21.1.14

Construyendo identidades

Junto a la lumbre

Por Edgardo Civallero

Algunos de los procesos actuales de (re)construcción de identidades (sociales, culturales, étnicas...) e historias (locales, regionales, nacionales...) en América Latina me fascinan y me horrorizan al mismo tiempo. Resultan un verdadero desafío lógico para cualquier epistemólogo, o para alguien que, como es mi caso, haya trabajado algún tiempo en metodología de la investigación.

Impresiona un poco ser testigo de cómo hipótesis surgidas prácticamente de la nada, que en ocasiones rozan el ridículo más espantoso y violan todo sentido común, pretenden convertirse, de la noche a la mañana, por razones absolutamente aleatorias (razones que quieren ser válidas solo cuando y en donde al emisor de la susodicha le convenga), sin mayores demostraciones y con unos sesgos ideológicos que claman al cielo, en tesis sólidas y ampliamente reconocidas dentro del ámbito académico.

A la hora de explicar un fenómeno o un hecho cualquiera, surgen hipótesis: explicaciones "en crudo", meras propuestas o suposiciones basadas en creencias personales, opiniones, intuiciones, tradiciones, evidencias débiles u otros elementos. El valor como explicación plausible, la validez y la veracidad de esas hipótesis deben demostrarse: no son veraces porque sí, porque lo dicta la tradición o porque lo diga alguien (un antepasado, un sabio, una divinidad, una autoridad, un iluminado...). Deben ser comprobadas fehacientemente a través de hechos o de documentos (textos u objetos) suficientemente sólidos; ese proceso de comprobación debería poder ser repetido por cualquier otra persona que lo abordase, y no solo por el interesado en cuestión.

[Hay cosas que no podrán demostrarse nunca: p.e. decisiones humanas tomadas en el pasado para las cuales los autores (o sus biógrafos y comentaristas) no legaron explicación alguna. En ese caso, todo queda sujeto a interpretaciones. Algunas aparentarán ser más probables que otras, pero no dejarán de ser lo que son: suposiciones que intentan acercarnos a lo que pudo ser realidad].

Una vez demostrada (y solo entonces), la hipótesis se convierte en tesis; estará siempre bajo crítica y revisión (de hecho, cuanto más se la intente falsear y más se fracase en ese intento, más sólida será), y podrá ser utilizada para construir un modelo o una teoría.

Es importante, en este sentido, no empezar a construir la casa por el tejado. La hipótesis comprobada es la que conduce a la tesis y a la posible elaboración de un modelo o una teoría (o una historia), y no al revés. Partir de una tesis (generalmente diseñada ex profeso a gusto y conveniencia del usuario) y construir luego hipótesis que la avalen es un proceso inadecuado que, a la postre, suele acabar en la creación de una miríada de aberraciones varias.

Impresiona un poco ver cómo se hace uso de ciertas fuentes (en América Latina, concretamente, fuentes coloniales, escritas por los conquistadores españoles y sus descendientes) cuando sirven para apoyar lo que se quiere demostrar, y como se las rechaza (como si de un producto demoníaco se tratase) cuando no sirven para tal propósito... todo ello, en ocasiones, dentro de un mismo párrafo, y sin mayores explicaciones que la "autoridad" y la "palabra" de quien escribe. Los "criterios" empleados para decidir lo que es "verdad" y lo que es "mentira" en esas crónicas (y en otras similares) rozan lo surrealista, y darían para escribir un verdadero tratado.

Las fuentes documentales suelen utilizarse para demostrar las hipótesis, o para crear o enriquecer el marco teórico a las tesis ya comprobadas y sustentadas. Se precisa de cierto nivel de coherencia personal a la hora de usar una fuente, sobre todo el problemático tipo de documentación escrita por los cronistas y conquistadores españoles en América. Como todo relato (incluyendo a los que se consideran más "neutrales"), esos están cargados de la subjetividad del autor, de su momento histórico y de sus circunstancias e intenciones. Los sesgos existentes deben identificarse y evitarse coherentemente; no pueden emplearse los datos o los puntos de vista ahora sí y ahora no, a conveniencia o a gusto del consumidor. Tales contradicciones son muy peligrosas, y pueden revelar sesgos propios, intereses ocultos e incluso tendencias manipuladoras.

