11.6.13

Cosas que madre solía hacer...

Cosas que madre solía hacer

Por Edgardo Civallero

El sitio web Forgotten Books me ha regalado varias sorpresas últimamente. Una de ellas fue un libro, "Things Mother Used to Make: A Collection of Old Time Recipes, some nearly One Hundred Years Old and Never Published Before" [Cosas que madre solía hacer. Una colección de viejas recetas, algunas con casi un siglo de antigüedad y nunca publicadas antes], escrito por Lydia Maria Gurney en 1913 y publicado en Nueva York por The MacMillan Company. Gurney describe así el objetivo de su libro.

Consiste en recetas de la vieja escuela, que han sido transmitidas en su mayor parte de boca en boca, de una generación a otra, a lo largo de un periodo de casi cien años. La autora, originaria de Nueva Inglaterra, ha probado en su cocina la mayor parte de estas recetas, que representan la mejor cocina de todos los tiempos.

El volumen contiene un sabroso compilado de preparaciones culinarias de todo tipo, todas ellas con el toque indiscutible de la cocina hogareña de siempre. Al final, cuenta con un "Apéndice" que resulta, quizás, la parte más curiosa e interesante del volumen, sobre todo para aquellos que no nos dedicamos a la gastronomía. Básicamente, el apéndice recopila viejos consejos y trucos caseros...

Para mantener sus manos blancas.

Tenga un pedazo de limón en su baño o cocina. Le quitará manchas de las manos.

Algunos ya no son necesarios... aunque nunca se sabe...

Para conservar huevos.

En verano, cuando son baratos, compre una cantidad suficiente de huevos recién puestos. Para que duren hasta el invierno, tome una parte de vidrio líquido y nueve partes de agua fría que haya sido previamente hervida, y mézclelas bien. Coloque los huevos en una bandeja honda y vierta sobre ellos la mezcla anterior, hasta que los cubra en una pulgada. Los huevos aguantarán seis meses, si están perfectamente frescos cuando se los empaqueta de esta suerte, y no tendrán sabor extraño alguno, a diferencia de lo que ocurre cuando se los conserva en agua de cal.

Los hay realmente curiosos...

Para eliminar olores desagradables de la casa.

Esparcir café recién molido o un poco de azúcar en una plancha de carbones al rojo. Es un buen desinfectante.

...y los hay más curiosos todavía...

Cáscaras de cebolla como tintura.

Si desea obtener una tintura amarilla, guarde las cáscaras de las cebollas. Teñirán la telas blancas de un tono amarillo vivo.

Evidentemente, siempre están los que apelan al sentido común...

Un uso para el vinagre de los encurtidos.

Cuando ya no queden encurtidos en sus tarros de vidrio, no tire el vinagre en el cual se los conserva. Úselo para aliñar las ensaladas. Es mucho mejor que el vinagre solo, debido al sabor que posee.

...y otros que apelan a un sentido común... de antaño.

Para suavizar botas y zapatos.

Frótelos con querosén. Los zapatos durarán más si se los frota con la grasa que gotea del cordero al asarlo. La gente de antes siempre usaba sebo de carnero para los zapatos de los niños.

Finalmente, el "Apéndice" incluye una descripción que retrotrae a antiguas novelas y películas de época...

La manera adecuada de barrer una habitación.

Limpie de polvo el mobiliario y muévalo a otra habitación. Limpie de polvo los adornos y las cosas pequeñas y colóquelas sobre la cama, si está en un dormitorio, o en una mesa, si está en otra habitación. Cepille las cortinas, bájelas y extiéndalas sobre la cama o sobre una mesa. Cúbralas con una sábana, junto a los adornos. Humedezca un periódico, desmenúcelo en pedacitos pequeños y espárzalos sobre la alfombra. Ahora usted está lista para barrer.

Barra toda la suciedad hacia el centro de la habitación. Barra las esquinas con una escobilla pequeña. Mueva cada mueble que no haya sido trasladado, para que no quede suciedad debajo de ellos. Abra las ventanas antes de barrer. Cuando el polvo se asiente, tome un balde de agua caliente, disuelva en él una cucharadita de amonio, y con un paño limpio empapado en esa mezcla limpie las ventanas, espejos y cuadros; pula luego con un trapo seco. Elimine todas las marcas de dedos de puertas y mesas.

Ahora, si el suelo está alfombrado, tome un balde de agua limpia con amonio y con un pequeño cepillo, frote toda la alfombra para quitar el polvo y avivar los colores. Vuelva a colocar el mobiliario, los adornos y las cosas pequeñas y las cortinas, y su habitación habrá quedado perfectamente limpia. Manteniéndola cuidada, solo será necesario realizar esta limpieza una vez cada dos o tres semanas.

Los trucos caseros y recetas hogareñas de ese ayer no tan lejano no han desaparecido; solamente se han adaptado a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades. Basta revisar los cientos de libros, revistas y sitios web actualmente dedicados a esa materia. No hay nada nuevo: lo mismo de siempre, pero con otros materiales.

Sin embargo, es realmente emocionante encontrar que, en algunos casos concretos, nuestras costumbres no han cambiado en absoluto a lo largo de dos siglos. Todavía podemos reconocernos, hoy por hoy, en los viejos párrafos de un libro para amas de casa de mediados del siglo XIX o de principios del siglo XX... Reconforta comprobar que eso que llaman "progreso", con sus cachivaches eléctricos y su barata y continua aplicación de la ley del mínimo esfuerzo ("todo es más fácil y más rápido"), no ha logrado despojarnos de toda nuestra identidad; esa que, de vez en cuando, gustaba de ensuciarse las manos.