11.3.14

Reír llorando

Reír llorando

Por Sara Plaza

David Garrick (Hereford, 1717 – Londres, 1779) fue un actor, autor, director y productor de teatro inglés. Tuvo una influencia notable en la práctica teatral a lo largo del siglo XVIII, y dirigió durante 29 años el Royal Theatre, más conocido como el teatro Drury Lane, en Covent Garden (distrito de Westminster, Londres).

Empezó a ser reconocido tras protagonizar Ricardo III de William Shakespeare, y pronto se ganó el favor del público con una interpretación "realista" alejada del estilo grandilocuente que primaba en los escenarios de aquella época. Como director teatral no solo influyó en actores y actrices destacados sino que trató de modificar el comportamiento del público introduciendo una serie de reformas en la escenografía, el vestuario, los efectos especiales, etc.

Aunque la crítica es más o menos unánime al indicar que no era un buen autor teatral, no cabe duda de que hizo un gran trabajo para acercar Shakespeare al público. Por otro lado, adaptó las obras más viejas del repertorio, rescatándolas así del olvido. Su profesor y amigo Dr. Samuel Johnson dijo de él: "Su profesión le hizo rico y él hizo su profesión respetable".

Inspirándose el la figura de Garrick, el poeta, periodista y diplomático mexicano Juan de Dios Peza (México D.F, 1852-1910) le dedicó su poema "Reír llorando".

Viendo a Garrick –actor de la Inglaterra–
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen [1], los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro –le dijo– , un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

–Viajad y os distraeréis.
–¡Tanto he viajado!
–Las lecturas buscad.
–¡Tanto he leído!
–Que os ame una mujer.
–¡Si soy amado!
–¡Un título adquirid!
–¡Noble he nacido!

–¿Pobre seréis quizá?
–Tengo riquezas.
–¿De lisonjas gustáis?
–¡Tantas escucho!
–¿Que tenéis de familia?
–Mis tristezas.
–¿Vais a los cementerios?
–Mucho... mucho...

–¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
–Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

–Me deja –agrega el médico– perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros.
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrick, podréis curaros.

–¿A Garrick?
–Sí, a Garrick... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

–¿Y a mí, me hará reír?
–¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
–Así –dijo el enfermo– no me curo;
¡Yo soy Garrick!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

[1] Según el Diccionario de la RAE, esplín (Del ingl. spleen, bazo, hipocondría): Melancolía, tedio de la vida.

Imagen.