5.11.13

De nerones y hogueras

De nerones y hogueras

Por Sara Plaza

En un artículo reciente, los investigadores Timoty A. Wise y Marie Brill recordaban aquello que se cuenta sobre el emperador Nerón tocando el arpa y cantando mientras Roma ardía durante cinco días en el gran incendio del año 64. Y es que, según explican los autores de "Fiddling in Rome while our food burns" [que puede traducirse como "Tonteando mientras nuestra comida se quema", pero también como "Chanchullando mientras..."], la historia vuelve a repetirse casi 2000 años después, en el mismo lugar donde tuvo lugar aquella tragedia... solo que esta vez quienes están tocando el arpa son los delegados de los países participantes en el 40º Periodo de Sesiones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS, por sus siglas en inglés, que estableciera la ONU en 1974), ... solo que esta vez lo que se está quemando es la comida en los motores de los coches, ... solo que esta vez el fuego lleva ardiendo más de una década y no dejan de declararse nuevos incendios (provocados, por supuesto; véase por ejemplo el artículo de Daniel Tanuro titulado "De mal en peor", a propósito del V Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático).

Como escriben Wise y Brill, no es que no haya habido señales de alarma: en los últimos seis años se han producido tres subidas bruscas del precio de los alimentos, y numerosos estudios han apuntado a los biocombustibles como uno de los factores que más ha contribuido a incrementar la volatilidad de los precios (en Estados Unidos, actualmente se destina el 40% del maíz a la producción de etanol, mientras que en el año 2000 la cifra era del 5%). Esto tiene consecuencias gravísimas para la seguridad alimentaria dado que los cultivos energéticos compiten con los cultivos alimenticios e impactan directamente en el coste de los mismos, algo que afecta sobre todo a los cada vez más millones de personas empobrecidas. Los biocombustibles compiten por el uso de la tierra y del agua, aumentando la presión sobre recursos escasos y finitos; y sus productores se suman a quienes están detrás del creciente acaparamiento de tierras en terceros países.

Según los autores, es por estas razones que el CFS incluyó el tema de los biocombustibles y la seguridad alimentaria en la agenda de este año y encargó un informe a los expertos, sobre cuya base ponerse a trabajar. Dicho informe confirmó los impactos negativos que han tenido los biocombustibles y recomendaba la adopción de medidas decisivas. Wise y Brill comprobaron lo mismo en su propio estudio: la expansión de los biocombustibles de primera generación afecta negativamente a nuestra capacidad para alimentar al mundo en el futuro.

Sin embargo, no fue esa la música de fondo que acompañó las reuniones del CFS. Los participantes escogieron dar palmas al ritmo de aquella canción que decía: "Síga el baile, siga el baile / con ardiente frenesí". De acuerdo a estos dos investigadores, el conjunto de principios y acciones decisivas que deberían haber propuesto el pequeño grupo designado a tal efecto, quedó reducido a un puñado de principios muy débiles y a la total inacción. Tampoco se reconocieron las terribles consecuencias de las políticas sobre biocombustibles eleboradas hasta la fecha por Estados Unidos y la Unión Europea, quienes han desempeñado un papel fundamental a la hora de estimular y sostener la industria de los biocombustibles.

Para los autores está claro el porqué de los manejos que se han traído entre manos, el porqué de ese tocar el arpa o batir palmas en medio del desastre: los países más poderosos en la mesa de negociaciones son los mismos que obtienen beneficios quemando alimentos en los motores. Canadá y Estados Unidos fueron los que tocaron y aplaudieron más fuerte, con la Unión Europea, Brasil y Argentina tarareando la misma melodía. Solo la voz aislada de Sudáfrica se sumó a la de la sociedad civil en favor de las víctimas de esas políticas. Ni que decir tiene que quienes escogieron la melodía fueron los intereses industriales, desde las propias compañías de biocombustibles a los conglomerados agroalimentarios que son quienes se benefician de los precios elevados y la demanda subsidiada de sus productos.

El CFS debería ser el principal organismo internacional que coordinara las respuestas globales a la crisis de los precios de los alimentos y se ocupara de la cada vez mayor y más preocupante relación entre los mercados de alimentos y los de combustibles y financieros. Sin embargo, en lugar de tomar la iniciativa ha optado por no hacer nada: no contento con ni siquiera plantear la posibilidad de un cambio en las políticas sobre biocombustibles que están poniendo en peligro la seguridad alimentaria, tampoco tuvo a bien mencionar las terribles consecuencias que sobre el aprovechamiento de la tierra y el agua está teniendo la expansión de los biocombustibles.

La fiesta continúa y el ruido de los motores no deja oír las denuncias de un puñado de actores de la sociedad civil involucrados en las negociaciones, que se han negado a apoyar la resolución elaborada por dicho organismo y han declarado que las recomendaciones del comité defienden los intereses de la industria de biocombustibles y legitiman las violaciones del derecho a la alimentación.

En España, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, saca pecho, pisa el acelerador y se congratula de las nuevas hogueras en las que nos vamos a abrasar. El pasado jueves 17 de octubre, en la sección "Sala de Prensa" de la página web de La Moncloa, podían leerse unas incendiarias declaraciones suyas: "Tras haberse agotado el actual plan PIVE-3 [Programa de Incentivos al Vehículo Eficiente], y siendo conscientes de que existe demanda, el Gobierno habilitará en breve la extensión del citado plan, por un montante de otros 70 millones de euros para que esté disponible hasta fin de año. [...] Las cifras de venta de automóviles, aún en crisis, no se corresponden con la renta per cápita de los españoles, que se ha duplicado desde la que había en los años 90. Esto hace que podamos aspirar a que el sector del automóvil contribuya aún más de lo que está haciendo, a una recuperación de la actividad económica general del país".

¡Qué descarada desvergüenza!