6.5.14

La originalidad del beso

La originalidad del beso

Por Sara Plaza

Acaba de celebrarse en España el Día de la Madre. Durante las semanas anteriores nos fue anunciado en las paradas de autobús, los pasillos del metro, las salas de espera, la radio, la televisión, la prensa; ¿y qué decir de las perfumerías, floristerías, joyerías, boutiques? La campaña publicitaria se coló en las panaderías, los parques infantiles, las oficinas; viajó por tierra, mar y aire; escaló montañas, se despeinó en autopistas y fue arrastrada por nuestros sedientos cauces de agua. Se paseó de un lugar a otro y anduvo de boca en boca. Y, por supuesto, en todas las portadas fueron sucediéndose las imágenes de celebridades propias y ajenas que habían dado a luz en los últimos meses y ¡oh, maravilla!, habían recuperado (incluso mejorado) su figura en un tiempo récord.

Todo esto no sé si me entristece, me asusta o me enoja. Probablemente un poco las tres cosas.

Siendo niña, aprendí de mi abuelo a preparar ramilletes de violetas, que atábamos con una hoja de hierba, y mi papá me enseñó a cortar rosas. En la escuela aprendimos a hacer tarjetas de felicitación y nos enseñaron un puñado de manualidades con las que años tras año "sorprendíamos" a mamá. Hoy sigo recogiendo flores silvestres y recortando pequeños trozos de cartulina en los que dibujar y copiar una poesía. En cuanto a las manualidades, siempre terminan de hacerse en el horno. Hace más de cuarenta años que mi madre recibe distintas versiones del mismo regalo, y que juntas recordamos con una sonrisa uno de aquellos primeros regalos. Se trata de una poesía, y en esa temprana ocasión, no la escribí sino que se la recité junto a mi hermana. La encontramos en un libro de lecturas que mi madre había usado en la escuela en los años 50. Como su autor figuraba A. Calcagno, R. Argentina, y decía así:

EN EL DÍA DE LA MAMÁ

Mamita, con qué fruición
Con qué entusiasta alegría
Vi amanecer este día,
Mamita del corazón.

Hoy es tu Santo, ¿no es eso?
¿Y qué darte podré yo?
¿Mi corazón? ¡Cómo no!
Te lo entrego en este beso.

En este beso, mamá,
Van cerradas mis albricias,
Mi cariño, mis caricias,
Todo lo que alma da.

Y pues tú quieres de mí
Que sea bueno, lo seré.
Verás, mamita, que sé
Cumplir lo que prometí.

Que te vea muy viejita,
Muchos años, muchos años,
Sin penas ni desengaños:
Son mis deseos, mamita.

Nos pareció muy graciosa y un poco cursi. Cambiamos "bueno" por "buena" y sin saber muy bien qué significaba "fruición" y "albricias", nos la fuimos aprendiendo, aunque no nos entusiasmaba demasiado la idea de que mamá se hiciese viejita. Creo que entonces nos dio un poco vergüenza recitarla y que nos olvidamos de alguna palabra. Hoy las tres peinamos más o menos canas, y seguimos riéndonos de aquella ocurrencia. Y entre risa y risa, rescatamos ese beso que sin duda ha sido siempre el mejor y más original regalo.