30.8.16

Voces que desacreditan otras voces

Voces que desacreditan otras voces

Por Sara Plaza

Hace 25 años, la socióloga estadounidense Patricia Hill Collins, publicaba en el New York Times un artículo titulado No necesitamos otro King, necesitamos seguir sus principios. El texto arrancaba así: "Si King estuviese vivo las cosas serían diferentes... Ojalá tuviésemos un movimiento por los derechos civiles, así podríamos hacer algo... Necesitamos otro King". Y explicaba la autora:

Son las voces de los estudiantes de mi clase de estudios afroamericanos. A pesar de las diferencias de raza, género y clase social, todos se disgustan e indignan cuando les muestro las reveladoras estadísticas de desempleo a nivel nacional y global, mortalidad infantil, personas sin hogar y desesperanza. Quieren acabar con la pobreza, las desigualdades y la injusticia.

Pero si bien asumen la visión del Dr. Martin Luther King, cuando se trata de luchar a favor de la justicia social, estos estudiantes universitarios sienten que no hay nada que puedan hacer. Sus vidas reflejan una curiosa mezcla de indignación moral e impotencia política

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿No era que la creación de una nueva fiesta nacional iba a solucionarlo? ¿No se suponía que esta generación, nacida después del asesinato de King, iba a inspirarse en su ejemplo?

Los niños afroamericanos pobres, nos dicen, abandonan la escuela, no porque estén atrapados en instituciones inferiores insuficientemente financiadas, sino porque carecen de modelos de conducta positivos. Si la baja autoestima es el problema, aprender sobre King debería ser la solución.

Pero parte del problema tiene que ver con esta campaña para vender a King como ejemplo. Estar expuesto a modelos positivos no garantiza que sus ideas y acciones vayan a ser emuladas.

Por otro lado, muchas personas se las arreglaron o triunfaron sin un modelo a la vista. Es más, ¿qué pasa cuando un modelo positivo pierde su encanto? Conforme se acrecienta su desprestigio, sus ideas se vuelven cada vez más sospechosas.

La estrategia del modelo de conducta para el cambio social no puede sustituir el hecho de desafiar las injustas políticas de empleo, de educación o de vivienda. King no quería ser un ejemplo positivo; su objetivo era la transformación social.

Otra parte del problema es presentar a King como Gran Hombre de la Historia. Aunque detrás haya una larga lucha, –casi por definición los Grandes Hombres son blancos– este enfoque viene a decir que los Grandes Hombres son tan poderosos que ellos solos provocan el cambio.

Todos hemos estado expuestos a planteamientos del tipo "Lincoln liberó a los esclavos" y similares. King es la incorporación más reciente.

Se omiten las condiciones sociales que impulsan a un gran número de personas a movilizarse para favorecer la versión hollywoodiense de la historia del héroe victorioso. Cuando a un movimiento a favor del cambio social lo encarna su líder, la muerte de este significa la muerte del movimiento.

Cuando nos animan a buscar modelos positivos o "kings" que nos guíen, terminamos creyendo que es muy poco lo que podemos hacer sin ellos.

La fijación con el modelo King, el Gran Hombre de la Historia, empobreció el entramado de activismo cotidiano y nos impide entender cómo se producen los cambios. Los responsables de la mayor parte del activismo somos nosotros, la gente corriente.

Por ejemplo, incontables mujeres afroamericanas anónimas conformaron la base del movimiento a favor de los derechos civiles en Estados Unidos. Sin sus batallas personales, King sería un desconocido. Los verdaderos Grandes Hombres de la Historia no alimentan su propia grandeza, sino que aspiran a empoderar a los demás.

"El propósito de cualquier liderazgo es construir más liderazgo. El propósito de ser portavoz es hablar hasta que la gente adquiera su propia voz", señala la poeta Nikki Giovanni.

King fue un tipo extraordinario, desde luego. Sería estupendo, sin duda, que hubiera más personas con su visión y sus habilidades. Pero el verdadero valor del legado de King no radica en su grandeza sino en su vulgaridad.

Considerar a King como un igual nos permite ver los paralelos entre las luchas de entonces y las de ahora. Si una persona puede desempeñar un papel tan importante en los cambios masivos que se produjeron a lo largo de su vida, nosotros deberíamos ser capaces, si lo intentamos, de lograr otros más modestos.

Los cambios eficaces en materia de justicia, pobreza y desigualdades requieren la intervención sostenida a lo largo del tiempo de ciudadanos de a pie. Los niños del sueño de King no precisamos otro King que nos guíe o nos salve. Lo que necesitamos es creer que podemos actuar como King en el contexto de nuestra vida cotidiana.

* * *

Hasta aquí las reflexiones de Patricia Hill Collins. Corría el año 1991 cuando esta investigadora compartía un sentir que expresaron con mucha mayor contundencia, entre otras, dos corajudas e inolvidables activistas afroamericanas del Movimiento por los Derechos Civiles, como fueron Septima Poinsette Clark (1898-1987) y Elle Ella Josephine Baker (1903-1986).

Recordando su trabajo al lado del Dr. King, contaba la educadora Septima Clark:

A los hombres que le pedían al Dr. King que liderase las marchas en varios lugares les decía: "Vosotros estáis allí. ¿Vais a pedirle al líder que vaya a todas partes? ¿No podéis encargaros vosotros del liderazgo en esos lugares?" Le envié una carta al Dr. King pidiéndole que no liderara todas las marchas él mismo, sino que formase líderes que pudieran encabezar sus propias marchas. El Dr. King leyó la carta a todos los miembros de su equipo. Les divirtió; todos se echaron a reír. Yo Había estado antes hablando de ello con las secretarias, y cuando se leyó la carta no abrieron la boca, ninguna de ellas. Me daba la sensación que ellos pensaban que el Dr. King tenía que ser el líder indiscutible. Si tú pensabas que debía haber más lideres, se interpretaba como que estabas menospreciando al Dr. King. Así estaban las cosas.

