primer hombre, de cómo la inspiración de Camus estaba en María Casares y también en Galicia.

¿Cómo definiría en cuatro trazos a María Casares? Así, como conclusión final.

Libre, vitalista, fiel a una ética y a una estética... Y muy tozuda [Risas] Van cuatro, ¿no? [Risas].

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