18.2.14

Los primeros pasos del doblaje

Informe de una injusticia

Por Edgardo Civallero

Durante los primeros años de la era del cine sonoro (concretamente, entre 1928 y 1931), los directores y productores cinematográficos se toparon con un enorme problema: el idioma. Los diálogos grabados en inglés resultaban absolutamente inútiles (por no decir frustrantes) para las audiencias hispanoamericanas, francófonas o alemanas, mercados sumamente interesantes y, por lo general, desconocedores de la lengua de Shakespeare.

Mientras se perfeccionaban los (hoy conocidísimos, pero entonces bastante defectuosos) métodos de doblaje y subtitulado (que comenzarían a ser ampliamente utilizados de 1932 en adelante), los estudios de Hollywood emplearon dos sistemas para tratar de solucionar la cuestión. Uno de ellos era la producción de una International Sound Version, en donde todos los diálogos en inglés eran reemplazados por música, y se insertaban "inter-títulos" (los célebres "cartelitos" de las películas mudas) en donde se presentaban las conversaciones convenientemente traducidas. El otro, mucho más costoso, era la producción de una Foreign Language Version, en la cual se producía toda la película nuevamente, pero interpretada por hablantes nativos de la lengua. Algunas estrellas del cine estadounidense que hablaban otros idiomas mantenían su estrellato en las versiones en francés o en español; las más, sin embargo, eran sencillamente sustituidas.

En un momento histórico en donde cualquier película "sonora" que saliese al mercado se convertía automáticamente en un boom y en donde las ganancias estaban aseguradas, el primer sistema era el más rentable y, por ende, el más utilizado (menores inversiones, mayores réditos). El segundo se empleaba sólo para grandes obras; las versiones se preparaban en español, francés o alemán, Curiosamente, han sobrevivido pocas de esas Foreign Language Versions; quizás la más célebre sea la versión en español de la inolvidable "Drácula" de Bela Lugosi (1931), interpretada por el andaluz Carlos Villarias.

Transcribo, a continuación, un artículo con el que fui a dar revisando un número de la revista semanal "La Nación" (Buenos Aires, Argentina), concretamente el del 23 de noviembre de 1930 (año II, nº 73). Se trata de una reseña perteneciente a una sección ("Crónicas de Hollywood") dedicada a los "amantes del cinematógrafo" en la que se explicaban los secretos y misterios de la industria; en este caso, aborda los problemas del doblaje.

El texto (pág. 29) viene firmado por Mordaunt Hall, un colaborador regular de la revista "La Nación". Hall (1878-1973) fue el primer crítico de cine del The New York Times, y trabajó en ese periódico entre octubre de 1924 y septiembre de 1934.

El problema de las películas parlantes en el extranjero
Por Mordaunt Hall
(Hollywood, octubre de 1930)

Desde que el micrófono asomó en los estudios de Hollywood, los productores de películas se vieron indecisos frente al mercado exterior. Las películas mudas no les planteaban problemas; pero el nuevo estado de cosas les hace ver que el diálogo en inglés no es aceptado en países donde no lo entienden. Por consiguiente, han hecho toda suerte de experimentos –primeramente desde un punto de vista económico– para fabricar películas que pudieran venderse en las naciones sudamericanas, en Europa y en otros puntos del globo. La primera tentativa fue la basta "aplicación" [doblaje] de voces, que consiste, en resumen, en que actores extranjeros digan ante el micrófono las partes habladas de los norteamericanos, al tiempo que aquellos observan los movimientos inadecuados de labios de las imágenes en una sala de proyección.

No hace mucho, la Universal Pictures Corporation, en su afán de divulgar en países extranjeros su aplaudidísima película "Sin novedad en el frente" [1930, dirigida por Lewis Milestone], adaptación de la muy conocida novela del mismo título de Erich María Remarque [publicada en 1929], puso en juego un nuevo e ingenioso procedimiento de "aplicación".

Convencida de que el mero movimiento de labios de los actores norteamericanos no era satisfactorio porque, aparte la circunstancia de que a menudo las voces no sincronizaban, las expresiones y gestos de los artistas carecían de la vehemencia, vitalidad y pasión necesarias, decidió que los que representaran la película deberían saber alemán, que era la lengua precisa por el momento, y luego decir sus partes en una filmación especial de todas las escenas necesarias, sin que el micrófono registrase sus voces, por entenderse que por muy bien que los actores aprendieran la pronunciación alemana, hablarían indefectiblemente con acento norteamericano. El plan mejoró evidentemente la filmación, porque una cosa es limitarse a mover los labios en una escena dramática, y otra muy distinta proferir palabras. Cuando se hubo filmado cierto número de escenas, contratóse a actores alemanes, cuya habla, si no cuya presencia, cuadraba a los diversos personajes, para que dijesen las partes habladas correspondientes a éstos, en una sala de proyección, delante de un micrófono, a medida que viesen moverse los labios de los actores en la pantalla.

Este procedimiento resultó mucho más satisfactorio que los anteriores; pero según fabricantes rivales, no significó la solución del problema, porque aún descontados los episodios vigorosos, el diálogo no fue suficientemente espontáneo. Los actores alemanes que hablaban tenían que poner extraordinaria atención para seguir el movimiento de labios de las imágenes de la pantalla, lo cual redundaba a menudo en artificio inconveniente, en titubeos, no sólo en la articulación de palabras, sino también de sílabas, con natural desmedro del efecto deseado.