Yo estaba en el equipo directivo del SCLS [Southern Christian Leadership Conference], pero los hombres que formaban parte de él no me escuchaban de buena gana. Les gustaba mandarme a muchos sitios porque siempre encontraba la manera de que la gente escuchara lo que yo decía. Pero esos hombres no tenían ninguna fe en las mujeres. Ninguna en absoluto. Pensaban que las mujeres eran símbolos sexuales y no tenían nada que aportar. [...] Tenía la enorme sensación de que el Dr. King tampoco tenía mucho aprecio a las mujeres. Se reía y decía, "Ja, ja, ja, la Sra. Clark ha ampliado nuestro programa". Eso era todo. No creo que me apreciara demasiado. Estuve con él en Europa cuando recibió el premio Nobel de la Paz en 1964, y la gente del American Friends Service Committee [Comité de servicio de amigos de Estados Unidos] querían que yo hablara. De forma breve y manera informal él solía decir: "Cualquier cosa que yo no pueda responder, pregunten a la Sra. Clark". Pero no hablaba en serio porque nunca tuve la oportunidad de hablar para los AFSC en Londres ni para ninguna otra asociación [...] La manera como lo veo ahora tiene que ver con mi experiencia en el movimiento de mujeres. Pero en aquellos días, por supuesto, los hombres eran los que estaban al mando de la congregación negra. Así estaban las cosas.

No menos crítica se mostraba la incansable organizadora Ella Baker:

En lugar de tratar que la gente se desarrolle alrededor de un líder, la idea central, tal y como yo lo entiendo, debería ser desarrollar el liderazgo a partir del grupo y repartir las responsabilidades; en otras palabras, se trata de organizar a la gente para que sean autosuficientes en lugar de depender de un líder carismático, o uno como Moisés. [...] La gente fuerte no necesita líderes fuertes que no dejen participar a todos.

* * *

Hay un texto muy interesante del periodista, activista y preso político afroamericano Mumia Abu-Jamal, titulado Martin Luther King, las mujeres y le movimiento, en el que su autor analiza la evolución del pensamiento de King. Una de sus conclusiones finales es esta: «Martin Luther King, Jr. fue creado, en sentido literal y metafórico, por mujeres. Ellas lo educaron, aun cuando no quería ser educado. Tal como dijo Ella Baker: "Martin no creó el movimiento, el movimiento creó a Martin"».

23.8.16

Imágenes del Monte Fuji

Imágenes del Monte Fuji

Por Edgardo Civallero

El periodo Edo fue un fragmento de la larga historia japonesa que abarcó desde 1603 a 1868, y durante el cual el país estuvo bajo la administración del shogunato Tokugawa –el último gobierno feudal y militar de Japón– y sus trescientos daimyo regionales.

El shogunato se estableció oficialmente en Edo (antiguo nombre de la actual Tokio), de ahí el nombre del periodo. La época se caracterizó por un notable crecimiento económico, acompañado por uno proporcional de las artes y las letras. La población se estabilizó y la sociedad se hizo, en cierta forma, autosuficiente. La estratificación social se acentuó, al tiempo que el país se aisló casi totalmente del mundo exterior.

El desarrollo económico benefició directamente a los mercaderes y comerciantes, relegados hasta entonces a la parte baja de la escala social. Dueños, de la noche a la mañana, de fortunas sustanciales, dedicaron mucho dinero a placeres como el teatro kabuki, las geishas, los paseos por el campo y la música. Tal estilo de vida, ciertamente hedonista, fue etiquetado con la palabra ukiyo, "mundo flotante": una especie de universo de ensueño, con pocas ataduras a la realidad y los pies lejos de la tierra.

Las actividades del ukiyo inspiraron toda una corriente artística, que plasmó en imágenes (pinturas y xilografías) a algunos de los protagonistas de esa nueva forma de vivir: luchadores de sumo, cortesanas y escenas eróticas, actores de kabuki, flora y fauna, paisajes... Las obras, conocidas como ukiyo-e ("imágenes del mundo flotante"), fueron muy populares entre la nueva burguesía mercantil, que tenía poder adquisitivo suficiente como para adquirirlas y decorar sus casas con ellas.

La gran demanda que suscitó este tipo de trabajos permitió a muchos artistas ganarse la vida produciendo todo tipo de ukiyo-e. Uno de ellos fue Koizumi Danzan, también llamado Koizumi Azaru.

Koizumi nació en 1766 en la prefectura de Tochigi, al noreste de la metrópoli de Edo. Actualmente es conocido en el mercado del arte asiático por una serie de ukiyo-e tituladas Ayu, nombre de una variedad de trucha. Las pinturas (realizadas entre 1810 y 1850) representan a los susodichos peces dentro del agua, con fondos difuminados de paisajes y cascadas, y fueron creadas en una época en la que los artistas plásticos japoneses intentaban imitar el efecto del pigmento azul de Prusia (importado de Europa por los holandeses asentados en Nagasaki desde 1764) usando el índigo, un tinte vegetal local.

Además de los peces, Koizumi también pintó varios retratos de cortesanas, iconografía religiosa variada y muchos paisajes. Una colección de estos últimos resultó ser su trabajo más elaborado.

En 1795, Koizumi alcanzó la cima del célebre monte Fuji o Fugaku, la más alta del Japón, a un centenar de kilómetros de Edo y uno de los lugares más emblemáticos del archipiélago. Durante su ascenso fue compilando bocetos de paisajes y de escenas con las que se fue encontrando: desde niños campesinos a bosques frondosos y laderas de piroclastos y lavas.

