9.12.14

La canción de Amelia

La canción de Amelia

Por Edgardo Civallero

Encontré la noticia revisando unos viejos National Geographic; estaba en un ejemplar de la edición en español, en la sección "Geo-gráfica" del nº 3 (vol. 2) de marzo de 1998. Escrita con el típico estilo sesgado y buenista del NG y con una traducción que podría discutirse un rato largo, la nota rezaba así:

Una canción africana cruza el océano y los siglos

Durante su infancia, en la costa rural de Georgia, Mary Moran –hoy de 76 años- aprendió una canción africana que le enseñó su madre. En Sierra Leona, Baindu Jabati aprendió la letra de la misma tonada, el estribillo femenino de una canción fúnebre, de labios de su abuela. Ahora se han reunido para cantarla una a la otra, y establecer una conexión largo tiempo aplazada.

En 1932 Lorenzo Turner, lingüista que coleccionaba elementos folklóricos de los dialectos africano y gullah, grabó la versión de la madre de la señora Morgan. Luego, en 1990, el antropólogo Joseph Opala y la etnomusicóloga Cynthia Schmidt tocaron la grabación en Sierra Leona y escucharon a la señora Jabati, miembro de la tribu mende, entonar la misma canción. Este elemento cultural había cruzado el Atlántico en un barco de esclavos. El año pasado la señora Moran y su familia volaron desde Georgia hasta Sierra Leona, donde fue recibida, según explica, como "alguien especial". "Una joven esclava llevaba consigo aquella breve canción de cinco versos", musitó. "La despojaron de todo lo que tenía menos de su dignidad, y tampoco pudieron quitarle su canción".

La justicia poética de la última frase es tan enternecedora como falsa: precisamente lo primero que se le arrebata a un esclavo es su dignidad. Sin embargo, aquella canción del pueblo (no "tribu") Mende sí que había viajado, en efecto, de un lado del océano al otro. No fue la única, por cierto: muchas otras canciones, costumbres, creencias, comidas y tradiciones de muchas otras culturas africanas lo hicieron. Sin embargo, por alguna razón, la historia de esos versos y de cómo habían conectado a dos mujeres a ambos lados del Atlántico fue, en su momento, tan famosa que inspiró numerosos reportajes, capítulos de libros (p.e. "The American Poet Who Went Home Again", de Aberjhani) e incluso una película documental de 1988, "The Language You Cry In" ("La lengua en la que lloras", España, dirigida por Álvaro Toepke y Ángel Serrano).

Picado por la curiosidad, me puse a rebuscar. Lo que sigue es un resumen de lo que encontré.

A principios de la década de los 30' del siglo pasado, el lingüista afro-americano Lorenzo Dow Turner (a la sazón un notable profesor en la Howard University, la Fisk University, la Roosevelt University y la University of Illinois en Chicago, instituciones en las que los afro-americanos solían tener muchas puertas –si no todas– cerradas) estaba buscando, recogiendo y analizando vocablos de origen africano entre comunidades Gullah de Carolina del Sur y Georgia (de hecho, catalogó más de 3.000 términos). Los Gullah o Geechee son una población de afro-americanos que viven en las islas y áreas costeras de los estados de Carolina del Sur y Georgia y en regiones adyacentes de Carolina del Norte y Florida; descendientes de esclavos llevados a esa zona a inicios del siglo XVIII para trabajar en los arrozales, hablan un criollo que mezcla inglés con un amplio abanico de lenguas de África occidental (incluyendo Mandinka, Wolof, Bambara, Fula, Mende, Vai, Akan, Ewe, Yoruba, Igbo, Hausa, Kongo, Umbundu y Kimbundu).

Turner descubrió que muchos Gullah podían recitar de memoria textos en lenguas africanas; retazos transmitidos a través de las generaciones de los cuales desconocían todo: desde el origen hasta el nombre de la lengua. Entre estas pequeñas gemas orales, el lingüista atesoraba –según señalara su viuda– una estrofa de cinco versos que recogió de labios de Amelia Shaw Dawley (1880-1955), una mujer de una aldea costera de Georgia llamada Harris Neck, a media hora de camino de Savannah. Aunque Amelia no tenía ni la menor idea de qué lenguaje era aquel o del significado de las frases que repetía mecánicamente, un estudiante de Sierra Leona de paso por los Estados Unidos lo reconoció como Mende. La estrofa de Amelia resultó ser el texto más largo en una lengua africana que se haya transmitido y conservado en los Estados Unidos. Turner la publicó en 1949 en su libro "Africanism in the Gullah Dialect", junto a una traducción aproximada.

