1.12.15

La curiosidad, pero no solo, nos trajo hasta aquí

La curiosidad, pero no solo, nos trajo hasta aquí

Por Sara Plaza

Para Xosé Luís e mais Vitoria.

No hace ni dos años que empezamos a leer artículos breves en gallego, siempre con la traducción al castellano más abajo. Con el tiempo los artículos se fueron alargando, las traducciones desaparecieron y el diccionario en línea de la Real Academia Galega y el "de peto" bilingüe de Cumio se volvieron y siguen siendo de consulta obligatoria. Por la parte escrita, a los artículos se sumaron cartas, a las cartas ensayos, a los ensayos novelas, a las novelas poesía, a la poesía historia... Y por la parte oral a los programas de "Alalá" les siguieron los capítulos de "Historias de Galicia", entre unos y otros se colaron los microespacios de "Ben falado!", las búsquedas en Internet nos permitieron escuchar varias entrevistas en la radio y la televisión gallegas y alguna que otra conferencia en la Universidad de Santiago.

Ha sido un caminar despacioso que continúa y que, casi sin darnos cuenta, nos ha permitido pisar o bien empezar a vislumbrar rincones apenas imaginados antes de echar a andar. Rincones del paisaje natural, humano y cultural de Galicia, desconocidos hasta entonces la mayoría, malaprendidos los poquitos que creíamos conocer. ¿Y cuál está siendo la mejor guía y compañera de esta pequeña odisea? Sin duda la lengua propia de ese pueblo. Sin el gallego, sin los amigos que nos lo enseñan a diario, que nos abren los ojos y nos dejan entrar hasta la cocina para ver cómo se cuecen en ella luchas y resistencias cotidianas, que nos ayudan a interpretar los microclimas que coexisten en su tierra y, me atrevería a decir, en cada uno de sus pobladores, sin la lengua, decía, sin nuestros amigos y sin las conversaciones que, atravesando una añosa carballeira, frente a ese mar más alto que el cielo, bajo los racimos de uvas que cuelgan de los emparrados de la aldea, o empapados de pies a cabeza por las calles de Santiago, jamás hubiéramos logrado desgranar decires y sentires, hechos y desfeitos, brincadeiras y reviravoltas.

Y ahí está también esa conversación inacabada a golpe de correo electrónico, salpicada de enlaces a nuevas lecturas, que estos días nos ha hecho cruzar el Atlántico de nuevo, aunque fue hace unos meses, viendo el capítulo 9 de "Historias de Galicia", titulado Sempre en Galiza, cuando nos sentamos de vuelta en Plaza de Mayo para "leer" por primera vez el siguiente párrafo del libro homónimo de Alfonso Castelao:

Ainda que os factores económicos fosen d-abondo para esplicar o fenómeno migratorio de Galiza é o certo que nós sabemos andar pol-o mundo a cata de benestar, e que os demáis hespañoes morren de fame con tal de non enfiaren camiños descoñecidos. Os galegos sabemos arranxar os papeis e pedir un pasaxe de terceira; sabemos agacharnos nas bodegas d-un trasatlántico cando non temos diñeiro; sabemos pillar estradas c-un fatelo ao lombo ou empurrando a roda de amolar; sabemos abrir fronteiras pechadas e pedir traballo en todal-as língoas; sabemos, en fin, canto debe saber un bó camiñante, ainda que o viaxe sexa o primeiro da nosa vida.

Manuel Rivas en esa "historia familiar, individual y colectiva situada en un tiempo que no es presente ni pasado sino presente recordado", que es Las voces bajas, cuenta:

Me comentó un día que tenía algo para mí. Fui a la pensión en la que vivía, un cuarto muy modesto. Me dio un libro con mucho sigilo y me dijo: "¡Llévalo escondido debajo de la ropa y no lo saques hasta llegar a casa!". Era el Sempre en Galiza de Castelao, escrito en el exilio y editado en América, y conocido como la Biblia gallega. En casa anduvo por todas las manos. Nadie apagaba la luz. Un libro acostumbrado a vivir escondido, de la estirpe de decir lo que no se podía decir. Con humorismo y dolor. Escrito por un hombre que estaba perdiendo la visión. Envejecido, derrotado, abrumado por el avance del nazismo, con el sentimiento de culpa del superviviente, Castelao ve desde su habitación cómo se van iluminando las ventanas de otras habitaciones de Manhattan. Está hundido. Solo. Escribe: "Soy hijo de una patria desconocida". Pero ocurre algo extraordinario. El golpe de mar. El andar de Charlot. Se va a Harlem. Es un día de invierno. Dibuja a un joven vagabundo negro. Tal vez el mejor retrato de su vida. Escucha, dice mi madre con la biblia laica en la mano, ¿cuál es la Santísima Trinidad de Galicia? La vaca, el pez y el árbol.

