23.7.13

Libros en tiempos de guerra

Libros en tiempos de guerra

Por Edgardo Civallero

Estaba echándole un vistazo a un tomito de autor desconocido, titulado "Hundreds of Things a Boy Can Make: A Hobby Book for Boys of All Ages" (Cientos de cosas que un muchacho puede hacer: Un libro de hobbies para muchachos de todas las edades), asombrándome de la cantidad de cosas que un chico de 12 años era capaz de hacer hace medio siglo (en contraposición a los "nativos digitales" actuales, incapaces de clavar un clavo), cuando me topé con el curioso sellito que reproduce la imagen de arriba, y que estaba situado en la contraportada del volumen en cuestión. La leyenda reza:

Book production war economy standard
[Norma para la publicación de libros en economía de guerra]
This book is produced in complete conformity with the authorized economy standard
[Este libro ha sido publicado conforme a las disposiciones económicas vigentes]

Durante la primera mitad del siglo XX, el papel empleado en Gran Bretaña se elaborada utilizando esparto importado del norte de África, de los territorios coloniales franceses. El bloqueo que sufrieron las islas Británicas durante la II Guerra Mundial (a lo cual se sumó el hecho de que París –y las colonias que controlaba– cayese bajo las fuerzas alemanas en 1940) y la propia economía de guerra llevó a que, desde marzo de 1940, los británicos racionaran el papel.
Los editores vieron sus suministros reducidos a un 60% de lo que empleaban durante el periodo 1938-39. Ese porcentaje se reajustaba cada tres meses, de acuerdo a las disponibilidades y necesidades del momento. Lamentablemente, los recortes fueron cada vez mayores, y hacia finales de 1941, las editoriales operaban con el 42,5% de los niveles previos a la guerra.

Para hacer un uso más eficiente de un bien tan preciado, la oficina de Paper Control (Control del Papel) introdujo el Book Production War Economy Agreement (Acuerdo para la Publicación de Libros en el contexto de una Economía de Guerra), que entró en vigor el 1 de enero de 1942. El acuerdo se firmó entre el Ministerio de Abastecimiento (Ministry of Supply) y la Asociación de Editores (Publishers' Association), y recogía una serie de normas bastante estrictas que regulaban por competo la impresión de libros: desde el tamaño del papel hasta la cantidad de palabras por página.

Aunque se trataba de un acuerdo "voluntario", los editores que no firmaron dicho acuerdo vieron reducidos sus suministros de papel mucho más que los que sí lo hicieron: un 25%, en contraposición al 37,5% de estos últimos. Fue la primera vez en la historia británica que la independencia de los ingleses, fieramente defendida, tuvo que "relajarse".

Además de la cantidad, el acuerdo redujo la calidad de los materiales empleados en la producción de volúmenes: el papel era fino (tanto que el texto solía transparentarse) y las tapas, endebles. Se eliminaron las sobrecubiertas y la encuadernación cosida (se usaban grapas), así como los espacios innecesarios dentro de las páginas, los márgenes amplios y cualquier tipo de ornamentación o elemento "secundario". Las páginas en blanco entre capítulos no estaban permitidas y los preliminares (introducción, tabla de contenidos, etc.) no debían superar las cuatro carillas. Los tamaños de la letra estaban claramente estipulados, dependían del tamaño del libro y solían ser diminutos; de esta norma se salvaban algunos libros infantiles y educativos, así como aquellos que tenían menos de 64 páginas.

El resultado final de semejante "producción editorial de guerra" era, al parecer, tan espantoso que un miembro del Publisher's War Emergency Committe señaló: "Debemos, a toda costa, pensar en la vista de los lectores. Ya he recibido quejas ... de que la letra usada en muchos de nuestros libros es demasiado pequeña". Un crítico literario, por su parte, observó que "los libros utilitarios son una monstruosidad". Para atajar las más que probables quejas, los editores agregaban notas en sus ediciones. En 1944 apareció la siguiente:

Esta novela contiene aproximadamente 130.000 palabras que, para ahorrar papel, han sido comprimidas en 291 páginas. Hay muchas más palabras por página de lo que sería deseable en tiempos normales: los márgenes han sido reducidos y no se ha desperdiciado espacio entre capítulos. La cantidad de palabras de una novela media oscila entre 70.000 y 90.000, las cuales, por lo común, conforman un libro de entre 281 y 352 páginas. Esta novela normalmente constaría de alrededor de 444 páginas.

Aunque a veces no se daban tantas explicaciones y se "echaba la culpa" al gobierno y a la guerra:

Este libro ha sido elaborado en esta forma conforme a las órdenes del Consejo de Producción de Guerra para la conservación del papel y otros materiales necesarios para la continuación de la guerra.

A pesar de las limitaciones y penurias que el conflicto bélico provocó en las islas Británicas (incluyendo la pésima calidad de la producción editorial), la demanda de libros creció. Los estudiosos de ese periodo histórico señalan que la lectura era una forma de distraerse de las durezas de la época o de pasar el tiempo durante los habituales apagones, o incluso de enterarse de la situación fuera de las fronteras insulares.

El racionamiento de papel continuó en el Reino Unido hasta 1949. En la actualidad, los libros que poseen el sello de "Book production war economy standard" son una rareza bastante buscada por historiadores y profesionales del libro. Esos mismos historiadores y profesionales que generalmente coinciden en señalar que tales libros son, en efecto, "una monstruosidad".

Artículo. "A history of the world", en BBC.
Artículo. "A Necessary Evil: British Publishers and the Book Production War Economy Agreement", por Amy E. Flanders.
Artículo. "Typography versus Hitler", por Chris Forster. Resumen del libro de Valerie Holman "Print for Victory".

Imagen.