Pasó más de cuatro décadas trabajando sobre esos apuntes. Al cabo completó el álbum Fugaku shashin, "Imágenes del Fuji", que recién publicaría en 1846, solo ocho años antes de su muerte. En él incluyó un par de grandes inscripciones iniciales, una presentación por parte de varios académicos y poetas, y unas palabras personales. A los textos les siguen 21 imágenes anotadas, pintadas a color, con las que ilustró su ascenso al volcán y su visita al cráter que lo corona. En la parte final aparece el colofón de la obra, acompañado de una vista del Fuji desde la distancia, y un comentario –en una caligrafía ciertamente apresurada– de un alumno del pintor.

Uno de los ejemplares del Fugaku shashin se conserva en la Kokuritsu Kokkai Toshokan, la Biblioteca Nacional [de la Dieta] de Japón. Como muchos otros libros de la época, se trata de una larga pieza de papel plegada en acordeón, con una portada pegada, de 31,9 x 23,2 cm. Lo curioso de este álbum es que sólo cuando el papel está completamente desplegado puede apreciarse la composición completa, tal y como la pensó el artista: una especie de narrativa ilustrada de una aventura juvenil.

World Digital Library (s.f.). Pictures of Mount Fuji. [En línea].

Imagen: Fugaku shashin, Kokuritsu Kokkai Toshokan.

16.8.16

De historias a medias y medias historias

De historias a medias y medias historias

Por Sara Plaza

Estaba leyendo la edición revisada de "Black Feminist Thought. Knowledge, Consciousness and the Politics of Empowerment" ["Pensamiento Feminista Negro: Conocimiento, Consciencia y Políticas de Empoderamiento", publicado por primera vez en 1990], de la socióloga estadounidense Patricia Hill Collins, cuando encontré la cita de una conversación de Alice Walker con su madre, en la que la escritora estadounidense le comenta: "Creo que la verdad sobre cualquier asunto solo se conoce cuando se reúnen todos los fragmentos de la historia y a partir de sus diferentes significados surge uno nuevo. Cada escritor escribe las partes que faltan de la historia de otro escritor. Y es la historia completa lo que yo persigo".

Hill Collins venía hablando de la necesidad de entablar diálogos y establecer coaliciones entre grupos con proyectos de justicia social similares, y a continuación señalaba que la respuesta de la madre de Alice dejaba entrever las dificultades que entraña mantener ese tipo de diálogos dadas las diferencias de poder de cada grupo: "Dudo que alguna vez llegues a obtener de los blancos las verdaderas partes que faltan de cualquier cosa. Llevan tanto tiempo sentados sobre la verdad que ya la han exprimido toda".

Como en otras ocasiones, un libro me dejó a las puertas de otro. Sin cerrar las páginas del de Hill Collins abrí las de aquel ensayo de Walker titulado Beyond the Peacock: The Reconstruction of Flannery O'Connor [Más allá del pavo real. La reconstrucción de Flannery O'Connor], que encontré en "The Alice Walker Collection: Non-Fiction" (si bien originalmente estaba incluido en un trabajo anterior, "In Search of Our Mothers' Gardens", publicado en 1983), del que traduzco libremente una pequeña parte.

–O'Connor escribió una historia titulada Todo lo que asciende debe converger.
–¿Cómo?
–Todo lo que se sube se junta, confluye, se unifica. En pocas palabras, la historia es la siguiente: una vieja mujer blanca, de cincuenta y tantos...
–¡Eso no es ser vieja! ¡Yo tengo más años y no soy vieja!
–Lo siento. Esta señora de mediana edad se sube a un autobús con su hijo, al que le gusta pensar que es un liberal sureño ... [el cual] busca una persona negra para sentarse a su lado. Esto horroriza a su madre, que, aunque no es muy mayor, mantiene las viejas costumbres. Lleva puesto un sombrero horripilante, un sombrero muy caro, morado y verde.
–¿Morado y verde?
–Carísimo. Elegante. Comprado en la mejor tienda de la ciudad. Piensa: "No voy a tener rival con un sombrero como este". Pero lo cierto es que en seguida se sube al autobús una enorme mujer negra con un niño pequeño, a la que O'Connor describe como parecida a un gorila, que lleva el mismo sombrero morado y verde. Nuestra no demasiado joven señora blanca está horrorizada, superada.
Apuesto a que sí. Los negros también tienen dinero para comprar tonterías.
–¡Eso es lo que señala O'Connor precisamente! Todo lo que asciende debe converger.
–Pues la gente con sombreros morados y verdes tendrá que converger sin mí.
–O'Connor pensaba que el sur, a medida que se volviera más "progresista", sería como el norte. Culturalmente anodino, materialmente destrozado, y en lo que a las personas se refiere, no se podría distinguir un grupo racial de otro. Todo el mundo querría tener las mismas cosas, a todos les gustaría lo mismo, y se verían reducidos a llevar, simbólicamente, el mismo sobrero morado y verde.
–¿Y crees que eso es lo que está pasando?
–Sí. Pero esa no es toda la historia. La mujer blanca, en un intento de salvar su orgullo, decide tomarse el incidente de los sombreros como un caso de "lo que hace el mico hace el mono". Y por supuesto ella asume que no es la que copia. Ignora a la estúpida mujer negra y empieza a hacerle monadas a su hijo, que es pequeño, negro y muy rico. No se da cuenta de que la mujer negra está encendiéndose. Cuando todos se bajan del autobús le ofrece al pequeño un "penique nuevo y brillante". Y la madre del niño la sacude con su cartera.
–Apuesto a que era un cartera grande.
–Grande y llena de objetos duros.
–¿Y qué pasó después? ¿No dijiste que el hijo de la mujer blanca estaba con ella?
–Él había intentado avisar a su madre. "Los negros de ahora no son como los de antes", le dijo. Pero ella no le hizo caso. Él pensaba que odiaba a su madre hasta que la vio tirada en el suelo y sintió pena por ella. Pero al tratar de ayudarla, ella no lo reconoció. Se retrotrajo a un tiempo histórico más acorde con sus deseos. "Dile al abuelo que venga a buscarme", dijo. Y tambaleándose se perdió en la oscuridad.
–Pobre.
–Es lo mismo que sintió su hijo, y por eso sabemos que es un relato de Flannery O'Connor. Al hijo le cambia lo ocurrido con su madre. Entiende que, además de una mujer ridícula que se comportaba como si viviese en el pasado, era una criatura patética, lo mismo que él. Pero ya es tarde para decírselo porque está loca de remate.
–¿Y qué hizo la mujer negra después de tirar al suelo a la mujer blanca y marcharse?
–O'Connor decidió no contarlo, y por eso, aunque es una buena historia, para mí solo es media historia. A lo mejor tú conoces la otra mitad...
–Bueno, no soy escritora pero había una vieja mujer blanca a la que una vez quise pegar...
–¡Exacto!

