21.6.16

As herbas de San Xoán

As herbas de San Xoán

Por Edgardo Civallero

Hay un puñado de tradiciones pre-cristianas que han sobrevivido en buena parte de Europa, incluso tras quince siglos de brutales presiones, de quema de "brujas", de persecuciones y de negaciones por parte de la Iglesia. Se trata de un fragmento mínimo de costumbres antiguas que ha logrado llegar hasta nuestros días, en algunos casos oculto bajo formas católicas.

Entre estas tradiciones, las asociadas a la noche de San Juan (23-24 de junio) probablemente estén entre las más extendidas, al menos en Europa occidental. Algunas de ellas cruzaron el Atlántico y fueron asumidas por los pueblos indígenas y mestizos de las Américas, probablemente porque tanto esas sociedades originarias como los campesinos europeos celebraban esa noche antes de que existiera un "San Juan" o incluso una religión llamada "cristianismo". Era una fecha conocida y festejada, de una u otra forma, por pueblos de los cinco continentes, pues corresponde al solsticio de verano (en el hemisferio norte) o de invierno (en el hemisferio sur) y tiene significados relacionados con la fertilidad, la agricultura, la duración del día o el calor del sol.

En pleno siglo XXI, y a pesar de haber perdido buena parte de sus significados originales, la noche de San Juan sigue siendo tiempo de rituales. Entre ellos, el más importante y difundido es el encendido de enormes hogueras. La función de estos fuegos –que hasta hace relativamente poco reunían a su alrededor a comunidades enteras– es purificadora: hay que saltar sobre sus rescoldos para "limpiarse" con el humo; en algunos sitios también se ahúma el ganado o algunas pertenencias. Además de estas fogatas tan características, hay muchas otras ceremonias de carácter mágico o simbólico, individuales o comunitarias, que se continúan realizando durante la fiesta sanjuanera. El festejo está asociado, asimismo, a un rico folklore musical y literario popular, cuyos orígenes se pierden en la cuenta de los siglos: narraciones, adivinanzas, leyendas, coplas, romances...

Situada en el extremo noroeste de la península Ibérica, allí donde Europa va a hundirse en el mar, Galicia es tierra de leyendas. Cada rincón parece estar poblado por memorias antiguas, misterios, ecos de viejas hazañas y de otros tantos dramas, y seres extraños que se desvanecen entre la eterna brétema. San Juan es un evento que no podía pasar desapercibido para los gallegos. En Galicia, el agua y ciertas plantas –as herbas de San Xoán– juegan un rol tan importante como el de las hogueras a la hora de purificarse y de evitar que los malos espíritus se acerquen, con sus meigallos, a casas y gentes.

El agua, que en un país anfibio como Galicia parece estar en todas partes en todo momento, adquiere, durante la noche de San Juan, unos poderes y una sacralidad que no posee en otro momento, sobre todo si está cerca de monasterios u otros sitios considerados sacros o especiales (y en este aspecto se mezclan tradiciones pre-cristianas y cristianas). En fuentes y arroyos viven mouras, xanas y otros seres míticos, y hay fuentes renombradas por curar el mal de ollo y otros feitizos. Se dice que el poder en el agua se concentra sobre todo en la flor da auga, su capa más superficial, en la que se refleja el sol del amanecer; durante la noite de San Xoán, las propiedades de la flor da auga son más potentes: transmite belleza y salud a los que se lavan con ella, y espanta a las meigas y a cualquier otro ser maléfico.

As herbas de San Xoán
Las herbas de San Xoán, por su parte, cumplen funciones medicinales todo el año, pero en esa noche particular su vigor se ve multiplicado. La relación de especies que compone la lista de herbas es larga, dado que en cada rincón de Galicia se utilizan plantas diferentes, cuyo número varía entre cinco y siete. Se dejan las hierbas en una talla (cántaro) toda la noche, remojándose en el agua de determinada fuente (o, mejor aún, de siete fuentes distintas) bajo el orballo (rocío); este proceso se denomina facer o cacho, y fue cristianizado arguyendo que es San Juan el que bendice el preparado (y no el orballo, que a fin de cuentas es otra forma de agua). Al amanecer hay que lavarse (la cara, las manos, los pies) con esa mezcla verdosa de agua y savias, que es a la vez sanadora y limpiadora.

Las plantas tienen más usos. Durante la noche de San Juan, meigas y feticeiros andan libres y muy activos (como ocurre con el resto de los seres mitológicos; se dice que si se deja un paño blanco sobre un helecho, aparecerá cubierto de trasgos). Colocando ramas y flores de herbas de San Xoán en puertas y ventanas (o bien cardos, por sus espinas, o espadañas, por su forma de espada), las casas quedan protegidas de sus actos e influencias. Luego, una vez secas, pueden colgarse en algún rincón del hogar para resguardarlos durante el año.

También se utilizan para realizar algunos de los muchos conjuros y sortilegios que se llevan a cabo en esa fecha. Por ejemplo, se deja un puñado de hierbas recién cortadas sobre la mesa, dentro de la casa. Si a la mañana siguiente aparecen frescas, será un año de abundancia; si, por el contrario, aparecen mustias, anuncian infortunios.

Entre las herbas más conocidas se cuentan el fiúncho (hinojo), que ahuyenta los malos espíritus y es efectiva contra el mal de ojo (además de servir para combatir malas digestiones y gases y para curar las inflamaciones oculares); el fento macho (helecho macho), tóxico, antaño usado como antiparasitario, y del cual se dice que "echa flor" precisamente en la noite de San Xoán; el codeso, arbusto usado para hacer escobas que barren los malos espíritus; la malva, usada contra la bronquitis, los nervios y las afecciones digestivas; el romeu (romero), que protege y purifica los hogares y sirve contra el reuma, la artritis y los dolores de garganta; la dedaleira (dedalera), una de las plantas con más nombres en gallego, que ahuyenta brujas y desgracias si se la coloca en la puerta; y, por supuesto, la abeloura (hipérico), una planta usada para luchar contra el demonio y que, al mismo tiempo, es cicatrizante, astringente y antiséptica.

Otras plantas, consideradas sagradas desde antiguo en buena parte de Europa occidental, también pueden emplearse como herbas de San Xoán. Algunos ejemplos son el sabugueiro (saúco), el trobisco (torvisco), la hedra (hiedra), el carballo (roble) y el visgo (muérdago).

Martín de Dumio, obispo de Braga en el siglo VI, realizó una fuerte campaña de cristianización en Galicia, combatiendo todo aquello que sonara a "pagano" y destruyendo, en el proceso, desde árboles y piedras a fuentes sacras, pasando por incontables costumbres (ligaduras de almas, comida de difuntos, adivinaciones, calendarios lunares, adoración de mariposas, y un largo etcétera). Desde entonces, el proceso de eliminación de este tipo de tradiciones no hizo más que avanzar, en ocasiones con una virulencia inusitada.

Afortunadamente, no pudieron eliminarlas todas: en Galicia todavía sobreviven las de la noite de San Xoán. Y muchas otras.