16.12.13

Gaia empaquetada (y II)

Gaia empaquetada 02

Por Edgardo Civallero

En la entrada anterior se delineaba, grosso modo, el modelo de acción de la actual "industria alimentaria", impuesto por la "revolución verde" a mediados del siglo pasado. La cadena puede resumirse, muy crudamente, en la conversión del carbono de la tierra y el nitrógeno del aire (transformado en fertilizante) en un producto procesado derivado de la carne, la leche, las verduras, los cereales o las frutas, con un nivel tóxico "aceptable" y abundantemente dotado de suplementos artificiales, que responda a las necesidades nutricionales básicas y a las expectativas (convenientemente domesticadas mediante un marketing brutal) del consumidor.

En resumidas cuentas, este sistema ha tomado algo que básicamente era bueno, lo ha convertido en un amasijo informe, desnaturalizado y estandarizado en nombre del capital y la eficiencia, y nos lo vende todos los días envuelto en un envase de plástico.

Lo peor de todo es que nosotros lo seguimos comprando.

Pero no se trata solo de que esta "industria" haya convertido la alimentación humana en un negocio con resultados de calidad más que cuestionable. O que haya contaminado con fertilizantes, pesticidas, emisiones, etc. todo el medio rural, transformándolo en ocasiones en un verdadero vertedero químico. O que haya convertido a los animales y vegetales domésticos en simples máquinas de producir alimentos, cruelmente maltratadas en todos los aspectos. El daño va mucho más allá...

La necesidad de grandes extensiones de terreno fértil para uso agrícola/ganadero ha llevado a la deforestación, desecación y "adaptación" de enormes superficies de tierra salvaje; el desplazamiento (sin posibilidades de competencia) o directo exterminio de otras especies vivas (e incluso de ciertas poblaciones humanas) y la sustitución de toda esa biodiversidad por un monocultivo/modelo ganadero intensivo. Se trata de un proceso irreversible, que a la postre conduce al abandono de las tierras por agotamiento de los nutrientes y a la eventual desertificación.

El uso de pesticidas (sobre todo algunos de potencia extrema, como el glifosato) elimina toda vida vegetal, destruye los ecosistemas nativos, rompe las cadenas tróficas, enferma la micro- y macro-fauna e incluso provoca daños terribles en los seres humanos. Los pesticidas no desaparecen del medio ambiente una vez empleados, sino que permanecen en él, filtrándose a las napas o pasando por escorrentía a los cursos de agua y acumulándose en los organismos vivos. De esta forma, a través de toda la cadena alimentaria, y luego de dañar gravemente a cientos de organismos distintos, puede afectar también a las personas. Algo similar ocurre con los fertilizantes químicos, parte de los cuales se eliminan a la atmósfera en forma de óxidos que producen el "efecto invernadero". Esos daños pueden tardar bastante tiempo en revertirse.

Por otro lado, todo el sistema de "producción de alimentos", tal y como ha sido descrito hasta aquí, se basa en el uso del petróleo (de hecho, suele hablarse de "petroalimentos"). Ocurre que el petróleo se agota. Y el ser humano, en lugar de buscar un modelo distinto de acción que evite todos los problemas ocasionados por el mal llamado "oro negro" a lo largo del siglo XX (y de lo que llevamos del XXI), está intentando "cambiar todo para no cambiar nada": un "mantenimiento de lo que ya tiene". Intenta exprimir las últimas gotas que han quedado en el subsuelo a través del fracking (una extracción invasiva, peligrosa y altamente contaminante) o trata de sustituir la gasolina y elementos similares por los llamados "bio-combustibles". En este último caso se emplea materia vegetal para generar combustibles que cumplan el rol que hasta ahora han desempeñado los derivados del petróleo; para ello se utilizan cantidades ingentes de recursos agrícolas (suelo, agua, trabajo, abono) que se quitan de la alimentación... generalmente en países "en vías de desarrollo".

No es el único uso que se le dan a las tierras del "Tercer Mundo", esa parte del planeta eternamente considerada como "el patio trasero" de las grandes potencias capitalistas y neo-liberales: lugares de poblaciones descartables, cuyos recursos no existen sino para satisfacer las necesidades del "Primer Mundo". Allí también se producen el maíz y la soja destinados a alimentar el ganado que se cría sobre todo en Europa y América del Norte. En realidad, esos territorios producen un alto número de bienes que son consumidos por las sociedades "desarrolladas".

Merced a estos mecanismos, las naciones "en vías de desarrollo" pierden por completo su soberanía alimentaria (la capacidad de emplear sus recursos para alimentar satisfactoriamente a su propia población), asumen todas las pérdidas y cargan con la contaminación, la deforestación, el envenenamiento de aguas y napas, la enfermedad, el empobrecimiento y el hambre de las comunidades locales, los daños medio-ambientales, la pérdida de bio-diversidad y un largo (y lamentable) etcétera.

La forma en que se produce tu comida está mecanizada e industrializada. Es antinatural.

La forma en que se produce tu comida está totalmente basada en el uso del petróleo. Es contaminante.

La forma en que se produce tu comida incluye el uso masivo de venenos, medicamentos y sustancias conservantes. Es tóxica.

La forma en que se produce tu comida arrasa la naturaleza y todos sus recursos. Es criminal.

La forma en que se produce tu comida deja sin comida a otros. Es injusto.

La forma en que se produce tu comida es un negocio en manos de unos pocos. Es obsceno.

La forma en que se produce tu comida se maneja según las leyes del mercado, no las del sentido común. Es ilógico.

Despierta. No es solo la forma en que se produce tu comida. Es la forma en que se maneja tu mundo. De ello depende tu vida.

Y la vida que puedan tener tus hijos.