* * *

Satisfecha mi curiosidad, volví sobre "The Black Feminist Thought...", donde el día anterior había descubierto otro pasaje relacionado con el intercambio de puntos de vista entre madre e hija. Se trata de las palabras de la historiadora feminista negra Elsa Barkley Brown recordando el papel fundamental que tuvieron las ideas de su madre en el trabajo académico que estaba realizando sobre las lavanderas afroamericanas.

Según explica Hill Collins, al comenzar su investigación la historiadora utilizó la lente que le había proporcionado su formación como tal, y a través de ella vio al grupo de mujeres que estudiaba como trabajadoras de servicios poco valoradas. Esa visión cambió al hablar con su madre y contarle ésta que las lavanderas se ponían de acuerdo para llevar la ropa sucia a la casa que tuviera la cocina más grande, y así, poco a poco, fueron creando una comunidad y una cultura propias. A partir de ese momento, mirando a través de una lente diferente, Brown vio a las lavanderas como empresarias: "Fue mi madre quien me enseñó a hacer las preguntas adecuadas; y todas las que de forma regular intentamos hacer esa cosa llamada trabajo académico somos plenamente conscientes de que las preguntas adecuadas son la parte más importante del proceso".

* * *

El libro de Hill Collins es excelente. La edición revisada también recoge el prólogo de la primera, del que extraigo los párrafos iniciales y finales que me invitaron a su lectura:

A la edad de cinco años me eligieron para el papel de La Primavera en la obra que se iba a representar en la escuela. Sentada en mi trono, presidí orgullosamente una corte de niños actuando de pájaros, flores y otras estaciones "menores". Rodeada de niños como yo –las hijas e hijos de obreros, empleadas de hogar, secretarias, trabajadores de fábricas– afirmé quien era. Cuando llegó mi turno, recité unas pocas líneas de forma magistral, con gran entusiasmo y energía. Me encantaba mi papel porque yo era La Primavera, la estación de la nueva vida y la esperanza. Todos los adultos comentaron lo fundamental que era mi parte, y me felicitaron por lo bien que lo había hecho. Sus palabras y abrazos me hicieron sentir importante y que lo que yo pensaba, sentía y lograba importaba.

A medida que se fue ensanchando mi mundo me di cuenta de que no todo el mundo estaba de acuerdo conmigo. A partir de la adolescencia cada vez fui más "la primera" o "una de las pocas" o "la única" afroamericana y/o mujer y/o persona de clase trabajadora en los lugares donde estudié, viví y trabajé. No veía nada malo en ser quien era, pero aparentemente muchos otros, sí. Mi mundo creció pero yo sentía que cada vez era más pequeña. Intenté desaparecer dentro de mí misma para desviar los dolorosos ataques diarios, concebidos para enseñarme que ser una mujer trabajadora afroamericana me hacía inferior a quienes no lo eran. Y a medida que empequeñecía me volví más callada y al final prácticamente enmudecí.

Este libro refleja una etapa de la continua lucha por recuperar mi voz. [...]

[...] Cuando comencé este libro tuve que superar mi reticencia a plasmar mis ideas en papel. Me preguntaba a mí misma: ¿Cómo puedo, como individuo, hablar en nombre de un grupo tan grande y complejo como el que formamos las mujeres afroamericanas? La respuesta es que ni puedo ni debo, porque cada una de nosotras debe aprender a hablar en nombre de sí misma. Mientras escribía empecé a ver mi trabajo como parte de un proceso más amplio, como una voz del diálogo entre personas que han sido silenciadas. Sé que nunca volveré a encontrar en mí esa curiosa coexistencia de inocencia y firme confianza que percibí cuando interpreté a La Primavera. Pero espero recuperar aquellas partes honestas, genuinas y fortalecedoras de la voz de mi personaje. Y lo que es más importante, mi esperanza es que quienes anteriormente estuvieron y están actualmente calladas encuentren sus voces. Yo, por lo pronto, quiero escuchar lo que tengo que decir.

9.8.16

Las trementinaires

Las trementinaires

Por Edgardo Civallero

Eran mujeres sanadoras. Mujeres decididas que anavan pel món [en catalán, "andaban por el mundo"]. Mujeres que heredaban y acumulaban conocimientos de siglos sobre plantas y hierbas medicinales, tratamientos, curaciones y otros elementos vinculados con la salud y el bienestar de animales y gentes.

