24.6.15

Libre para copiar

Libre para copiar

Por Sara Plaza

Adrián no quería inventarse un dibujo. A él le gustaba copiar los que hacía su maestra en el pizarrón. Y lo copiaba todo: las siluetas, los colores, las sombras. Adrián era feliz cuando su hoja se convertía en un espejo y reflejaba, exactamente igual, el paisaje que acababa de pintar la maestra. Él no quería imaginar otras montañas, ni otros animales, ni otros árboles, ni otra hierba. Tampoco quería soñar un sol distinto ni unas nubes diferentes. ¿Para qué? El dibujo de su maestra era el más bonito del mundo y él solo estaba interesado en copiarlo en su cuaderno. Además, la maestra les había explicado que, al tratarse de un dibujo libre, también podían elegir copiar el suyo, no era obligatorio inventarse uno.

Libre para copiar

Dibujos de los protagonistas de esta historia.