12.11.12

Del "Yes We Can" al "Seguid vosotras que yo no puedo"

Del Yes We Can al Seguid vosotras que yo no puedo

Por Sara Plaza

«Tuvimos la oportunidad de ir a la Casa Blanca y nos recibió la Comisión de Medio Ambiente. Pedimos a Obama que investigara Monsanto y a las otras multinacionales y hace dos meses el presidente de Estados Unidos nos ha enviado una carta donde nos dice que él nada puede hacer en contra de Monsanto, pero que nosotros lo estamos haciendo muy bien y que sigamos luchando».

Así respondían María Godoy y Sofía Gatica, de la agrupación Madres de Ituzaingó (Córdoba, Argentina), en una entrevista reciente de Mª Ángeles Fernández. Ambas mujeres estuvieron de paso por Madrid camino de Bruselas para sumarse a las movilizaciones por una buena comida y una buena agricultura, que exigen a la Unión Europea otra Política Agrícola Común (PAC). Junto al resto de sus compañeras, llevan 13 años luchando para parar las fumigaciones con agroquímicos (endosulfán y glifosato) en los campos de soja que se extienden junto al barrio Ituzaingó Anexo, cercano a la capital provincial. 13 años de trabajo muy duro, viendo enfermar y morir a familiares y vecinos con malformaciones y cáncer. 13 años denunciando la contaminación y el envenenamiento que padecían en el barrio como consecuencia de esas fumigaciones. 13 años exigiendo una investigación, intentando hacerse escuchar cuando nadie quería oírlas. 13 años siendo presionadas y amenazadas por haberse unido para pelear por la vida y la salud, por reclamar justicia y haber presentado 96 causas penales que no llegaron a prosperar. 13 años, al cabo de los cuales, por primera vez se sentaron en el banquillo dos productores agropecuarios y un aerofumigador. 13 años para que, luego de dos meses de juicio, el pasado mes de agosto, el tribunal de la Cámara I del Crimen de Córdoba declarara al productor Francisco Parra autor penalmente responsable y al piloto Edgardo Pancello coautor responsable del delito de contaminación ambiental con peligro para la salud, los condenara a 3 años de prisión no condicional, los inhabilitara 8 y 10 años respectivamente para operar con productos agroquímicos, y los conminara a realizar trabajos comunitarios no remunerados.

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Desde el año 2000 no han dejado de luchar. Cuando con puntitos de distintos colores fueron señalando en un plano los casos de cáncer, malformaciones y alergias que se presentaban en el barrio y elaboraron así el primer relevamiento epidemiológico no se plantearon si podían o no, tenían que hacerlo y lo hicieron.

Tras el juicio recientemente celebrado, según aparecía en Argenpress, el abogado querellante, Darío Aranda, manifestó: «Valoro y rescato como positivo que a criterio de un tribunal quedó claro que esta actividad constituye un delito. Y es un verdadero logro, un triunfo, porque sabíamos que habría presiones de todo tipo». Por su parte, el médico Medardo Ávila Fernández, también querellante en la causa, afirmó: «Ya no podrán fumigar como lo hacían, custodiados por la policía. No es suficiente para el daño sanitario que han generado, pero también es cierto que son el estabón más débil de los agronegocios. Los culpables mayores son las trasnacionales, los pooles de siembra, y los sistemas científicos que los avalan. Estamos muy contentos porque va a generar una oleada de denuncias y los directores de escuela y los maestros van a poder denunciar que a sus chicos los están fumigando y los fiscales de todo el país van a tener que actuar». Quizás por eso, porque se trata de un paso más, las Madres de Ituzaingó declararon: «Sabemos que vamos a seguir luchando, que la justicia no existe para el pobre, que existe para las multinacionales».

Ante todo lo que estas mujeres llevan andado y los muchos golpes recibidos, resulta no solo sonrojante sino absolutamente indignante que el reelegido presidente de los Estados Unidos les animase en una carta a continuar haciéndolo tan bien como lo estaban haciendo, mientras él aseguraba no poder hacer nada contra Monsanto.

Igual de vergonzosas y lamentables fueron las declaraciones en julio pasado de la actual presidenta argentina congratulándose de que la gente de dicha corporación acabase de anunciar una inversión de 150 millones de dólares en materia de maíz en Malvinas Argentinas, provincia de Córdoba, y mostrándose muy orgullosa del prospecto que había hecho Monsanto para tal fin y de los dos centros de Investigación y Desarrollo que la compañía iba a poner en marcha en Tucumán y en la misma Córdoba.

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De la misma inoperancia y necedad se han contagiado nuestros gobernantes al otro lado del charco, donde España saca pecho y alberga ya el 85% de cultivos transgénicos que existen hoy en la Unión Europea, la cual importa toneladas de soja transségica para consumo animal.

Mientras los presidentes se lavan las manos, aplauden o estrechan firmemente las de los representantes de Monsanto y otras multinacionales con trayectorias similares, las Madres de Ituzaingó saben de lo que hablan y por qué pelean: «El problema es el enorme negocio que hay detrás [...] Se está matando gente, destruyendo el planeta y nadie dice nada».