Eran mujeres sabias, a pesar de que, desde el punto de vista de la cultura dominante, eran analfabetas y carecían de toda educación formal. Eran mujeres que, en otros tiempos (tiempos no tan lejanos, por cierto), fueron acusadas de brujas y quemadas en la hoguera pero que, desde mediados del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, recorrieron caminos, valles, montañas y senderos para llevar sus remedios allí donde podían.

Eran las trementinaires del Valle de la Vansa y Tuixent, entre la Sierra del Cadí y los contrafuertes del Port del Comte, en la comarca del Alto Urgel (provincia de Lérida, Cataluña, España).

* * *

Ya en el año 1623, Magdalena Barber, una vecina de Sant Pere de la Vansa, declaraba en un proceso inquisitorial que algunas mujeres de la parroquia de La Vansa Fornols, acusadas de brujería, sabían preparar gran cantidad de venenos, pócimas y ungüentos. La tradición de recolección y procesamiento de vegetales comestibles y medicinales en esa región venía, pues, de lejos.

Durante el siglo XIX, algunas de esas mujeres comenzaron a salir de sus aldeas y a vender sus productos fuera. En su valle las llamaban dones que anan pel món ["mujeres que andan por el mundo"]; a partir de la ciudad de Berga (capital de la comarca del Berguedà, en la Cataluña central) se las conocía como trementinaires ["vendedoras de trementina"].

Anar pel món era parte de una estrategia de las pagesas [campesinas] de montaña pertenecientes a las llamadas "casas bajas", con muy escasos recursos y una economía de autoconsumo y subsistencia. Su objetivo era reforzar esa economía doméstica obteniendo dinero en efectivo, en un espacio geográfico en el cual los intercambios monetarios eran escasos y en un momento histórico en el que la crisis socio-económica era palpable. Las mujeres siempre fueron las que manejaron los conocimientos sobre vegetales comestibles y medicinales, unos conocimientos que para el siglo XIX se estaban perdiendo en muchas áreas de Cataluña (debido a la "modernización" e industrialización de la sociedad catalana); las pagesas del Valle de la Vansa y Tuixent supieron ver el producto y la necesidad, y no dudaron en aprovechar aquella oportunidad. La venta de esos bienes permitió a las trementinaires disponer de dinero contante y sonante para pagar deudas, redimir préstamos, realizar algunas compras e incluso sobornar a ciertas autoridades y reducir los plazos de servicio militar de sus hijos y hermanos...

Para realizar esas ventas, las mujeres debían salir de su valle natal y anar pel món. Atrás dejaban hogares y familias: toda una estructura humana que se reorganizaba con cada trayecto para que, en su ausencia, todo continuara funcionando. Habitualmente las viajeras preparaban sus fardos dos veces al año: la primera en otoño, tras la matanza del cerdo, lo cual les permitía volver a casa para Navidad (fiestas importantes, en las que se reforzaban los vínculos familiares); la segunda, después de Reyes, finalizaba justo antes de Pascua.

Las trementinaires viajaban por Cataluña siguiendo siempre las mismas rutas: los largos caminos de la antigua trashumancia de ganado lanar. No entraban en grandes poblaciones: pasaban por villas y masías, en donde eran bien conocidas y recibidas. Después del 11 de noviembre (San Martín, fecha tradicional de la matanza del cerdo en la península Ibérica) emprendían su primer viaje, hacia la Plana de Urgel, el Penedés y el Campo de Tarragona, en donde vendían sobre todo setas secas, requeridas para las comidas navideñas. Después de Reyes salían nuevamente: iban por la cuenca minera y el río Llobregat hasta el Vallés y el Maresme, y en este punto seguían la costa hasta el Alto Ampurdán. En este recorrido, el más largo, vendían sobre todo trementina y aceite de enebro. Desde la costa de Gerona volvían a las montañas leridanas atravesando las comarcas de la Garrocha y el Ripollés.

Con este oficio, las trementinaires rompieron toda una serie de barreras simbólicas. No se trataba solo de mujeres que andaban solas en un mundo "desconocido y lleno de peligros" sin la protección de hombre alguno. Aquellas pagesas se metían de lleno en el ámbito de la salud, un mundo que hasta aquel momento les había sido negado: cualquier incursión femenina en ese ramo había tenido como resultado castigos, exclusión, venganzas, burlas, e incluso la muerte en la hoguera.

Salían del Valle de la Vansa y Tuixent viajando a pie y en parejas: una mujer mayor, con experiencia, y una joven. Los miembros de tales parejas solían pertenecer a la misma familia; así, abuelas y nietas se iban juntas mientras que las mujeres de mediana edad quedaban al frente de la organización familiar. El hecho de viajar en parejas obedecía a varias razones: por un lado, permitía salvaguardar la reputación de unas mujeres que viajaban solas, algo que de por sí era un motivo de escándalo y de problemas (y en ciertas partes del mundo, triste es decirlo, lo sigue siendo). Por el otro, las parejas siempre juntaban a mujeres con mucha confianza entre ellas, una confianza que permitía que los viajes se convirtieran en una suerte de "iniciación" para la más joven; ésta recibía los conocimientos sobre plantas y trementina, además de todo el saber sobre las artes medicinales, los circuitos de venta y los potenciales clientes.

A pesar de que la trementina –aguarrás, extraído de la resina del pino– era el producto estrella (y el que daba su nombre al oficio), vendían muchas otras cosas: té de roca, corona de rey (Saxifraga longifolia), escabioses (Scabiosa sp. ), serpolet (Thymus serpyllum), oreja de oso (Ramonda myconi), millfulles (Achillea millefolium), hongos secos, y aceites de enebro y de abeto, por ejemplo. Antes de anar pel món era preciso, pues, recolectar hierbas y setas, limpiarlas, secarlas, cortarlas y meterlas dentro de coixineres [fundas de almohada]; en esas tareas colaboraba todo el grupo familiar. A la trementina se le agregaba pega grega [colofonia de pino] y aceite de oliva para producir una suerte de pomada que se utilizaba para desinfectar heridas de personas y animales, y que las trementinaires, para evitar pesos excesivos en los viajes, no siempre llevaban preparada: transportaban únicamente la trementina, que según los pedidos mezclaban con el resto de productos, comprándolos a los drogueros de la zona.

