10.2.15

En la indefinición cabe todo

En la indefinición cabe todo

Por Sara Plaza

En un artículo reciente [1], publicado en cuartopoder.es, el periodista Luis Díez escribía lo siguiente: «La definición de "terrorismo" aportada por el PP a la reforma del Código Penal abarca casi todos los tipos punibles y extiende la consideración de "actos terroristas" a los delitos de aborto provocado, daños al feto, manipulación genética, contra el "orden público", contra "la paz social" y la creación de "un grave sentimiento de inseguridad o temor", lo que permite incluir los escraches y protestas laborales contundentes en esta tipificación». Pocos días después, recogía en otro artículo [2] las declaraciones del portavoz de Izquierda Plural, Gaspar Llamazares durante el pleno del Congreso del pasado 21 de enero, en el que los diputados del PP aprobaron en solitario el nuevo Código Penal: «Eso de que el aborto provocado es terrorismo, la mediación es terrorismo, el Rodea el Congreso es terrorismo, la protesta social es terrorismo… Si el terrorismo es todo, es nada».

Una semana más tarde, el periodista Ter García, a propósito del anteproyecto de Ley de Seguridad Nacional señalaba en Diagonal [3] que: «El texto incluye nuevos conceptos en el catálogo de delitos terroristas y recorta los condicionantes para que una acción sea considerada terrorismo, además de incluir un nuevo tipo de estado de crisis, llamado "Situación de Interés para la Seguridad Nacional", en el que se movilizarían recursos privados». Y un poco más adelante, sobre su redacción y la definición de terrorismo que recoge este anteproyecto de ley, citaba las siguientes palabras de Manuel Cancio, catedrático de Derecho Penal en la Universidad Autónoma de Madrid: «El texto está redactado con una ambigüedad calculada cuyo fin es precisamente, dado que no tenemos ya terroristas aquí, inventarlos ... es tan vaga y tan poco concreta que permitiría decir que es terrorismo cualquier cosa». El artículo también se hacía eco de las palabras de Mercedes Alonso, profesora de Derecho Penal en la Universidad de Valladolid, quien explicaba: «Desde hace varios años se está produciendo una hipertrofia de la regulación del terrorismo, ampliando los tipos penales hasta el extremo de anticipar la respuesta penal a conductas que están muy alejadas de constituir una amenaza a la paz social».

Hasta aquí las ambigüedades y vaguedades del término "terrorismo" en España, en cuya definición "extendida" sigue trabajando el actual gobierno del PP, lo que al parecer no le impide reformar el Código Penal e impulsar nuevas leyes de seguridad.

Si ahora echamos un vistazo al otro lado del charco, en uno de los últimos programas de Democracy Now! [4], Amy Goodman comenzaba diciendo que, a raíz del atentado en París, los grandes medios de comunicación estadounidenses habían vuelto a llenar los telediarios de expertos que dicen ser autoridades en terrorismo, política exterior y asuntos internacionales (como por ejemplo Evan Kohlmann que se autodenomina "consultor en terrorismo", Samuel Laurent, Matthew Levitt o Steve Emerson, entre otros), y preguntaba por ellos al abogado y periodista estadounidense Glen Greenwald (autor del libro No Place to Hide: Edward Snowden, the NSA, and the U.S. Surveillance State) y a la profesora de sociología Lisa Stampnitzky (autora del libro Disciplining Terror: How Experts Invented "Terrorism").

Glen Greenwald explicaba que la idea de terrorismo está siendo ampliamente discutida en todo el mundo y que existen opiniones increíblemente divergentes sobre lo que es terrorismo, sobre el sujeto que comete delitos terroristas, sobre si hay una definición del término mismo que tenga sentido. Sin embargo, continuaba el periodista, ahí están los llamados expertos en terrorismo, trabajando para las mayores cadenas de televisión estadounidenses y siendo consultados por la prensa oficial, que no parece notar que sus puntos de vista son tremendamente homogéneos (pues simplemente vierten la idea homogeneizada que hay en los EEUU de todas esas cuestiones). Greenwald manifestó que lo que están haciendo los grandes medios de su país es disfrazar la propaganda gubernamental pro-EEUU de conocimiento experto, cuando en realidad no hay nada de eso. Para el cofundador de The Intercept las interpretaciones de esos supuestos expertos resultan increíblemente ideologizadas, y reflejan fielmente el punto de vista del gobierno sobre cuestiones controvertidas. Por supuesto que estas personas tienen perfecto derecho a expresar su opinión, comentó Greenwald, pero es fraudulento que la exhiban como conocimiento experto. Y añadió que todos los que en EEUU han sido presentados como prominentes expertos en terrorismo han ido dejando tras de sí un auténtico reguero de errores y afirmaciones dudosas, pues no son más que propagandistas.

