2.7.13

Fracasos gloriosos y héroes sin leyenda

Fracasos gloriosos y héroes sin leyenda

Por Sara Plaza

Siendo niña tomé prestada de la biblioteca municipal una biografía de Roald Amundsen, y el relato de sus viajes me fascinó. Uno de los recuerdos que guardo de aquellas páginas es que su lectura me hizo sentir una gran admiración por el explorador noruego y cierta antipatía hacia el Capitán Scott.

Aunque he seguido leyendo biografías, hacía mucho que no me detenía en ninguna narración sobre la edad heroica de la exploración de la Antártida. Casi por casualidad, un par de semanas atrás me senté a ver el documental The Endurance. Shackleton’s Legendary Antartic Expedition (traducido al español como Atrapados en el hielo), y me dejó tan buen sabor de boca que al día siguiente me puse a buscar información sobre sus protagonistas. Quería saber más sobre los hombres de carne y hueso que sostuvieron a las figuras heroicas que iban a aparecer después en libros, canciones y películas.

Lo primero que descubrí, no sin cierto disgusto, fue que Sir Ernest Shackleton, eclipsado por el capitán Scott al principio, fue poco a poco ganando popularidad a medida que descendía la estima hacia su rival, y en los últimos años ha sido incluido en varios programas de estudios universitarios como "modelo de líder corporativo". Shackleton no logró atravesar por tierra el continente antártico (propósito original de su famosa Expedición Imperial Transantártica, a bordo del Endurance dirigido por el capitán neozelandés F. Worsley), pero el hombre al que todos llamaban "the Boss" (el jefe), es hoy reconocido por su coraje y perseverancia, y por haber conseguido mantener con vida y rescatar a toda la tripulación del Endurance.

Lo segundo que averigüé fue que esa antipatía inicial que me inspiró Scott debía estar más o menos extendida en aquellos años. Tras su trágica desaparición en 1912, este explorador y oficial de la Marina Real Británica se convirtió en un icono de heroicidad. Durante más de medio siglo fue elogiado y celebrado como tal, pero en las últimas décadas del siglo pasado su leyenda fue ensombreciéndose a medida que se analizaba la enorme responsabilidad que pudo haber tenido en su propia muerte y la de quienes lo acompañaban. En el reelaborado retrato de Scott tuvo mucho que ver la obra de Roland Huntford, titulada Scott and Amundsen, algunas de cuyas conclusiones han sido refutadas posteriormente, con mejores y peores argumentos, por el explorador polar Ranulph Fiennes (Race to the Pole: Tragedy, Heroism and Scott's Antartic Quest) y la meteoróloga Susan Solomon (The Coldest March, 2001). Con el cambio de siglo parece que la opinión se inclina de nuevo a favor de Scott, devolviéndole su humanidad y despojándole de la carga de anteriores interpretaciones.

Mi tercer descubrimiento tiene que ver con un muchacho irlandés que a los 15 años se fue de casa y, mintiendo sobre su edad, se enroló en la Marina Real Británica. Al parecer, el joven tuvo una acalorada discusión con su padre, un pastor de las montañas del condado de Kerry, por haber dejado que el rebaño pastara entre las coles... Tom Crean (1877-1938, Annascaul, Irlanda), "el hombre salvaje de Borneo" (1), como él mismo se apodó, “el gigante irlandés”, como lo llamaron otros, acababa de desbancar a Amundsen en mi lista de admirados exploradores de la Antártida.

El periodista y escritor Michael Smith publicó la primera biografía sobre Thomas Crean en el año 2002. La tituló An Unsung Hero. Tom Crean – Antartic Survivor, y en ella reivindicaba el lugar fundamental (y escasamente reconocido) que había ocupado en la historia de la exploración polar este "héroe olvidado". El propio autor indica los dos motivos por los que, a su entender, la Historia que tanto ha recordado a dos rivales como eran Shackleton y Scott había sido tan poco amable con Crean. En primer lugar, recuerda, tanto los oficiales como los científicos que participaban en estas expediciones pertenecían sobre todo a la clase media, eran cultos y dejaron infinidad de diarios, cartas, cuadros, fotografías y estantes llenos de libros, mientras que Crean era hijo de un pastor, tenía pocos estudios y de él solo se conservan un puñado de cartas. En segundo lugar, Crean habría quedado atrapado en la historia entre Gran Bretaña e Irlanda: cuando terminaron sus días en la Antártida y regresó a Kerry, Irlanda estaba inmersa en la guerra de independencia contra los británicos; su relación con la Marina Real Británica (en la que sirvió durante 27 años) lo marcaba y optó por no hablar de sus viajes con Scott y Shackleton (jamás concedió una entrevista y apenas contó nada a su esposa e hijas de aquellos años en la Antártida).

Según cuenta Smith, a la edad de 15 años Crean huyó de la pobreza y se alistó en la Marina. A finales de 1901, el barco de guerra en el que viajaba se encontraba en Nueva Zelanda. En el mismo puerto estaba atracado el Discovery de Scott. Justo antes de partir un marinero atacó a uno de los oficiales del capitán inglés y abandonó la expedición, que se quedó con un hombre menos. Crean se ofreció voluntario para viajar en su lugar. Fue a bordo del Discovery donde aprendió los rigores del clima polar y donde conoció a algunos de los hombres que alcanzarían fama en las siguientes dos décadas de exploraciones, entre ellos Edgar Evans, Bill Lashly, Robert Scott, Ernest Shackleton, Frank Wild y Bill Wilson.

