15.10.13

12 de octubre: de descubrimientos y conquistas

12 de octubre: de descubrimientos y conquistas

Por Edgardo Civallero

En la entrada de la semana pasada se podía leer la preocupación del historiador estadounidense Howard Zinn por las posibles interpretaciones de la historia; en particular, las de algunos hechos históricos, como la llegada de Cristóbal Colón al continente que hoy llamamos "América".

Personalmente, me preocupa mucho la manipulación que han recibido algunos hechos históricos –relacionados tanto con el "descubrimiento" como con la conquista y la colonización de América– que no presentan demasiadas posibilidades de interpretación. Y me preocupa porque los resultados de esas manipulaciones son aceptados, repetidos y perpetuados por muchos latinoamericanos. Los enseñan nuestros maestros a nuestros niños. Los repetimos en nuestras calles y casas, los incluimos en nuestras conversaciones. Los decimos los artistas encima de los escenarios, los tecleamos los escritores en nuestros textos.

Como punto de partida, creo que ya es hora de borrar de nuestro vocabulario, de nuestro calendario de festejos oficiales, de nuestros libros de historia y de nuestra cabeza la frase (y el concepto) "descubrimiento de América". Para el año 1492, el territorio americano ya estaba más que descubierto, más que poblado, más que explorado... Todos y cada uno de sus rincones habían sido visitados por el hombre, desde los polos a la selva, desde las montañas a las costas. Colón ni siquiera puede arrogarse el título de "primer europeo" en pisar América: ya lo habían hecho los vikingos algunos siglos antes.

Es curioso notar, por ejemplo, que para "descubrir" el océano Pacífico en 1513, Vasco Núñez de Balboa necesitó de informadores y guías nativos que lo llevaron, prácticamente de la mano, a ver el "Mar del Sur". La secuencia se repitió en casi todos los "descubrimientos" europeos, tanto en América como en otras partes del globo. Suena, pues, un tanto ridículo hablar de "descubridores" y "descubrimientos", e incluso de "exploradores". Lamentablemente, según la historia (y la visión) del vencedor (que es la versión dominante, la que se repite, la que se estudia, la que se da por válida sin más), las cosas comienzan a existir cuando él las "descubre", las pisa y las nombra. La historia, la visión y la vida de los demás no cuentan. Menos, si esos "demás" son los vencidos.

El hecho de que Europa haya colocado una serie de tierras y de accidentes geográficos en sus mapas, que haya descrito las primeras y "bautizado" los segundos, puede haber tenido (y tener aún) mucho valor para los europeos; pero no podemos seguir permitiendo que lo tenga para nosotros, y que el relato europeo, europeísta y eurocéntrico de la historia sea el de todos. Si lo seguimos haciendo, continuaremos abriéndole la puerta a esa mentalidad colonialista e imperialista que tanto daño ha hecho en todas las latitudes del planeta durante los últimos cinco siglos.

Algunos, que pretenden ser políticamente correctos, nos han hablado de la llegada de Colón a América en términos de "un encuentro entre dos mundos". Un encuentro se da de igual a igual, o, al menos, en igualdad de condiciones, algo que no ocurrió en absoluto durante la era que inició Colón en 1492. Lo que hubo entonces fue una invasión y una conquista en toda regla, con todo lo que lleva aparejado: la masacre de las poblaciones locales, la ejecución de los líderes, el asesinato de los sabios, la destrucción de los lugares sagrados, la violación de las mujeres, la esclavitud de los que quedaron vivos, la ocupación de las tierras, el saqueo de los bienes, la sustitución de ganados y cultivos... Eso hubo. No me parece un "encuentro".

Ciertas personalidades (del mundo académico, político y artístico) han intentado "relativizar" los daños provocados por la conquista. Intentan, por ejemplo, suavizar la crueldad de los conquistadores alegando que los americanos ya eran crueles y/o sufrían crueldades similares, y citan (indefectiblemente) el caso de los Mexica o los Maya y sus famosos sacrificios humanos. Equiparar las matanzas rituales de media docena de los cientos y cientos de sociedades indígenas que poblaron el continente con el genocidio masivo cometido por los conquistadores (que borraron de la faz de la tierra a la mayor parte de esos cientos y cientos de sociedades) y perpetuado durante tres siglos por sus descendientes me parece un insulto a la inteligencia de cualquiera.