Impresiona ver cómo se atacan sin vergüenza algunas hipótesis (o incluso algunas tesis firmemente demostradas) usando groseros argumentum ad hominem, siendo el más habitual el de "el emisor de esa hipótesis es extranjero". Es notorio y sabido que para investigar/escribir sobre historia prehispánica o indígena, en algunos círculos latinoamericanos es preciso pasar por un verdadero examen de "limpieza de sangre" para eliminar cualquier sospecha de extranjería o mestizaje, y que incluso los miembros más "puros" de esos círculos pueden caer en desgracia si se les ocurre negar o poner en duda alguna de las afirmaciones apoyadas desde esos grupos.

Dejando de lado los asuntos de "pureza étnica" (que también darían para escribir un tratado), el uso de falacias argumentativas como el ad hominem revela que los individuos que las emplean se han quedado sin (o nunca tuvieron) razones verdaderas, válidas y suficientes para criticar y demostrar la falsedad de una hipótesis o tesis. Curiosamente, muy pocas veces se denuncia el uso de un ad hominem u otro tipo de falacia de la argumentación; por el contrario, se entra en una espiral de debates inútiles que, al estar basados en falsedades, son absolutamente estériles; se continúa con agresiones verbales, nacimiento de "bandos" y "escuelas" y así sucesivamente...

Impresiona un poco ver cómo "lo académico" es excelente si apoya y/o demuestra las hipótesis propias, y una verdadera basura a evitar, rechazar y/o condenar si no lo hace.

No son pocos, en América Latina, los que buscan denodadamente posicionarse en un ámbito académico –nunca neutral, y muchas veces sesgado y agresivo, eso es cierto– para poder lanzar sus ideas desde un marco de "autoridad"... aunque para construir sus ideas hayan violado vilmente todo el proceso académico de construcción del conocimiento. No son pocos los que critican a la "Academia" cuando esta los expulsa o no les abre las puertas debido a sus propias falencias y carencias. No son pocos, por último, los que se jactan de no pertenecer a nada relacionado con la "Academia" y pretenden que sus opiniones sean tomadas como "conocimiento académico" o equivalente...

Hay unos saberes tradicionales que no necesitan ni de reglas, ni de comprobaciones, ni de "Academias": han existido y seguirán existiendo tal cual son, regulados internamente por el pueblo que los produce, desapareciendo a veces, reapareciendo otras. Llevan siglos así. Muchos de esos saberes pueden pasar del ámbito tradicional/oral/popular al académico a través de un proceso debidamente diseñado, y llevado a cabo de acuerdo a estrictas normas con la participación de todos los actores involucrados. Otros, evidentemente, solo pueden ser recolectados y/o documentados (y nada más), sobre todo en el caso de que contradigan claramente al conocimiento científico (la luna no es una mujer que corre por el cielo, ni los meteoros son lágrimas de los dioses, por muy importantes que tales conceptos y metáforas hayan sido/sean para numerosos grupos étnicos del planeta).

Si los "conocedores tradicionales" quieren entrar al campo del "saber académico" deben aprender, conocer y aceptar las reglas de juego de los proceso de investigación y construcción del conocimiento que respeta (o debería respetar) la "Academia"... o quedarse fuera de él. Las "soluciones intermedias" actuales no son más que un cambalache que no convence a nadie, genera conflictos y, a la postre, no logra generar resultados estables o a largo plazo.

Me da la sensación de que hace falta aún muchísima capacitación teórica en algunos círculos de producción de saber relacionados con la identidad y la historia de América Latina. Y que, además, es preciso delimitar los espacios tradicionales y los académicos, y establecer pautas claras para el diálogo y la interacción entre ambos. Quizás una vez que las reglas del juego sean bien definidas y seamos conscientes de a qué se dedica cada cual, cuáles son los objetivos a alcanzar, cuáles los caminos y procesos y cuáles los errores y los vicios a evitar, podremos abordar la construcción (compleja, pero no por ello imposible) de una historia y una identidad tan llena de elementos maravillosos como de aristas cortantes.