26.3.13

Solidaridad intelectual

Solidaridad intelectual

Por Sara Plaza

En una hermosa, emocionante y absolutamente inspiradora entrevista de la Guerrilla Comunicacional a la maestra cubana Leonela Relys, esta admirable mujer contaba:

El principio en la relación número letra está dado por la asociación cognitiva: partir de lo conocido, que es ese número que ya estudiamos, para ir a lo desconocido, que es ese fonema que es el que desconoce. Entonces los pasos son número, fonema o letra, imagen, porque una imagen da una confianza extraordinaria en el aprendizaje. Cuando él ve una imagen de una casa, él no sabe que debajo dice "casa", pero sí, rápidamente, dice "casa", y le estoy dando confianza y estoy contribuyendo a elevar la autoestima de esa persona, que es otro padecimiento que tiene, prejuicio, baja autoestima, y ya desde que él está diciendo "casa" casi todos creen que saben leer.

Bueno a mí me gustaría definir qué es el analfabetismo. El analfabetismo es una consecuencia de los problemas de orden social, es decir, el analfabetismo existe porque existen inequidades e injusticias sociales, y existe porque no hay educación para todos en todos los lugares. Por tanto, el analfabetismo es una consecuencia de un problema social. Y el analfabetismo es un fenómeno muy complejo, extremadamente complejo, porque atiende a una diversidad muy heterogénea y requiere de un tratamiento muy diferenciado de acuerdo con su carácter también relativo: hay lugares donde existe un determinado tipo de analfabetismo, de acuerdo con el desarrollo que tenga el lugar. Por tanto, el analfabetismo es ese fenómeno socio-educativo complejo, relativo, heterogéneo, es una consecuencia de que no exista realmente educación para todos, ni que exista igualdad social. Igualdad en el sentido de que todos tengan acceso y posibilidad de estudiar y de prepararse para poder enfrentar y transformar el mundo en que se vive. Por tanto, los seres humanos que padecen de analfabetismo no están en igualdad de condiciones para realizar en la sociedad determinadas tareas, no pueden practicar sus derechos políticos, no pueden practicar sus derechos sociales y, por supuesto, con respecto a la cultura, tampoco. Entonces están siendo excluidos política, socialmente y culturalmente.

Los sistemas educativos, en general, en el mundo capitalista son sistemas educativos excluyentes. Y al ser excluyentes siempre hay una población que no tiene la posibilidad, el acceso al estudio, a la preparación. Por tanto, [ante] esta situación (y se ha planteado desde el año 1965 por la UNESCO), se está planteando la necesidad de que exista en todos los países del mundo educación para todos. Pero esto es más marcado en los países capitalistas donde estamos viendo que están surgiendo indicadores de analfabetismo, que no son más que el resultado de esos rezagos educativos que van ocurriendo debido a la falta de oportunidades: como no existe oportunidad para todos, de igual forma, por tanto, siempre hay una población excluida, y al ser excluida es una población que no accede a la educación. Y algo que quería destacar, esto es un problema que va más allá de tener conocimientos y cultura. El que no exista educación para todos es un caldo de cultivo para la violencia, es un caldo de cultivo para una juventud deformada, es un caldo de cultivo para la delincuencia. Por tanto, mi llamado es a que todos los países del mundo, especialmente estos llamados países capitalistas, donde primero está el capital y no el ser humano, sientan mucha más ocupación y preocupación por la educación de sus niños y jóvenes para poder garantizar la vida de forma pacífica en sus países. Convivir en armonía, convivir en afecto, convivir en amor y en desarrollo, pero para todos.

