17.6.14

"El trabajo doméstico ha sido construido por el capitalismo"

El trabajo doméstico ha sido construido por el capitalismo

Por Sara Plaza

Los siguientes párrafos son la trascripción de la entrevista a Silvia Federici realizada por Diagonal que puede verse aquí.

Silvia Federici es profesora en la Hosftra University de Nueva York, militante feminista y experta en el debate sobre el trabajo doméstico dentro del sistema capitalista. En "Revolución en punto cero" se recogen algunos de sus artículos fundamentales sobre este tema.

Diagonal: "Revolución en punto cero" reúne tus artículos sobre trabajo reproductivo desde los años 70. ¿Puedes explicar cómo ha evolucionado tu postura?

Silvia Federici: Mi evolución es que, en la primera parte del libro, que corresponde a artículos que escribí en los años 70 hasta comienzos de los 80, son artículos que escribí en el contexto del movimiento feminista, en mi activismo en la campaña internacional 'Salarios para el trabajo doméstico'. En ese contexto 'reproducción' se refería, principalmente, al trabajo doméstico, a todo ese trabajo no pagado que hacen las mujeres día a día. En la segunda parte del libro 'reproducción' toma un significado más amplio: se extiende a, por ejemplo, la agricultura. A mediados de los 80 pasé un tiempo en Nigeria, donde me encontré con una nueva problemática feminista, y no solo feminista: la cuestión de las luchas por la tierra, la agricultura de subsistencia, el hecho de que las mujeres en muchas partes del mundo, principalmente en África, hacen el 80% de la agricultura de subsistencia, produciendo para el consumo de las familias. Este tipo de actividad estaba siendo atacada por el Banco Mundial, en esta estrategia de privatizar la tierra y acabar con cualquier actividad que escapase al mercado, a las relaciones monetarias.

Y luego, otra evolución es en términos de estrategias, estrategias de lucha para cambiar el mundo, para crear una sociedad poscapitalista. En la primera parte del libro, la principal estrategia feminista es la que estaba defendiendo con otras mujeres en los 70, salarios para el trabajo doméstico. Era, en definitiva, una estrategia que pretendía subvertir la división sexual del trabajo, que está basada en el trabajo no pagado de las mujeres. En la última parte, en mis últimos artículos, hablo mucho de la cuestión de los comunes, que lleva el tema más allá de las relaciones monetarias y nos permite pensar en formas que, empezando desde ahora, nos permitan construir otro tipo de sociedad, fuera de la lógica del mercado y del capitalismo.

Diagonal: En el libro dices: "El capitalismo promueve una crisis reproductiva permanente". ¿Puedes explicar esta afirmación?

Silvia Federici: El capitalismo es una crisis reproductiva porque a la conclusión a la que llegamos, analizando el papel del trabajo reproductivo en la acumulación capitalista, es que el capitalismo necesita, estructuralmente, devaluar la reproducción, el trabajo reproductivo y a los sujetos del trabajo reproductivo, que son principalmente mujeres, aunque no solo. El capitalismo necesita devaluar el trabajo reproductivo porque necesita rebajar el coste de producir la fuerza de trabajo. Hoy en día además hay otra forma en la que la reproducción es otro terreno de crisis, y es una de las respuestas que la clase capitalista dio al increíble ciclo de luchas que tuvieron su punto álgido en los 60 y los 70, y comenzaron con las luchas anticoloniales, de estudiantes contra la guerra, luchas de trabajadores, feministas... Una de las respuestas ha sido transformar completamente la economía mundial y por ejemplo cortar cualquier tipo de inversión que había hecho el Estado para reproducir la fuerza de trabajo. Todos estos recortes de servicios sociales que estamos presenciando en todos lados, no solo en España o Grecia, en realidad Estados Unidos ha sido uno de los primeros, o África con los planes de ajuste estructural. Una de las principales medidas de los planes de ajuste estructural fue el recorte de inversión pública en servicios como salud, educación, transporte, necesidades básicas. Eso ha creado una inmensa crisis reproductiva.

Así es que ahora tenemos a las mujeres en concreto en el centro de una crisis increíble, que implica falta de recursos, jornadas de trabajo interminables, una vuelta a los tiempos de la revolución industrial... Una vida hecha de trabajo y ansiedad, porque todo se ha vuelto precario, no sabemos si podremos reproducirnos en el futuro, no tenemos tiempo para nuestra familia ni nuestros amigos, los niños sufren... No es casualidad que, por ejemplo, en un país como Estados Unidos, y empieza a pasar en otros países, se da a los niños una cantidad inmensa de tranquilizantes y antidepresivos. Según cifras estadounidenses, 1 de cada 4 niños estadounidenses tiene un trastorno mental. Mi interpretación de esto, claro, es que un problema creado por la falta de recursos y de atención a la infancia se medicaliza. Dejas de invertir en la escuela y luego das medicación a los niños porque tienen déficit de atención. Los niños están insatisfechos y les damos antidepresivos. Es básicamente un intento de medicalizar y sedar esta increíble insatisfacción. Las mujeres son las mayores consumidoras de antidepresivos, porque sus vidas escapan de su control, consumidas por tanto trabajo.

