30.8.16

Voces que desacreditan otras voces

Voces que desacreditan otras voces

Por Sara Plaza

Hace 25 años, la socióloga estadounidense Patricia Hill Collins, publicaba en el New York Times un artículo titulado No necesitamos otro King, necesitamos seguir sus principios. El texto arrancaba así: "Si King estuviese vivo las cosas serían diferentes... Ojalá tuviésemos un movimiento por los derechos civiles, así podríamos hacer algo... Necesitamos otro King". Y explicaba la autora:

Son las voces de los estudiantes de mi clase de estudios afroamericanos. A pesar de las diferencias de raza, género y clase social, todos se disgustan e indignan cuando les muestro las reveladoras estadísticas de desempleo a nivel nacional y global, mortalidad infantil, personas sin hogar y desesperanza. Quieren acabar con la pobreza, las desigualdades y la injusticia.

Pero si bien asumen la visión del Dr. Martin Luther King, cuando se trata de luchar a favor de la justicia social, estos estudiantes universitarios sienten que no hay nada que puedan hacer. Sus vidas reflejan una curiosa mezcla de indignación moral e impotencia política

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿No era que la creación de una nueva fiesta nacional iba a solucionarlo? ¿No se suponía que esta generación, nacida después del asesinato de King, iba a inspirarse en su ejemplo?

Los niños afroamericanos pobres, nos dicen, abandonan la escuela, no porque estén atrapados en instituciones inferiores insuficientemente financiadas, sino porque carecen de modelos de conducta positivos. Si la baja autoestima es el problema, aprender sobre King debería ser la solución.

Pero parte del problema tiene que ver con esta campaña para vender a King como ejemplo. Estar expuesto a modelos positivos no garantiza que sus ideas y acciones vayan a ser emuladas.

Por otro lado, muchas personas se las arreglaron o triunfaron sin un modelo a la vista. Es más, ¿qué pasa cuando un modelo positivo pierde su encanto? Conforme se acrecienta su desprestigio, sus ideas se vuelven cada vez más sospechosas.

La estrategia del modelo de conducta para el cambio social no puede sustituir el hecho de desafiar las injustas políticas de empleo, de educación o de vivienda. King no quería ser un ejemplo positivo; su objetivo era la transformación social.

Otra parte del problema es presentar a King como Gran Hombre de la Historia. Aunque detrás haya una larga lucha, –casi por definición los Grandes Hombres son blancos– este enfoque viene a decir que los Grandes Hombres son tan poderosos que ellos solos provocan el cambio.

Todos hemos estado expuestos a planteamientos del tipo "Lincoln liberó a los esclavos" y similares. King es la incorporación más reciente.

Se omiten las condiciones sociales que impulsan a un gran número de personas a movilizarse para favorecer la versión hollywoodiense de la historia del héroe victorioso. Cuando a un movimiento a favor del cambio social lo encarna su líder, la muerte de este significa la muerte del movimiento.

Cuando nos animan a buscar modelos positivos o "kings" que nos guíen, terminamos creyendo que es muy poco lo que podemos hacer sin ellos.

La fijación con el modelo King, el Gran Hombre de la Historia, empobreció el entramado de activismo cotidiano y nos impide entender cómo se producen los cambios. Los responsables de la mayor parte del activismo somos nosotros, la gente corriente.

Por ejemplo, incontables mujeres afroamericanas anónimas conformaron la base del movimiento a favor de los derechos civiles en Estados Unidos. Sin sus batallas personales, King sería un desconocido. Los verdaderos Grandes Hombres de la Historia no alimentan su propia grandeza, sino que aspiran a empoderar a los demás.

"El propósito de cualquier liderazgo es construir más liderazgo. El propósito de ser portavoz es hablar hasta que la gente adquiera su propia voz", señala la poeta Nikki Giovanni.

King fue un tipo extraordinario, desde luego. Sería estupendo, sin duda, que hubiera más personas con su visión y sus habilidades. Pero el verdadero valor del legado de King no radica en su grandeza sino en su vulgaridad.

Considerar a King como un igual nos permite ver los paralelos entre las luchas de entonces y las de ahora. Si una persona puede desempeñar un papel tan importante en los cambios masivos que se produjeron a lo largo de su vida, nosotros deberíamos ser capaces, si lo intentamos, de lograr otros más modestos.

