27.5.14

La guía de la emigrante en Canadá

La guía de la emigrante en Canadá

Por Edgardo Civallero

Catherine Parr Traill nació en 1802 en Rotherhithe, al sudoeste de Londres. Tras la muerte de su padre, cuando tenía solo 16 años, comenzó a escribir libros infantiles, ajustados a la férrea moralidad propia de la época victoriana. Su producción literaria fue lo suficientemente prolífica como para producir un volumen anual. A los 30 años se casó con un teniente retirado, junto a quien poco después se trasladó a Canadá, cerca de Peterborough, en la provincia británica del Alto Canadá.

Como a muchas otras mujeres europeas que emigraban a tierras americanas, la dura vida de colona tomó a Traill absolutamente por sorpresa. Haciendo uso de sus dotes como escritora, fue recogiendo todas sus sorpresas, experiencias, descubrimientos y fracasos en notas que terminó transformando en un libro, "The Backwoods of Canada" (1836). En ese texto describe la vida cotidiana, las relaciones entre colonos e indígenas, el clima, la flora y la fauna, etc. En 1840, insatisfechos por aquella vida en las soledades canadienses, ella y su esposo se mudaron a Belleville (Ontario). Allí, Traill siguió escribiendo, reflejando sus recuerdos y experiencias en una novela, "Canadian Crusoes" (1851), y en una guía muy famosa, "The female emigrant's guide and hints on Canadian housekeeping" [La guía de la emigrante, y pistas/consejos para quehaceres domésticos en Canadá] (1854).

Más tarde se dedicó a la descripción de la flora canadiense, publicando "Canadian wild flowers" (1865), "Studies of plant life in Canada" (1885) y varios textos más. Traill falleció en Lakefield, Ontario, en 1899; sus ricas colecciones de plantas se conservan en la actualidad en el Herbario Nacional de Canadá, situado en el Museo Canadiense de la Naturaleza.

"The female emigrant's guide and hints on Canadian housekeeping" es una obrita llena de detalles y de información valiosa. Así presenta la propia autora el libro y sus objetivos:

Entre los muchos libros que se han escrito para la instrucción del emigrante canadiense, no hay ninguno dedicado exclusivamente a las esposas e hijas de los futuros colonos, las cuales, en su mayoría, poseen una idea muy vaga de los deberes particulares que están destinadas a llevar a cabo, y a menudo carecen de toda preparación para afrontar las vicisitudes de su nuevo modo de vida.

Como regla general, se les dice que deben preparar sus mentes para algunas penalidades y privaciones, y que van a tener que esforzarse de formas que hasta el momento les habían sido desconocidas; pero la naturaleza exacta de ese trabajo, y cómo se va a realizar, permanecen ignotas. El resultado es que las mujeres tienen todo por aprender, con pocas oportunidades de adquirir los conocimientos necesarios, que a menudo se obtienen en las circunstancias y situaciones más desalentadoras; mientras sus corazones están todavía llenos de anhelos naturales por su tierra natal (querida hasta para el emigrante más pobre), con el dolor de la ausencia de los viejos amigos, y mientras todos los objetos en este nuevo país son extraños para ellas. Desalentadas por los repetidos fracasos, no habituadas a los métodos que los residentes más añosos adoptan en caso de dificultades, el disgusto ocupa el lugar de la alegría; los problemas crecen, y el poder para vencerlos disminuye; la felicidad doméstica desaparece. La mujer se afana en la nostalgia, suspirando por el hogar que dejó atrás. El marido reprocha a su compañera con el corazón roto, y ambos culpan a la colonia por el fracaso individual.

Habiendo sufrido en carne propia la desventaja de adquirir todo mi conocimiento sobre las tareas hogareñas en Canadá mediante la experiencia personal, y después de haber oído a otras mujeres en situación similar lamentar la falta de algún libro sencillo y útil que les diera una idea de las costumbres y las ocupaciones inherentes a la vida de un colono en Canadá, he asumido la tarea de responder a esta necesidad, y con mucho trabajo he recogido materiales que consideré útiles para permitir la instrucción requerida.

Dado que incluso los materiales difieren, y el método de preparación de los alimentos es muy variable entre la colonia y la metrópoli, he dado en este pequeño libro las recetas más aprobadas para cocinar ciertos platos, el modo habitual de fabricación de sirope de arce, jabón, velas, pan y otros artículos de primera necesidad en el hogar; en fin, todo tema que de alguna manera estuviese relacionado con la gestión de la casa de un colono en Canadá, ya sea en lo relativo a la economía o al beneficio, lo he introducido en esta obra para provecho de la mujer y de la familia del futuro colono.

En las páginas siguientes, Traill describe cómo vestir, cómo aprovechar mejor la tela y la ropa y cómo cuidar de las distintas vestimentas para prolongar su duración; cómo cultivar plantas ornamentales locales para dar un toque hogareño a la vivienda (generalmente una cabaña de troncos); cómo amueblar el interior de dicha cabaña de troncos con los recursos a mano (generalmente escasos); cómo mantener el buen humor y las energías, y las buenas relaciones con los vecinos; cómo elegir un buen barco para emigrar a Canadá, cómo decidir el equipaje, cómo enviar cartas y paquetes; cómo proteger las propiedades y a las personas en Canadá; cómo mantener un jardín y una huerta; cómo conservar las manzanas (en cera, secas, en conserva, en tartas, hechas salsa o sirope, hechas mermelada o sidra) y las cerezas; cómo recoger y utilizar los frutos silvestres canadienses; cómo preparar cerveza y otros productos fermentados; cómo producir y manejar levaduras y, por supuesto, como hacer pan, pasteles, budines y otras pastas; cómo aprovechar los cereales silvestres locales, las patatas, las calabazas y otros productos de la huerta; cómo buscar sustitutos silvestres para el café (incluyendo el conocido diente de león); cómo preparar melaza de remolacha y sirope de arce; cómo conservar la carne (secado, ahumado, etc.) y la grasa, tanto de animales domésticos como de caza y pesca; cómo fabricar jabón y productos de lavado y limpieza, y velas; cómo conservar y gestionar la lana, y cómo teñirla con productos naturales locales; cómo tejer alfombras y algunas prendas; cómo gestionar los productos lácteos, cómo hacer mantequilla y varios tipos de queso; cómo aprovechar los productos avícolas; cómo procurarse leña y otros materiales para el fuego; cómo criar abejas y aprovechar la miel; y qué hay que esperar de cada mes del duro calendario del colono canadiense.

La de Traill es una obrita que refleja, en sus pocas páginas, una mínima parte del enorme acervo de conocimientos que hasta hace un siglo atrás poseía cualquier persona –mujer u hombre, colono o no– que no viviera en una gran ciudad. Una serie de saberes y destrezas (recogidos en muchísimos otros libros) necesarios para (sobre)vivir, y que la mal entendida "modernidad" nos ha arrebatado. Pasear por las recetas, consejos y descripciones incluidos en "The female emigrant's guide..." permite apreciar el calibre de todo lo que hemos perdido, de todo lo que ignoramos, de todo lo que no sabemos hacer y de lo incapaces que seríamos si nos desconectaran cinco minutos de nuestro modo de vida actual.

Enlace de descarga del libro [.pdf, en inglés].

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