21.7.15

Imaginar lo difícil sin que cunda el pesimismo

Imaginar lo difícil sin que cunda el pesimismo

Por Sara Plaza

En su libro "Una espía en el reino de Galicia" comentaba Manuel Rivas sobre La izquierda desanimada:

Se extiende el desánimo. Se propaga el pesimismo. Yo mismo el otro día firmé un escrito que hablaba del desánimo. Yo no quería, de verdad. Aquel día yo no estaba desanimado. Al contrario, me encontraba bien, con ánimos, con brío, con esperanza. En casa, ante el cristal de una ventana, había florecido el cactus de Navidad. Pero firmé el escrito, en solidaridad con los desanimados. Y me quedé, por eso mismo, muy desanimado.

El cactus de Navidad es una planta olvidada, de un verde humilde, a la que nunca le hacemos caso. Pero ella no se olvida de nosotros y, de repente, dos veces al año, brota su carrillón vegetal. Cuando el resto de plantas se desanima, ahí viene el cactus de Navidad con docenas de campanas rosadas, repicando luz en la penumbra de la pertinaz invernía.

Así que lo que yo quería era firmar un manifiesto a favor del cactus de Navidad. Pero el amigo que me llamó dijo que me dejara de tonterías, que la situación política era muy seria y que era urgente comunicar el desánimo. Traté de explicarle que eso no era noticia. La gente, por definición, está desanimada. Hacer un manifiesto sobre el estado de desánimo es como hacerlo sobre el estado del reuma.

Imaginar lo difícil sin que cunda el pesimismo
No hace mucho Belén Gopegui apuntaba sobre Las cosas difíciles:

Cuando se renegó de la ilusión no se quería renegar de los sueños sino del engaño, de lo que no se correspondía con la vida. Por eso tal vez convenga modificar el campo semántico de la ilusión y llenarlo también con lo difícil. Describamos lo difícil en las conversaciones, en los artículos y propuestas, pensemos en millones de personas ocupadas en resolver lo difícil. Pues imaginar las cosas difíciles no significa tener miedo o desánimo sino, al contrario, acercar lo que está lejos, empezar a convertirlo en realidad.

Imaginar lo difícil sin que cunda el pesimismo
El pasado mes de mayo Jorge Riechmann escribía en su blog:

El pesimismo proviene de la magnitud de las amenazas, y desconocerlo sería abdicar de la lucidez. Pero se puede alentar una clase determinada de esperanza desde el pesimismo desilusionado (libre de ilusiones), actuando sin calcular la posibilidad de victoria, fuera de los esquemas medio-fin de la racionalidad instrumental.