9.2.16

In-cóg-ni-to ri-gu-ro-so

In-cóg-ni-to ri-gu-ro-so

Por Sara Plaza

El 30 de enero de 1886 nacía en Rianxo Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao. La TVG conmemoró el centenario de su nacimiento con un breve documental en el que personalidades de la vida política y cultural de su época comentaban aspectos de la obra y el carácter de quien es considerado por muchos el padre del nacionalismo gallego.

El primero que habla en ese documental fue el profesor Ramón Martínez López, que lo recordaba así:

«Era un tipo simpatiquísimo, un poco desgarbado, tal y como yo lo recuerdo... con un guiño especial en sus ojos cuando quería decir o hacer algo que era ciertamente hermético. Le gustaba producir ciertos efectos, pero no eran nada teatrales, eran efectos que yo ahora recuerdo más que nada como una cosa perfectamente intelectual. Todos los defectos de nuestro momento, de la Galicia actual estarían vistos con gran inquietud por parte de Castelao.»

Imagino que no por casualidad, el pasado 28 de enero, en la sección "novas" de la página web de la Real Academia Galega, se publicó un artículo titulado Ramón Martínez López, cronista da literatura do exilio, en cuya introducción se explica que:

A finales de enero de 1976, la Real Academia Galega celebraba el ingreso como académico de número de Ramón Martínez López. Cinco años antes, el nuevo miembro de la institución había regresado a Galicia desde América, donde fue profesor de la Universidad de Austin. Texas había sido su destino definitivo como exiliado, en un periplo que había iniciado huyendo primero de la Guerra Civil a Portugal y después, desde Francia, escapando de la II Guerra Mundial. Miembro activo del Seminario de Estudos Galegos en su juventud, promovió la creación de la sección gallego de la Modern Language Association of America y fue autor de uno de los primeros tratados sobre literatura gallega en el exilio americano.

Unos párrafos más adelante, bajo el subtítulo Encontros e correspondencia con Castelao, se da cuenta de tres misivas de Castelao a Martínez López (que por entonces residía en Lisboa), las dos primeras escritas desde su destierro en Extremadura. Esas cartas, comentadas por el propio Martínez López, fueron recogidas en el número 357 del Boletín da Real Academia Galega, aparecido en 1975.

Traducimos a continuación esas dos enviadas desde Badajoz entre enero y febrero de 1935 (cuyos originales en gallego pueden, y merece la pena, leer en el enlace anterior), e invitamos a los lectores a seguir descubriendo la apasionante figura de Castelao a través de sus escritos, desde luego, pero también de sus dibujos, de sus pinturas...

"Café Mundial". Plaza de la Constitución
Badajoz, 30 de enero de 1935
Sr. don Ramón Martínez-López
Mi querido amigo y hermano: Ya sé que Pascoaes llegó a Lisboa huido del frío de Marão. Iré, pues, a Lisboa.
Ahora bien; tengo que hacer el viaje de incógnito, pues no llevaré permiso oficial y es necesario que ande con mucho tiento. Saldré de aquí un sábado y saldré de Lisboa un lunes por la noche para llegar a Badajoz el martes por la mañana. De esta manera no falto a la oficina más que el lunes y diré que agarré un constipado y que no salí del hotel... ¿Qué te parece? Supongo que por esta mentira no estaré en el Purgatorio ni un solo día.
No me conviene pedir permiso, pues tengo que gastar los días que correspondan para ir a Galicia. Ya te darás cuenta de los motivos.
Ofrezco, eso sí, ir a Lisboa con mi mujer tan pronto como pueda. En el caso de que vuelva a Pontevedra o en el caso de que tenga que traerla a Badajoz.
Voy a Lisboa nada más que para estas dos cosas: darle un abrazo a Teixeira y ver a Nuno Gonçalvez. Y nada más.
Ahora un encargo, porque supongo que las librerías no estarán abiertas en domingo. Necesito que compres un ejemplar de O pobre tolo de Teixeira y que lo tengas guardado. Leí ese libro, que me volvió loco, en el tren, entre Elvas y Valença y entre Valença y Elvas; pero me ocurrió una desgracia espantosa... Me quedé dormido en el tren y al llegar a Elvas me despertó un policía y dos aduaneros... Con el susto y los apuros se me olvidó meter el libro en la maleta y se me quedó en la rejilla. Por más que hablé con la gente del tren el libro desapareció y me quedé sin él. ¡Le tenía ya tanto cariño! Y no volveré a tenerlo en las manos. Piensa en la alegría de un niño que logra cazar un pájaro bonito; y la tristeza que le queda cuando se le escapa, volando. ¡Nunca más volverá a tenerlo en sus manos! Así es como estoy yo sin el libro.
Mis saludos a tu mujer,
Y para ti muchos abrazos de tu hermano Castelao.
(P. D.)—Si puedes contéstame. A ver si pudieras mandarme la dirección de un hotel baratito (ando mal de dinero) para dirigirme a él cuando llegue, que será muy de noche. No te olvides: in-cóg-ni-to ri-gu-ro-so. Después de todo, esto no cae mal.

Infierno de Badajoz, 13-II-1935
Sr. don Ramón Martínez-López
Mi querido hermano: Estaba de Dios que no llegaría el lunes a Badajoz. Por fiarme de un pescador de caña (digo que era tal porque llevaba una caña de pescar y fumaba con una boquilla de pata de pollo ya quemada de tanto uso) me bajé en una estación y perdí el tren. Yo tenía que cambiar de tren en Torre y le pedí al pescador de caña que me avisase. El pescador (mal rayo lo parta) me avisó, y por dejar salir a unas señoras primero, cuando estaba en el andén arrancó el tren... Aquella estación no era Torre sino Ponte do Sur y tuve que quedarme allí hasta las tres y media de la mañana. Me metí en una fonducha, cené bien y me acosté con una maldición en los labios. Estoy seguro de que aquel pescador de caña no pescará una trucha en toda su vida.
¿Sabes una cosa? Se me curaron los sabañones de las manos con la medicina que me dio la madre de Teixeira.
A mi llegada encontré muchas cartas y tres telegramas. Los republicanos gallegos se juntaron a cenar con motivo del aniversario de la Primera República en varias ciudades gallegas y se acordaron de mí y me pusieron telegramas muy cariñosos.
Casares estuvo en Pontevedra; pero según me cuentan no dejó contentos a los amigos. ¿A qué iría? Desconfío.
No es necesario que te diga que después de volver de Lisboa esto me parece más establo que antes.
Ando preocupado porque uno de los muchos perros que vagabundean por esta ciudad me cogió tal cariño que anda siempre detrás de mí. Cuando salgo para la oficina ya me está esperando a la puerta y me acompaña... Lo que pasó es que un día le di un terrón de azúcar y ya no podré desprenderme de él hasta que un día huya de Badajoz. A mí me da vergüenza, porque el perro es una calamidad. Tiene el color de un oso húngaro y se le ponen los ojos tristes para enamorarme. Estoy preocupado por este animalito.

Dale a Isabel mis más cariñosos recuerdos y para ti aquí van los brazos de tu buen y viejo amigo y hermano. Castelao.
(P. D.)—Recuerdos a todos los amigos.