10.5.16

Memoriosa cantante y hábil narradora

Memoriosa cantante y hábil narradora

Por Sara Plaza

Para la elaboración de la siguiente entrada he tomado pie en la nota biográfica que acompaña el disco "Sara Cleveland. Ballads and Songs of the Upper Hudson Valley" (Folk-Legacy Records, Inc 1968), y en el libro "American Folktales: From the Collections of the Library of Congress" (2004), recopilado por el profesor de la Universidad de Huston, Carl Lindahl.

Un poco de historia familiar... Tanto el padre y el abuelo paterno, ambos llamados Jerrimiah Creedom, como la abuela paterna de Sara Cleveland, Honnor Lihehan, habían nacido en Irlanda y vivieron en Cork antes de emigrar a Estados Unidos en 1873. Sus abuelos maternos, Robert Wiggins y Mary Ellen Hery, llegaron a Estados Unidos procedentes del norte de Irlanda en 1840 y la madre de Sara, Sarah Wiggins, nació en Estados Unidos en 1866.

Sarah Wiggins y Jerrimiah Creedom se casaron en 1903. Este enlace fue el segundo para el padre de Sara, y aunque ella fue la única hija del matrimonio contaba con una extensa familia que incluía ocho medio hermanos y hermanas. Nació el día de año nuevo de 1905, en Hartford, Nueva York, y recibió el nombre de Sara Jane Creedom. En 1922 se casó con Everett Cleveland y un año después tuvo al primero de sus dos hijos, Jim (Robert James), que se llevaría dos con su hermano Billy (Everett William). Los dos heredarían el gusto por cantar de su madre, pues, tal y como ella contó: "El hombre con el que me casé era incapaz de llevar la melodía".

Primeras enseñanzas musicales... Al ser la más joven de la familia recibió mucha atención, no solo de sus padres y hermanos, sino también de parientes, amigos y vecinos. Parte de esa cariñosa atención consistía en cantarle las canciones y baladas que conocían, tanto del viejo mundo como de Estados Unidos. De vez en cuando, ese acto adoptaba un carácter más o menos formal, en el que sus maestros repetían determinadas canciones una y otra vez hasta que la pequeña Sara se aprendía de memoria la letra y la melodía.

Pero una cosa era memorizar las letras y las melodías y otra muy distinta interiorizar el estilo tradicional de cantar, y ahí jugo un papel determinante su madre: "Yo tenía alrededor de 10 años, y estaba lavando los platos y cantando su canción To Wear a Green Willow. El día anterior había estado con mi prima y la escuché cantar. Ella añadía muchas notas extra y muchas cosas en sus canciones. Pensé que aquello era hermoso y me puse a cantar the green willow con todos los adornos. Mi madre entró en la cocina y me preguntó a quién había oído cantar así. Cuando le respondí que a Raquel, me dijo, 'bien, a lo mejor sus canciones suenan bien así, pero si tú vas a cantar mis canciones, o las cantas como deben ser cantadas o te estás callada'. Nunca se me olvidó, y cuando escucho a alguien asesinar una vieja canción, entiendo lo que quería decirme".

Las fuentes ... De las más de 400 canciones que conformaron el repertorio que Sara fue anotando en su "cuaderno de baladas", aproximadamente la mitad son lo que ella llamaba "viejas canciones tradicionales", y la mitad restantes lo que denominaba "nuevas canciones folk". Entre las primeras incluyó aquellas canciones y baladas que le transmitieron familiares y vecinos, sobre todo antes 1950; en el otro grupo estarían las selecciones aprendidas de sus amigos en el mundo de la música folk, de grabaciones y de libros.

Teniendo en cuenta que su red de parientes, amigos y conocidos era mucho más amplia que la de la mayoría de las personas, y que además de formar parte de una familia numerosa, Sara era hija de un ingeniero civil y esposa de un constructor de puentes (una parte importante de su vida hasta el fallecimiento de su marido en 1953 la pasó moviéndose de un lugar a otro de Nueva Inglaterra, varias veces al año), cabría esperar que su lista de fuentes hubiera sido bastante larga. Sin embargo, el repertorio que ella clasificó como "viejas canciones tradicionales" lo aprendió de un pequeño grupo de 10 personas, todo ellos familiares y amigos muy queridos y cercanos, con los que mantuvo una relación más estable y duradera.

La inmensa mayoría de las canciones y baladas irlandesas se las escuchó a su madre, pero también de su padre aprendió algunas. De él recordaba Sara: "tenía una estupenda voz tenor, pero cantaba un poco demasiado alto, y mi madre decía, 'ya está exagerando'". Otra fuente importante fue su tío Bobby (el hermano de su madre, Robert Wiggins) que murió en 1913, cuando Sara tenía solo 8 años. En esos pocos años su tío, que durante el verano trabajaba en un aserradero y en invierno cortaba leña, además del abecedario (entonando The Woodsman's Alphabet) le enseñó su propio repertorio de canciones de leñador. De su medio hermano Raymond Bain aprendió algunas baladas tradicionales que él recogió mientras trabajaba en el Servicio de Inmigración en Isla Ellis, y de su medio hermana, Mayme Bain Paul, baladas sentimentales y de homilía de finales del siglo XIX. A la colección de piezas sentimentales también contribuyó Sam Wiggins, un tío, y la Sra. Endie, una conocida de Tonawanda, Nueva York, mientras que la abuela Brown y su hija Louella, vecinas y amigas cercanas, inauguraron la de canciones religiosas.

