5.4.16

"Hacer posible lo improbable"

Hacer posible lo improbable

Por Sara Plaza

Tomo pie en la reseña de "Freedom Is a Constant Struggle: Ferguson, Palestine, and the Foundations of a Movement" (Haymarket Books, 2015), que la escritora Jasmine Syedullah publicaba hace unos días en truthout.org. Se trata del último libro de Angela Y. Davis, tres veces rebelde: mujer, negra y comunista ... un icono mundial en la lucha por los derechos civiles y políticos.

Supongo que tiene razón Syedullah cuando afirma que las asociaciones que establecemos habitualmente con el término "lucha" no son demasiado alegres, dado que la mayoría de nosotros la vemos como un acto sombrío, inconveniente, indeseable en última instancia y, sin embargo, absolutamente necesario. De ahí que llame la atención sobre cómo en esta última colección de ensayos, conferencias y entrevistas, Angela Davis "reorienta" nuestra relación con dicha lucha: alejándola del impasse y la contienda, y dirigiéndola hacia sus posibilidades más radicales. Las páginas de "Freedom Is a Constant Struggle...", además de una travesía temporal y espacial en la que se recuerdan y conmemoran las luchas del pasado, brindan las palabras necesarias para discutir sobre sus posibilidades acumulativas a medida que aquellas van desplegándose. Palabras firmes con las que Davis echa por tierra algunas ideas populares de lucha y repasa el concepto de seguridad nacional y la apuesta de Estados Unidos por globalizarla.

En relación con lo anterior, comenta Syedullah que Davis lleva toda la vida trabajando para ofrecernos las palabras con las que poder hablar de las distintas realidades de la lucha, con las que resistir lo insoportable, con las que enunciar y denunciar los obstáculos que nos impiden ser libres. Tarea que continúa en su nuevo libro planteando, entre otras, las siguientes preguntas: ¿Cómo hablar de raza en Estados Unidos después de Obama? ¿Cómo distinguir los actos terroristas de las luchas por las libertades después del 11-S? ¿Cómo tratar la violencia a raíz de la masacre de Charleston y los homicidios, cometidos por el Estado, de Troy Davis, Oscar Grant, Trayvon Martin, Michael Brown, Eric Garner y Sandra Bland? Tras el desproporcionado, implacable y en gran medida no reconocido sacrificio de tantas personas negras y morenas en el altar de la seguridad y el orden público, ¿cómo dar con las palabras para denominar al racismo que sigue vivo en la idea generalizada del bien común, en el lenguaje universal de los derechos humanos o en los procedimientos reglamentarios? ¿Podemos imaginar siquiera el tipo de inseguridad que está generando nuestra dependencia colectiva del trabajo esclavo, la tortura, las cárceles, los muros y las fronteras militarizadas que nos mantienen a salvo?

"Nuestras historias nunca se despliegan aisladas" escribe Davis, "tenemos que hablar de cambio sistémico. No podemos contentarnos con acciones individuales".

A propósito de la entrevista a Frank Barat, activista de derechos humanos y coordinador del Tribunal Russell para Palestina, que abre el libro, Syedullah explica que en ella Davis nos invita a contextualizar las luchas y a establecer un diálogo entre aquellas que están vinculadas. Esas conexiones "tienen que llevarse a cabo en el marco de las propias luchas". Lo que Davis propone no es atenuar las diferencias entre varios lugares de resistencia, sino situar todas esas luchas en el mismo plano, "trazar paralelismos y semejanzas con otras partes del mundo" y "hablar de vínculos estructurales".

Para Syedullah la voz de Davis está en cada una de las palabras impresas de su libro, arrastrando las vibrantes inflexiones del Sur del Jim Crow, y el tono inquisitivo de una especialista en el método socrático. Una voz con aire académico pero coloquial, una voz realista con ecos poéticos, casi místicos. Y unas palabras que siguen desafiando los protocolos disciplinarios que a menudo consiguen que los estudiantes se sientan vencidos y demasiado desmoralizados como para hablar en clase de su vida fuera del campus y desatar discusiones académicas. Pues, a decir Syedullah, como la primera generación de estudiantes universitarios, como hijos e hijas de empleadas domésticas, como descendientes de esclavos, indocumentados y desposeídos, continuamente se nos dice que tenemos que dejar a un lado nuestras luchas al debatir sobre The Republic, Adam Smith o la Revolución Francesa. Sin embargo, Davis predica con el ejemplo y nos da permiso para poner sobre la mesa todo lo que somos.

Un poco más adelante, Syedullah explica que cada capítulo de "Freedom Is a Constant Struggle..." cartografía un método de pensamiento, mostrando la habilidad de la autora para analizar la resistencia desde el punto de vista feminista, para entender la libertad partiendo de los límites de su aplicación práctica. Es así como Davis aplica las lecciones aprendidas en los márgenes de los movimientos de liberación a las prácticas políticas oficiales, como va desgranando la realidad de su lucha como presa política a principios de los 70, y como vuelve sobre el movimiento internacional –cuyo compromiso con su liberación le salvó la vida–, para ilustrar el poder de transformación de la imaginación abolicionista: una práctica de liberación colectiva que ha hecho posible lo improbable una y otra vez. Davis nos enseña a imaginar un tipo de liberación que todavía no conocemos ni podemos aún nombrar.

Echando un poco la vista atrás, Syedullah hace referencia a un trabajo anterior de Davis, "Feminism and Abolition: Theories and Practices for the Twenty-First Century", en el que su autora establece relaciones entre modos de opresión y luchas por las libertades que, aparentemente, no tendrían vínculo ninguno. De esa obra cita las siguientes palabras de Davis: "No podemos plantear la abolición de las prisiones fuera de un contexto antirracista. La abolición de éstas tiene que contemplar también la abolición del control de género ... la violencia inherente al binario de género en el conjunto de la sociedad". Y apoyándose en ellas llama la atención sobre el lugar en el que Davis se sitúa, en medio del tejido de luchas interconectadas, y desde el que nos permite atisbar las intrincadas relaciones que existen entre raza, clase, género, sexualidad, nación... Pero, advierte Syedullah, lo que Davis nos dice es que no podemos quedarnos ahí, y por eso propone: "ir más allá de esas categorías para entender la correspondencia entre ideas y procesos que nos parecen independientes e inconexos".

En la parte final de su reseña, Syedullah alaba la elegancia con la que Davis dialoga con las diferentes hebras genealógicas de la disidencia y descubre las formas de pensamiento que, a lo largo de la historia, han caracterizado y obstaculizado los movimientos de liberación y en favor de la justicia. Y concluye: "Freedom Is a Constant Struggle..." nos recuerda que la libertad no es una insignia, y tampoco es patrimonio ni de la víctimas ni de los vencedores ... es una herramienta radical de transformación colectiva. No es necesario dejar atrás la alegría.

Fuente original, en inglés: Making the Improbable Possible in the Struggle for Freedom: Angela Davis' New Book, por Jasmine Syedullah [Reseña]

Extracto del anterior libro de Angela Davis, "The Meaning of Freedom and Other Difficult Dialogues", (City Lights, 2012), en inglés: Recognizing Racism in the Era of Neoliberalism [Capítulo 10]

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