4.11.14

Los discursos y los hechos

Los discursos y los hechos

Por Sara Plaza.

El pasado 30 de octubre, aparecieron en la sección de opinión de rebelion.org dos artículos sobre el Encuentro Mundial de Movimientos Populares que acababa de celebrarse en el Vaticano. El que firmaba Ignacio Ramonet, llevaba por título Encuentro mundial de movimientos populares: una jornada histórica en el Vaticano, mientras que Ollantay Itzamná titulaba el suyo ¿Por qué El Vaticano reúne a “los movimientos populares” del mundo?.

Las opiniones de ambos autores y las argumentaciones que las sostienen no pueden ser más dispares. Los párrafos del periodista español, a mi parecer, están escritos con una desacostumbrada ingenuidad, y llama la atención el papanatismo del periodista, esa admiración excesiva y poco crítica hacia "el nuevo rol histórico del Papa Francisco, como abanderado solidario de las luchas de los pobres de América Latina y de los marginados del mundo." Por su parte, el abogado y antropólogo quechua cuestiona las denuncias discursivas del pontífice y su conclusión no puede ser más contundente: "Yo vivo en un país donde hay más iglesias que niños felices. Más biblias, sacerdotes y pastores que escuelas, textos escolares y profesores. Sin embargo, éste es uno de los países más violentos, desiguales y empobrecidos del Continente. Su gobernante actual es predicador de la Biblia, amigo de Francisco I, e íntimo del Cardenal Oscar Rodríguez. Pero, es uno de los gobernantes más corruptos e insensibles que conozco."

Tras la lectura de ambos artículos, no pude por menos que entrelazar algunos planteamientos y valoraciones de uno u otro autor en una misma conversación.

Ollantay Itzamná [OI]: El Encuentro Mundial de Movimientos Populares con el Papa Francisco I, organizado por El Vaticano (mediante el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, en coordinación con la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales), en Roma, los días 27 al 29 de octubre del presente año, genera expectativas y celebraciones espontáneas en la parte occidental del planeta.

Ignacio Ramonet [IR]: El martes 28 de octubre ha sido una jornada histórica. Primero porque no es frecuente que el Papa convoque, en el Vaticano, a un Encuentro Mundial de Movimientos Populares en el que participan organizaciones de excluidos y marginados de los cinco continentes, y de todos orígenes étnicos y religiosos: campesinos sin tierras, trabajadores informales urbanos, recicladores, cartoneros, pueblos originarios en lucha, mujeres reclamando derechos, etc... En suma, una Asamblea mundial de los pobres de la Tierra. Pero de los pobres en lucha, no resignados.

[OI]: En su discurso de saludo, el Papa acogió a representantes de las diferentes organizaciones sociales, en los siguientes términos: "Este encuentro de Movimientos Populares es un signo, es un gran signo. Vinieron a poner en presencia de Dios, de la Iglesia (…), una realidad muchas veces silenciada." Además, reiteró los tres temas centrales que motivan al Vaticano a reunirse con los movimientos populares: El acaparamiento inmoral de tierras por unos pocos, creciente población mundial sin techo, y la población (en especial juvenil) desempleada. "El mundo se ha olvidado de Dios que es Padre. Se ha vuelto huérfano, (….)", concluyó su discurso el Papa ante un auditorio emotivo. Denunció la depredación del planeta, la explotación laboral y la especulación financiera.

[IR]: Segundo, es menos frecuente aun que el Papa se dirija directamente a ellos, en el Vaticano, diciéndoles que quiere "escuchar la voz de los pobres" porque "los pobres no se conforman con padecer la injusticia sino que luchan contra ella" y que él (el Papa) "los quiere acompañar en esa lucha". También ha dicho Francisco que "los pobres ya no esperan de brazos cruzados por soluciones que nunca llegan; ahora los pobres quieren ser protagonistas para encontrar ellos mismos una solución a sus problemas" pues "los pobres no son seres resignados, sino protestan" y su protesta «molesta». Ha dicho que espera que "el viento de la protesta se convierta en vendaval de la esperanza". Asimismo ha afirmado el Papa: "La solidaridad es una forma de hacer historia". Y por eso se une al pedido de los pobres que reclaman "tierra, techo y trabajo", Y ha añadido: "Cuando pido para los necesitados tierra, techo y trabajo, algunos me acusan de que 'el papa es comunista'! No entienden que la solidaridad con los pobres es la base misma de los Evangelios."

[OI]: El mensaje está por demás claro. En un sistema-mundo-occidental-cristiano en múltiples crisis simultáneas se debe intentar todo. La crisis de sentido genera un desbande caótico en el redil. [...] Desde la perspectiva del Vaticano, dicho Encuentro Mundial es estratégico, no sólo para devolver "al redil a las ovejas descarriadas", sino para intentar sensibilizar en la virtud de la obediencia al Padre y en la virtud de la mesura a los "descabritados" movimientos populares que casi ya le ponen en jaque al suicida sistema-mundo-occidental-cristiano en crisis. El capitalismo necesitó y subsistió gracias a sus agentes-misioneros cristianos.