"Yo, sí puedo" nace a partir de una idea de nuestro querido Fidel en el año 2001, en el que nos encargó hacer una cartilla muy pequeña, porque el problema económico está muy marcado en el mundo, y era necesario que Cuba, a partir de esa deuda que tenía de solidaridad con otros pueblos, pudiéramos ayudar a otros países que tienen este problema del analfabetismo. El "Yo, sí puedo" primero que todo sigue el principio de nuestra campaña del 61 de querer eliminar de la faz de la tierra ese grave problema. Luego, quisiera destacar, que el "Yo, sí puedo" tiene su génesis en la República de Haití, donde durante dos años estuvimos desarrollando labores de colaboración internacionalista en alfabetización por radio. Por lo que nuestro agradecimiento con ese pueblo es muy grande porque nos permitió comprender bien cómo los medios audiovisuales, la radio, la televisión y otros medios son fundamentales para la educación de un pueblo, y cuánto pueden ayudar si están bien orientados y están bien dirigidos a desarrollar una buena campaña de alfabetización. En Haití aprendimos nuevamente, de forma mucho más marcada, la relación que tiene el analfabetismo con la pobreza, con el hambre, con la miseria, con la pobreza extrema, con la insalubridad; cómo el analfabetismo no es un problema que solamente uno puede decir "es que no sabe leer y escribir", va más allá de eso. Por eso tenemos que el analfabetismo está estrechamente relacionado y asociado con la pobreza, con la miseria, con la violencia, con los problemas que existen en la biodiversidad, los problemas que existen ambientales, está muy relacionado. Entonces en Haití comprendimos perfectamente, allí, en el terreno, cuánto hay que hacer en el orden social para poder eliminar el analfabetismo desde el punto de vista pedagógico. Entonces, con el "Yo, sí puedo" ha existido una posición, o pudiéramos decir, ha existido un principio básico que ha sido el principio de solidaridad, pero basándonos en la solidaridad intelectual. Por eso siempre tenemos que decir "Yo, sí puedo" es de todos, porque si lo hicimos en quechua, quienes aportaron la cultura y la lengua son los quechuas; si lo hicimos en suahili para Tanzania, quienes aportaron la cultura y la lengua fueron los tanzanos, y así sucesivamente. Por eso es que este es un programa eminentemente colectivo, y siempre digo que es de millones de personas: tiene mamá, tiene papá, pero tiene tíos, primos, medios hermanos, tiene muchísimas cosas el "Yo, sí puedo".

Te quisiera decir que en Haití la primera palabra que aprendí en lengua creole fue "grangú". "Grangu" significa hambre, esa fue la primera palabra. Es decir, que las personas que no saben leer y escribir en Haití, lo primero que te decían era "¿y cuánto me van a pagar?", "¿y quién me va a dar de comer?", porque realmente volvemos a ratificar que el analfabetismo está estrechamente relacionado con la pobreza. Entonces, el analfabeto no entiende bien porqué tiene que aprender a leer y escribir, porque su esencia de vida no es la lectoescritura, su esencia de vida es garantizar la alimentación a su familia, eso es una realidad. Entonces, en Haití se está avanzando mucho en estos momentos, pero nos hemos demorado por todas estas dificultades que ha enfrentado el país. Mira yo tengo una experiencia en Haití que no quisiera dejar de decirla: hay una persona que se me acerca, llamado Lugier Kuakú, y me dice "¿yo podré aprender a leer y escribir?", digo "¿por qué no?", y dice "porque es que yo tengo sesenta y cuatro años, y ya yo voy a morir". Es decir, la esperanza de vida de Haití no rebasa los cincuenta años. Cuando le entregamos el lápiz a este hombre, lo tomó y apoyó el lápiz por la goma para escribir. Estamos hablando del siglo XXI. Siglo XXI, que una persona no sepa cómo se toma un lápiz o cómo, qué parte del lápiz tiene el grafito para escribir, y eso lo vivimos en Haití. En Haití vivimos que cuando estábamos alfabetizando había personas que caían muertas, pero no porque se les hubiese acabado la vida, es porque llevaban días sin comer. Entonces, ¿quién puede priorizar alfabetizarse con el estómago vacío? Por eso, una vez más, ratifico que estos problemas están estrechamente relacionados, son indisolubles, están asociados, eso lo ha definido muy bien Fidel.

Haití tiene una característica y es que es un país, por todos los aspectos, muy atacado, atacado hasta por la naturaleza. Entonces, nosotros en Haití logramos un resultado inicial, pero no hemos llegado a nuestras expectativas. Hoy se está trabajando muy fuerte con el ALBA, con el apoyo de Venezuela, con el apoyo de Brasil, con el apoyo de diferentes países, para ver cómo podemos sacar este indicador tan alto de analfabetismo. Pero en realidad, los resultados no han sido todo lo que hemos esperado. Sin embargo, ya hay más de 100.000 personas en Haití que han aprendido a leer y escribir.