En 1910 Crean regresó a la Antártida con la Expedición Terra Nova. Fue uno de los últimos hombres que vio con vida a Scott y los cuatro hombres que escogió para llegar con él al Polo Sur. Cuando el grupo de ocho estaba a 150 millas de su objetivo, Scott los dividió y mandó a Crean, Lashly y Evans de vuelta a la base. El viaje de regreso fue una carrera de 750 millas por sobrevivir. Las temperaturas descendieron muchísimo, se perdieron, Evans sufrió escorbuto y Lashly y Crean lo arrastraron en el trineo durante casi una semana. Cuando estaban a 35 millas de la base ya no podían tirar más. Crean dejó a Evans al cuidado de Lashly y echó a andar solo, con tres galletas y dos barras de chocolate en el bolsillo. Caminó durante 18 horas y a las 3:30 de la madrugada del 19 de febrero de 1912 llegó arrastrándose a Hut Point, desde donde inmediatamente partió un equipo de rescate para salvar a sus dos compañeros. Años más tarde, el explorador noruego Tryggve Gran recordaba a Crean como un hombre "al que no le hubiera importado si al llegar al Polo Sur allí estaba Dios Todopoderoso o el Diablo". Su caminata en solitario, aunque ensombrecida entonces por la muerte de los otros cinco compañeros que nunca alcanzaron el Polo Sur, ha quedado como uno de las hazañas más grandes de heroísmo individual en la historia de la exploración polar.

Dos años después, Shackleton pidió a Crean que lo acompañara en la expedición del Endurance como Segundo Oficial. Esta expedición fue, en palabras del periodista Simon Bendle, un glorioso fracaso. Después de que el barco fuera aprisionado, aplastado y hundido por el hielo en el Mar de Weddell, los 28 náufragos quedaron a la deriva en una plataforma de hielo flotante que los desvió 2.000 millas hacia el norte de donde había quedado atrapado el Endurance. Cuando el hielo comenzó a romperse después de 10 meses, los hombres se subieron a los tres botes que habían podido recuperar y remaron en busca de tierra firme. Al cabo de cinco días estaban exhaustos y aterrados. Algunos deliraban de sed, otros lloraban de desesperación. Crean estaba al timón del Stancomb Wills, el bote más pequeño y endeble de todos, y con Shackleton a su lado logró llegar hasta un inhóspito islote rocoso en mitad del Atlántico Sur, Isla Elefante. Hacía 497 días que estos 28 hombres no pisaban tierra firme. Pero todos sabían que nadie los encontraría allí. Shackleton escogió a cinco, entre los que se encontraba Crean, para seguir navegando otras 800 millas (10 veces la distancia que acaban de recorrer) hasta la isla habitada más cercana, Georgia del Sur. El carpintero de la expedición, Harry "Chippy" McNish, fue el encargado de acondicionar el bote más grande, el James Caird, para la infernal travesía. Tras 17 días de desesperación en medio de témpanos flotantes, olas gigantescas y galernas desembarcaron en Georgia del Sur. Sobre "el gigante irlandés" Shackleton escribió: "uno de los recuerdos de aquellos días es el de Crean cantando al timón sin que ninguno pudiésemos adivinar la canción. No tenía melodía y era tan monótona como el canto de un monje budista; y sin embargo, de alguna manera, resultaba alegre".

Todavía quedaba otra durísima prueba por delante. Shackleton, Worsley y Crean tuvieron que cruzar la isla a pie para buscar ayuda en la estación ballenera Stromness. Se colocaron algunos clavos del James Caird en la suela de sus botas, guardaron sus provisiones en un calcetín, y solo llevaron consigo una cuerda de 90 pies y una azuela de carpintero. Caminaron 36 horas sorteando montañas, glaciares y grietas en el hielo. Al llegar a la estación parecían tres espectros que regresaban de la muerte. En los meses siguientes todos los hombres que formaban parte de la expedición fueron rescatados.

A su regreso, Crean colgó sus guantes y sus botas para la nieve. Participó en la Primera Guerra Mundial y continuó sirviendo en la Marina Real Británica hasta 1920. Se había casado con Ellen Herlihy en 1917 y al retirarse él y su mujer abrieron un pub en su pueblo natal llamado The South Pole Inn. Sus vecinos le apodaron cariñosamente "Tom the Pole". En 1938, con sesenta y un años recién cumplidos, el indestructible Tom Crean sufrió una perforación del apéndice. Murió una semana después a causa de la infección.

(1) Los hermanos Hiram y Barney Davis (1825-1905 y 1827-1912, Mount Vernon, Ohio), más conocidos como Waino y Plutanor, fueron dos enanos con una fuerza extraordinaria. Gracias a ella se ganaron la vida levantando peso y luchando entre ellos y con el público que acudía a ver el espectáculo circense, en el que eran presentados como "los hombres salvajes de Borneo".

La historia de Tom Crean en video (en inglés) Parte 1. Parte 2. Parte 3. Parte 4.
La historia de Tom Crean (en inglés) Libro.
Tributo a Tom Crean dirigido por Gerry D (video, en inglés).
Grabación de 1918, de la canción "The ballad of Tom Crean".
"Tom Crean of Annascaul (Ballad for an unsung hero)", escrita por Gary McMahon de Newcastle West.
"Ballad of Tom Crean" escrita por Cliff Wedgbury.

Otras fuentes utilizadas para la elaboración de esta entrada:
Great British Nutters – Tom Crean: Wild Man of Borneo (blog de Simon Bendle, en inglés).
Tom Crean – Unsung Hero (escrito por Michael Smith, esta entrada aparece en Polar Publishing, en inglés).

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