Sempre en Galiza fue publicado por primera vez en Buenos Aires en el año 1944. El escritor y periodista Xosé Neira Vilas, fallecido el pasado 27 de noviembre a los 87 años, desembarcó en aquella ciudad con apenas 20 años, y no llegó a conocer a Castelao. En una entrevista concedida al diario Sermos Galiza el pasado mes de octubre recordaba: "[...] cuando yo llegué el vivía todavía pero estaba ya muy enfermo, murió meses después. Vi su entierro, las carrozas, hubo mucho movimiento en la ciudad." Al ser preguntado cuál era el ambiente galleguista allí, respondía Neira Vilas: "Nosotros éramos muy radicales, veníamos siendo las juventudes de la Irmandade Galega, que a su vez era el Partido Galeguista, que no podía existir como partido en otro país. Hacíamos muchas cosas: actos culturales, protestas y teníamos un periódico, Adiante, en gallego". Y sobre la editorial Follas Novas que fundó junto con su compañera Anisia Miranda, explicaba el autor de Memorias dun neno labrego: "La conocí en un acto de una conferencia de Suárez Picallo sobre Rosalía, así que ella empezó a acercarse a las Mocedades y luego fuimos amigos, hicimos juntos la carrera de periodismo y nos casamos en el 57. Ese mismo año fundamos Follas Novas en nuestra propia casa. Fue una pequeña editorial, publicamos 7 u 8 libros nada más, pero nuestro trabajo principal era concentrar todo libro gallego que se publicara en cualquier parte del mundo y lo enviábamos a toda América, a los exiliados, a las universidades, a las sociedades gallegas."

El primer artículo póstumo de Xosé Neira Vilas que acaba de aparecer, es uno que envió a la Real Academia Galega sobre Sempre en Galiza, y lleva por título "O libro definidor". Neira Vilas recuerda que conoció la obra cumbre de Castelao en el año 1950, cuando llevaba un año en Buenos Aires: "Comencé a desgranarlo en la biblioteca del Centro Galego. En 1953 fundamos las Mocedades Galeguistas y para autoformarnos lo estudiábamos en sesiones sabatinas abiertas". Con Anisia Miranda lo incluyeron en el catálogo de Follas Novas, y así narraba el periplo de la biblia laica gallega que aparece en la novela de Manuel Rivas:

Cada viaxeiro amigo traía un exemplar, que lían decenas de mozos, segundo fun sabendo, e servía para a súa formación galega. Isto beneficiou a centos de mozos. Tamén inventamos un membrete (coido que co nome dunha perfumería) e fixemos chegar exemplares por correo postal. Talvez fosen requisados algúns, pero os máis deles soubemos que chegaran e que foran igualmente útiles a múltiples lectores. A existencia deste libro foise coñecendo en Galicia e de aí que lle serviramos a unha distribuidora mexicana (Atrante S. A.), a través dun tal Alvarado que a representaba na Arxentina, todos os exemplares que quedaban para distribuílos clandestinamente en Galiza.

Un día después de fallecer Xosé Neira Vilas, moría Xosé Chao Rego, a quien el propio Rivas se refirió alguna vez como el "escritor relixioso ó que len tódolos ateos". A ambos dedicaba el autor de O último día de Terranova (Xerais, 2015) un precioso artículo en La Voz de Galicia titulado "Dous nenos na Liña do Horizonte", que arranca así: "Agora estou a velos, aos dous, na Liña do Horizonte. É curioso. Non os vexo como vellos. Teñen a presenza, o xeito e a fala de dous nenos das viñetas de Castelao." Y un poco más adelante continúa diciendo: "Os dous foron activistas. É unha palabra que molesta aos que vén a cultura como unha variedade estupefaciente. Mais ser activista significa non ser conformista. Ter por musa a conciencia. E mesmo apostar a cabeza en tempos de silencio. Ambos os dous se foron sen apagar a luz. Deixan acesas lámpadas de esperanza. E unha marabillosa herdanza que non pediu nada a cambio, nin poder nin vangloria. Só a nosa curiosidade."

Fotografía de Edgardo Civallero.