La mujer es el centro de la familia. Quien primero va trasladando la lengua materna, la cultura, los valores, los modos de proceder, los sentimientos es la mujer. Por eso, la madre, la mujer es el centro de la formación familiar. Una mujer culta, una mujer preparada, una mujer que sabe leer, una mujer que sabe escudriñar en los libros y encontrar el subtexto de lo que me están diciendo, tiene una familia culta, se preocupa y ocupa porque sus hijos asistan a la escuela, hace todo tipo de sacrificios por enseñar y se convierse en un ejemplo de educación en el lugar. Por eso nosotros entendemos que hoy en el mundo de los más de 700 millones de analfabetos que existen, el 64% son mujeres, lo cual nos está diciendo que esta influencia materna no está cumpliendo su rol ya que las madres son también analfabetas. Pero si vamos a ver un poquito más, el 54% son niñas, lo que entonces nos está diciendo que los indicadores van a mantenerse igual con respecto a la mujer. Y es que la mujer ha tenido, generalmente, tanta discriminación en las sociedades que los indicadores de analfabetismo marcan esa discriminación de género. Y es algo que defiende el "Yo, sí puedo", que la mujer tenga un nivel de prioridad en el aprendizaje por su nivel de influencia en la formación de la familia, de los hijos, de los nietos y hasta de los esposos.

Hermosísimo haber podido colocar, modestamente, nuestro "Yo, sí puedo" en Sevilla, como lo colocamos también en el primer mundo en Nueva Zelanda, en Canadá, donde hemos trabajado también .Es decir que es hermosísimo poder ver que no nos podemos seguir dividiendo en primeros y segundos mundos, sino tenemos que ir viendo que el mundo es uno solo, y que en unos países hay determinados desarrollos que pueden contribuir a estos llamados países del primer mundo. Lo que ha hecho Sevilla ha sido extraordinario, porque estos jóvenes, educadores, promotores han trabajado arduamente y han alcanzado un magnífico resultado dentro de una población que, hasta cierto punto, denota un nivel de discriminación también. Entonces hemos visto cómo más de 35.000 sevillanos han sido alfabetizados con el "Yo, sí puedo". Sin embargo, mi llamado es que en este primer mundo no basta con aprender a leer y escribir con el "Yo, sí puedo", hay que garantizar esa continuidad de estudios de la que estamos hablando, porque los niveles tecnológicos, el desarrollo de la tecnología aquí en España, y especialmente en Sevilla, que es del que estamos hablando, es más elevado y se requiere un mayor nivel.

Nosotros creemos que muestras querida Cuba ha dado una vez más muestras de internacionalismo y solidaridad, y que estamos contribuyendo también a que nuestra lengua materna, que es el español, se mantenga y que no exista, en los países de habla hispana, analfabetismo. Como lo hemos hecho en América Latina pues también estamos dispuestos a hacerlo en este "primer mundo", aunque el nuestro sea mal llamado "tercero", pero estamos en toda la disposición de hacer esa labor. Y les damos las gracias a quienes han hecho este trabajo, que ha sido tan hermoso, tan ético y tan solidario.

Es posible, sí es posible lograrlo, pero debemos hacerlo entre todos como verdaderos hermanos. Y cada gobierno debe tomar conciencia de que ese es su problema, y que debe resolverlo desde la posición gubernamental con el apoyo solidario de todos. Pero es un deber del gobierno, como mismo es un derecho del pueblo a ser culto. Y por eso nosotros nos basamos en ese principio: todo hombre al venir a la tierra tiene derecho a que se le eduque, y después en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás. Y si queremos ser verdaderamente libres, hay que ser cultos, hay que saber leer, hay que saber entender el mundo para poder transformarlo. Y yo creo que sí, que un mundo culto, que un mundo libre es posible, pero es posible mediante la unidad y la solidaridad. No podemos andar los países cada uno por una parte, tenemos que seguirnos ayudando, colaborando y viendo cómo podemos acabar con este lastre que está haciendo tanto daño hoy. Hay quienes no comprenden bien el daño que hace. Hay personas que no saben cómo tomar un ómnibus o cómo trasladarse a un lugar si alguien no se lo dice, o no pueden llegar a un aeropuerto para trasladarse porque no pueden leer lo que les están indicando.

Entonces, ¿hasta cuándo? Estamos hablando de tecnología y de Internet y de desarrollo, y la brecha cada día es mayor entre el que no lee y el que sí lee, entre el que no sabe y el que sí sabe, entre el que tiene y el que no tiene. Esa brecha hay que disminuirla, al menos hay que disminuirla. Para mí, mi sueño es eliminarla, pero hay que disminuirla. Porque si no nunca vamos a vivir en paz en este hemisferio terráqueo, porque no nos estamos ayudando. Entonces yo, como soy una maestra optimista, pienso que sí, que un mundo mejor es posible, y gracias a la solidaridad que estamos recibiendo nosotros de otros países lo podemos lograr.