Diagonal: Señalas que el trabajo reproductivo tiene dos dimensiones: reproducción para el capital y reproducción para la vida.

Silvia Federici: Señalo que el trabajo reproductivo tiene dos elementos que necesitamos diferenciar, aunque en la vida no están separados, pero los tenemos que diferenciar teóricamente porque las actividades por las que reproducimos nuestra vida han sido distorsionadas, capturadas, constreñidas, modeladas en formas que están determinadas por las necesidades del mercado de trabajo. Eso es muy importante, porque nos permite darnos cuenta de muchas de las cosas que hacemos, y de que las razones por las que el trabajo doméstico ha sido tan opresivo no es porque reproducir a las personas sea opresivo en sí mismo, o porque sea menos creativo que otros trabajos, sino porque se ha organizado de forma que no responde a nuestros deseos, está modelado en función de necesidades que no son las nuestras sino las del mercado capitalista. En realidad hemos comenzado a teorizar en el movimiento que luchar contra el trabajo doméstico no solo nos libera a nosotras sino que también libera a las personas que nos rodean. Por ejemplo, la lucha de las mujeres contra el trabajo no pagado es una lucha que los hombres deberían haber apoyado, que libera a las mujeres pero también a los hombres de nuestra dependencia económica hacia ellos. Esa dependencia económica ha sido una forma de disciplinar a los hombres, ha sido una causa de desigualdad y relaciones de poder; los hombres han podido, a través del salario, ordenar el trabajo y los servicios de las mujeres, pero esa dependencia también ha significado su dependencia del capital. Cada vez que hay una huelga, tienes a una mujer e hijos que dependen de ti en casa y te lo tienes que pensar dos veces antes de sumarte a la huelga. Pienso que disgregar, redefinir lo que es el trabajo doméstico, ver que no es algo previo a la sociedad capitalista sino que ha sido construido por el capitalismo, y ver qué mecanismos contiene para dividir a la clase trabajadora, y que permite a la clase capitalista delegar su poder, esconder la explotación, naturalizarla, hacer que parezca algo que pertenece a la personalidad o identidad de las mujeres es muy importante y liberador, y creo que los hombres deben dar un paso al frente en este proceso de crear una sociedad no capitalista.

Diagonal: ¿Cómo se relaciona todo esto con la cuestión de los bienes comunes?

Silvia Federici: Primero, la cuestión de los comunes se ha vuelto central en las organizaciones radicales, y no de forma accidental, desde los 90. En los 90 empezamos a ver que los últimos comunes que quedaban se estaban perdiendo, con ese gran impulso dirigido por el Banco Mundial a la privatización de la tierra... la comercialización de tierras, bosques, mares, y todos los aspectos de nuestra vida. Y esta idea del mercado como el elemento hegemónico de las relaciones sociales, de la reproducción social. La comercialización del conocimiento, por ejemplo. La educación, que era de alguna manera una garantía, ahora tienes que pagarla. De alguna manera la idea de los comunes representa una rebelión contra este proceso de privatización. También representa la necesidad que cada vez más comunidades a lo largo del mundo sienten de crear inmediatamente, en el presente, formas alternativas a la relación salarial. Porque no hay trabajo, no hay sanidad, porque nos están quitando todas las formas de subsistencia con las que contaba la gente. Así que la idea de los comunes, ya sea reapropiarse de la tierra, crear huertos, nuevas fuentes de comida, ya sea crear espacios donde producir y distribuir conocimiento fuera de las relaciones monetarias... Todas estas son necesidades de supervivencia. Así que el deseo de los comunes está motivado por necesidades muy reales. Los comunes representan también una forma de reconstruir una comunidad, unas relaciones comunitarias, un tejido social, sin los que no podemos luchar, no podemos luchar para poder reorganizar nuestra vida y reclamar recursos. Estoy muy interesada en la reorganización del trabajo reproductivo. En otras sociedades el trabajo reproductivo se hacía de forma colectiva, en un contexto de familias extensas y comunidades, pero en el capitalismo tenemos la separación en casas individuales, mujeres que trabajan a menudo todo el día solas, con múltiples tareas, de forma que su vida está totalmente consumida por este trabajo. Creo que tenemos que repensar, a medida que confrontamos la crisis y creamos nuevas formas cooperativas de existencia, que también tenemos que tener en mente la reestructuración y la reorganización del trabajo doméstico de forma que sea más cooperativo. Eso significa que tenemos que buscar nuevas formas de organizar el cuidado de la infancia, de quienes no son autosuficientes, la forma de hacer el trabajo doméstico, la organización del hogar, la relación del hogar con el vecindario... Todo eso tiene que ser repensado de forma que cree comunidad.

Entrevista y traducción: Irene G. Rubio
Vídeo: Kike Castro
Agradecimientos a Traficantes de Sueños.