Parece ser que era un hábito bastante común en muchas familias el ir anotando en un cuaderno las canciones que más les gustaban. En el caso de la familia de Sara, las primeras trascripciones las hizo su amiga, Grace Whitting, poco después de la Primera Guerra Mundial. Años más tarde, algunos cuadernos originales se extraviaron y en 1942 Sara recuperó la tarea de poner por escrito las canciones que su madre volvió a repetirle.

Los relatos... Sara Cleveland es conocida como una de las cantantes tradicionales del país con mayor repertorio musical; sin embargo, su destreza como contadora de historias permanece en buena parte inédita. Al igual que ocurre con sus canciones, las narraciones de Sara reflejan el hecho de que el terruño nunca estuvo lejos del pensamiento de la familia. De ahí que en sus cuentos habiten hadas que anuncian la muerte, brujas y héroes legendarios irlandeses.

Kenneth S. Goldstein, uno de los máximos recolectores de canciones tradicionales del siglo pasado, conoció a Sara en la década de los 60 (cuando se la presentaron Sandy y Caroline Paton, ellos mismos recolectores y folcloristas, que "descubrieron" a Sara gracias a su hijo Jim), y además de grabar todas sus "viejas canciones tradicionales", hizo otro tanto con sus relatos.

Entre los 14 que compartió con Goldstein en la cinta que éste depositó en el American Folklife Center en 1970, hay historias personales incrustadas en recuerdos infantiles, leyendas familiares (unas basadas en su experiencia americana, y otras que acontecen en Irlanda), cuentos irlandeses de brujas y hadas en los que no aparece ningún miembro de la familia, cuentos de magia y dos chistes (uno de los cuales cierra esta entrada).

Todos ellos están recogidos y analizados por el profesor Carl Lindahl en su recopilación de cuentos tradicionales americanos, quien explica que la temática constante que atraviesa los diversos géneros es lo sobrenatural. Según este autor, muchas de las historias están marcadas por la tensión entre la creencia y el escepticismo, y si bien hay escepticismo en la familia de Sara y ella misma dudaba que Finn mac Cunhaill lanzara piedras al océano, y se reía al revelar que carecía de los poderes de su abuela para predecir la muerte a través de los sueños, no es menos cierto que, en uno u otro momento, tanto la madre, como el padre, el tío y la abuela, sí creyeron en los sucesos sobrenaturales que se contaban en la familia. A la hora de narrar, continua Lindahl, Sara da pocos indicios de lo que ella cree. Cuenta todas las historias con la misma voz calmada y reposada y rara vez enfatiza sus palabras o añade alguna señal vocal que señale que los hechos descritos son sorprendentes en alguna medida. El suyo resulta ser un estilo de contar historias muy efectivo. Al dejar que el argumento hable por sí mismo, Sara permite al oyente decidir lo que quiere y no quiere creer, y cómo sentirse ante la historia.

Una cosa que el diablo no puede hacer
Sara Cleveland, Brant Lake, NY. Grabado por Kenneth S. Goldstein, 1968.

Tres hombres bajaban andando por un camino en Irlanda. Uno era inglés, otro escocés y el otro irlandés. De repente, por detrás de unos matorrales se les aparece el diablo y les dice: ¡Ya sois míos! Voy a llevaros ahora mismo al infierno.
Como ninguno de los tres quería ir al infierno, intentaron convencer al diablo para que desistiese de su empeño, y este les propuso que si eran capaces de pedirle algo que no pudiera realizar en un minuto les dejaría quedarse en la tierra.
El primer turno fue para el inglés. Miró a su alrededor y vio una enorme montaña, así que le dijo al diablo: Haz que la montaña desaparezca en un minuto.
Entonces el diablo silbó y la montaña desapareció. Y el diablo volvió a silbar y el inglés desapareció.
A continuación fue el turno del escocés. Miró a su alrededor y vio un gran lago, así que le dijo al diablo: Haz que desaparezca ese lago en un minuto.
Entonces el diablo silbó y el lago desapareció. Y el diablo volvió a silbar y el escocés desapareció.
En ese momento llegó el turno de Pat. Miró a su alrededor y, de repente, volviéndose hacia el diablo, se tiró un pedo y le dijo: Agárralo, píntalo de verde y mételo en un frasco.
El diablo no pudo hacerlo y, claro, tuvo que dejar marchar a Pat. Y yo estoy muy contenta de que haya algo que el diablo no puede hacer.