15.12.15

¿A qué viene tanto triunfalismo?

¿A qué viene tanto triunfalismo?

Por Sara Plaza

El pasado sábado 12 de diciembre, apareció en el diario británico The Guardian un artículo de opinión firmado por el analista George Monbiot titulado Grand promises of Paris climate deal undermined by squalid retrenchments. En los siguientes párrafos me gustaría compartir algunas de sus reflexiones. Asimismo, quisiera invitarles a leer este otro artículo de Daniel Tanuro (ingeniero agrícola belga especializado en temas medioambientales, veterano militante ecosocialista y editor del periódico La Gauche) sobre si la COP21 ha "conciliado lo inconciliable", que lleva por título Más allá del espectáculo la botella está vacía al 80%, y fue publicado al día siguiente en Viento Sur.

Monbiot comienza diciendo que el acuerdo alcanzado en la reciente Cumbre del Clima celebrada en París es un milagro si uno piensa en lo que podía hacerse. Sin embargo, inmediatamente después añade que, en términos de lo que debía haberse hecho, dicho acuerdo no deja de ser un completo desastre.

Según este analista, dentro del estrecho margen que ofrecían las conversaciones, el acuerdo alcanzado en París es un gran éxito. Un acuerdo que aún tiene que ser adoptado formalmente [pues, como apunta Daniel Tanuro, "entrará en vigor el año 2020 si es ratificado por 55 países de los firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y si esos 55 países representan al menos el 55 % de las emisiones de gas de efecto invernadero. Vistas las posiciones adoptadas en Paris, no parece que esta doble condición constituya un obstáculo, pero la no-ratificación del Protocolo de Kioto por Estados Unidos muestra que siempre puede haber sorpresas…"] y cuyo objetivo declarado es, después de décadas rechazándolo, que el incremento medio de la temperatura del planeta no sobrepase los 2ºC (por encima de los niveles preindustriales), y hacer lo posible para que no supere los 1,5ºC. De ahí que Monbiot considere que, en ese y otros sentidos, el texto final es más sólido de lo que muchos anticipaban. No obstante, fuera de ese marco, el autor duda de que ninguno de los negociadores que se han reunido en París piense en serio que, como resultado de lo pactado, el incremento se mantendrá por debajo de esos 1,5ºC, pues incluso el límite de los 2ºC resulta tremendamente ambicioso, y así queda reconocido en el preámbulo del acuerdo.

Un poco más adelante, Monbiot señala que nuestros gobiernos, los mismos que hablan de no dejar como legado a las generaciones futuras la deuda, acaban de acordar legarles algo mucho más peligroso: el dióxido de carbono producido por la quema continuada de combustibles fósiles, y sus repercusiones a largo plazo en el clima. Ese calentamiento global de 2ºC significa que importantes partes del planeta se volverán cada vez más inhabitables, y sus pobladores, dependiendo de la región, padecerán peores sequías, peores inundaciones, mayores tormentas... El abastecimiento de alimentos se vería afectado, e islas y zonas costeras de muchas partes del mundo podrían desaparecer bajo el agua. La acidificación de los océanos, la desaparición de los corales y el deshielo del Ártico supondría el colapso de cadenas alimentarias marinas enteras. Mientras tanto, en tierra firme, los bosques tropicales irán retrocediendo, numerosos ríos se secarán y aumentarán las extensiones desérticas. Todo lo cual lleva al autor a afirmar que la extinción masiva podría convertirse en la auténtica seña de identidad de nuestra época, y que ese y no otro es el aspecto que tendrá el "éxito", tal y como lo entienden los "entusiastas" delegados que se felicitaron y aplaudieron mutuamente al concluir la Cumbre del Clima en París. [En términos no muy diferentes se expresaba recientemente en Sevilla Serge Latouche, según se recoge en esta breve crónica: "El filósofo francés prefiere hablar de hundimiento antes que de crisis para referirse a una sexta extinción de las especies que avanza a 'una velocidad aterradora' y tendrá como una de sus principales víctimas al ser humano. 'El drama es que no creemos en lo que sabemos y, por tanto, no hacemos nada. Los 140 jefes de gobierno que se van a reunir en Paris lo saben y no van a hacer nada', en referencia a la Cumbre del Clima de París."]

Pero es que, a decir de Monbiot, las cosas pueden salir mal incluso en los términos establecidos. En el texto final han desaparecido las fechas y los porcentajes especificados en los primeros borradores, y solo se dice que: "las partes [los países] se plantean alcanzar un máximo global de emisiones lo más rápido posible". Y esto, en opinión del analista británico, puede significar cualquier cosa y nada.

No obstante, sostiene este autor, el fracaso no habría que atribuírselo solo a las conversaciones de París, sino a todo el proceso, pues el objetivo de esos 1,5ºC que hoy resulta ambicioso e improbable, hubiera sido perfectamente alcanzable hace veinte años, cuando en 1995 se celebró en Berlín la primera conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático. Para Monbiot, que dos décadas después la ventana de oportunidad esté tres cuartos cerrada [Daniel Tanuro mantiene que "la botella de la COP21 está vacía en sus cuatro quintas partes"] se debe al aplazamiento provocado por las presiones –"manifiestas, encubiertas, y a menudo absolutamente siniestras"– del lobby de los combustibles fósiles, y a la resistencia de los gobiernos a explicar a su electorado que pensar a corto plazo tiene costes en el largo plazo. Lo que le lleva a aclarar que, si bien las conversaciones de París han sido las mejores de todas las que ha habido hasta ahora, eso no deja de ser una crítica terrible.

Y lo es porque el abordaje de Naciones Unidas ha estado enteramente centrado en el consumo de combustibles fósiles, ignorando por completo su producción: los delegados que acudieron a París han aceptado reducir la demanda pero cada país intentará maximizar la oferta. Así lo cuenta Monbiot en la parte final de su artículo, advirtiendo que mientras la cruda y dura realidad sigue siendo el hecho innegable de la extracción de combustibles fósiles, el acuerdo al que se ha llegado en la capital francesa es un compendio de realidades muchísimo más frágiles: "promesas que pueden escurrirse o deshacerse. Hasta que los gobiernos no se comprometan a mantener los combustibles fósiles bajo tierra, continuarán debilitando el acuerdo alcanzado".

Insisto en la invitación a leer cuidadosamente el análisis de Daniel Tanuro... "Los clima-negacionistas parecen estar a punto de perder la partida en el seno de la clase dominante, y está bien. Sin embargo, nos equivocaríamos si considerásemos relajadamente que el acuerdo de Paris es una señal fuerte, que acabará con las energías fósiles o definirá el cambio hacia una transición justa como han dicho algunos. Los culpables del desastre –a grandes rasgos, el sector de las energías fósiles y del crédito– controlan con firmeza el timón. [...] Miremos la realidad cara a cara. Lo que se está planteando, en nombre del "desarrollo durable", es anti-ecológico, antisocial, no salvará el clima y exigirá más represión para quebrar las resistencias y hacer callar a las y los disidentes. Decretado con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, el Estado de excepción es, a fin de cuentas, muy revelador de algunas de las tendencias ocultas de esta COP21."