Los cambios eficaces en materia de justicia, pobreza y desigualdades requieren la intervención sostenida a lo largo del tiempo de ciudadanos de a pie. Los niños del sueño de King no precisamos otro King que nos guíe o nos salve. Lo que necesitamos es creer que podemos actuar como King en el contexto de nuestra vida cotidiana.

* * *

Hasta aquí las reflexiones de Patricia Hill Collins. Corría el año 1991 cuando esta investigadora compartía un sentir que expresaron con mucha mayor contundencia, entre otras, dos corajudas e inolvidables activistas afroamericanas del Movimiento por los Derechos Civiles, como fueron Septima Poinsette Clark (1898-1987) y Elle Ella Josephine Baker (1903-1986).

Recordando su trabajo al lado del Dr. King, contaba la educadora Septima Clark:

A los hombres que le pedían al Dr. King que liderase las marchas en varios lugares les decía: "Vosotros estáis allí. ¿Vais a pedirle al líder que vaya a todas partes? ¿No podéis encargaros vosotros del liderazgo en esos lugares?" Le envié una carta al Dr. King pidiéndole que no liderara todas las marchas él mismo, sino que formase líderes que pudieran encabezar sus propias marchas. El Dr. King leyó la carta a todos los miembros de su equipo. Les divirtió; todos se echaron a reír. Yo Había estado antes hablando de ello con las secretarias, y cuando se leyó la carta no abrieron la boca, ninguna de ellas. Me daba la sensación que ellos pensaban que el Dr. King tenía que ser el líder indiscutible. Si tú pensabas que debía haber más lideres, se interpretaba como que estabas menospreciando al Dr. King. Así estaban las cosas.

Yo estaba en el equipo directivo del SCLS [Southern Christian Leadership Conference], pero los hombres que formaban parte de él no me escuchaban de buena gana. Les gustaba mandarme a muchos sitios porque siempre encontraba la manera de que la gente escuchara lo que yo decía. Pero esos hombres no tenían ninguna fe en las mujeres. Ninguna en absoluto. Pensaban que las mujeres eran símbolos sexuales y no tenían nada que aportar. [...] Tenía la enorme sensación de que el Dr. King tampoco tenía mucho aprecio a las mujeres. Se reía y decía, "Ja, ja, ja, la Sra. Clark ha ampliado nuestro programa". Eso era todo. No creo que me apreciara demasiado. Estuve con él en Europa cuando recibió el premio Nobel de la Paz en 1964, y la gente del American Friends Service Committee [Comité de servicio de amigos de Estados Unidos] querían que yo hablara. De forma breve y manera informal él solía decir: "Cualquier cosa que yo no pueda responder, pregunten a la Sra. Clark". Pero no hablaba en serio porque nunca tuve la oportunidad de hablar para los AFSC en Londres ni para ninguna otra asociación [...] La manera como lo veo ahora tiene que ver con mi experiencia en el movimiento de mujeres. Pero en aquellos días, por supuesto, los hombres eran los que estaban al mando de la congregación negra. Así estaban las cosas.

No menos crítica se mostraba la incansable organizadora Ella Baker:

En lugar de tratar que la gente se desarrolle alrededor de un líder, la idea central, tal y como yo lo entiendo, debería ser desarrollar el liderazgo a partir del grupo y repartir las responsabilidades; en otras palabras, se trata de organizar a la gente para que sean autosuficientes en lugar de depender de un líder carismático, o uno como Moisés. [...] La gente fuerte no necesita líderes fuertes que no dejen participar a todos.

* * *

Hay un texto muy interesante del periodista, activista y preso político afroamericano Mumia Abu-Jamal, titulado Martin Luther King, las mujeres y le movimiento, en el que su autor analiza la evolución del pensamiento de King. Una de sus conclusiones finales es esta: «Martin Luther King, Jr. fue creado, en sentido literal y metafórico, por mujeres. Ellas lo educaron, aun cuando no quería ser educado. Tal como dijo Ella Baker: "Martin no creó el movimiento, el movimiento creó a Martin"».