19.3.13

Pedagogía rural y propaganda de la mano del cinematógrafo

Pedagogía rural y propaganda de la mano del cinematógrafo

Por Sara Plaza

Jesús Francisco González de la Riva y Vidiella (Cádiz, 1885 – Madrid, 1967), Marqués de Villa-Alcázar, fue un ingeniero agrónomo, aficionado a la fotografía, con un gusto especial por la música clásica y cierta habilidad manual, que impulsó de manera notable la producción documental cinematográfica del Ministerio de Agricultura, sobre todo a partir de 1940.

Las primeras películas hechas bajo mi dirección fueron "El barbecho", "Abonos" y "Semillas", realizadas antes de nuestra guerra de liberación. El año 1940 expuse al Subsecretario de Agricultura y a la Junta Asesora de Publicaciones y Propaganda de dicho Ministerio la idea de impulsar la realización de películas educativas, cortas y sonoras, que considero como el mejor medio de divulgación para enseñar y aconsejar a quienes viven por entero en el medio rural y entre quienes hay, desgraciadamente, un elevado tanto por ciento de analfabetismo. Más eficaz que la lectura de un folleto, por muy sencilla que sea la forma de expresión que en él se emplee, es la proyección de unos metros de película, porque así el hombre de campo ve y oye al mismo tiempo lo que le interesa aprender. (1)

Entre 1934 y 1966 llegó a dirigir cerca de setenta documentales sobre temas relacionados con la agricultura, la viticultura, la sericicultura, la silvicultura, la ganadería y la pesca fluvial, que además de conformar un valioso testimonio de prácticas agrícolas, ganaderas y forestales, constituyen un rico patrimonio cultural antropológico, histórico y etnográfico (aunque, como escribe la profesora Carmen Rodríguez Fuentes, «vistos con los ojos de hoy en día, estos documentales no dejan de ser de una ingenuidad sofocante»).

– ¿Tardó mucho tiempo en convertirse en realidad?

– El tiempo preciso que exigen los asuntos oficiales.

– ¿Qué tiempo invierte usted en realizar una película?

– Pero las "Charlas cinematográficas" del Ministerio de Agricultura exigen mucho más, muchísimo más trabajo y tiempo. En ellas lo primero es la "charla" que encierra la lección que cada película lleva, porque el Ministerio no hace películas como "espectáculo", sino como "enseñanza". Y luego, la misión de la cámara es recoger imágenes que apoyen, con su ejemplo, la lección de la "charla". Esas imágenes pueden exigir meses (diferentes fases de un cultivo) o años (diferentes fases de una obra de saneamiento de tierras o de repoblación forestal, o de evolución de cruces de varias razas ganaderas). El montaje de nuestras películas se lleva no una tarde, sino muchos días, y la parte musical es también tanto más cuidada que lo usual... hay que contar con unos cuarenta o sesenta días de trabajo activo... sin tener en cuenta los invertidos en viajes que se precisan hacer en distintas estaciones del año. Pero esos días suelen ir diluidos en un plazo de un año aproximadamente. [...] Desde un principio he asumido la labor de autor, guionista, director y hasta locutor y en adelante haré más que hasta ahora de la parte fotográfica, por disponer ya de elementos de que antes carecía; pero cierto es también que nada de esto podría haber sido realizado sin la confianza y el apoyo que presta el Ministerio. [...] Para la música se emplea un sexteto compuesto por grandes figuras, al frente del cual está el maestro Leoz, y sus programas se componen de música clásica, que va siguiendo en todo momento el ambiente de la imagen. (2)

Por otro lado, la función educativa de estos documentales iba más allá de los conocimientos asociados a las tareas y labores del campo, y eran pródigos en otro tipo de enseñanzas, advertencias y consejos con una gran carga ideológica. Los cortometrajes conjugaban a la perfección la pedagogía agropecuaria y la enseñanza de los valores e ideales promovidos por el franquismo, tales como la religión y la moral cristiana, la disciplina, la familia o la patria. Cada documental debía, sin olvidar su belleza plástica y su calidad formal:

[L]levar en sí la lección o el mensaje que al Ministerio de Agricultura interesase y, además, ser interesante [...] [L]as películas tenían que ser cortitas, de diez a catorce minutos de duración, y ayudarse de símbolos, comparaciones y experimentos de laboratorio que ayuden a su comprensión, además de no faltar en ellas toques humorísticos que hagan sonreír [al público] mientras aprende la lección. (3)

Preguntado por su forma de hacer películas, el Marqués de Villa-Alcázar explicaba:

Primero, no han de hacerse mudas, porque ya no hay donde proyectarlas, tanto por la diferencia de velocidad de proyección como por la diferencia de tamaño del fotograma. Segundo, no deben hacerse largas, porque donde hay mucha longitud es difícil mantener vivo el interés del espectador. Tercero, no deben hacerse mímicas, porque los gestos que el improvisado director cree que expresan su pensamiento, suelen estar muy lejos de llevar a la mente del espectador las ideas que el autor se propone, y, por último, no deben adoptar la variedad que pudiera llamarse de despacho, manivela o panorama, en las que generalmente por falta de compenetración entre el director técnico y el operador aparecen panoramas que nos enseñan a gran distancia campos en los que no se ve detalle alguno, en los que siempre suele haber alguien dando vuelta a la manivela, o que empiezan con el manoseado y muchas veces fotografiado despacho de un personaje en la materia y comienzo de un discurso. (4)

Y así es como recordaba Juan Antonio Bardem la manera de trabajar del Marqués:

En 1946 tuvo conocimiento de la existencia de un departamento de cine en el Ministerio de Agricultura y vio la posibilidad de unir sus estudios y su futuro trabajo con su auténtica vocación. Se ofreció para colaborar en la realización de películas técnicas y fue asignado al departamento que dirigía el Marqués de Villa-Alcázar, un entusiasta del cine que lo controlaba absolutamente todo... aprendí a manejar un proyector, embobinar y rebobinar y llegué con él (el Marqués de Villa-Alcázar) hasta cortar y montar el negativo. Me acuerdo que salí con él una vez al campo... nada más que para llevarle la cámara y el trípode...; bueno, eso también es experiencia. (5)

Bardem dejó el departamento por «las discrepancias ideológicas surgidas en torno a un documental sobre una finca de Cádiz, donde el Marqués pretendía mostrar los beneficios de la política agraria franquista frente a la tímida reforma republicana». Ese documental al que se refería el director de cine madrileño (que curiosamente también se tituló como ingeniero agrónomo) llevaba por título "Promesas y realidades", y es el único del prolífico Marqués que no se conserva.(6)

Notas:
(1) y (2) Lagarma J: "El cine como medio de divulgación ganadera", en Ganadería nº 4, 1943. Págs. 50-52. Entrevista al Marqués de Villa-Alcázar.
(3) Marqués de Villa-Alcázar (1944): "Cinematografía agrícola, forestal y ganadera", en VV AA, Conferencias pronunciadas en la emisión Radio Agrícola. Madrid: Ministerio de Agricultura.
(4) "Interesante acto de cinematografía cultural", en Agricultura, Revista agropecuaria, enero 1942. Págs. 23 y 25.
(5) García de Dueñas, Jesús y Olea, Pedro: "Bardem 64: Confesiones a las cinco de la tarde" en Nuestro Cine, mayo de 1964. Pág. 26.
(6) "Catálogo de documentales cinematográficos agrarios 1895/1981", de Fernando Camarero Rioja.

Algunos documentales en línea:
El barbecho (1934).
El corcho (1941).
Bosques amigos (1941).
Repoblación forestal (1942).
Jerez-Xèrès-Sherry (1943).
Madera de España (1945).
¡Sí!, ¡Tenemos Bananas! (1951).
Fertilidad (1953).
Concentración parcelaria (1955).

Fuentes de las que he extraído la información para esta entrada:
"Las charlas cinematográficas del Marqués de Villa-Alcázar: documental científico e ideología en el primer franquismo", de Pedro Poyato Sánchez.
"La animación al servicio de la didáctica en la obra del Marqués de Villa-Alcázar", de Carmen Rodríguez Fuentes.
Folleto explicativo de la "Obra cinematográfica del Marqués de Villa-Alcázar (1934-1966)". Colección de 14 discos DVD que recoge 69 documentales realizados por Francisco González de la Riva y Vidiella, Marqués de Villa-Alcázar.

Imagen.