[La película se distribuyó, finalmente, como International Sound Version. Las técnicas de dubbing o doblaje no se perfeccionarían hasta pasados un par de años].

No dando, pues, resultado el ingenioso procedimiento, la mayoría de los fabricantes han resuelto finalmente, en su avidez por vender sus películas a países de lenguas extranjeras, que el único método conveniente es emplear actores que hablen aquellas lenguas en las películas destinadas a esos países [es decir, la Foreign Language Version]. Aún esto significará, a no dudarlo, que habrá variedad de pronunciaciones; pero al menos se logrará que el diálogo se entienda en el país a que se destina y que los actores trabajen con toda la naturalidad de que sean capaces.

"Common Clay" [1930, dirigida por Victor Fleming, y una de las películas más taquilleras de ese año], película Fox de gran éxito, filmóse hace poco en español, con actores exclusivamente españoles. También se filmó "The Big Pond" [1930, dirigida por Hobart Henley] de Maurice Chevalier, en francés, siendo sus dos protagonistas Chevalier y Claudette Colbert, ambos franceses. La señorita Colbert tiene el mérito de hablar un inglés impecable; pero en esta versión se dejó ver marcadamente que las estrellas eran los únicos que hablaban su lengua natal, pues sus acompañantes hablaban el francés con una variedad de acentos, verdad que inteligible, pero que contrastaba mucho con el fácil de Chevalier y la señorita Colbert. Los fabricantes argüían que la mayoría de los personajes eran norteamericanos y que, por lo tanto, no les correspondía hablar un francés sin faltas; tenían razón, pero resultaba difícil ver en la señorita Colbert a una chica norteamericana, cuando el que aparecía como padre suyo en la pantalla [el actor estadounidense George Barbier] charlaba con tal rapidez que parecía hacerlo para encubrir defectos de pronunciación. Como recibirán esta película en Francia, es problemático.

Una idea bastante buena se le ha ocurrido a Buster Keaton, el conocidísimo cómico de rostro impasible. Entiende que sus películas se venderán mejor en el extranjero si desempeña él mismo los papeles principales, mejor que cualquier otra persona que hable, digamos, español más correctamente. El público que va a ver las comedias de Keaton [esto es, las películas lanzadas en el mercado estadounidense con Keaton como protagonista], naturalmente, espera verlo a él representándolas; por lo tanto, este comediante ha tratado de aprender sus partes habladas en español, lo cual no es tarea sobrehumana, ya que en buena parte de su trabajo no precisa hablar; pero el resto de los intérpretes de la versión española son actores de habla española.

Se espera que varios otros comediantes de nota emulen con Keaton en tal procedimiento. Por ejemplo, Harold Lloyd no puede pretender cosechar los mismos resultados pecuniarios de una película en la que un actor extranjero representa el papel que él desempeñó en la versión norteamericana; de modo que él también, imitando a Keaton, aprenderá sus parlamentos en francés, inglés, alemán o la lengua que se precise, y se rodeará de comparsas que hablen tales lenguas como suyas propias.

Se ha dicho que por lo menos una de las firmas cinematográficas norteamericanas proyectaba abrir estudios en varios países europeos, para filmar en ellos películas habladas en lenguas de esos países. Este procedimiento no es considerado factible por la mayoría de los fabricantes, porque así como ven que resulta menos costoso filmar películas en el Oeste, donde los extras y otros elementos pueden conseguirse fácilmente, comprenden que es más práctico y económico llevar actores de habla extranjera a California, usando los mismos decorados usados para las películas norteamericanas [de hecho, así, precisamente, se produjeron las películas Foreign Language Version].

Por cierto que para hacerlo requerirán una dirección especial para cada lengua. Ya en el estudio Fox se ha contratado directores de lenguas extranjeras. Para cada una de éstas se contratan escritores de diálogos y escenógrafos especiales y asesorará al director un experto en cualesquiera lengua que sea necesaria.

Adolphe Menjou [1890-1963], que trabaja actualmente en una película titulada "Marruecos" ["Morocco", 1930, con Gary Cooper y Marlene Dietrich, dirigida por Josef von Sternberg], es probablemente uno de los actores mejor preparados para filmar películas en lenguas extranjeras. Es francés [en realidad era estadounidense, nacido en Pennsylvania de padre francés y madre irlandesa,], pero tiene el privilegio de hablar francés e inglés impecablemente: Por su ascendencia y sus viajes frecuentes a países europeos, se cree capaz de desempeñar papeles en inglés, español e italiano. Antes de representarlos en español o italiano, para lo cual firmó hace poco un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer, piensa practicar esas lenguas con un natural de esos países, a fin de hablar sus partes con claridad y facilidad.

Al referirse al mercado extranjero, Hal Roach [1892-1992], productor de comedias filmadas con el título de "Our Gang" [serie luego titulada "The Little Rascals", con 220 cortos], ha dicho que en los días de las películas mudas, los negocios con aquel ascendían a un 25 por ciento del total de la industria; por lo cual comprende la necesidad de filmar comedias en lenguas extranjeras. Dice que mientras un actor norteamericano que trataba de interpretar un drama en una lengua extranjera sólo conseguía ponerse en ridículo, no ocurre igual cosa tratándose de comedias, porque en éstas el acento no importa, ya que en ellas lo cómico depende principalmente de la acción. Suponiendo que haya pasajes en las mismas, como ocurre en las de aporreamiento y carreras, que precisen interpretación, puede echarse mano de un personaje secundario para que explique lo que ocurre o va a ocurrir.

Imagen. La Nación, 1930.