8.4.14

Todo gato es gato

Todo gato es gato...

Por Sara Plaza

... desde bigote a cola

Estos versos pertenecen al poema de Pablo Neruda Oda al gato, que comienza así:

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

En la página de El Ortiba (Colectivo de cultural popular) titulada "Gatos y escritores: Una alianza entre seres libres" se afirma lo siguiente: "Esta página debería titularse los gatos y sus escritores. Porque si usted convive con un gato habrá notado muchas veces que no 'tiene' un gato, como se tiene un perro, un canario o una tortuga. Usted vive en la casa del gato".

Nunca he tenido un perro ni una tortuga, y del único canario con el que conviví guardo un vago recuerdo infantil. Sin embargo, el gato ha estado a mi lado desde hace más de una década, y casi desde el primer día comprobé que, efectivamente, soy yo la que vive en su casa, la que estudia, escribe, dibuja, teje y lee a su lado, y la que les he llamado como alguno de mis escritores favoritos.

El apartado Los gatos y sus escritores ofrece una lista de varios escritores junto a los nombres de sus gatos: H. G. Wells – Mr. Peter Wells; Tenneesse Williams – Topaz; Alejandro Dumas – Mysouff I, Mysouff II, y Le Docteur; Charles Dickens – William (al descubrir que era una gata la rebautizó Williamina) y Master's Cat; Mark Twain – Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany y Zoroaster; Lord Byron y Borges – Beppo (el de Borges originalmente se llamaba Pepo, y tuvo otro de nombre Odín); Edgar Allan Poe – Catarina; Víctor Hugo – Chanoine y Mouche; Charlotte y Emily Brontë – Tiger; F. Scott Fitzgerald – Chopin; T. S. Elliot - George Pushdragon, Noilly Prat, Pattipaws o Pettipaws, Tantomile y Wiscus; Walter Scott – Hinse; Theóphile Gautier – Childebrand, Clópatre, Don Pierrot de Navarre, Enjoras, Séraphita, Eponine, Gavroche, Madame Theóphile y Zizi; Colette – Franchette, Kapok, Kiki-la-Doucette, Kro, La Chatte, La Chatte Dernière, La Touteu, Mini-mini, Minionne, Muscat, One and Only, Petieu, Pinichette, Toune, Zwerg y Saha.

En otras páginas he encontrado que Ernest Hemingway solía llamar a sus gatos con nombres de personas famosas, pero sin duda el más conocido fue Snowball. Julio Cortázar puso al suyo Teodoro W. Adorno y a una gata, Flanelle. El de Edward Lear se llamó Foss, y los de Mallarmé Stephane, Neige, Frimas y Lilith (hija de una gata de Théodore de Banville y nieta de Eponine, gata de Théophile Gautier). La autora de La cabaña del Tío Tom, Harriet Beecher Stowe, bautizó al que recogió en la calle como Calvin.

Pero además de nombrarlos de formas muy diversas, muchos escritores y poetas se han inspirado en sus gatos y han dicho y escrito sobre ellos. Mark Twain afirmó que "el cruce de persona con gato sin duda mejoraría la especie humana, pero empeoraría a los gatos". A Edgar Allan Poe le hubiera gustado escribir con el misterio que tiene un gato. George Bernard Shaw era de la opinión de que "el hombre es civilizado en la medida que comprende a un gato". En el siglo XVIII el periodista y escritor Antoine Rivaroli (Antoine de Rivarol) aclaró que "el gato no nos acaricia, se acaricia con nosotros", y al filo del siglo XXI el poeta Jorge Riechmann, en Desandar lo andado (1993-1999) titulaba uno de los fragmentos ¿Por qué el gato sabe que la caricia es suya?.

Pablo Neruda, en el poema que abre esta entrada, escribió "pero no puedo descifrar un gato / mi razón resbaló en su indiferencia", y de Miguel de Unamuno es la frase: "Mi gato nunca se ríe o se lamenta, siempre está razonando". Julio Verne estaba seguro de que "un gato podría caminar sobre una nube sin atravesarla" y para la poeta Silvina Freira "los gatos son la expresión manifiesta y sublime de la libertad absoluta", quien también revela que lo que la fascina de ellos es lo que tanto molesta a la gente en general "su total independencia, sus conductas libertarias, anarquistas, que sean ociosos, vagos, callejeros".

Señalar por último que Osvaldo Soriano insiste en que "un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo" y cuenta que: "Cuando yo era chico mi gato Pulqui era mono, león, pirata y bandolero. Yo lo acechaba entre las plantas del jardín y me le tiraba encima con el cuchillo de madera entre los dientes. Ahora mi hijo combate contra la gata Virgula que le devuelve los golpes. Son arañazos de mentira, en un revoltijo de sillas volteadas y malvones floridos. Las suyas, como las mías antes, son fantasías de selvas y mares, de castillos y mosqueteros. Esos años felices e irrecuperables en los que uno aprende, si aprende algo, que los gatos nos traen a domicilio el misterio de la creación. Chandler les atribuía toda la sabiduría y creía que provocaban la explosión creadora. Un día le pidieron que hablara de Philip Marlowe y prefirió que fuera Taki la que la hiciera por él. Pretendía que era la gata quien escribía sus novelas bien entrada la noche. A mí suele pasarme algo parecido".

Fotografía de Sara Plaza.