12.1.16

Estoy llorando. Y eso, ¿cómo se escribe?

Estoy llorando. Y eso, ¿cómo se escribe?

Por Sara Plaza

Le preguntaba Beatriz Vallejos (1922, Santa Fe de la Vera Cruz-2007, Rosario) al también escritor Enrique Butti en el transcurso de un reportaje que éste le estaba haciendo a la poeta y laquista argentina, antes de que ella le respondiera: «Hay que extraer la palabra del silencio con cuidado. Sólo tomo del silencio las palabras necesarias. El silencio es el padre de la música. El misterio es el hijo de la transparencia.»

En otra entrevista que le hizo Irina Garabanzy, al ser preguntada si se "empieza" a escribir o si la poesía es un modo de percepción diferente, explicaba Vallejos: «¿Empezar? Siempre fue así. Desde la escuela, desde pequeña escribía. Yo me cohibía, escribía, por divertirme, sonetos con todos los chirimbolos. Pero cuando yo tenía que expresarme, la escritura ya adquirió su perfil indiscutible. Mirá, había un profesor de la Universidad, amigo de mi hermano, yo era chiquilina y un día me dice: "Beatriz, se pueden identificar sus poemas, aunque usted no los firme". Y es cierto. Me puse a pensar, porque para mí todo es valioso, no me siento por encima de nadie, me siento con el derecho de expresarme como quiero porque lo hago desde el vamos con todo el respeto. No me voy a poner a hacer payasadas.»

Un poco más adelante en esa misma entrevista, cuando Garabanzy cita su poema "Recuerdo de mi antepasado siux...", una sonriente Vallejos respondía: «"sentado en su verde pradera/ Del lago de sus ojos/ brota la dirección del viento/antes de que el viento pase". Es algo vívido, está incorporado a mi realidad. No somos seres extraordinarios porque nos decimos poetas, somos extraordinarios porque hemos tenido la suerte de nacer en este planeta, así como está, todo estropeado, pero con una historia de siglos y eso no se puede olvidar. Sucede como quien junta piedritas en la playa, "a ver", dice, y junta las más simpáticas y las pone en una bolsita. Pero si uno se pone a ver y a dialogar con esa piedrita, esa piedrita tiene mucho que contar. Todo tiene mucho que contar.»

Y al final de dicha entrevista, al ser preguntada qué les diría a los que comienzan a escribir poesía, la poeta santafesina recomendaba: «Que sean humildes, como siempre. Lo más humilde es seguir. No la moda, la estridencia, sino una decantación, como la gotita de agua, ahí viene lo cristalino... Y lo otro, lo otro no vale la pena recogerlo.»

En un artículo titulado "Escrito con letra de hormiga" –a raíz de la compilación de buena parte de la obra de Beatriz Vallejos en el libro El collar de arena, que publicaron conjuntamente la Editorial Municipal de Rosario y Ediciones UNL en el año 2012–, recordaba el también poeta Osvaldo Aguirre: «Escribir, dice en varios de sus textos en prosa, supone extremar el cuidado de las palabras, para que no se desvanezcan en frases retóricas y produzcan el hecho poético, es decir, un objeto construido con palabras que se sustrae al paso del tiempo. [...] Beatriz Vallejos hizo de su obra y de su vida un poderoso centro de relaciones. Descubrió lo universal sin alejarse de su casa. "Y quiero para mí esta conclusión —dijo—: era tan de aquí que parecía de otra parte".»

LOS RÍOS

La humanísima vez
que cae una lágrima.

LA IMAGEN

Se despereza la luz
y funda la memoria.

BREVE BRISA

Si se mueve la hoja
el jardín aquieta.

EL GRITO

De orilla a orilla
como si no hubiese nadie.

RELATIVIDAD

De la distancia
entre la semilla
y el sol
comprendo
que todo es posible.

* * *

La obra y la figura de Beatriz Vallejos me eran totalmente desconocidas hasta hace un puñado de meses. Las descubrí gracias al último poemario de Ana María Otto, Contar los días (Buenos Aires, 2015). Bajo el epígrafe "Límpida Luz" que da título a la tercera parte de su más reciente publicación, esta docente, poeta, escritora y narradora oral argentina cita el segundo de los poemas seleccionados más arriba. En esa sección de su precioso libro, Ana María Otto incluye unos versos (Mención de Honor en el XLV concurso de poesía y narrativa del Instituto Cultural Latinoamericano de Junín) que prolongan la mirada de la poeta santafesina.

TRABAJOS DE ESCRITURA

Lugares mínimos
hendiduras
espacios fuera de foco
el ojo que intenta tocar
bordes difusos
agua que se derrama
más allá de nosotros
luz implacable que deslumbra
apenas la punta de un dedo
el brillo de un grano de arena.

Lo demás, desierto.

Imagen: Desert rain, del artista Michale Molick.