[IR]: También ha afirmado Francisco: "La reforma agraria es una necesidad no sólo política sino moral!" Y ha acusado (sin nombrarlo) al neoliberalismo de ser la causa de muchos de los males de hoy: "Todo esto ocurre -ha afirmado- cuando se saca al ser humano del centro del sistema y que en ese centro está ahora el dinero." "Por eso hay que alzar la voz", ha repetido. Y ha recordado que "los cristianos tenemos un programa que me atrevería a calificar de revolucionario: las bienaventuranzas del 'Sermón de la Montana' del Evangelio según San Mateo."
Un discurso fuerte, valiente que se inscribe en el filo directo de la Doctrina Social de la Iglesia que el papa ha reivindicado explícitamente. Y en la opción preferencial por los pobres. Hacia mucho tiempo que un Papa no pronunciaba un discurso tan social, tan "progresista" sobre un tema, el de la solidaridad con los pobres, que constituye la base misma de la doctrina cristiana.

[OI]: Francisco I denuncia el acaparamiento de tierras, la idolatrización del dinero, la destrucción del planeta, etc. La pregunta básica es: ¿Acaso no fue el Papa Alejandro VI, mediante la Bula Papal Inter Caetera (1493), quien dio origen al saqueo y al acaparamiento de las tierras en nuestra Abya Yala? ¿Acaso no es la Iglesia Católica, en la actualidad, una de las principales acaparadoras de predios rurales y urbanos? En Los Andes, hasta los santos/as tienen tierras agrícolas fértiles, bajo propiedad eclesial. Mientras indígenas y campesinos sobremorimos sin tierra. Está demás decir que los primeros misioneros llegaron casi desnudos a Abya Yala. Aquí, la Iglesia Católica se enriqueció con los bienes y el trabajo mortal de nuestros ancestros. Lo mínimo que esperamos en este Encuentro Mundial es que Francisco I devuelva las tierras y bienes que acapara la Iglesia Católica a sus legítimos dueños. [...] El dólar del cristiano Imperio norteamericano lleva inscrita la invocación de "Confiamos en Dios". Si Francisco y sus seguidores se quejan del Dólar (Dios), entonces, que cierren el corrupto banco del Vaticano (Instituto para las Obras de Religión), y que distribuyan ese dinero a sus históricos y postergados "prestadores", los pueblos indígenas y campesinos.

[...] Tampoco el Papa debería predicarnos sobre la crisis ecológica. Eso no lo generamos nosotros. El origen de la depredación y saqueo de la Madre Tierra tiene como una de sus causas filosóficas a la misma doctrina cristiana. "Multiplicaos y someted a la tierra (…)" nos dice el libro de Génesis, cap. 1. En otros lugares de la Biblia nos habla de: "Maldita la tierra…" Nos predicaron y predican que lo sagrado es el lejano cielo desconocido. Según ellos, el único Dios desconocido habita allá arriba. Nos fustigaron de idólatras, y nos persiguieron a muerte cuando con reverencia venerábamos a nuestra Madre Tierra. La modernidad ecocida tiene como a uno de sus raíces filosóficas al judeocristianismo. [...] El Papa nos predica denuncias discursivas en contra del perverso capitalismo. El capitalismo también tiene impronta cristiana. [...] Es más, ayer y hoy, todos los agentes del sistema capitalista sufren crisis financiera, menos la Iglesia Católica (ni las otras iglesias), ni las principales corporaciones financieras. ¿Por qué será? Lo mejor que puede hacer la Jerarquía católica, si de verdad denuncia y renuncia al sistema capitalista, es volver a las auténticas enseñanzas del nómada nazareno crucificado. Dicen que ese compa tenía sólo una túnica, y predicaba con el ejemplo.

Unos días después de la publicación de esta entrada, encontré un artículo de Maciek Wisniewski titulado Las simulaciones ideológicas del papa Francisco I, de muy recomendable lectura, en el que, a propósito del encuentro aquí señalado, afirmaba lo siguiente:

El Papa durante el encuentro con los movimientos populares (Vaticano, 27-29/10/14), parafraseando a Hélder Cámara: Si pido ayudar a los pobres, dicen que soy comunista (Telesur, 28/10/14).

Löwy también recordaba aquel pasaje canónico (Si doy pan a un pobre, me dicen que soy un santo; cuando pregunto por qué la gente es pobre, me llaman comunista), pero para recalcar que Bergoglio ayuda y no hace preguntas incómodas (hasta su paráfrasis se quedó corta...).

En su enfoque no hay clase oprimida y clase opresora (algo que sí identifica la teología de la liberación); para él, eso no importa: sólo hay que trabajar juntos por el bien de todos.

En este sentido es excesivo el entusiasmo de Ignacio Ramonet, que tras el encuentro –al que asistió Evo Morales como líder cocalero– aplaudía el gran valor del Papa y su nuevo rol histórico como abanderado solidario de las luchas de los pobres del mundo (Rebelión, 30/10/14).

Y más si recordamos el análisis de Rubén Dri, ex cura tercermundista: Para Bergoglio el verdadero rival son los gobiernos progresistas. Pero él sabe que no puede chocar frontalmente con ellos. Tiene que actuar de manera inteligente, desde abajo, entre los movimientos populares (Krytyka Polityczna, 1/2/14).

Así, aquel encuentro con los movimientos sociales se perfila más bien como la más grande, hasta ahora, simulación de Francisco I. Su afán es cooptar, no cooperar; neutralizar, no impulsar; disciplinar y meter los movimientos y gobiernos progresistas a su redil.