24.9.13

Los discursos falaces y nuestro quehacer

Los discursos falaces y nuestro quehacer

Por Sara Plaza

Cuando hace unos días el presidente Barack Obama explicaba que Estados Unidos no es la policía del mundo, que en el planeta están sucediendo cosas terribles y que carecen de medios para corregir todo lo que está mal, pero que, no obstante, con esfuerzo y riesgo modestos, ellos pueden impedir que los niños sirios sean gaseados hasta morir y lograr así que sus propios niños estén más seguros a largo plazo, y que por eso cree que deben actuar, porque eso es precisamente lo que hace a Estados Unidos diferente, lo que los hace excepcionales, e insistió en que no deben perder de vista esa verdad fundamental, no pude evitar parpadear muchas veces ante la trascripción de sus palabras.

La excepcionalidad estadounidense tiene poco que ver con ser "el ancla de la seguridad global", como defendió en la misma intervención el actual inquilino de la Casa Blanca. En cambio, es inseparable de su industria de la mentira y la manipulación, es inseparable del espectáculo mediático, es inseparable de sus amenazas del uso de la fuerza y sus continuas violaciones del derecho internacional, es inseparable de su carácter de nación delincuente, es inseparable de su complicidad en golpes de Estado (Chile, Irán) y en la implantación de dictaduras (Guatemala, Congo, Indonesia), es inseparable de sus invasiones y ocupaciones (Afganistán, Irak)... Era Noam Chomsky, entrevistado en Democracy Now, quien mencionaba algunos de estos hechos y a quien no por habituales dejaban de llamar la atención las vergonzosas declaraciones de un licenciado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, y la lamentable aceptación que tenían las mismas.

Continuando con su alocución, Barack Obama, el presidente que más inmigrantes ha deportado en la historia reciente de su país, el mismo que defiende, justifica y supervisa los ataques y las ejecuciones extrajudiciales con aviones no tripulados, el mismo que, a propósito del espionaje informático a sus conciudadanos y al resto del mundo, dijo aquello de que no se puede tener 100% de privacidad y 100% de seguridad, el mismo que protege a compañías como Monsanto eximiéndolas por ley de cualquier delito... no tuvo reparos en invitar a quienes lo estaban escuchando a ver los videos que circulaban por Internet mostrando el uso de armas químicas en Siria, pues estaba seguro de que después no podrían mirar para otro lado. Al ser preguntado por la manera tan gráfica como Obama pretendía convencer a quienes se oponían el ataque a Siria, Chomsky recordó que había otras muchas fotos que los estadounidenses podían buscar, por ejemplo las de los fetos deformados de los hospitales de Saigón décadas después de que J. F. Kennedy rociara con Agente Naranja los campos de Vietnam del Sur, las de los niños deformados de Fallujah, tras ser atacada por los marines en 2004... Y le pareció una broma de mal gusto el que Obama hablase de la legislación internacional cuando Estados Unidos, al ser condenado en 1986 por el Tribunal de la Haya por un uso ilegal de la fuerza en Nicaragua, se negó a reconocer la jurisdicción de esa Corte y vetó las resoluciones del Consejo de Seguridad que la ONU que llamaba a cumplir con las decisiones de la misma. Chomsky señaló que Estados Unidos prácticamente no ha firmado ninguna convención internacional y que las poquísimas que ha aceptado son aquellas que no le pueden ser aplicadas, porque ya se ha encargado de introducir algún tipo de reserva para auto-inmunizarse. Y volvió a incidir sobre lo sorprendente que debería resultar que un presidente de los Estados Unidos, que además es abogado constitucionalista, pueda decir las cosas que dijo sabiendo que los hechos demuestran justamente lo contrario. Y por lo mismo, sobre el cuadro de la realidad que presentó Barack Obama afirmó que ni siquiera merecía ser llamado un cuento de hadas.

Creo que es importante esa insistencia de Chomsky en que pese a lo habituados que podamos estar al relato fantástico que sobre la realidad tejen nuestros gobernantes, no debe dejar de sorprendernos su desvergüenza en el mentir ni todo lo que se callan. En esa misma línea, y aterrizando en el reino de España, creo que es fundamental que no normalicemos su desprecio por la vida. Creo que es esencial que nos escandalicemos, que protestemos y nos rebelemos cada vez que atentan contra la dignidad humana, destruyendo, limitando o hipotecando sus condiciones materiales y políticas. Así mismo, creo que es imprescindible que nos indignemos ante la persecución, la criminalización, la represión y las condenas brutales de las que están siendo objeto numerosos activistas [1], que nos solidaricemos con las voces más conscientes y más comprometidas, y que practiquemos la disidencia social y la desobediencia civil, al tiempo que damos la batalla contra la impunidad y repudiamos los indultos y las condecoraciones a torturadores [2] y corruptos.

Tenemos que recuperar nuestra capacidad crítica, cuestionar la inevitabilidad de las políticas, las reformas y los decretos que nos imponen, desacostumbrarnos a que nos roben derechos sin oponer resistencia [3], conocer la historia de las luchas a través de las cuales se conquistaron esos derechos [4], reconstruir la conciencia de clase [5] y "arrancar –literalmente– sus juguetes a millones y millones de suicidas" [6].

[1] La lista es larga y puede rastrearse a lo largo y ancho del territorio español no solo en el País Vasco que, como antes, sigue sufriendo el embate represivo del estado. A continuación se citan solo un puñado de los casos más recientes.
Sobre la persecución político-judicial contra el independentismo galego puede consultarse aquí, aquí y aquí.
Sobre la criminalización de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) puede consultarse aquí y aquí.
Sobre la represión contra el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) puede consultarse aquí.
Sobre el proceso contra la acción popular de los 4 tartalaris puede consultarse aquí.
[2] Los sucesores de Galindo, por Xavier Makazaga, investigador del terrorismo de Estado.
[3] "En un clima tormentoso lo normal debería ser tener un pararrayos. Nos están quitando los pararrayos y, en lugar de reclamar uno, reclamamos que se los quiten a los que todavía los conservan, como si esos pararrayos -y no el Zeus tonante que lanza los rayos- fuesen la causa misma de las tormentas. Es una locura, pero la combinación de políticas neoliberales, sindicatos claudicantes, consumismo suicida y represión llevan naturalmente a ella, antesala histórica de los fascismos". Santiago Alba Rico.
[4] "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así una propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas". Rodolfo Walsh.
[5]"No se adquiere ni se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha". Néstor Kohan.
[6] "Me temo que habrá que atravesar pruebas muy duras, como en los viejos cuentos, y sin tener jamás la certeza de que el sufrimiento, como en los viejos cuentos, nos garantizará la princesa prometida. Ese mundo “bonito, regular y aproximado” -frente al “bello, bueno y verdadero” que nos promete la publicidad y persiguen Monsanto, BP y el Pentágono- es el único posible. No hay otro posible para 7.000 millones de personas que comparten recursos finitos en un planeta vencido. Pero para llegar a él hay que arrancar -literalmente- sus juguetes a millones y millones de suicidas". Santiago Alba Rico.

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