Una vez preparadas todas las mercaderías, las guardaban en bolsas de tela fáciles de llevar durante el viaje. Esas bolsas, grandes como fardos, formaron parte del imaginario de las trementinaires, reconocidas allí por donde pasaran. Otros elementos típicos de su equipo eran una bolsa pequeña para llevar la ropa y el dinero; las latas en las que cargaban los aceites (de abeto y de enebro) y la trementina; una navaja para cortar y desmenuzar las hierbas; y una pequeña romana de hierro en la que pesaban sus productos antes de la venta.

El oficio estableció una serie de vínculos entre mujeres que fueron capaces de auto-organizarse. Las trementinaires crearon una red local que compartía conocimientos médicos y preparados naturales, lejos de los círculos dominados por la Iglesia y por el sistema cada vez más capitalista de las grandes ciudades. La construcción de esos espacios propios supuso un importante avance para la autonomía de las pagesas del Valle de la Vansa y Tuixent. Cuando volvían a casa, tras semanas y semanas andando por Cataluña, no eran las mismas personas que habían salido de allí. Habían descubierto mil cosas más allá de sus montañas natales.

[La última trementinaira fue Sofía Montaner, de Ossera (Lérida), que viajaba acompañada por su marido, Miquel Borrell. La pareja va anar pel món por última vez en 1982].

Texto adaptado de Viñals, Maite y Domenjó, Isidre (2016). Les trementinaires... aquelles dones sávies i valentes. Pànxing Pirineus, 26, invierno-primavera, pp. 46-49.

Imagen.

2.8.16

En el medio están las puertas

En el medio están las puertas

Por Sara Plaza

Reproducimos a continuación la traducción al castellano de la entrevista al narrador y poeta Xosé Luís Santos Cabanas, autor de Novas do exterior, 63.000 quilómetros de viaxes á cadea (Axóuxere Editora, 2016). Un libro comunal, a decir del autor, que reúne las crónicas de cuatro años de viajes a distintas cárceles españolas para visitar a su hijo, Antom Santos, preso político independentista. La entrevista original en gallego apareció el pasado día 29 de julio en el diario online Praza.gal, con el título "O réxime FIES é un atentado contra os dereitos fundamentais".

* * *


En el año 2013, la Audiencia Nacional consideró probado que Antom Santos pertenecía a una organización terrorista llamada "Resistencia Galega". El investigador y profesor de la USC fue condenado a 10 años tras una sentencia fruto de un juicio en el que no se permitió hablar a los peritos de la defensa. Inició, así, un recorrido por diferentes cárceles españolas. Sometido al régimen FIES, sus derechos fueron fuertemente restringidos, lo cual, unido a la política de dispersión de presos, se convirtió en un castigo no sólo para él, sino para toda su familia y amistades. Su padre, Xosé Luís Santos Cabanas, cuenta en Novas do exterior, 63.000 quilómetros de viaxes á cadea, la experiencia de la peregrinación por distintas cárceles a la que esta situación les llevó a él y a su compañera Vitoria, madre de Antom.

Algunos de los artículos del libro habían sido publicados antes, pero supongo que no empezó a escribirlos pensando en su publicación...

Después de la detención de mi hijo Antom y de su compañera María empezó a llamarnos mucha gente amiga. No podíamos ni atender el teléfono. Comencé a escribir correos para ir informando de cómo iba evolucionando la situación a un grupo de amigos. Para mí era, además, un desahogo. La manera como están escritos tiene ahí su explicación: son textos pensados para personas amigas, para interlocutores cómplices.

Una de las primeras cosas en que nos hace reparar el libro es la realidad a la que apunta Helena Domínguez en su tesis doctoral: cómo los medios se convierten en propagandistas del Ministerio del Interior y cómo, desde esa lógica, manipulan, hasta llegar a acusar a Antom de ser fundador de una organización cuando tenía... 8 años.

Una amiga vivía en el mismo edificio que Antom y María. Había salido a cenar y, cuando volvió, vio que la policía tenía tomada la calle. Acababan de detener a mi hijo y a María, con un despliegue policial totalmente desproporcionado para llevarse a dos personas pacíficas. Pero además de los policías, nuestra amiga vio un montón de gente, que pensó que eran policías de paisano. Pero no, eran periodistas. Porque parece que cuando realizan una operación así, llaman a los periodistas, como si fueran también funcionarios del Ministerio del Interior. Marga Tojo, escribió un reportaje muy bueno sobre esto.

Comentaba Helena Domínguez en la presentación del libro en Teo que los medios se preocupaban mucho de la gente para acusarla con nombres y apellidos sin respetar la presunción de inocencia, pero no desde que entraban en la cárcel. Estas crónicas nos hablan de ese mundo del que casi no sabemos nada.

Eso lo explica muy bien Xabier Cordal en la introducción del libro. La cárcel, dice, "parece parte de otro continente. La elección habitual es negarse a saber de él". Tenemos la cárcel al lado, pero preferimos mirar para otro lado. Helena Domínguez comentaba, sí, que a los medios no les interesa lo que pasa dentro de la cárcel. Y sería un buen ejercicio periodístico contarlo, con rigor, y en horario de máxima audiencia. Porque el régimen penitenciario español, que es uno de los más duros de Occidente, es banalizado por los medios. Se crean imágenes falsas, como la de que la cárcel es una suerte de hotel a pensión completa.

