14.1.14

Junto a la lumbre

Junto a la lumbre

Por Sara Plaza

Hacía varios días que una fría y espesa niebla se había instalado en el rincón de la sierra madrileña que acoge nuestros pasos cada día, y esa tarde estábamos sentados al lado de la chimenea. Mientras cascábamos nueces dejé vagar la vista por los estantes de nuestra biblioteca y me detuve en el que alberga los libros de arte y pintura. Entre dos tomos gruesos descubrí la delgada silueta del estudio biográfico y crítico titulado "Sorolla" (publicado por la editorial Compañía Bibliográfica Española, S.A., en 1963) del pintor, historiador y crítico de arte Bernardino de Pantorba (seudónimo de José López Jiménez; Sevilla, 1896 – Madrid, 1990). Hacía mucho tiempo que no ojeaba sus páginas y pensé que sería una linda lectura para esa noche. Al abrirlo no pude por menos que sonreírme porque había olvidado por completo las laudatorias palabras con las que se ensalzan las figuras del biografiado y del biógrafo. Dicen así:

Joaquín Sorolla, a juicio casi unánime de la crítica, es el más grande de los pintores españoles posteriores a Goya. Es también el brioso renovador, en su tiempo, de la pintura española. Y es también, en el campo del impresionismo, el más alto valor del mundo.

Ninguno de los famosos impresionistas franceses le supera ni en fecundidad, ni en amplitud y variedad de obra, ni en fuerza de expresión, ni en vigor, justeza y dinamismo de dibujo, ni en riqueza de color, ni en soltura y rapidez de técnica.

La infatigable intensidad con que trabajó Sorolla produjo un volumen de pintura que sorprende y pasma. Madrid, donde pasó el artista gran parte de su vida, contiene más de un millar de cuadros suyos, sin contar apuntes ni dibujos. En el Museo que lleva su nombre pueden verse muchos de ellos.

Este libro recoge un certero estudio de la personalidad del gran maestro. Para escribirlo, nadie con tanta autoridad y competencia como Bernardino de Pantorba a quien se deben, como es sabido, los más extensos y sólidos trabajos que se han publicado sobre Sorolla, las investigaciones biográficas más importantes de las realizadas hasta ahora y el único catálogo que existe de la ingente producción del eximio pintor valenciano.

En los estudios sorollistas, Bernardino de Pantorba alcanza el punto de mayor categoría, lo que da a este libro suyo extraordinario interés y altísimo valor.

Un maestro de la pintura española tratado por un maestro de la crítica española.

La sonrisa se me ensanchó al leer la dedicatoria que escribió su autor:

A los pintores españoles que, no contaminados por las aberraciones de «lo abstracto», siguen amando y cultivando el maravilloso arte, plurisecular, de la Pintura.

Y también encontré motivo para la alegría al descubrir entre sus páginas un viejo ticket de "Calzados Gilton", con fecha 28 de octubre de 1975. No recuerdo cómo llegó hasta mí este libro, pero lo tengo conmigo desde hace muchos años. Está viejito, desgastado, y se le han despegado un poco las tapas. En la parte interior de las mismas están los planos del Museo Sorolla y cuenta con 128 ilustraciones en blanco y negro. Concluye con un apartado titulado "Varias notas" en el que se incluyen los siguientes apartados: Se llamaba... –Sobre los padres. –Hijos y nietos. –Discípulos. –Dinero ganado. Y sobre este último punto el autor aclara que:

Es la pregunta que en nuestros días –días de incorregible materialismo– se hacen muchísimas personas, cuando se habla de cualquier artista ya fallecido: ¿Cuánto dinero ganó?

Casi nunca, como es natural, puede responderse de una manera firme. Casi siempre hay que acudir al ejercicio de la conjetura, cuando no al de la imaginación. «Suponemos que ganaría... Ganó, tal vez... Probablemente...» En fin, tarea más que ardua la de llegar a averiguar este extremo.

En el caso de Sorolla, forzoso es pasar también, para precisar la cuestión, al terreno conjetural; pero, dentro de él, podemos movernos con mayores bases que las corrientes, porque, por lo pronto, ya sabemos con exactitud cuánto dinero ganó Sorolla en algunos años de su vida.

El año 1888, el de su matrimonio, Clotilde García del Castillo empezó a registrar, en un pequeño cuaderno de cubierta de hule negro, los ingresos de su marido.

Un cuadernito similar, creo no equivocarme al afirmar, es el que les hemos visto rellenar a muchas de nuestras madres y abuelas, y en el que hoy por hoy, seguimos anotando gastos e ingresos sus hijas y nietas (e imagino que no pocos hijos y nietos).

Las últimas "conjeturas" de Pantorba en el mencionado apartado económico explican que:

Cobraba los retratos, según las circunstancias, caros o baratos; pero no consta que «se aprovechara», como han hecho otros retratistas, cuando la suerte le deparaba a un potentado de esos que no se amilanan antes los precios abusivos. En cuanto a los amigos, lo corriente en él era no cobrarles nada, y a ello se debe el grandísimo número de retratos que firmó, dedicándolos a los retratados; con la particularidad, harto significativa, de que los retratos hechos de balde suelen ser los que están pintados con mayor maestría.

Sin lugar a dudas se trata de "estudio biográfico y crítico" de lo más jugoso, y es que su autor no deja de meter baza, interviniendo continuamente en el relato con juicios y observaciones personales.

Este pintor e investigador, era hijo del pintor Ricardo López Cabrera (1864-1950), quien inició su formación en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y viajaría después a Roma para continuar allí sus estudios. En 1906 López Cabrera fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla y profesor de Dibujo de su Escuela, y en 1909 se trasladó a Córdoba (Argentina), donde se desempeñó como profesor en la Escuela de Bellas Artes hasta 1924, y donde en 1915 se encargó de la decoración de la gran bóveda del techo del Salón de Grados de la Universidad Nacional de Córdoba (que terminaría deteriorándose de manera irreversible como ya le había ocurrido, por culpa de la humedad, a la obra realizada anteriormente por el artista Jerónimo Sappia, 1883). Tras su muerte, Pantorba se encargó de escribir su biografía, la cual fue publicada en 1966 por la misma casa editorial que publicó su trabajo sobre Sorolla, bajo el título "El pintor López Cabrera. Ensayo biográfico y crítico".

Buscando en Internet las obras de ambos artistas, quedé enamorada de la pintura del padre, y muy especialmente del cuadro que ilustra esta entrada. Han pasado los años, hemos cambiado de siglo pero seguimos sentándonos al calor de la lumbre mientras pelamos patatas o cascamos nueces.

Imagen. Obra de Ricardo López Cabrera titulada "Junto a la lumbre", óleo sobre lienzo, 57 x 67 cm.