14.6.16

Divorciados de la naturaleza, casados con la tecnología

Divorciados de la naturaleza, casados con la tecnología

Por Sara Plaza

Hace ahora tres años tradujimos al castellano y publicamos en este espacio un artículo de uno de los fundadores del proyecto británico Dark Mountain, el escritor y activista Paul Kingsnorth, titulado "Ecología Oscura. Buscando certezas en un mundo post-verde". Un año después volvimos a compartir otro artículo suyo que llevaba por título "En el salón negro", sobre las reflexiones que le inspiró la visita a la cueva de Niaux, en los Pirineos franceses.

En esta ocasión difundimos la entrada que escribió el pasado mes de diciembre en el propio blog del Dark Mountain Project, con motivo del fallecimiento una semana antes del conservacionista y filántropo Douglas Tompkins, al final de la cual recuperaba una entrevista que les hizo a él y a su esposa Kristine en el año 2011 en Chile (publicada originalmente en el número 3 de la colección Dark Mountain). Como en el caso de los dos anteriores, los textos que siguen han sido traducidos por Sara Plaza y revisados por Edgardo Civallero con permiso expreso del autor.

Descargar la entrevista completa en formato .pdf

Divorciados de la naturaleza, casados con la tecnología
Sobre Doug Tompkins y su pensamiento

Paul Kingsnorth abre su entrada describiendo con estas palabras a su amigo Douglas Tompkins:

"El conservacionista y filántropo Douglas Tompkins, una de las personas que apoyó el proyecto Dark Mountain desde sus inicios, murió la semana pasada a los 72 años en un accidente de canoa en la Patagonia chilena, donde vivía. Hace pocos años pasé algunos días con él y su esposa, Kristine, en Chile, y después seguimos comunicándonos durante bastante tiempo. Llegué a conocerle un poco y admiraba enormemente al hombre y su trabajo. No tengo muchos héroes, pero Doug fue uno de ellos. Creo que su muerte es una tragedia, y no solo para sus más allegados.

Ellos dos, Doug y Kris Tompkins, llevaban 25 años trabajando en uno de los proyectos más ambiciosos de conservación y "retorno a la vida silvestre" del planeta: la creación de parques nacionales protegidos en áreas vulnerables de Chile y Argentina como refugio vital para especies en peligro, en un momento en el que las demandas humanas sobre el resto de la biosfera aumentan a diario. Entre los dos protegieron del "desarrollo" más tierra que cualquier otro individuo en la historia: más de 800.000 Ha en total, y pretendían aumentar esa cantidad.

Esta extraordinaria demostración de filantropía y ambición ecológica era un proyecto a largo plazo, no solo para preservar la naturaleza y darle alguna oportunidad de recuperarse, sino también para persuadir a otros de que participasen en un plan global para conectar las áreas protegidas del continente, y establecer así un corredor salvaje por el que los seres vivos no humanos pudieran moverse y sobrevivir. No existe nada parecido en ningún otro lugar de la tierra, y la viuda de Doug, Kris, que colaboró estrechamente con él y también dedicó su vida a ese trabajo, ha dejado claro en los últimos días que continuará e incluso acelerará el proyecto.

Para mí, sin embargo, tal vez lo más significativo de Doug y de su trabajo no era la fortuna que hizo con sus firmas de ropa Esprit y North Face (de las que renegaría luego por considerarlas el paradigma de la cultura empresarial que está destruyendo el planeta), ni siquiera la manera como decidió gastar esa fortuna conservando y devolviendo a la naturaleza tanta tierra. Lo que más me llamó la atención de Doug fue la visión del mundo que guió su trabajo: singular, honesta e inflexible".

En la entrevista, tanto Kingsnorth como Tompkins dejan entrever sus posiciones acerca del ecologismo, el conservacionismo, la tecnología, la crisis de extinción, los límites del crecimiento...

"Paul Kingsnorth: Así es. Yo tengo las mismas discusiones sobre esos gigantescos aerogeneradores instalados en campo abierto, que cuentan con una aceptación incondicional por parte de muchos ecologistas. Ellos piensan en el viento, que se trata de una tecnología renovable, que supone progreso, y que si no te gusta es porque estás a favor de los combustibles fósiles y la energía nuclear. Y ahí están, abogando por la destrucción masiva de paisajes abiertos con la excusa de obtener "energía limpia" para un fin que todavía no han identificado. Y esgrimen argumentos espurios, te dicen "pero si son hermosas, son elegantísimas. Tienes que aprender a quererlas. Mi corazón late con fuerza cada vez que veo una turbina de 150 m en lo alto de una montaña". Y ese es el ecologismo mayoritario hoy en día, y si estás en contra eres un reaccionario y un romántico. Resulta asombrosa la manera tan rápida e incuestionada como ha ocurrido esto; es sorprendente cómo, para apoyar este caso, se ha trasladado a la discusión el relato progresista que el ecologismo solía desafiar".

"Doug Tompkins: A todos nos lleva mucho tiempo deshacernos de los elementos culturales que hemos recibido y asimilado. Tienes que estar muy alerta y ser crítico contigo mismo, y no resulta sencillo. Yo he cometido un montón de errores, pero ahora soy muchísimo más consciente de ellos y de cómo me arrastra el sistema. Desde mi punto de vista, sin un análisis profundo y sistemático de la crisis ecosocial en su totalidad, lo más probable es darle un enfoque estratégico equivocado. Por ejemplo, tenemos que examinar nuestras asunciones tecnológicas; por un lado, la creencia, la visión de que la tecnología va a seguir desarrollándose y evolucionando siempre, y que eso será positivo, y por el otro, la facilidad con la que se obvian los fracasos tecnológicos. Yo creo –y lo repito constantemente– que la crítica tecnológica es el talón de Aquiles de nuestros movimientos sociales. Los movimientos sociales no son buenos críticos tecnológicos. Nadie está dispuesto a lanzar la primera piedra.

[...] Solía tener estas discusiones con mi viejo amigo Steve Jobs, el tipo de Apple, y se enojaba muchísimo. [...] Solía decirle, Steve, esos ordenadores que inventas están destruyendo el mundo. Son aparatos de aceleración, se mueven a la velocidad de la luz, aceleran y amplían la producción y la actividad económica, le reprendía a menudo. Unos 25 años atrás hizo aquella campaña gigantesca de "las 1001 cosas que el ordenador personal podía hacer", y por supuesto todas ellas eran estupendas, no podías impugnarlas. Pero solo suponían alrededor del 5% de lo que realmente hacía el maldito ordenador. El otro 95% lo dejó fuera, y tenía que ver con la extraordinaria aceleración de la conversión de la naturaleza a la cultura humana. Los océanos, el agua potable, el suelo, el aire limpio y los bosques: esos cinco elementos principales de la vida estaban transformándose cada vez más rápido –cinco veces más rápido, diez veces más rápido, cien veces más rápido– debido a la velocidad a la que los ordenadores estaban intensificando la actividad económica. Solía decirle: no me vengas con esa mierda sobre todas las cosas maravillosas que hacen tus máquinas, no es más que la guinda de un pastel asqueroso. Y él se mosqueaba, por supuesto, Steve estaba casado con su visión de que toda la tecnología que él había concebido era el camino al paraíso".

Las imágenes de esta entrada son trabajos de la ilustradora y diseñadora Lisen Jane Ashlock. Merece la pena visitar su página web y recorrer con la mirada el resto de sus obras.

Imagen A | Imagen B
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