La realidad es desconocida. Y sobre todo la cárcel dentro de la cárcel que es el régimen FIES (Ficheros de Internos de Especial Seguimiento). En el libro recogemos un texto de la artista Núria Güel traducido al gallego, que es el dossier de prensa que acompañó una intervención que hizo para denunciar el régimen FIES, cuyo objetivo, según explica, es anular al recluso a través de la represión. La cárcel es un agujero de la democracia, y el FIES es un agujero todavía más oscuro, que vulnera derechos fundamentales: controlan las conversaciones, fotocopian la correspondencia...

El libro viene siendo, precisamente, el relato de cómo el régimen FIES afecta a la familia y amigos de la persona reclusa. Régimen que fue declarado nulo por el Tribunal Supremo.

Yo no soy jurista pero sí, el FIES está vigente después de una trampa legal. El régimen FIES, que según el Gobierno es sólo un fichero, es en la práctica una regulación paralela de la vida de los presos, que fue realizada a través de instrumentos de regulación del funcionamiento interno de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. El Tribunal Supremo anuló la instrucción en la que se instauraba sin entrar a valorar el significado de la vulneración de derechos fundamentales que supone: el aislamiento del recluso, la intervención sistemática de sus comunicaciones... Se limitó a decir que no era algo que correspondiera a Instituciones Penitenciarias, y lo declaró ilegal. Al mismo tiempo, el Ministerio del Justicia, siendo ministro Francisco Caamaño, legisló para legalizar el mismo régimen. Así, el régimen FIES, que es un atentado contra los derechos fundamentales, está vigente en el régimen penitenciario español.

Habla mucho de burocracia y de su utilización como forma de control y castigo. Su relato remite en esto a Foucault, Weber... e incluso Kafka. La arbitrariedad en la aplicación de las normas, la indefensión... Aunque ustedes notaron diferencias en eso entre Aranjuez y Dueñas, siendo en la segunda el trato más humano.

La burocracia hace muy difícil, por ejemplo, pasar libros a los reclusos. Esto no funciona igual en todas las cárceles, pero lo que sí funciona es una ambigüedad reglamentaria que se convierte en otra forma de tortura. No sabes bien lo que está permitido y lo que no. No te explican, te dicen cosas contradictorias y te hacen dar mil vueltas. En la cárcel de Aranjuez sólo permiten entregar paquetes dos días al mes, y sólo puede hacerlo una persona autorizada. Eso puedo obligarte a tener que localizar a una persona que vive muy lejos de ti para que entregue ese paquete el día señalado... También está muy restringido lo que se puede llevar. Está prohibido llevarles comida, por ejemplo.

Mi hijo quería acabar un trabajo de investigación que ya tiene hecho. Sólo quería pulirlo. Yo ya le dije que sin el acceso a la biblioteca que tienen los demás investigadores, iba a tenerlo difícil. Una amiga bibliotecaria se ofreció a ayudar a hacerle llegar los libros que necesitara, porque las bibliotecas de los centros penitenciarios son parte de la red pública de bibliotecas. Cuando se lo dije a mi hijo se rió. Podía estar presentando instancias, me explicó, hasta que finalice la condena. Podía conseguir que al final un juzgado me diese la razón, pero los libros no me iban a llegar. Le envié su trabajo de investigación, y no se lo quisieron dar porque no tenía depósito legal. Y claro, depósito legal lo tendrá cuando esté terminado, ahora no.

Comentaba el jurista Carlos Castresana, en un congreso hace unos días en Santiago, que la Audiencia Nacional había substituido al TOP franquista, y que algunas de las personas que habían formado parte del TOP habían seguido prestando servicios en la Audiencia. El juicio de su hijo fue, además, utilizado políticamente.

Si a mi hijo y a sus compañeros se les imputaran los mismos cargos en un juzgado ordinario, la pena no sería la misma que en la Audiencia Nacional, que los acusó de pertenecer a una organización terrorista, "Resistencia Galega", que yo pienso que no existe. Pero hay que manipular la opinión pública, como se hizo hablándole de Venezuela antes de las últimas elecciones. El Estado tiene que crear enemigos, y en este caso los creó con un grupo de jóvenes perfectamente integrados socialmente, que no tienen los problemas añadidos de las familias víctimas de la desigualdad social, porque entonces sería todavía peor, como pasa con la mayor parte de las personas que están en la cárcel, que lo que necesitan es asistencia social, y no represión. Porque hay muchas personas que cumplen penas desproporcionadas por delitos menores, mientras que los ladrones de guante blanco están fuera.

Pero esto no es sorprendente, en realidad. La base es la corrupción política. El mismo día que mi hijo estaba siendo juzgado, un alto cargo del Ministerio del Interior sale en los medios diciendo que en Galicia hay una organización terrorista activa. Ahora sabemos, por lo que ha salido en los medios sobre las grabaciones, que el Ministerio del Interior tramaba persecuciones contra la disidencia política en Cataluña. Es la creación de enemigos para beneficiar a su partido y lo que ellos consideran que es el Estado.

En el juicio, además, instruye la misma policía que hace después de perito en el juicio, que es una cosa que en un Estado de Derecho no tiene sentido: normalmente instruye un juez y juzga otro. Pues los peritos de la policía pudieron hablar lo que quisieron en el juicio, pero los peritos de la defensa, que eran Carlos Taibo y Bernardo Maiz, profesionales de las ciencias sociales de reconocido prestigio, no pudieron hablar porque los expulsaron de la sala. Se vulneró, así, el derecho a la defensa.

