17.2.15

Los creadores de hipótesis

Los creadores de hipótesis

Por Edgardo Civallero

Descrito a grandes rasgos, el método de producción de conocimiento científico es bastante sencillo de entender y de llevar a la práctica.

Inspirándose en observaciones, ideas nacidas en la ducha, posiciones surgidas de debates, meditaciones o lo que sea que sirva como detonante, un individuo crea y plantea una hipótesis. No importa lo disparatada que sea: "la flauta de pico nació en Tasmania" o "la palabra castellana 'cuerno' deriva de un término swahili" son buenos ejemplos.

Una hipótesis es una suposición, una opinión, un delirio, un sueño, algo que todavía no tiene ninguna base, ningún sustento. A diario desarrollamos (y abandonamos) muchas. No es (o, al menos, no tiene porqué serlo) algo serio. Carece de fundamento. Es un castillo en el aire; uno al cual hay que ponerle cimientos si tenemos interés en que sea algo más que una simple ilusión.

En tal caso tiene lugar la fase de experimentación y/o de documentación, a través de la cual se busca demostrar, con pruebas claras, tangibles y lo más irrefutables posibles, que lo que dice la hipótesis es verdad. No basta, como creen algunos, con que no se pueda demostrar que la hipótesis es falsa. Hay que demostrar su veracidad.

Y una vez demostrada, tendremos una teoría, que será cierta hasta que alguien, usando el mismo método científico, pueda demostrar que no lo es. Esa teoría es la que puede y debe difundirse (junto con todas las pruebas y documentos que la avalan) para que sea revisada, testeada y criticada, y/o empleada en otros procesos de construcción del conocimiento.

Ocurre que en la actualidad hay muchísimos "creadores de hipótesis". Individuos que piensan que lanzando a la arena pública/académica una hipótesis más o menos "sustentada" en un par de datos, basta y sobra... Individuos que cada dos días arrojan una hipótesis al viento, sin molestarse en buscar pruebas de lo que dicen, y esperan que el mundo los/las aplauda por ello... Es una situación claramente visible, p.e., dentro de campos como la musicología, la etnomusicología, la arqueo-musicología y la historia de la música americana.

Preocupa que muchos de estos individuos –que ruborizarían a cualquier profesor de metodología de la investigación básica– ostenten cargos públicos y docentes, publiquen libros, dirijan centros de investigación y editen publicaciones académicas... Preocupa que se rodeen personas que aceptan y celebran todo lo que dicen simplemente por ser quienes son (ignorando que, de acuerdo al método científico, lo primero que hay que hacer con las "autoridades" es desconfiar de ellas). Preocupa que desacrediten y ataquen furiosamente a cualquiera que ose poner en duda sus posiciones, empleando para ello falacias como el denostado ad hominem.

Hasta que esto no se corrija y no se fuerce a estos personajes a desaparecer (o, cuanto menos, a mudar de hábitos), seguiremos discutiendo sobre el origen y la historia de tal instrumento de cuerda, o sobre la afinación original de tal flauta de cerámica, o sobre la autenticidad de este clarinete o de aquel tambor (por no hablar de otras muchas expresiones artísticas y lingüísticas, culturales y sociales). Y seguiremos haciéndolo en base a hipótesis jamás comprobadas.