En la década de los 80', mientras se encontraba en Sierra Leona estudiando el tristemente célebre castillo británico de Bunce Island (fortaleza desde la que se enviaban esclavos a los actuales Estados Unidos), el antropólogo estadounidense Joseph Opala descubrió que desde aquel reducto se habían mandado "cargamentos humanos" a Carolina del Sur y Georgia; allí, los plantadores de arroz pagaban altos precios por esclavos de la "Costa del Arroz" africana, especialmente por aquellos pertenecientes al pueblo Mende, experimentados en ese tipo de cultivo. Opala entendió que los Gullah modernos eran, probablemente, descendientes de aquellos esclavos y que, dado que preservaban el mayor número de tradiciones originarias que cualquier otra comunidad afro-americana (algo que sabía gracias a los trabajos de Turner, para entonces unos clásicos de los estudios africanistas), deberían existir posibles conexiones culturales.

Con la colaboración de la etnomusicóloga estadounidense Cynthia Schmidt, Opala dio con la grabación de Turner de la canción de Dawley. Y junto al lingüista sierraleonés Tazieff Koroma, decidieron investigar si había rastros de aquella estrofa en tierras africanas.

La tarea era difícil: los Mende son el principal grupo étnico de Sierra Leona, y su población en aquel país supera los dos millones de personas. Afortunadamente, Koroma fue capaz de identificar cierta variante dialectal en la letra de la canción que apuntaba a un área específica del país. Aún así, era como buscar una aguja en un pajar. Cuando, desanimados por la falta de resultados, estaban prácticamente a punto de abandonar la empresa, Schmidt encontró a una mujer de una aldea remota en el interior del país, Senehun Ngola, que reconoció aquellos cinco versos. La mujer, Baindu Jabati, conocía una canción de letra similar que acompañaba un rito funerario Mende llamado teijami o "cruce del río". Su abuela se la había enseñado de pequeña: los rituales de nacimiento y muerte entre los Mende eran responsabilidad de las mujeres de cada comunidad, y las reglas, cánticos y oraciones se transmitían de madres a hijas y de abuelas a nietas oralmente.

Asombrados por su suerte y no queriendo dejar escapar aquella coincidencia, Schmidt y Opala fueron capaces de localizar, en la década de los 90', a la hija de Dawley, Mary Moran, que para entonces tenía 69 años y también vivía en Harris Neck. Mary recordaba la canción, que en el contexto de las plantaciones americanas se había transformado en una melopea infantil que las madres entonaban a sus hijos para entretenerlos, y que su propia madre, Amelia, le había cantado en los años 20' y 30'.

En 1997, Moran y Jabati (que entonces tenía 35 años) se reunieron en Sierra Leona, en uno de los varios encuentros transoceánicos organizados por Opala, y recrearon la ceremonia de teijami, que no se interpretaba en Senehun Ngola desde 1920. Y, evidentemente, cantaron la ya famosa estrofa: para entonces, esas dos mujeres eran las únicas en conocer/recordar esas palabras.

He aquí la canción, probablemente llevada a un campo de arroz de la costa atlántica de los Estados Unidos por una joven esclava capturada en el corazón de Sierra Leona hacia inicios del siglo XVIII...

Ah wakuh muh monuh kambay yah lee luh lay tambay.
Ah wakuh muh monuh kambay yah lee luh lay kah.
Ha suh wileego seehai yuh gbangah lilly.
Ha suh wileego dwelin duh kwen.
Ha suh willeego seehi yuh kwendaiyah.


[Júntense todos, trabajemos duro; la tumba no está terminada todavía; que su corazón esté totalmente en paz.
Júntense todos, trabajemos duro; la tumba no está terminada todavía; que su corazón esté ya en paz.
La muerte repentina exige la atención de todos, como el disparo de un arma de fuego.
La muerte repentina exige la atención de todos, oh ancianos, oh cabezas de familia.
La muerte repentina exige la atención de todos, como el golpe de un tambor distante].

Algo que pocos supieron fue que tiempo antes de aquel encuentro "entre dos mundos", Jabati había sido capturada por el Frente Revolucionario Unido de Sierra Leona, en el marco de la terrible guerra civil que ensangrentó el país entre 1991 y 2002. Había sido salvajemente torturada, violada y abandonada para que muriera de hambre. Había logrado escapar y rehacerse lo suficiente como para que las memorias de sus antepasados pudiesen ser grabadas en una película documental, "The Language You Cry In". Poco después del encuentro con Moran, Jabati fue nuevamente capturada, nuevamente violada y torturada, y esa vez se puso un precio a su vida. Y ahí se perdió su rastro, al menos en los documentos en línea, en los textos académicos y en los relatos del National Geographic. "La canción de Amelia" se hizo famosa; todo lo demás a su alrededor se desvaneció: todo el dolor y el sufrimiento que llevó aquella canción al otro lado del mundo, desraizada y descontextualizada, y todas las injusticias y los desequilibrios que hacen que en su lugar de origen esas estrofas prácticamente se hayan perdido.

Video. "The Language You Cry In", en YouTube.
Texto. "Geechee and Gullah Culture", en New Georgia Encyclopedia.
Texto. "The Language You Cry In. Story of a Mende song", en University of North Texas News Service.

Imagen.