Señalan también que los nativos americanos eran unos "salvajes" que, a la llegada europea, se estaban matando entre ellos; al parecer, los conquistadores habrían estado en una posición de "ventaja moral" para hacer lo que hicieron. El caso es que los pueblos originarios de América "disfrutaban" del mismo nivel de violencia y crueldad que sus pares europeos; los Maya sacrificaban seres humanos en una pirámide y los españoles quemaban herejes en hogueras públicas; los Mexica mataban prisioneros de guerra en sus templos, y los franceses y alemanes los destripaban por cientos en los campos de batalla del siglo XV y XVI; los Karib se comían ritualmente a algunos de sus enemigos; los ingleses e italianos, por su parte, ataban a sus delincuentes a una rueda en la plaza de la villa y los destrozaban a mazazos. ¿De qué ventaja moral me hablan?

Otros alegan que, de no haber sido conquistada por España y Portugal, América lo habría sido por los ingleses o los franceses, y que entonces su destino hubiera sido peor... como si el inevitable sino del continente hubiera sido la conquista de su tierra y el exterminio de sus poblaciones. Como si, en cuestión de genocidios, hubiera lugar para categorías como "mejor" o "peor". Como si, tras una historia ahogada en sangre, quisieran ofrecernos un ridículo consuelo: "agradece que tu torturador y tu verdugo fui yo; los podrías haber tenido mucho peores".

Algunos afirman que la conquista y la colonización eran parte de la cultura y la política europea de la época. En efecto, lo eran. Lo que me extraña es que esos principios medievales se sostengan, defiendan y aplaudan cinco siglos después. Más me extraña que muchos europeos basen su "orgullo patrio" en esas lamentables "gestas" de antaño, y que consideren a los protagonistas –creadores e impulsores de tan terribles hechos– como sus "héroes". Unos héroes, por cierto, cuyas acciones y valores son bastante dudosos y discutibles. ¿Dónde hubiera quedado el "osado" Hernán Cortés y su "puñado de valientes" sin los miles de fieros guerreros tlaxcaltecas que los respaldaron? ¿Dónde Francisco Pizarro si no hubiera logrado capturar al Inca, traicionando totalmente lo que se suponía sería un encuentro protocolario en Cajamarca?

Se ha hablado de un "intercambio de culturas". Yo no lo veo. Los conquistadores impusieron sus lenguas, su religión, sus costumbres y sus leyes. Hasta donde pudieron, eliminaron toda traza visible de los saberes y las creencias de los conquistados, y los "civilizaron", tratándolos como a animales que necesitaran ser domados y educados, a base de espada, pólvora, látigo y sermón.

Hubo, en efecto, un "mestizaje" (palabra esta que me desagrada profundamente). Pero en la práctica totalidad de los casos fue siempre en la misma dirección: hombre europeo, mujer indígena; rasgo cultural europeo dominante adoptado y adaptado por la cultura nativa... Solo un puñado de elementos pasaron de las culturas originarias americanas a Europa: algunos cultivos, un puñado de palabras y, con el paso del tiempo, algunos géneros musicales, unas pocas prendas... En la dirección contraria, buena parte de la cultura nativa desapareció bajo el peso de lo europeo.

Los latinoamericanos somos lo que somos y heredamos lo que heredamos. Estamos en un lugar determinado del curso de la historia, y ya hay cosas que no se pueden cambiar, relojes que no se pueden hacer retroceder... Pero, si bien hay cosas que no podemos hacer, hay algunas –unas pocas– que sí están al alcance de nuestras manos. Podemos dejar de perpetuar mentiras y falacias que nos encadenan, discursos que nos niegan y nos continúan sometiendo, infamias que nos humillan. Podemos dejar de "celebrar" conquistas, matanzas, imposiciones, violaciones, trapisondas, engaños, ejecuciones y derrotas. Podemos dejar de honrar el nombre y la memoria de los invasores y los genocidas.

Y podemos comenzar a recordar ciertos nombres que sí merecen todo nuestro respeto: José Gabriel, Bartolina, Caupolicán, Cuauhtémoc...