Preguntado por qué era lo que permitía seguir funcionando a esta industria de expertos, el periodista respondió que el gobierno estadounidense tiene mucho interés en que la gente crea que los particulares e interesados puntos de vista del gobierno sobre terrorismo no son subjetivos o discutibles, sino conocimiento objetivo. Y que es por ello que se hace todo lo posible para sostener a esos tipos, se los contrata y se les paga un montón de dinero para que instruyan a funcionarios del gobierno sobre terrorismo. Con todo, lo que más preocupa a Greenwald es que se les convoque como "expertos" a los juicios que tienen que ver con terrorismo. Es entonces cuando todos estos expertos acuden obedientemente a la llamada, dicen lo que el gobierno quiere que digan sobre los acusados musulmanes llevados a juicio y ayudan al gobierno a obtener una condena tras otra; pero es que además, cuanto más los llaman más expertos los vuelven. El periodista explicó que esto tiene que ver en parte con el papel que juegan los think tanks en Washington, que consiste en prestar este tipo de artificio intelectual a cualquier política gubernamental o lo que sea que el gobierno pretenda. De ahí que haya varios de estos expertos trabajando en ellos, como es el caso de Will McCants (el que hizo creer a los medios de comunicación estadounidenses, quienes a su vez lo difundieron al mundo entero, que el ataque de Anders Breivik en Noruega en realidad había sido obra de un grupo yihadista) en el Brookings Institute. Al actuar como voceros de la doctrina gubernamental sobre el terrorismo, tanto al gobierno estadounidense como a los medios de comunicación les interesa seguir presentándolos como expertos académicos y no como polemistas o simples tertulianos.

Por su parte, la profesora Lisa Stampnitzky –cuyo libro recoge uno de los primeros estudios empíricos sobre los llamados expertos en terrorismo que aparecen en televisión– indicó que ese "disciplinar el terror" que aparece en el título tiene dos significados. Por un lado se refiere a los intentos de los estados de controlar el problema del terrorismo, y por el otro tiene que ver con el intento de desarrollar una disciplina que estudie el terrorismo. Una de las conclusiones que extrajo de su trabajo fue que se trata de un campo muy particular en términos de su ámbito de competencia, pues no cuenta con una frontera que lo delimite, y tampoco existe ningún tipo de control sobre quién puede convertirse en experto, pues falta un sistema de acreditación.

Greenwald y Stampnitzky coincidieron durante la entrevista en que el conocimiento de estos llamados expertos en terrorismo no tiene ninguna base, dado que no cuentan con ningún doctorado en estudios terroristas. Para empezar porque ni siquiera hay acuerdo sobre lo que significa la palabra "terrorismo".

En ese punto de la entrevista, quien publicara en The Guardian las revelaciones de Edward Snowden hizo referencia a una investigación académica llevada a cabo por Rémi Brulin en la que se expone la historia de este término en el discurso político: el término "terrorismo" se coló y se volvió predominante en el discurso de los asuntos internacionales a finales de los 60 y principios de los 70, cuando los israelíes lo utilizaron para universalizar los conflictos que mantenían con sus vecinos y poder decir cosas del tipo «nosotros no luchamos contra los palestinos y no estamos bombardeando Líbano por simples disputas territoriales. Estamos luchando contra esta idea, que es una grave amenaza mundial, llamada "terrorismo". Y no es solo nuestra lucha, también es vuestra lucha en los Estados Unidos, y vuestra lucha en Europa, y vuestra lucha en todo el mundo». Fue en esos años y durante los 80, cuando se celebraron un montón de conferencias en las que los israelíes, los estadounidenses y los neocons trataron de dar con una definición del término "terrorismo" que incluyera la violencia que ellos querían deslegitimar, es decir, la de sus adversarios, y excluyera la violencia que querían legitimar, la suya y la de sus aliados. Resultó imposible elaborar dicha definición y sigue sin haber acuerdo. Pero es que además, como apunta Greenwald, hoy por hoy el término sirve funcionalmente para designar la violencia que emplean los musulmanes contra Occidente.