Da la impresión, al leer el libro, de que hay contención por su parte. Habla de algunas situaciones de malos tratos que vivió su hijo, pero no es un relato muy dramático. No es que haya tampoco distancia, porque no puede tenerla, pero dentro de lo que podría ser su reflexión sobre cómo esto afecta a su familia, hay mucha serenidad.

Es que eso es lo que intento. Contarlo con la mayor serenidad posible, para que la gente acceda a una información no distorsionada. Yo les cuento a los amigos lo que está pasando y, después, las lágrimas quedan para el espacio privado. Estoy muy agradecido a todos los amigos que nos están apoyando, a la gente que no nos conocía y se acercó a nosotros... Nos mimaron mucho y eso fue una gran ayuda. Los amigos que leían mis crónicas fueron los que me decían que tenía que publicarlas, para romper el cerco informativo de los medios.

Habla mucho de "crueldad inútil".

La crueldad inútil es el título de un libro de Xerardo Díaz Fernández, de los documentos para la Historia de Galicia publicados por Edicións do Castro, que habla de la crueldad de la cárcel en 1936. Las Redes Escarlata le concedieron el premio Vidal Bolaño al blog De volta para Loureda, de apoyo a Carlos Calvo. Belén Quintáns contaba en este blog que, cuando su hermano estaba en la cárcel, iban juntos de viaje varios gallegos, y llevaban la pota con la comida. Ahora eso no es posible porque no está permitido llevar comida para los presos. Méndez Ferrín también hablaba de eso. Porque privarlos de eso es una manera de privarlos de una forma de relación con sus raíces, con el cordón umbilical. ¿Por qué no podemos hacer el plato preferido de Antom y llevárselo o compartirlo allí con él?

O tenerlo más cerca. La política de dispersión de los presos, al aislarlos de su entorno social, no parece favorecer la rehabilitación e reinserción de las que habla la Constitución.

Además de eso, es un castigo para el entorno del preso. Tener que conducir 600 kilómetros para ver a tu hijo no sólo es caro y complica las obligaciones laborales. Nosotros acreditábamos que teníamos que trabajar los dos, la madre de Antom y yo, que éramos funcionarios. Entonces aceptaron que podíamos hacer las visitar en fin de semana, pero una vez cada tres meses en vez de una vez cada mes. Otro ejemplo de crueldad inútil. O ir entre semana y estar casi dos noches sin dormir –y no tenemos 20 años para hacer eso–, o ver a nuestro hijo cada tres meses.

La madre de Antom es Vitoria, y dijo usted en la presentación del libro que ella estaba muy presente en las crónicas. Ella es sus otros dos ojos, cuando van a ver a su hijo.

Hay cuatro ojos en las crónicas, sí. Ella es coautora anónima, y le dio la primera lectura a las crónicas. Hay muchas cosas en las que yo no había reparado, que vio ella. El libro no existiría sin Vitoria y sin el resto de los lectores, que me decían que esperaban la siguiente crónica... Estoy muy agradecido a todos los lectores, a Alba Rico y a todos los autores de la introducción y los epílogos del libro, y a la editorial Axóuxere.

Dice usted en el libro que el contexto es el de un Estado autoritario que persigue la disidencia política mientras tapa la corrupción. Cordal habla en la introducción de Estado totalitario.

Es un Estado que mantiene tribunales de excepción, y un régimen penitenciario que muestra continuidades con el régimen fascista. A mí tampoco me gusta que se frivolice sobre el significado de lo que fue la represión franquista, pero se puede hablar de Estado autoritario si, por ejemplo, se compara la cárcel española con la francesa. Allí pueden tener un ordenador, cocinar... Aquí tenemos el FIES.

Dice Cordal que el Estado criminaliza el independentismo y el anarquismo –o parte de ellos, podríamos decir–, sin aplicar criterios similares a las bandas de la reacción. El contexto aquí también es la Ley Mordaza, la reforma del Código Penal y, en general, la represión de los movimientos sociales. El miedo al terrorismo es útil para reforzar la represión.

La gente no sólo va olvidando lo que pasa en la cárcel. También la actuación europea con los refugiados, el paro, la emigración... La cárcel puede ser lo último de todo eso: el endurecimiento del Código Penal, el reglamento penitenciario... Convivimos con todo eso como si fuera normal. No está entre las preocupaciones políticas prioritarias, tampoco en las de los partidos de abajo y a la izquierda. No se quiere tocar este asunto, lo cual lleva a que sea aceptado en el día a día. Como si fuera una plaga de la que no podemos librarnos.

Todo forma parte de una estrategia de creación del enemigo interior, como hablábamos antes. Con la Ley Mordaza no sabes muy bien por qué pueden multarte o encerrarte. Y crear un coco es muy útil para atemorizar a la población y que acepte leyes represivas.

Para esta entrada se ha tomado prestado el título de la introducción de Novas..., escrita por el poeta Xabier Cordal.

Sobre o libro Novas do exterior. 63.000 quilómetros de viaxes á cadea:
Reseña de la editorial [Acceder].
Booktrailer [Acceder].
Fragmentos de libre acceso [Acceder].

Algunos enlaces complementarios:
Sentencia de la Audiencia Nacional [Acceder].
Entrevista de Xesús Manuel Piñeiro a Helena Domínguez: "La prensa dominante no trató a Resistencia Galega desde el periodismo sino que hizo de aparato informativo a favor del Estado" [Acceder].
Artículo de Santiago Alba Rico: "Terrorismo gallego" [Acceder].
Artículo de Santiago Alba Rico: "'Terrorismo gallego' y educación juvenil" [Acceder].
Entrevista de Xesús Manuel Piñeiro a Xosé Luís Santos Cabanas: "Intentamos mantenernos enteros y dignos en una situación muy dura" [Acceder].

Fotografía de Edgardo Civallero.

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