3.11.15

Los dedos del diablo

Los dedos del diablo

Por Edgardo Civallero

Alrededores de Santiago de Compostela. Otoño. Caminábamos a través de una muestra del espeso bosque nativo gallego: una formación vegetal cada vez más amenazada por la creciente "eucaliptización" a la que Galicia se ha visto sometida en los últimos años. Íbamos atravesando un verdadero mar de helechos, pisando un colchón de hojas secas de abedules, castaños, fresnos y robles mientras a nuestra vera corría un arroyuelo entre piedras tapizadas de musgos. Musgos que, junto a otros helechos más pequeños y a algunas hiedras, se encaramaban por los troncos de los árboles más viejos buscando una luz que se filtraba tímidamente allá lejos, allá arriba.

Vigilábamos nuestros pasos cuidadosamente: el terreno era muy húmedo, y entre los helechos se arrastraba, a veces imperceptible, una intrincada red de ramas de zarzamora y de rosal silvestre que amenazaban continuamente con enredarse en nuestros pies y hacernos caer.

Y, de repente, allí estaba. Una pequeña estrella de mar, de un rojo vivo, que surgía como una flor irreal rompiendo la homogénea manta de pardos, ocres y amarillos que cubría la tierra.

No, no se trataba de un equinodermo marino trasplantado al bosque caducifolio compostelano merced al conjuro de alguna de las muchas meigas que seguramente habrían habitado aquel lugar en el pasado. Era algo mucho menos mágico y, curiosamente, mucho más asombroso: un ejemplar de un hongo exótico, la Clathrus archeri, conocida en castellano como "estrella roja". O como "dedos del diablo", un nombre menos descriptivo pero bastante más sugerente en aquella atmósfera boscosa. A decir verdad, se trata de una especie que de "conocida" tiene muy poco, a pesar de poseer una historia y unas características biológicas que la hacen merecedora de un interés mucho mayor del que recibe.

El cuerpo fructífero de esta especie –la seta–, cuando está maduro, tiene forma de estrella de mar, o de pulpo: posee entre 4 y 7 brazos de color rojo vivo, que se abren para formar una circunferencia. Se trata de una excelente estrategia para cubrir una superficie amplia con la menor cantidad de material posible. La parte interior de esos brazos está cubierta por una sustancia mucilaginosa y oscura, la cual contiene las esporas, las "semillas" del hongo. Dado que el objetivo de todo "cuerpo fructífero" es asegurar la dispersión de esas esporas, la Clathrus archeri ha adoptado una estrategia peculiar: reproduce la apariencia, la textura e incluso el olor –verdaderamente fétido– de la carne putrefacta.

Los numerosos insectos carroñeros que llegan atraídos por el aroma se encuentran con un manjar muy dulce; mediante otra estrategia destinada a asegurar su supervivencia, el hongo acumula una abundante cantidad de azúcares en su seta. Ante semejante festín, los visitantes volverán una y otra vez. Y mientras se deleitan comiendo, sus patas quedan cubiertas del mucílago viscoso y lleno de esporas que cubre los "dedos del diablo".

Clathrus archeri es especie de espacios húmedos y sombríos: vive en bosques de frondosas y a orillas de ríos. Dado que es saprobia, gusta de zonas con mucha materia orgánica. Prefiere los climas templados, con lluvias abundantes todo el año, y huye de la sequía estival.

Es originaria de Australia y Tasmania, y he aquí una de las particularidades más curiosas de este hongo. Se localizó por primera vez en Europa recién en 1914, en la localidad de Saint-Dié, en los Vosgos (Lorena, noreste de Francia). Hay varias teorías que explican cómo llegó hasta allí desde las antípodas. Por un lado, se señala que las esporas pudieron venir con la lana que en aquella época se importaba desde Australia y Nueva Zelanda, y que se procesaba en las plantas de la localidad de Raon-l'Étape, también en los Vosgos. Por otro, que pudieron llegar durante la I Guerra Mundial con partidas de soldados australianos y neozelandeses, que las llevarían adheridas en sus botas.

En España, Clathrus archeri fue citada por primera vez en Billabona (Guipúzcoa, Euskadi) en 1968; en la actualidad se encuentra presente en toda la cornisa cantábrica. Se ha extendido también por Italia, Eslovaquia, Bélgica y Alemania. En euskera se llama izar gorri, "estrella roja", mientras que en inglés se denomina octopus stinkhorn (que podría traducirse como "cuerno apestoso con forma de pulpo") o devil's fingers, "dedos del diablo" (de donde derivaría el nombre castellano). En alemán se llama Tintenfischpilz, "seta-calamar", un significado similar al del sueco Bläckfisksvamp.

Dejamos a nuestra pequeña estrella roja de tierra reposando plácidamente entre las hojas muertas del bosque gallego, y encontramos nuestro camino fuera de aquel calmo laberinto de troncos y helechos, preguntándonos cuántas otras maravillas naturales como aquella que acabábamos de descubrir nos habían pasado desapercibidas. Y no pudimos evitar una sonrisa al intuir que habían sido cientos.

Artículo. Díaz Urquijo, Sara. Distribución y requerimientos ecológicos de la especie fúngica Clathrus archeri. [Trabajo de grado].
Artículo. López Sáez, J.A. y González Miguélez, A. Clathrus archeri: un hongo guerrero y maloliente llegado de las antípodas. Quercus.
Artículo. Clathrus archeri. Fungipedia.

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