Sobre el tema de la indefinición del término, Lisa Stampnitzky apuntó que no existe una definición pero sí un entendimiento común sobre lo que es terrorismo que suele identificarlo con la violencia que no nos gusta, pero añadió que no siempre ha sido así, y que cuando la gente hablaba de terrorismo a principios de los 70 lo hacía de un modo completamente distinto, ya que no se presuponía que el terrorismo como táctica tuviera que ser necesariamente algo que cometían personas a las que se consideraba malvadas. En su libro, Stampnitzky muestra que a finales de los 60 no resultaba tan obvio como hoy eso de que no se puede ser un luchador por la libertad y un terrorista al mismo tiempo; según esta autora, no había esta cubierta moral que hoy empaña cualquier intento de entender el asunto.

Al final de la entrevista y volviendo sobre sus comentarios iniciales, Greenwald insistió en que uno de los aspectos más perniciosos de los llamados expertos en terrorismo es que están constantemente exagerando y difundiendo miedo, pues es así como su trabajo adquiere relevancia (y como ellos consiguen firmar contratos con el gobierno y ganar mucho dinero). Su conclusión fue que todo este entramado ha infectado buena parte del pensamiento occidental, logrando que el terrorismo sea visto como una amenaza mucho mayor de lo que racional y estadísticamente es.

De vuelta en esta vieja piel de toro, el pasado 3 de febrero de 2015 el PP y el PSOE firmaron un pacto de estado contra el terrorismo yihadista, que ha recibido el nombre de "Acuerdo para afianzar la unidad en defensa de las libertades y en la lucha contra el terrorismo". Al respecto, Luis Díez firmaba un nuevo artículo [5] en el que podía leerse: «El pacto PP-PSOE contra el yihadismo –el cuarto contra el terrorismo que suscriben en treinta años– consiste en una declaración política de unidad en la lucha contra las nuevas formas de terrorismo internacional y se limita a trasladar textualmente las enmiendas que formuló el PP al capítulo VII del Código Penal para ampliar la definición de terrorismo...». En la nueva redacción del Código Penal «ya no aparece expresamente el "aborto" provocado ni la "ablación"», sin embargo, «terrorismo sigue siendo casi todo [...] Tal como proponía el PP, el texto jurídico contempla el fenómeno del "terrorismo individual" y amplía sin límites la panoplia de delitos que pueden ser considerados terrorismo. Así, se considerará terrorismo cualquier delito grave dirigido a "subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo". También los que alteren gravemente la paz pública, los que desestabilicen a una organización internacional, los que provoquen terror en la población o en una parte de ella. Y los delitos informáticos tipificados en el Código Penal cuando se cometan con alguna de las finalidades antedichas».

Seguimos con la indefinición –mejor dicho, «[s]e realiza una definición de "terrorismo" estudiadamente ambigua, con la consiguiente inseguridad jurídica»–, pero «[e]l estado español va a contar con el Código Penal más duro de la llamada cultura occidental» [6].

Fuentes utilizadas para la elaboración de esta entrada:
[1] Artículo. "El PP incluye el aborto, los escraches o la ablación como delitos de 'terrorismo'", en cuartopoder.es.
[2] Artículo. "El Código Penal del PP deja sin cárcel a los donantes de las tramas Gürtel y Bárcenas", en cuartopoder.es.
[3] Artículo. "Si no hay terroristas habrá que inventarlos", en Diagonal.
[4] Artículo. "Glenn Greenwald on How to Be a Terror 'Expert': Ignore Facts, Blame Muslims, Trumpet US's Propaganda", en Democracy Now!
[5] Artículo. "El PSOE acepta las penas más duras del PP contra el yihadismo aunque recurrirá la cadena perpetua", en cuartopoder.es.
[6] Entrevista de Enric Llopis a Endika Zulueta, abogado de movimientos sociales. "'El estado español va a contar con el Código Penal más duro de la llamada cultura occidental'", en rebelion.org.

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