19.8.14

Las flautas sagradas del Alto Xingú

Las flautas sagradas del Alto Xingú

Por Edgardo Civallero

Los llamados "pueblos del Alto Xingú" (Awetí, Kalapalo, Kamayurá, Kuikuro, Matipú, Mehináku, Nauquá, Trumai, Yawalapiti y Waurá), habitantes de la Terra Indígena Parque do Xingu (estado de Mato Grosso, Brasil), son dueños de una de las "flautas" más famosas de la etnomusicología indígena americana: la uruá, término de la lengua Kamayurá que designa a un largo aerófono elaborado en bambú. Un instrumento de lengüeta libre, en realidad, bastante diferente de la "flauta" que suele mencionar la literatura (incluso la especializada).

Las uruá aparecen sobre todo durante el kwarup o kuarup, otro término Kamayurá que denomina la fiesta de los muertos de los grupos indígenas del Alto Xingú. El kwarup se ha convertido en una especie de emblema de la región; la difusión que le han dado los medios ha logrado que sea conocido hasta en las grandes ciudades de Brasil. Se trata de una celebración en la que se mezclan los mitos de creación, la iniciación de las jóvenes y la relación entre las aldeas. Y la voz ronca de las uruá.

Las flautas sagradas del Alto Xingú
En aquellas comunidades de la esquina noreste del Mato Grosso, tras la sepultura de un líder o de una persona de cierta relevancia social, los responsables de preparar el cuerpo y enterrarlo piden a la familia del fallecido permiso para levantar una cerca en torno a la tumba. Cuando uno de los familiares da tal permiso se convierte en el "dueño" principal de la fiesta y comienza el kwarup, el cual se desarrolla a lo largo de un periodo de tiempo bastante extenso. Los rasgos ceremoniales más conocidos, sin embargo, tienen lugar durante su cierre; éste suele realizarse en la estación seca, en el tiempo de desove de las tortugas de río tracajá (entre los meses de julio y septiembre). Y para esa fase, la aldea que es sede del kwarup invita a los otros grupos de la región a participar en el evento.

El "dueño" del kwarup debe hacerse cargo de la organización de los ritos y de la provisión de comida y bebida, para lo cual deberá disponer, para empezar, de una buena cosecha de mandioca y de pequi (nueces souari). Los parientes de otros "hombres célebres" ya fallecidos lo ayudan, convirtiéndose así en "dueños secundarios". Y todos ellos invitan a los parientes de los "hombres comunes" a unirse a la ceremonia.

Poco tiempo después se construye la cerca y el "dueño" principal y sus asociados lloran a sus muertos al son de maracas. A lo largo de noviembre y diciembre se recolecta el pequi, que se va almacenando en el interior de esa cerca hasta llenarla; luego se hierve y su pulpa se conserva en cestas. Durante los meses siguientes se suceden bailes en honor a los muertos y, sobre todo, suenan las uruá.

Las flautas sagradas del Alto Xingú
Cuando se acerca el cierre del kwarup, un pariat o mensajero (elegido entre uno de los sepultureros) sale a invitar a las aldeas vecinas; el número de invitaciones depende de la cantidad de recursos disponibles y de las relaciones con las otras comunidades.

Mientras tanto, los organizadores se encargan de capturar la mayor cantidad de peces posible, una tarea que debe realizarse a último momento para que el pescado se conserve bien. Al mismo tiempo, en el "patio" de la comunidad (el área entre las distintas malocas o casas comunales) cada fallecido homenajeado está representado por un tronco de una especie de árbol llamada kwarup: la madera con la que, según la leyenda, el héroe mítico hizo a las mujeres que envió para que se casaran con el jaguar. Los troncos se colocan uno al lado del otro, profusamente pintados y ornamentados; a mayor importancia social, más gruesos y decorados.

La víspera del cierre del kwarup, los invitados van llegando. Por la noche, en una escena que oscila entre lo sobrecogedor y lo mágico, se encienden fuegos frente a cada tronco; las familias lloran a sus muertos al son de las maracas y los cánticos mientras los recién llegados se unen al homenaje aportando leña de árbol pindaiba para las hogueras.

Las flautas sagradas del Alto Xingú
Al día siguiente se realiza una competición de huka huka o lucha tradicional, en la cual la aldea huésped se enfrenta una por una a las visitantes. Luego de la competencia, una de las jóvenes que hasta entonces llevaba meses encerrada en "reclusión puberal" (encierro de las muchachas tras su primera menstruación), con la piel más clara de lo habitual y el flequillo crecido hasta el mentón, ofrece pequi a los visitantes. Tras ello se reparte la comida y la bebida entre los participantes, mientras varias parejas de intérpretes de uruá se desplazan por toda la aldea, entrando y saliendo de las distintas malocas. Junto a ellos, en una especie de "presentación ante la comunidad", van las mujeres que abandonan finalmente su "reclusión puberal" y que bailan junto a los músicos con una mano apoyada sobre sus hombros.

Al final de la jornada se despide a los invitados y se arrojan los troncos-difuntos al río o a la laguna más cercana. Y las uruá se guardan y se silencian hasta que comience el próximo kwarup en el Alto Xingú.

Artículo. "El largo ritual del Kwarup", en Povos Indígenas no Brasil.
Artículo. "Kuarup – Índios do Alto Xingú", en Fundação Nacional do Índio.

Video. Músicos Yawalapiti tocando las uruá.

Imagen A. Detalles de flautas uruá (foto de Renato Soares).
Imagen B. Flautas uruá de los Kuikuro (foto de Renato Soares).
Imagen C. Flautas uruá de los Kalapalo (foto de Renato Soares).
Imagen D. Flautas uruá de los Kalapalo.